viernes, 28 de diciembre de 2007

El país muere por la boca

A propósito de los balances que se hacen por estos días sobre el año que termina y de los nuevos propósitos, vale la pena reflexionar sobre ese deporte nacional que es el hablar de todo, de todos y peor aún, con todos. Hablar de lo que se sabe y también de lo que no se sabe, pontificar con los demás sobre nuestras circunstancias y sobre las de ellos, sin estar seguros de si les interesa, en el primer caso, o de si desean algún consejo u opinión de parte nuestra, en el segundo. Hablar, eso sí, con propiedad, usando cada vez menos “yo creo” o “me parece”, mientras nuestras conversaciones están llenas de enunciados, de principios, líneas que se leyeron al vuelo en algún lugar o comentarios sueltos que escuchamos y repetimos, la mayoría de las veces sin recordar de quién, y que teñimos de certeza. Y eso por no incluir lo que simplemente se inventa. Decir “no sé” se ha convertido en toda una decepción.

Haga la prueba: La próxima vez que escuche a alguien hablar con énfasis, con propiedad, acerca de un área que muy evidentemente no le es propia, ensaye algunas preguntas interesadas: ¿Cómo llegaste a saber eso? ¿Dónde lo leíste? ¿Quién te lo contó? Son preguntas que desarman (quizás no la última), pues las más de las veces no existe asidero, no hay allí ninguna red de seguridad para contener esas palabras, para darle sustento a esos malabarismos de nuestra lengua. Detrás de la mayoría de los enunciados hay un tinglado muy frágil, si es que hay alguno del todo.

Los funcionarios públicos que tienen algo que ver con nuestra economía son un ejemplo bastante desafortunado de esa costumbre de hablar a diario, sobre todo y con todos, de decirse y desdecirse, de prometer y justificarse con una frecuencia tal que consigue evaporar el objetivo último de toda declaración pública: Promover la credibilidad. Aquí vamos desde que el ITF no va a producir inflación porque hay controles de precios y porque lo paga el productor, hasta que el ITF aceleró la inflación porque había controles de precios y (“¡lógico!”) porque los productores lo trasladaron al consumidor. Pasamos de decir que el control de precios es necesario para contener la inflación y no producirá escasez, a decir que la inflación la está produciendo la escasez porque hay control de precios. Y de ahí a decir que el control de precios no ha funcionado, por lo que es necesario restringirlo a menos bienes. Yogi Berra envidiaría una frase así. El por qué no, se vuelve luego el por qué sí. Como dice Floria Emilia en su carta a San Agustín: “Si te hubieras quedado callado, habrías podido seguir haciéndote pasar por sabio”.

Luego están las cosas, que son unas cuantas, que decimos a pesar de tener la certeza de que decirlas, ya sea en público, o a alguien al oído, nos ayudará poco, nada, o (las más de las veces), nos perjudicará. “No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias… Contar casi siempre es un regalo, es un vínculo y un otorgar confianza, y rara es la confianza que antes o después no se traiciona, raro el vínculo que no se enreda o anuda, y así acaba apretando y hay que tirar de la navaja o filo para cortarlo”. Hablar casi nunca es gratis. Y esto no es cuento, es historia.

Para El Universal, 28/12/2007

jueves, 20 de diciembre de 2007

¿Qué leer? (o qué regalarle a quienes leen)

A tres días de la Navidad nadie está interesado en saber algo más de economía o de política. Estos días no son para pensar en eso, se suele pasar un velo que deja estas y otras posibilidades tras la espalda de nuestro tiempo. En ese paréntesis muchos se dedican con renovado afán a leer, sin duda una de las cosas más positivas que nos han dejado estos años. Algunos están motivados por el deseo de entender los orígenes de todo esto, una parte del país se ha volcado sobre las páginas a ver si se encuentra a sí mismo, a ver si consigue abstraerse de toda esta marea y sacar algunas cosas en claro. Otros recurren a la lectura para escapar, para transportarse a otros lugares y otros tiempos, para encontrar alguna paz mental. Otros alternan a conveniencia entre ambos tipos de lecturas.

Para unos y otros las posibilidades son infinitas, como dice Tyler Cowen en “Descubre el economista que llevas dentro”, las dos cosas que más escasean en el mundo de hoy son el tiempo y la atención. Lo que sigue es apenas una breve referencia de lo poco que yo, con mis propias limitaciones de tiempo y atención, he podido leer en el año.

Para quienes leen para tratar de comprender qué nos está pasando no hay mejor lectura que “China: El Imperio de las mentiras”, de Guy Sorman, una suerte de catálogo de todo lo que a nuestro gobierno le encantaría alcanzar en esa carrera desenfrenada por controlarlo todo: Desde la producción y divulgación de estadísticas oficiales hasta la censura de los mensajes de texto si contienen ciertas palabras claves (presos políticos, verdad, idea, concentración). También está “El fin de la pobreza”, de Jeffrey Sachs, un recuento de las experiencias del autor en su lucha contra la pobreza en América Latina, Europa del Este, Asia y África. Allí está la frase: “La mayoría de las sociedades con buenos puertos, próximas a países ricos, condiciones de clima favorables, fuentes de energía adecuadas, y libres de epidemias, han logrado escapar de la pobreza” (¿Y entonces nosotros por qué seguimos en esto?). Para aprovecharlo mejor conviene leer también la demoledora crítica que le ha realizado William Easterly en “El fardo del hombre blanco: ¿Por qué los esfuerzos de Occidente por ayudar han causado tanto mal y tan poco bien”.

De las lecturas que se hacen para escapar nada me ha absorbido más este año que “Nieve”, de Orhan Pamuk, una novela que ocurre en la eterna dicotomía entre la religión islámica y el estado secular, en el conflicto entre la modernidad y los valores tradicionales de una sociedad. También he sido partícipe de la fascinación que ha despertado la obra de Sandor Marai. Para mí las mejores siguen siendo las más breves, “El último encuentro” y “La herencia de Esther”, pero sus volúmenes autobiográficos “Confesiones de un joven burgués” y “¡Tierra, Tierra!” también tienen sus fanáticos. Por último, “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince, es un exorcismo de la figura del padre que desempolva y revive un hatajo de recuerdos que todos tenemos ahí atrás, en algún cajón de la memoria (Algunos preferirían dejar eso así, “dejar esos recuerdos presos en las celdas de la memoria”, como escribió Tomás Eloy Martínez). Usted decide. Feliz Navidad.

Para El Universal, 21/12/2007

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Cosas veredes Sancho... (Perspectivas 2008)

Hay dos hipótesis que podrían explicar por qué el gobierno ha optado por dejar de gobernar. Por un lado, para resolver problemas como la inflación, el desabastecimiento, la falta de empleo o la inseguridad, hay que sentarse a trabajar, pegarle nalga a la silla (como diría mi profesor Napoleón Goizueta), diseñar planes, tener capacidad gerencial para ejecutarlos; actividades todas que exigen cierta disciplina de trabajo que el poder ejecutivo parece haber perdido. Esa una situación común en un país acostumbrado a consumir bastante más de lo que produce. Seguramente más de un lector ha sido testigo de un arreglo similar en su propio ambiente de trabajo (por fortuna, para mantener vivo el espíritu empresarial de la nación, existen los trabajadores informales, esos sí que no pueden dejar de esforzarse o de ser creativos porque desaparecen en ese salvajísimo neoliberalismo que predomina en el sector).

Según la otra hipótesis, el gobierno ha reconocido su incapacidad para resolver nuestros problemas, y se ha apresurado a pasar una reforma constitucional que ahogue cualquier posibilidad de que el descontento natural que surgirá ante la ausencia de soluciones (y de gobierno) se pueda canalizar políticamente.

En cualquier caso, nuestros problemas seguirán ahí. En el área económica, el gobierno tendrá presión social para seguir incrementando el gasto público. La demanda seguirá creciendo en un país operando a plena capacidad y sin ninguna inversión productiva significativa. Eso provocará a su vez una fuerte presión inflacionaria, que hasta ahora se ha aliviado a través de importaciones, en 80% traídas con dólares a tasa de cambio oficial. Ese patrón no se puede sostener, la curva de crecimiento de las importaciones tiene una pendiente mucho mayor que la de exportaciones petroleras (aunque el precio sube, los volúmenes de producción siguen cayendo). En 2008, o se implementará un régimen de cambio múltiple que devalúe de forma implícita el bolívar, o simplemente se pondrá a CADIVI a funcionar en modo “operación Morrocoy”. Si se recortan las importaciones, se acelera la inflación. Si no quieres inflación y pones controles de precios, tienes escasez.

2008 vuelve a ser un año electoral. Ahora todos los años son electorales. Si el gobierno desea que aparezcan los bienes de nuevo en los anaqueles debe flexibilizar los controles. Hace unas semanas se ajustó el precio de la pasta en 58% en un día, en el caso de la leche de larga duración el ajuste ha sido mayor. Los demás rezagos son de igual magnitud. El gobierno ha decidido solucionar la escasez de algunos bienes reconociendo la enorme inflación represada. Mientras no se recupere la inversión y la producción, la elección continuará siendo entre inflación, escasez e importaciones. Dentro del esquema mental de la revolución será difícil salir de este ciclo, ya es tarde para que el gobierno se reinvente a sí mismo y se convierta en una especie de imán para la inversión privada. Por esa razón continuará el esfuerzo por introducir los elementos claves de la reforma. Eso generará aún más conflicto del que hubiese provocado de aprobarse el pasado 2D. “Cosas veredes Sancho, que harán temblar paredes”.

Para El Universal, 14/12/2007

sábado, 8 de diciembre de 2007

La inflación en el 2008: ¿Quién raciona mejor: los precios o las libretas?

La inflación del mes de Noviembre fue de 4,4%, lo que los demás países de América Latina experimentan en un año, nosotros lo tuvimos en un mes. En los últimos doce meses, los precios a nivel del consumidor han crecido 20,7%, mientras los alimentos totalizaron 29,6%.

La crisis de inflación que subyace al sistema es bastante peor que esos números, ya de por sí malos. En el transcurso de 2007 se implementaron cuatro estrategias para frenar la inflación que son muy difíciles de repetir:
- Se redujo el IVA de 14% a 9% (esto se aprende en las primeras clases de Macroeconomía 101: Una reducción en los impuestos genera una expansión en la demanda que ejerce más presión sobre los bienes)
- Se emitieron los bonos de PDVSA a 10, 20 y 30 años, que totalizaron 7.000 millones de dólares, una operación que retiró del mercado 14% de la liquidez en una semana
- Se mantuvieron los controles de precios
- Se alcanzaron niveles récord de importaciones (sin devaluar la moneda local por tercer año consecutivo, y sin que esas importaciones traigan inflación de sus países de origen)

Aunque parezca difícil de creer, algunas de estas medidas contribuyeron a que los índices de inflación no fuesen todavía peores. El problema está en que ninguna de ellas es sostenible: Reducir el IVA no da resultado, y tratar de cubrir el hueco fiscal con el ITF sólo ha contribuído a generar mayores costos en la oferta de bienes; no se puede recoger 14% de la liquidez todos los días porque los costos financieros asociados son enormes; no se pueden seguir manteniendo los controles de precios porque los bienes controlados terminarán por desaparecer por completo de los anaqueles; y no se puede seguir combatiendo la inflación vía importaciones, porque ya estamos cerca de consumir bienes importados equivalentes al total de nuestras exportaciones petroleras.

La inflación venezolana es de carácter estructural, está siendo alimentada por cuatro factores:
- Aunque la ejecución ha sido más moderada en 2007 que en 2006 (al menos hasta Septiembre), el gasto público sigue creciendo y sigue alimentando la demanda de bienes,
- El aparato productivo venezolano se encuentra funcionando a plena capacidad, si se le sigue lanzando dinero (ahora casi todos los años son "electorales") o suben los precios, o se trata de sacar el dinero vía importaciones,
- El gobierno mantiene ahogado al aparato productivo privado (ahora se le sumó el ITF), inhibiendo la inversión, y acabando con la única posibilidad de promover el crecimiento a mediano y largo plazo sin inflación: El trade-off crecimiento-inflación al que se ha referido Rodrigo Cabezas en repetidas ocasiones, ocurre porque el gobierno sigue concentrado en políticas (erráticas) de demanda (sube el gasto, recorta el gasto, modera el gasto, baja las tasas, baja los impuestos, sube los impuestos), y no existe ninguna estrategia para incrementar la oferta local de bienes y servicios, y
- El descuido del gobierno del dólar en el mercado paralelo, que financia aproximadamente 21,4% del total de las importaciones del país (aún cuando financia "sólo" 21,4% de las importaciones, la influencia del dólar en el mercado paralelo es mucho mayor: La inestabilidad en las políticas de asignación de divisas está llevando a muchos a hacer pricing a un dolar implícito de 4.000-5.000 para incorporar la probabilidad de no recibir divisas).

A partir de aquí será mucho más dicífil, porque no hay salida fácil. Las importaciones están alcanzando niveles récord, con una tasa de crecimiento de 455% entre 2003-2007 que ha hecho posible aumentar el consumo mucho más de lo que ha aumentado la producción, pero esto no es sostenible. Si se detienen las importaciones, reduciendo la velocidad o los montos que liquida CADIVI, con el paralelo en 5.700, se acelerará la inflación. Si se mantienen los controles de precios para bajar la inflación, habrá más escasez. Si se devalúa se podría frenar el crecimiento de las importaciones, pero a costa de una mayor inflación. No devaluar es medio pan para hoy, y mucho más hambre para mañana.

Las opciones menos dañinas, recortar el gasto público, subir las tasas de interés, o las más favorables, promover la inversión privada, no parecen estar en el radar de política del gobierno. ¿Y entonces? El gobierno se moverá en el 2008 en ese círculo importaciones-escasez-inflación. Para devolver los bienes a los anaqueles es mejor reconocer las brechas de precios temprano. Diciembre parece un buen momento. El ajuste en el caso de la pasta, hecho hace unas semanas atrás, fue de 58%. En los demás bienes escasos la situación es similar.

Si bien ha ocurrido alguna anticipación en lo que respecta a los posibles efectos de la reforma monetaria, la confusión inicial de esos días no contribuirá en nada con la inflación de enero. El forecast de inflación 2008 podría estar entre 26%-28% (hablando siempre de la que reporta el BCV). Se podría reportar una inflación menor a costa de una mayor escasez, o haciendo uso de (aún) mayores importaciones. Pero luce poco probable. Ya Rodrigo Cabezas aclaró que se "tomarán medidas para salvaguardar el sistema de asignación de divisas". Definitivamente es una declaración que no contribuye a generar más confianza (o menos desconfianza). Parece indicar que restringirán en algo la asignación de divisas, que podrían seguir creciendo pero a un ritmo menor y con lapsos de entrega más largos. Incorporar una tasa oficial intermedia entre 2.150 (o 2,15 BF) y el paralelo podría ser una opción. Ninguna de ellas contribuye con la inflación, pero sí permiten a los precios ejercer su función de racionamiento del consumo. Después de todo, los precios lo hacen bastante mejor que la libreta.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Habrá que gobernar

El domingo no fue la primera vez que el gobierno ha sido minoría en lo que a voluntad popular se refiere. La diferencia es que esta ocasión sí coincidió con un evento electoral. Durante 2002 y 2003 todos los estudios de opinión reflejaban una notable pérdida de popularidad oficial. En aquél entonces, el gobierno respondió demorando el referéndum revocatorio y dedicándose en el ínterin nada menos que a gobernar. Se introdujeron las misiones Barrio Adentro, Robinson y Rivas, y se conformó la red de distribución de alimentos MERCAL. Todas estas iniciativas iban al corazón de los principales déficit de atención social que se denunciaban con insistencia desde las universidades venezolanas: Salud, educación y nutrición. Las misiones no los resolvieron, pero sí contribuyeron a difundir la impresión de que “alguien se está haciendo cargo”. Esa mayoría que se puso de manifiesto en el RR de agosto 2004 se había mantenido incólume hasta hace muy poco.

Todo este pequeño recuento viene muy a propósito de los resultados electorales. No hace falta ponerle mucho sentido común para darse cuenta de que una enorme mayoría (quienes votaron en contra de la reforma y quienes no se manifestaron) lo que le está pidiendo al gobierno es que gobierne. Le están reclamando que deje de vivir de la construcción de aquellos primeros módulos de Barrio Adentro, muchos de los cuales hoy en día están abandonados o mal dotados; que garantice la transición entre las misiones educativas y el mercado laboral, que resuelva el problema de la inseguridad, que garantice el abastecimiento y acabe de una vez por todas con la escasez, que acabe con la inflación.

Siendo así, yo pensaba que, aunque con cierto fastidio, la actitud oficial sería “bueno… ahora habrá que gobernar”. A juzgar por las primeras reacciones, no han leído los resultados de esa forma. El pueblo que antes era sabio, ahora es inmaduro. Todo lo rechazado el domingo pasado por la vía de la reforma constitucional, lo vamos a tratar de introducir, de todas formas, por otras vías. El castigo al gobierno es un auto-castigo, es una prueba de que quienes eligen no saben lo que más les conviene (esa es la piedra angular de la ideología fascista). Cilia Flores insiste en que la Asamblea está allí “a la orden del Presidente y del pueblo” (en ese orden). El problema está en que por primera vez ha quedado constancia de que ambas cosas no son lo mismo. No es “y”, es “o”.

Mientras tanto, los problemas cotidianos siguen agravándose. La inflación de noviembre pasó de 4%, en doce meses supera 21%, 29% en el caso de alimentos. La escasez continúa. La solución parece estar lejos del alcance del gobierno, que sigue teniendo en ascuas al sector privado venezolano e inhibiendo la inversión, mientras continúa acelerando el gasto público y manteniendo los controles.
Es una oportunidad única para empezar a construir una verdadera mayoría. Mientras tanto, hay que dejar gobernar al gobierno, cualquier cosa que ellos entiendan por eso. La euforia que siguió a la victoria ciclópea del domingo no oculta el hecho de que la oposición apenas sumó 200.000 votos más que en diciembre pasado. Eso alcanzó en esta ocasión, pero no será suficiente en el futuro.

Para El Universal, 07/12/2007

domingo, 2 de diciembre de 2007

El camino de la servidumbre: Depende de tí

A veces la simbología de la historia no perdona: Tal día como hoy, el 2 de diciembre de 1804, Napoleón Bonaparte se consagró Emperador en la catedral de Notre-Dame, París. Algunas horas después, él mismo coronó a su esposa Josefina. Once años más tarde, el 18 de Junio de 1815, la batalla de Waterloo dio al traste con las aspiraciones del Emperador de dominar toda Europa, y marcó el comienzo de su exilio en la isla Sainte Hélène. En aquella ocasión los franceses tuvieron muy poco qué decir. Este 2 de diciembre es distinto: La posibilidad de que se apruebe una reforma constitucional que modifica por completo las relaciones sociedad-Estado, concentrando una enorme cantidad de poder en la figura presidencial, está en las manos de todos los venezolanos.

A estas alturas del proceso ya resulta un hecho que los venezolanos conocen muy poco sobre la reforma, y menos aún acerca del socialismo del siglo XXI. Consultados sobre este último tema los diputados a la Asamblea Nacional han dado versiones muy disímiles, muy sujetas a la interpretación. Y es allí en donde cobra importancia la reforma: Será el Presidente de la República quien articule de forme exclusiva, a su mejor saber y entender, esa interpretación.

Ya no hay tiempo para comprender en detalle en qué consiste la reforma. Se procura que millones asimilen en tres meses lo que a un pequeño grupo le llevó más de seis meses estructurar. Pero hay grandes lineamientos sobre los cuales vale la pena reflexionar.

En primer lugar, la reelección indefinida del Presidente de la República. Esta reforma amenaza con acabar con más de cincuenta años de una tradición democrática a la que el propio Presidente no sólo pertenece, sino de la que se benefició en diciembre de 1998. No tiene sentido mantener que la decisión sigue estando en la gente: Todos sabemos que la administración del poder, esa que la constitución procura concentrar aún más en la figura del Presidente, otorga unas ventajas muy difíciles de salvar en un evento electoral. Más aún, la re-elección resulta muy difícil de defender como concepto cuando se propone permitir que se reelija al Presidente, pero no a los alcaldes y gobernadores.

En segundo lugar, está la propiedad privada. Está claro que el proyecto de reforma la reconoce junto con otros cuatro tipos de propiedad, pero las bases legales que la sostienen son muy frágiles. Por un lado, ha costado un mundo que se le reconozca sobre la propiedad el derecho de disposición, que no estaba en el proyecto original. Por el otro, más grave aún, está el hecho de que la propiedad privada se reconoce cuando haya sido adquirida de manera legítima, no dice legal, dice legítima. Es posible argumentar que cierta propiedad se adquirió de manera legal, de acuerdo con el ordenamiento vigente a la fecha. Legítimamente es otra cosa. Legítimamente se parece mucho a ese carácter “estratégico” que podrían tener algunos activos para que el estado se reserve su propiedad y administración, mediando sólo la compensación oportuna. Ya no dice previa, dice oportuna.

El reconocimiento absoluto del derecho a la propiedad está consagrado en la Constitución de 1999 y en ese sentido la reforma representa un claro retroceso. La libertad es el derecho natural que consiste, entre otras cosas, en la facultad de disponer de sí mismo y de lo que se ha adquirido por intercambio o donación. La libertad y la propiedad son indisociables. Todo atentado a la propiedad es un atentado a la libertad, y todo atentado a la libertad es un atentado a la propiedad. En esa misma línea, la propuesta constitucional también ha eliminado el derecho a la libertad económica, que a su vez comprende un conjunto de facultades entre las cuales están la libertad de dedicarse a la actividad económica de la elección de cada quien y el derecho a obtener lucro de ella, dentro de los límites que establece la ley. Ese derecho ha sido eliminado. Juan Carlos Monedero, en un programa en TV Española Internacional, ha retado a que se le especifique en qué parte de la reforma se dice todo eso. El problema está precisamente en que no se le puede señalar porque no está allí. A veces es mucho más grave lo que no se dice, que lo que se dice.

En su conjunto, la reforma constitucional procura convencernos de que la mayoría de nuestros problemas cotidianos ocurren porque no se ha concentrado suficiente poder en la figura del Presidente. En consecuencia, entroniza al “hombre fuerte”, al “hombre capaz de hacer el trabajo”. Está sustentada en el supuesto de que la falta de empleo, de seguridad, o para ser más específicos, la falta de leche, de carne, de pollo, o de azúcar, se puede solucionar otorgando al Presidente poderes plenipotenciarios.

La reforma también propone darle al Presidente la potestad de crear territorios especiales y asignarles a dedo la autoridad de gobierno. Adicionalmente, propone reducir a los gobernadores y alcaldes a meros administradores del dinero que, en teoría, el gobierno central hará llegar a los consejos comunales. Ahora bien, para que un consejo comunal reciba dinero debe estar registrado en un ente centralizador-controlador, que podría pasar factura a aquellas regiones que no se muestren muy entusiastas con las ideas que promueve la Presidencia. Eso es lo que se llama un modelo “centralizado”, pero “desconcentrado”.

Eso es, en resumen, lo que en el transcurso del día de hoy iremos a apoyar o a rechazar. Está en nuestras manos.

· “Todos cargamos sobre nuestros hombros una parte de la sociedad: Ninguno es relevado por otro de esta carga de responsabilidad. Si la sociedad se arrastra hacia su destrucción, nadie puede encontrar una manera segura de evitarlo, fuera de su propia acción mancomunada con la de otros. En consecuencia, todos por su propio interés deben comprometerse a sí mismos vigorosamente en la batalla. Nadie puede permanecer al margen. Lo elija o no, cada hombre está comprometido en la gran lucha histórica, la batalla decisiva a la que nuestra época nos ha precipitado” (Ludwig von Mises)

· “Para ser esclavo, se necesita uno que desee dominar, y otro que acepte servir” (Étienne de La Boétie, Discurso de la servidumbre voluntaria)

Para Últimas Noticias, 02/12/2007
Jean-Pierre Marcaillou
jeanpi@cantv.net
Miguel Angel Santos
www.miguelangelsantos.blogspot.com