jueves, 20 de diciembre de 2007

¿Qué leer? (o qué regalarle a quienes leen)

A tres días de la Navidad nadie está interesado en saber algo más de economía o de política. Estos días no son para pensar en eso, se suele pasar un velo que deja estas y otras posibilidades tras la espalda de nuestro tiempo. En ese paréntesis muchos se dedican con renovado afán a leer, sin duda una de las cosas más positivas que nos han dejado estos años. Algunos están motivados por el deseo de entender los orígenes de todo esto, una parte del país se ha volcado sobre las páginas a ver si se encuentra a sí mismo, a ver si consigue abstraerse de toda esta marea y sacar algunas cosas en claro. Otros recurren a la lectura para escapar, para transportarse a otros lugares y otros tiempos, para encontrar alguna paz mental. Otros alternan a conveniencia entre ambos tipos de lecturas.

Para unos y otros las posibilidades son infinitas, como dice Tyler Cowen en “Descubre el economista que llevas dentro”, las dos cosas que más escasean en el mundo de hoy son el tiempo y la atención. Lo que sigue es apenas una breve referencia de lo poco que yo, con mis propias limitaciones de tiempo y atención, he podido leer en el año.

Para quienes leen para tratar de comprender qué nos está pasando no hay mejor lectura que “China: El Imperio de las mentiras”, de Guy Sorman, una suerte de catálogo de todo lo que a nuestro gobierno le encantaría alcanzar en esa carrera desenfrenada por controlarlo todo: Desde la producción y divulgación de estadísticas oficiales hasta la censura de los mensajes de texto si contienen ciertas palabras claves (presos políticos, verdad, idea, concentración). También está “El fin de la pobreza”, de Jeffrey Sachs, un recuento de las experiencias del autor en su lucha contra la pobreza en América Latina, Europa del Este, Asia y África. Allí está la frase: “La mayoría de las sociedades con buenos puertos, próximas a países ricos, condiciones de clima favorables, fuentes de energía adecuadas, y libres de epidemias, han logrado escapar de la pobreza” (¿Y entonces nosotros por qué seguimos en esto?). Para aprovecharlo mejor conviene leer también la demoledora crítica que le ha realizado William Easterly en “El fardo del hombre blanco: ¿Por qué los esfuerzos de Occidente por ayudar han causado tanto mal y tan poco bien”.

De las lecturas que se hacen para escapar nada me ha absorbido más este año que “Nieve”, de Orhan Pamuk, una novela que ocurre en la eterna dicotomía entre la religión islámica y el estado secular, en el conflicto entre la modernidad y los valores tradicionales de una sociedad. También he sido partícipe de la fascinación que ha despertado la obra de Sandor Marai. Para mí las mejores siguen siendo las más breves, “El último encuentro” y “La herencia de Esther”, pero sus volúmenes autobiográficos “Confesiones de un joven burgués” y “¡Tierra, Tierra!” también tienen sus fanáticos. Por último, “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince, es un exorcismo de la figura del padre que desempolva y revive un hatajo de recuerdos que todos tenemos ahí atrás, en algún cajón de la memoria (Algunos preferirían dejar eso así, “dejar esos recuerdos presos en las celdas de la memoria”, como escribió Tomás Eloy Martínez). Usted decide. Feliz Navidad.

Para El Universal, 21/12/2007