Miguel Ángel Santos
"Recuerda que cada tic tac es un segundo de la vida que pasa y que no se repite, hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que solo es el problema de saberla vivir. Que cada uno la resuelva como pueda" - Frida Kahlo -
viernes, 17 de mayo de 2013
La tronera de Merentes
MIGUEL ÁNGEL SANTOS | EL UNIVERSAL
viernes 17 de mayo de 2013 12:00 AM
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Hace un par de días Nelson Merentes convocó una nueva rueda de prensa para explicar qué está haciendo el Gobierno para remediar la situación de escasez e inflación. No le falta buena intención, pero se necesita mucho más que eso. Ya en su día Rafael Caldera anunció la creación de una comisión tripartita gobierno-empresarios-trabajadores (en esta ocasión estos últimos han quedado por fuera) para hacer un pacto antiinflacionario que equivalía a unirse para evitar que se cayeran los mangos. Con el Gobierno imprimiendo dinero a mansalva, la comisión se terminó ahogando en liquidez y la inflación superó durante tres años consecutivos el 60%. ¿Va acaso a dejar de imprimir dinero el Gobierno para financiar los 18% del PIB de déficit con que cerró el año pasado?
Merentes comparece para reconocer que hay que introducir algunos correctivos, "porque la economía no es una cosa que uno suma y ya, que se puede predecir; no, hay variables que aparecen y no se pueden controlar". Y resulta curioso, porque todas las variables de esas que nos afectan y "aparecen y no se pueden controlar" han venido jugando consistentemente en favor del Gobierno. Los precios del petróleo se mantienen por encima de cien dólares el barril, con lo que las exportaciones por habitante en términos reales están cerca del máximo histórico. No, aquí no se trata de la suerte, o de un proceso estocástico de esos que tanto le gusta modelar al ministro en sus ratos libres. Todo lo contrario, mientras las variables externas nos favorecían, en la medida en que la suerte le continuaba sonriendo y persiguiendo a Venezuela, en esa misma medida el Gobierno se empeñó en huirle, en que no nos alcanzara, implementando un conjunto de políticas que descuartizaron nuestra economía.
Nuestra dependencia de las importaciones alcanzó cifra récord. El Gobierno ha venido empujando el socialismo (expropiaciones, legislación laboral que favorece el ausentismo y la baja productividad, controles de precios, cambios e interés) y se ha evitado sus conocidos efectos en términos de producción y consumo a través de importaciones masivas. Pero el petróleo no da para tanto. Por esa razón, en estos últimos seis años de bonanza petrolera nuestra deuda externa se ha multiplicado por cuatro. No se trata tanto de que el flujo de petróleo sea bajo, como de que queremos hacer demasiado con él. Ahora bien, la factura petrolera no va a subir. Los analistas pronostican precios estables y nuestra producción viene mermando de a poco. Ya el año pasado, si uno resta de las exportaciones petroleras efectivamente cobradas las importaciones públicas (también en nivel récord), las privadas y el servicio de la deuda, ya no daba para más. Es decir, si le van a ofrecer asiento a alguien, hará falta que levanten a otro más. Y eso es lo que no aparece. Maduro tiene una necesidad todavía mayor que la de Chávez de mantener la petro-diplomacia. En ese esquema: ¿Quién va a dejar de recibir divisas para que el sector privado reciba más? ¿Qué va a cambiar de aquí en adelante? Porque 21% de escasez, 4,3% de inflación sólo en abril y 38% de inflación de alimentos en doce meses, no se resuelven con una lija y un poco de mastique. Se trata de una verdadera tronera.
@miguelsantos12
lunes, 13 de mayo de 2013
¡Si Jaime es como tú, Chávez más!
MIGUEL ÁNGEL SANTOS | EL UNIVERSAL
viernes 10 de mayo de 2013 12:00 AM
Una de esas mañana nítidas de esta semana, mientras bajaba por plaza Altamira en dirección a la librería Lugar Común, me encontré con dos señoras un tanto confusas a la salida del Metro. Yo había reparado en ellas bastante antes de que ellas lo hicieran en mí: Venían subiendo las escaleras de la estación con el ceño fruncido y la nariz levantada, signo inequívoco de extravío. "Señor, por favor, ¿usted sabrá dónde queda el supermercado El Patio?". Para los que no sean de por aquí, El Patio está a unos cuantos kilómetros de la estación, caminando en pendiente leve pero ascendente en dirección noreste. Tras darle las indicaciones del caso y advertirles las distancias, una de ellas me agarró del brazo y ya más en confianza preguntó: "Ay, ¿será que Ud. sabe si ahí hay harina? Nos dijeron ayer que ahí había, pero para no echarnos el viaje... ".
Es apenas un episodio particular que escenifica la difícil situación del país. Como éste hay muchos otros, pequeñas anécdotas que nos ayudan a comprender mejor las realidades macroeconómicas, casi siempre frías y desprovistas de contenido emocional. También abundan las embarazadas que van atesorando durante los nueve meses de gestación paquetes de pañales y leche y las que utilizan el cupo de Cadivi para importar toallas sanitarias. ¿Cómo hemos podido llegar a esta situación?
El presidente Chávez ha escenificado, él también, su salida, su gran final. Dejó el pellejo, el de él y el de las finanzas de la República, en su última gran cruzada electoral. A sus sucesores, les toca lidiar con un déficit (fiscal y de divisas) fenomenal. La situación que Pérez II heredó de Jaime Lusinchi luciría muy favorable en contraste con el legado de Chávez. El déficit fiscal de 1988 era de 9% del PIB; hoy en día es de 18%. El sistema de cambio múltiple de aquél entonces tenía una prima de 100% entre paralelo y oficial, mientras que hoy en día esa cifra supera el 300%. El respaldo en reservas internacionales de los bolívares en circulación a la tasa oficial era de 70%; hoy no llega a 22%. Aquellas reservas representaban siete meses de importaciones, hoy no llegan a cinco.
No se trata tanto de que no tengamos divisas, o de que tengamos menos de antes. Se trata de que nunca antes el país dependió en esta medida de las importaciones. Hemos ido ahogando poco a poco la producción nacional, la consecuencia previsible del socialismo, pero nos hemos querido ahorrar el costo político a punta de importaciones baratas para apuntalar consumo. Ese es el verdadero socialismo del siglo XXI. Esa receta nos ha llevado al fondo. A partir de aquí, ya no se trata de martillar aquí y acomodar allá, de parapetear o inclusive pasar agachado. No alcanzan las reuniones y los sucesivos blufs de Merentes con la empresa privada. La súplica de utilizar nuevos dólares ya no para cubrir la vieja deuda de Cadivi con nuestros importadores (ya no se puede hablar de productores) sino para traer "cosas nuevas" no tiene probabilidad de éxito. Ya sólo resta ver si el instinto de supervivencia, la necesidad que no la convicción, los obliga a volverse más prácticos y dar un giro radical. De lo contrario, será el instinto de supervivencia nuestro el que dé al traste con este vuelo raso.
@miguelsantos12
viernes, 3 de mayo de 2013
En Venezuela queda juego para rato
“Y mientras eso ocurre, Ud. diputado continúe con su intervención, siga haciendo referencia a los créditos adicionales, a sus beneficiarios, lance algunas cifras aquí y allá, como si nada estuviese pasando”. La golpiza de hace tres días en la Asamblea Nacional fue planificada con esmero. No ha habido en ella ningún exceso, y si lo hubo fue en la medida en que el gobierno percibe al exceso como un requisito indispensable para mantener el poder. El mensaje está claro. Procuran dibujar una línea, levantar un muro que nos asfixie y reduzca todas nuestras posibilidades a una incómoda elección: Aquí o se dan golpes o se reciben golpes. En esos términos, sea cual sea nuestra elección, tenemos las de perder.
Evitar caer en esa trampa no será nada fácil. El temor a perderlo todo los hace prestos a cosas y lugares a los que nosotros no estamos dispuestos a ir. En este contexto se ha ido esterilizando poco a poco la posición de la oposición. La concentración del pasado miércoles sirve de portarretrato a esta postura: demasiado aséptica, químicamente pura, muy localizada en una zona de la que ya salimos hace tiempo, cuando aún no habíamos cruzado los límites de la mayoría. Así, aunque la propia renuencia del CNE a auditar las áreas más susceptibles de fraude nos hayan abierto una puerta de salida de nuestro propio Vietnam, pareciera que nos hemos ido deslizando de a poco, que hemos ido perdiendo terreno. Predomina una sensación de oportunidad perdida.
Por fortuna no somos los únicos que vamos perdiendo terreno. No sólo a nosotros se nos está moviendo el piso. Acaso aquí encuentre sentido nuestra estrategia. El gobierno sigue dando muestras de debilidad. Económicamente el fin del proceso de ajuste aún está lejos. El exceso de octubre pasado ha dejado a la economía herida de muerte. La devaluación apenas ha alcanzado para mantener la contribución fiscal de PDVSA, sin ayudar significativamente a reducir el abismo de 18% del PIB entre ingresos y egresos. El flujo de divisas está muy comprometido. Tras catorce años de destrucción productiva nuestro consumo depende de importaciones de una forma que ya no pueden costear ni aún con estos precios petroleros. El gobierno también debe importar masivamente con una eficiencia menguante, hay que pagar servicios en dólares a compañía extranjeras para mantener el petróleo fluyendo a un ritmo cada vez menor. La empresa privada tiene retrasos de divisas que superan los cuatrocientos o quinientos días. Ahora proponen otorgarles algunas divisas sujetas a la traída de nuevas mercancías, dejando pendiente la enorme deuda acumulada. Para muchos esto ya no es una opción: los proveedores externos ya han ejecutado garantías o cerrado el grifo. La escasez será difícil de frenar.
Eso nos deja la impresión de que tarde o temprano se vendrán abajo. La pregunta que todo el mundo se hace por ahí, en la calle, en los cafés, en los pasillos abiertos de la Feria del Libro, es el cómo. De eso hay tantas experiencias y variedades como se quiera. Pero es temprano para considerar esta posibilidad como una certeza. Al gobierno aún le quedan algunas estrategias para exprimir dólares que Chávez no llegó a explorar. Me da la impresión de que queda juego para rato.
@miguelsantos12
lunes, 29 de abril de 2013
Real Business Cycle in Resource Rich Countries: A contrast between the United States and Venezuela
lunes, 22 de abril de 2013
viernes, 19 de abril de 2013
Henrique Capriles: Un voto de confianza
Me ha costado mucho organizar mis ideas en torno a los resultados electorales del 14A y los eventos subsecuentes. He empezado un sinnúmero de veces a escribir y la mayoría (todas, en realidad, menos una) he caído de vuelta frente a la página en blanco. Acosado por los tiempos y por mi propia urgencia de ser honesto he decidido hacer lo que la mayoría de nosotros en tiempos de desasosiego: Juntar mis certezas.
La hegemonía electoral chavista ha llegado a su fin con la desaparición física del líder. Henrique Capriles ha conseguido arrebatarles más de setecientos mil votos y muy probablemente alcanzar la mayoría. Lo digo sin necesidad de conocer al detalle los resultados. La oposición no cuenta con los recursos ni los mecanismos de movilización del gobierno, ni con la venia de las cabezas de las instituciones involucradas, ni puede ni cree en el amedrentar y perseguir empleados públicos hasta las propias urnas. En esas condiciones, con un REP adulterado y toda suerte de irregularidades, el CNE y los militares (ya vienen a ser una sola cosa) han declarado tablas. Sin duda, en unas elecciones libres no estaríamos hablando de dos mitades, sino de una mitad un poco más mitad que la otra.
Se resquebraja un mito, se refuerza otro. Ha quedado en evidencia que en estos términos hará falta reunir una mayoría más significativa de la que pudimos obtener el 14A. Mientras eso no ocurra tenemos pocas opciones para hacernos valer. Una de ellas es hacerle frente al malandraje natural y espontáneo típico en quienes sienten que se les ha movido el piso: Marchar al CNE. Este escenario con alguna probabilidad hubiese provocado unos cuentos muertos. El líder opositor ha escogido una mucho más responsable y, acaso por eso mismo, menos probable. Ahora toca moverse en ese incómodo espacio que hay entre esa baja posibilidad de éxito y el encontrar una estrategia de salida que no desmotive ni desmovilice a esos cientos de miles que esta vez corrieron el riesgo de votar por nosotros.
Un poco más allá, el gobierno que se inaugura hoy está sustentado en una base frágil, no tiene liderazgo, tendrá que negociar y controlar sus diferentes facciones, y realizar el ajuste que la economía requiere tras el colosal desbalance del 2012. Debe resolver no sólo la inflación, los bajos salarios y el desabastecimiento de alimentos y medicinas, sino también la inseguridad y el deterioro de los servicios públicos. Lo tiene que hacer porque ya no cuenta con el liderazgo épico, el llamado a salvar la patria (cualquier cosa que eso signifique) por encima del propio bienestar ya no es posible. Un escenario bastante alentador para una oposición fortalecida, siempre que consiga salir bien de esta instancia inicial. Eso requiere mantener el sentimiento de que sí se puede ganar y resolver las dudas que estos días generarán en relación con nuestra capacidad de hacer efectiva esa victoria. Es difícil, pero no imposible. De hecho bastante menos difícil que asumir una elección que muchos considerábamos perdida y dejar el pellejo para ponernos ahí en donde estamos hoy. Démosle a ese liderazgo que ya ha sido capaz de hacer que suceda lo impensable algo más que el beneficio de la duda. Démosle un voto de confianza.
@miguelsantos12
viernes, 12 de abril de 2013
Somos todos exiliados de un país imaginario
Exiliados de un país imaginario
Para superar nuestra circunstancia debemos empezar por renunciar a la ilusión del paraíso perdido
MIGUEL ÁNGEL SANTOS | EL UNIVERSAL
viernes 12 de abril de 2013 12:00 AM
Me ha costado algún esfuerzo encontrar la motivación y las palabras para esta nota, sin ser deshonesto. Ya se acumulan en la bandeja de entrada los correos con las advertencias acerca de las palabras que no se pueden usar o las menciones que no se pueden hacer, las imágenes que no se deben invocar, en virtud de la absurda normativa que rige nuestro arreglo electoral. Abarcan, palabras más, palabras menos, la totalidad del espectro que me ilusiona y en el que deposito mis esperanzas por estos días. Me ponen en el límite de la honestidad, entendida en el sentido de Vargas Llosa, el de escribir sobre aquello que nos urge escribir.
En esas estaba, tratando de rescatar entre las ideas sobrevivientes alguna que otra cosa que sí quiera y piense que vale la pena decir, cuando recibí un texto inédito de León Febres Cordero, una pequeña farsa patética titulada "Antígona en Vuelvezuela". Su lectura me ha inspirado algunas ideas que ya compartimos hace tiempo, sin que necesariamente se haya hecho explícito. Me apresuro a hacerlo sin la autorización del autor, no vaya a ser que alguna inseguridad de última hora me vuelva a dejar sólo frente a la página en blanco.
En Antígona en Vuelvezuela, dos personajes han encontrado el elixir para resolver la insatisfacción y el desasosiego que predomina en nuestra sociedad: la creación de un país imaginario (Vuelvezuela). Una tierra "con su propio mito fundacional, su himno, su escudo, su bandera, su constitución, su panteón de héroes y su Asamblea". Aquí, "entre samanes, cocoteros y turpiales" podrán vivir los desencantados, los que se han sentido condenados durante muchos años a un rencoroso aislamiento, los hombres rotos de nuestro tiempo. En resumen, podrán acudir allí los exiliados de un país imaginario (Rufino Blanco Fombona dixit) que jamás ha existido. Los ideólogos de esta construcción se dan cuenta de que muchos de nosotros, muchos de los que vamos a acudir a votar el próximo domingo, queremos recuperar un país en el que muy probablemente nunca llegamos a vivir. Nos inspiran (y aquí ya no me refiero a la obra) algunas reminiscencias del pasado (a unos), o los maravillosos paraísos asoleados recreados por la propaganda (a otros). Una alucinación colectiva tan poderosa que a ratos parece hacer referencia a dos lugares totalmente diferentes.
Un sobrino deberá encargarse de los detalles del funcionamiento, de idear "una maquinaria mental que sustituya a la presente". Y aunque se encuentra, él también, sumido en la angustia del paraíso perdido ("lo de nosotros, aquí en este valle, ha sido un genocidio anímico, espiritual"), no deja de darse cuenta con apesadumbrada iluminación de que "lo que nos está pasando no es asunto de cómo nos gobiernan, sino de cómo somos, de nuestra naturaleza". Eso es lo esencial: El país que nos vamos a encontrar el lunes, pase lo que pase, va a seguir teniendo los mismos problemas. Para superar nuestra circunstancia debemos empezar por renunciar a la ilusión del paraíso perdido. "Para que algo pase de verdad, hace falta que nos entreguemos a lo que está pasando mientras pasa, sin pensar que es algo transitorio, sin ansiar que pase otra cosa diferente de la que está pasando".
@miguelsantos12
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