sábado, 24 de noviembre de 2007

Invitado: Luis Pedro España: Estudiantes y Reformas (Notas para el movimiento estudiantil)

Faltan escasos 15 días para que tenga lugar el referéndum de la Reforma Constitucional[1] y las personas y movimientos que ven con claridad que de aprobarse y aplicarse la Nueva Constitución ella nos lanzará al vacio de la inviabilidad, comienzan a preguntarse ¿qué hacer para detener esto?

Esta sentida y sincera preocupación puede convertirse en verdadera exaltación, que anima al propio activismo, mientras simultáneamente reclama la pasividad de los otros, a los que suponen apáticos. Lógicamente, los estudiantes, los jóvenes cuyas acciones recientes han resaltado frente a la parálisis que se derivó del desconcierto y desgaste de la población adulta, por un lado, y por los desaciertos y desencuentros de los actores políticos, por el otro, parecen ser los que se sienten más interpelados por propios y extraños a hacer más de lo que ya han hecho.

Asambleas, reuniones, discusiones y el tema es el mismo ¿qué hacer para detener esto?
Voy a partir de una primera afirmación que ojalá no sea tan antipática como para que el lector abandone prematuramente el texto. Si hacer algo significa seguir por la línea de unas atractivas (otras no tanto) acciones de calle para sensibilizar o llamar la atención sobre nuestra inconformidad con la Reforma, es mejor que el movimiento se vaya a las duchas, entrenen un poco más y vuelva para el próximo juego, entendiendo que éste no es ni de cerca el último. Me explico.

En los últimos días el movimiento parece haber perdido la conducción política del pasado. Se han incorporado viejas perspectivas de la oposición en el campo del movimiento estudiantil, lo que les ha hecho perder la “frescura” que exhibieran al principio. Nuevos grupos se han activado atraídos por el impacto y el protagonismo logrado por el movimiento. Distintas corrientes políticas del país han tratado de “inspirar” la acción de los jóvenes, cuando no han pretendido alinearlos en torno a su eje de lucha. Todo lo anterior significa que el movimiento ya no luce como un bloque coherente, difuminándose en varios frentes.

La pluralidad y base democrática que tiene este movimiento estudiantil y su práctica permanente de tratar de legitimar sus acciones en asambleas, a tiempos es interrumpida por espontáneos, o cuando no, las asambleas son “asaltadas” por el activismo que presiona bajo la pregunta ¿qué hacer para detener esto?

Hay que recordar en estos momentos, cuando la brújula puede cambiar de dirección (buena o mala aún no lo sabemos), cuáles fueron los principios que orientaron al movimiento estudiantil de hoy y su activación, producto del cierre de RCTV. No es ni malo repasar la estrategia y la conducción que guió el éxito que les ha permitido a los jóvenes del 2007 ser comparados con la Generación del 28, reconocimiento del cual nunca había gozado movimiento generacional alguno hasta la fecha.

Comienzo en orden de importancia. El primero de los principios fue la inclusión. El movimiento nació claramente contrario a una acción gubernamental autoritaria y que no gozaba de popularidad alguna. Pero a pesar de ello, no podía ser calificado de oposicionista. La libertad de expresión, y lo que significa para ella el cierre de una planta como RCTV, unía a los venezolanos más allá de su posición pro o contra gubernamental. Es decir, se estaba en contra de unas políticas y de unas medidas, las cuales son contrarias al interés de las personas y el país, sin que ello significara necesariamente estar en contra del gobierno. Se pedía rectificación, aunque podíamos apostar a “Rosalinda”, era claro que no iban ha rectificar.
El movimiento no sólo fue visto con simpatía, sino que, a pesar de que RCTV no volvió al aire en las condiciones iniciales y justas, fue exitoso. Los jóvenes demostraron que se pueden obtener victorias parciales y no totales, como ingenuamente quiere la oposición tradicional. El gobierno cargó con un costo político importante y un desprestigio internacional que hoy toma forma de regaños borbónicos, por ilustrar el tamaño del daño con algo que está de moda. RCTV no abrió, pero la oposición no perdió. Esta es la lección que se debe aprender.

El movimiento logró construir la imagen de ser “algo distinto”. Se convirtió en una extraña figura que, además, parece ser la única que le hace mella al gobierno. Se convirtió en oposición sin necesariamente ser “contra-chavista”. Para la opinión pública está claro que al movimiento no le gusta el gobierno, pero no por ello los estudiantes lo desconocen o pretenden usurparlo o sustituirlo.

De igual manera el movimiento no cayó en la provocación de la polarización, esa perversa estrategia que tantos dividendos le ha dado al gobierno. Le pretende hablar a todo el pueblo y no necesariamente para que deje de ser chavista, sino para que adverse sus medidas.
Tampoco permitió, aunque le ha costado un poco más, que lo sitúen paralelamente a un grupo de “líderes universitarios” que carecen de estudiantes, pero que han sido formados y adiestrados por los cuadros gubernamentales. Como es evidente que las corrientes pro-gobierno no tienen penetración, ni representatividad en las universidades, se trata de neutralizar al movimiento sacándose de la manga unos estudiantes de varias instituciones públicas y privadas (perfectos desconocidos hasta entonces), para colocarlos en igualdad de condiciones como interlocutores de presidentes de centros universitarios de estudiantes, federaciones y representantes a instancias de co-gobierno universitario, sin tener ni un voto estudiantil.

Por último, el movimiento no cayó en la violencia o en la ejecución de acciones que “molestaran” el desenvolvimiento relativamente normal de los ciudadanos. Nada de trancazos, güarimbas, paros o acciones autodestructivas. Sólo acciones cívicas fueron implementadas y ellas se revertían contra el gobierno cuando terminaban en violencia o en evidentes discriminaciones por no dejarlos llegar a las distintas dependencias de los poderes públicos. Puede que por ello los epítetos de golpistas, imperialistas y fascistas se devolvían contra el gobierno cada vez que éste trataba de usarlos en contra de los jóvenes.
En suma, la no-violencia, la inclusión, el civismo, el ejercicio del pluralismo, los procedimientos democráticos y el respeto por la representatividad de sus líderes naturales, permitió que el movimiento estudiantil tendiera puentes con aquellos que siendo progobierno adversan las medidas de la autoridad, como fue el caso de RCTV, sin pretender deslegitimar un gobierno que claramente se deslegitima por lo que hace.

¿Estas mismas armas podían utilizarse para enfrentar la reforma constitucional? En principio sí, siempre y cuando de lo que se trata es de objetar la reforma por, como en el caso de RCTV, ir en contra de Venezuela y los venezolanos, sin pretender la salida del gobierno.
El problema actual es que la estrategia semi-autónoma que tuvo el movimiento estudiantil que reaccionó contra el cierre de RCTV, ahora tiene que dialogar con las tendencias y corrientes de oposición que desde las elecciones de 2006 ya se preparaban para lo que sería la transformación autoritaria, pro-castrista y socialista radical planeada para el país una vez ganadas las elecciones, a través, como era claro, de una (ahora sí vienen las comillas) “reforma” constitucional.

Adicionalmente, el movimiento tiene que lidiar con un gobierno que cada vez menos admite la posibilidad de la disidencia. A estas alturas no la tolera ni dentro, ni afuera y, la profundización de su radicalismo, tiende a polarizar cada vez más.

De diciembre al presente las posturas políticas siguen siendo las mismas del lado de la oposición. Las novedades tienen lugar del lado de la coalición gubernamental.
Con riesgo de sobresimplificar, en la oposición hay dos estrategias. Una primera dirigida a tratar de deslegitimar al gobierno por la vía del retiro progresivo de los espacios sociales y políticos de ingerencia gubernamental que, por su acción, dejan de ser democráticos o institucionales. Ésta ha sido la historia de PDVSA, la FAN, la Asamblea Nacional (así como los poderes que dependen de ella: Fiscalía, Defensoría, Contraloría, Tribunal Supremo y CNE), las gobernaciones y alcaldías; espacios todos ellos dominados en la actualidad, casi en exclusividad, por el personalismo gubernamental.

Amparados en la ausencia de garantías electorales, cuando no en el fraude electoral[2], para todo efecto práctico, esta estrategia tiende a ver con simpatía a la abstención, la cual, y para el caso del referéndum de la “reforma constitucional”, adquiere un nuevo argumento al señalarse como írrito e inconstitucional el propio procedimiento de la reforma, dado que efectivamente se trata un cambio profundo de la constitución.

La tesis de la abstención tiene el problema de la poca o nula efectividad política. La abstención no detiene la reforma u obliga a que el gobierno aplique un fraude electoral manifiesto que, teniendo en cuenta lo que ha ocurrido con otros intentos de fraude (Fujimori), terminan por derivar contra el gobierno y su única fuente de legitimidad actual.

La abstención simplemente acumula un clima de descontento que aspira eclosionar cuando el gobierno haga crisis, si es que alguna vez la hace. Pero hay que tener en cuenta que semejante descontento tampoco necesita de la abstención para expresarse. Todos los días las protestas de quienes se dicen partidarios del gobierno salen a reclamarle su falta de efectividad, ineficiencia y cuando no su altísimo grado de corrupción.

Pero al igual como la abstención tiene hoy nuevos argumentos, también es cierto que el votar en contra de la reforma también los tiene. Para explicarlos es necesario comentar lo que está pasando del lado del chavismo de tendencia democrática. Uno de los huracanes que ha desatado la “reforma” ha sido la oposición a la misma dentro del gobierno y su coalición. Para el “chavismo democrático y civilista” la reforma es sencillamente inaceptable. Una parte de los parlamentarios de PODEMOS y las gobernaciones y alcaldías de los estados Aragua y Sucre fueron sacados de la coalición oficial por objetar a la reforma en sus puntos más radicales e inviables para Venezuela. Por otra parte, y aunque de menor monto que lo ocurrido con PODEMOS, el efecto mediático del General Isaías Baduel pronunciándose en contra de la “reforma”, ha incorporado una novedad que se aprecia en las encuestas, en la intensión del voto y, finalmente en la posibilidad que se tiene de “llegarle cerca” a la votación de Chávez y, Dios mediante, hasta ganarle.

PODEMOS, sus diputados, alcaldes y gobernadores, junto al General Baduel son el síntoma de algo nuevo dentro del chavismo. La reforma no le gusta al chavismo democrático e institucional. Esa es la novedad del día. Ese es el dato. Hoy, por primera vez, desde que la descarada demora en la convocatoria al Referéndum Revocatorio le devolvió la mayoría al gobierno luego de 9 meses de desgaste de los opositores, el gobierno puede perder la elección o ganarla con un margen pequeño.

En general las encuestas lo que dicen es que si se reduce la abstención de la oposición (aquella que proviene del hastío, la desconfianza con las instituciones o la simple indiferencia de un país bañado en dólares petroleros), y una fracción del voto chavista descontento con la reforma se convierten en “No”, entonces, este efecto combinado permitiría ganarle al gobierno. Llegados a este punto podríamos adentrarnos en múltiples escenarios y contrastar muchas hipótesis que sin duda restarán espacio y tiempo a lo que interesa en este escrito: los estudiantes. Volvamos a ellos.

Las movilizaciones estudiantiles claramente son contra la reforma. Ahora bien la pregunta es si se pueden oponer a la reforma como se hizo con RCTV, es decir, despersonalizando el tema.
Todos los analistas y “encuestólogos” dicen que una de las claves de ganarle al gobierno es despersonalizarlo, “deschavetizarlo” para ser más claros. Tan es así que el gobierno lo sabe y trata de personalizar la reforma con la figura del Presidente. Primero fue con la propuesta de colocar la propuesta en dos bloques. Bajo el supuesto de que el primero es de Chávez y el segundo de la Asamblea, lo cual es claramente falso dado como fueron ordenados los artículos por bloque. Por otra parte, toda la campaña se centra en un solo punto concreto: “Si-gue con Chávez”. Polarizar, personalizar, desacreditar a la oposición, provocar a la violencia, son todas ellas las tácticas que buscan que el movimiento estudiantil se radicalice y pierda la mesura que ha tenido.

Increíblemente, frente a la nueva oportunidad de cortarle la ventaja electoral al gobierno y de tener chance de hacer crecer los 4 millones de votos del pasado mes de diciembre en 20% o más, ha emergido cierto radicalismo en las filas del movimiento estudiantil que parecieran apostar o engrosar la opción opositora de la abstención. No hay la menor duda que esto ha sido producto del discurso y las acciones “ultrosas” del propio gobierno. Pero ese es el juego permanente: que los otros caigan en la provocación. Confrontar, atemorizar, amenazar y descalificar. Es la política del miedo.

Cierto es que la abstención puede políticamente ser explicada y llevada al terreno de ser leída como un rechazo al gobierno. Aunque eso sea políticamente ineficaz, dado que por mucha abstención que haya, la reforma de aprobarse con un 10% del electorado (o con un solo voto), ello sería más que suficiente para que entrara en vigencia. Es válido leer la abstención como rechazo, porque efectivamente la mayor parte del abstencionismo es contrario a la reforma, bien porque no le gusta, no quiere (o le da miedo) oponerse al Presidente o porque cree que le van a cambiar el voto y no vale pena ir a las urnas.

Pero igual como es cierto que la mayoría de la abstención es contraria a la reforma, pero que requiere explicación para que lo que esta oculto salga a la luz, lo que definitivamente no necesita ser explicado es el voto por el No. Votar No, no requiere de ninguna explicación abstracta, no da margen a ninguna duda y, además, es políticamente eficaz. Si ganara el No se detiene la reforma, no pasamos por el trance difícil e ingobernable de tratar de implementar semejantes despropósitos de políticas públicas y nos ahorraríamos muchísimo sufrimiento, cuando no violaciones a derechos humanos y muertes.

Volvamos otra vez a los jóvenes. Votar por el No es coherente con lo que ha sido la exitosa estrategia del movimiento estudiantil. Puede despersonalizarse, se enmarca en la acción no violenta y cívica que tantos frutos les ha dado al movimiento, es incluyente porque trataría de atraer al chavismo democrático que en modo alguno puede apoyar a la reforma. Finalmente, aún sin ganar (obteniendo el triunfo sería completa) aumentará la votación de diciembre pasado, gracias al trabajo del movimiento estudiantil, y permitirá acumular fuerzas para lo que sigue, que, como se entenderá, no será poco.

Si en este contexto vamos a la pregunta original de este texto ¿qué hacer para detener la reforma? El camino del radicalismo, además de desnaturalizar lo que ha sido el movimiento estudiantil y sus éxitos (alineación ganadora no se cambia, se dice en el baseball), los conducirá, o bien al desgaste político de explicar el llamado a la abstención y transitar acciones de fuerza que generará descontento y antipatías entre la mayoritaria población no radical y hasta el pro-gubernamental que los acompañó en la protesta por RCTV, o pasar a acciones incomprensibles y fallidas como el pupitrazo del Este de Caracas o la deslucida cadena de las universidades o la programada “marcha sin retorno”, la cual de seguro será un inmenso fracaso.

En suma, la posible radicalización del movimiento estudiantil lo conducirá a la pérdida de simpatías, a incentivar la polarización clasista que propugna el gobierno y todo ello bajo la más absoluta inefectividad política. No debe perderse de vista que el gobierno quiere la radicalización de los estudiantes. Por ello organiza movilizaciones frente a las casas de estudios y monta escenas de violencia con pistoleros o supuestas marchas a las puertas de las universidades.

Con lo dicho, el movimiento estudiantil debería alinearse con una estrategia a favor del No, antes que a la corriente de la abstención pero, eso sí, con personalidad propia. No debería afiliarse al bloque del No, sin más. Debería hacer un llamado a votar por el No en un contexto de alta emotividad estudiantil, anunciando además una estrategia autónoma e independiente de vigilancia y cuido del voto por el No, que no esté vinculada, aunque puede que este tácticamente aliada, a los partidos políticos que conforman el bloque del No.

Llegados a este punto todos los venezolanos estamos seguros que si los jóvenes estudiantes y universitarios se mantienen en la línea institucional y eficaz de aprovechar los espacios que aún no han sido tomados por el autoritarismo, su creatividad para llamar a votar y entusiasmar a la mayoría del país que se opone a la reforma, junto a una estrategia de vigilancia que desarrollen en todo el país, puede que sea la diferencia entre tener que padecer en la realidad la inviabilidad de la reforma planteada, o detener de forma barata esta insensatez radical llamada “reforma constitucional”.

El gobierno está ligando que ustedes se abstengan, sorpréndanlos una vez más.

Luis Pedro España
lespana@cantv.net
lespana@ucab.edu.ve

Notas al pié:
[1] Es claro, tal y como lo han dicho muchos especialistas en el tema, que la iniciativa presidencial y complementada por la Asamblea, no puede considerarse como una reforma a la constitución dadas las transformaciones de fondo en las que incurre. Sin embargo, como este planteamiento, tomado sin más, conduce directamente a un curso de acción política, dejemos para más adelante este asunto y sigamos, provisionalmente, denominando al cambio de constitución como reforma.

[2] Es imposible evadir el tema del fraude electoral o las garantías electorales. No se pretende despachar este punto en dos líneas pero no quisiera caer en este asunto tan trillado y donde cada quien bajo cierto acto de fe, de necesidad o una mezcla de ambos, ya tiene una posición tomada. Creo que la hipótesis del fraude choca de frente contra las estimaciones de resultados electorales que mostraron todas y cada una de las encuestas que se han realizado antes de cada consulta electoral. Sin embargo, ello no quita el tremendo ventajismo que supone para la opción gubernamental transformar a todas las instituciones del Estado en maquinaria electoral. Esto hace muy cuesta arriba que el principio formulado por Schumpeter de democracia (aquel según el cual se está en democracia cuando existe la probabilidad creíble de que la oposición pase a ser gobierno aunque no llegue a serlo) se logre. En relación a las condiciones electorales del CNE (registro electoral, auditorías y procedimientos en general), las revisiones que hicieron en su momento la UCAB, la USB y la UCV, aún cuando fueron parciales y delimitadas a la evaluación del registro electoral, determinaron que para unas elecciones nacionales el padrón electoral no parecía ser determinante para cambiar las decisiones del electorado. Nada excusa las necesarias mejoras en el CNE, pero no hay que perder de vista que en un país donde las escuelas, hospitales y tribunales funcionan como funcionan, es difícil sostener que el CNE deba operar como un reloj suizo o, de lo contrario, no hay condiciones para ejercer el derecho al voto.
A la fecha no parece ser cierto que los votos del SI se convirtieron en NO en 2004 o que los votos de Rosales le fueron transferidos a Chávez en 2006. Podríamos decir que la potencial propensión al fraude no ha necesitado ser ejecutada. Pero si la oposición obstinadamente se abstiene en los procesos electorales tampoco va a hacer falta que ocurra el fraude, si se atreven.