sábado, 3 de noviembre de 2007

¿Cómo pasar trabajo con real?

Hay quienes piensan que los fondos que el gobierno mantiene, tanto en bolívares en Venezuela como en dólares en el exterior, son una verdadera garantía de estabilidad económica, una panacea que no sólo contribuiría a mantener la machacada prosperidad de estos años, sino además nos evitaría un aterrizaje forzoso en el caso de una eventual caída en los precios del petróleo.

La verdad, la magnitud de esos fondos puede llegar a ser tan considerable como inestimable. Por un lado, desde la creación del Banco del Tesoro se desvanecieron casi la totalidad de los depósitos del gobierno en el BCV y una fracción nada despreciable de los que se mantenían en el resto del sistema financiero. Presumiblemente, pues poco se puede hacer más allá de presumir, han sido trasladados para allá. Por otro lado, el gobierno ha aprovechado el mercado natural de deuda en bolívares que se creó a raíz del control de cambio para levantar mucho más de lo que necesita: Entre 2004 y 2006 el financiamiento obtenido superó a las necesidades en 35,6 billones de bolívares. Además, está el FONDEN y los demás fondos que se mantienen en el exterior (entre los que empieza a sonar cada vez más el Fondo Miranda), que se nutren de las reservas que se trasladan sin ninguna contrapartida desde el BCV y de aportes directos realizados desde PDVSA. Todo un crisol de discrecionalidades.

Nada de eso ha evitado que caigan sobre nuestra economía algunas plagas más típicas de tiempos de escasez: la inflación, la devaluación, el desabastecimiento. Si todo se tratara de dinero, si la renta petrolera fuese suficiente para darle aire a la economía venezolana: ¿Cómo explicar el estruendoso fracaso del gobierno de Herrera Campíns, en medio del boom petrolero por habitante más grande que se haya experimentado en período presidencial alguno?

En lo que va de año la depreciación del bolívar en el mercado paralelo ya alcanza 106% (cerró diciembre pasado en 3.246 bolívares por dólar). A pesar de que las autorizaciones de divisas aprobadas por CADIVI han crecido 66% en relación con el año anterior, hay dos hechos que continúan ejerciendo una fuerte presión inflacionaria: 1) Una buena parte de las importaciones no se realizan a tipo de cambio oficial, y 2) Para protegerse de la inconsistencia de CADIVI la mayoría está haciendo pricing en un punto intermedio entre el oficial y el paralelo. Esta semana el gobierno reconoció algunos retrasos importantes en el control de precios, 58% en el caso de la pasta, 18% en el del pan. Restan ajustes similares en los demás bienes que escasean (sobretodo en los mercados populares).

¿Y el gobierno no tiene real para importar esos bienes, distribuirlos a través de MERCAL, y evitar todo ese desabastecimiento? Sí, si tiene, pero por alguna razón no lo ha hecho, así como tampoco ha puesto freno al mercado paralelo o controlado la inflación. Haber nadado en liquidez en estos últimos años, haber vivido en un país en el que cada vez más todo se resuelve a punta de real (pasaportes, leche, avances en la cola para adquirir vehículos) y en el que los errores de política económica parecen no tener costo, nos ha hecho creer que el dinero les alcanza - y nos alcanza - para todo.

Para El Universal, 01/11/2007