jueves, 27 de marzo de 2008

La política monetaria: Agarra allá mientras yo suelto aquí

En el informe de gestión del BCV enviado a la Asamblea Nacional en días pasados, se destaca que “a pesar del esfuerzo efectuado por el organismo para contener la inflación, varios factores incidieron en el repunte de ésta (sic): la expansión de la demanda interna, la escasez de rubros agrícolas, la aplicación del impuesto a las transacciones financieras y el ajuste al impuesto sobre bebidas alcohólicas y cigarrillos”. En medio de la pérdida de capacidad para disentir que ha sufrido lo que nos queda de instituciones, esto es lo más parecido a “yo hice mi parte, pero otros no hicieron la suya” que se puede llegar a oír.

En 2007, la cantidad de monedas y billetes en circulación crecieron en 49,6%. Ese extraordinario resultado se debe al incremento permanente del gasto público (cabalgando también sobre el incremento percibido-como-permanente del ingreso petrolero) y al vencimiento (y no renovación) de algunos títulos emitidos por el propio BCV. Esa enorme masa de efectivo se encuentra en poder del público o depositada (por los bancos) en el BCV para cumplir con los requerimientos de reserva. Mientras los bancos se vean obligados a estacionar más efectivo en el BCV, habrá menor disponibilidad para otorgar préstamos. Ese porcentaje efectivo de reservas pasó de 17,3% (2006) a 21,9% (2007).

En consecuencia la liquidez monetaria (efectivo en poder del público y depósitos en los bancos) creció “sólo” 28,7%. Es decir, a pesar de que el efectivo creció 49,6%, debido a que una fracción mayor del efectivo debe ser estacionada en el BCV, la liquidez “sólo” creció en 28,7%. De no haber ocurrido ese cambio en los requerimientos de reserva nuestra inflación en 2007 habría estado alrededor de 41%.

Ahora bien, esa política tiene sus límites y trae sus costos. Por un lado, provocó una fuerte subida en la tasa de interés (aunque habría que pensar que también subió la inflación, visto así, el incremento en la tasa de interés real es bastante menor). El gobierno se ha esforzado, con ese enfoque alpargatérico (sin menosprecio para nuestra prenda nacional) de “agarra tu allá mientras yo suelto aquí”, en mantener la tasa de crédito “productiva” mientras levanta la tasa del consumo (tarjetas de crédito, vehículos). Como si la inversión productiva dependiese de la tasa de interés, y no del entorno y de la confianza.

Subir el encaje también ejerce presión sobre el sistema financiero. Hasta aquí, quien está pagando los platos rotos no son los bancos, que volvieron a exhibir niveles récord de utilidades sobre patrimonio, sino los ahorristas. Con la inflación en 22,5%, la tasa que los bancos pagan en cuentas de ahorro promedió 7,5%; 10,80 en el caso de depósitos a plazo. Las utilidades de la banca y la política monetaria del gobierno están siendo financiadas por las pérdidas forzadas a los ahorristas venezolanos. Eso por un lado. Por el otro, la utilidad de la banca no está distribuida de manera uniforme. Los nuevos niveles de requerimientos de depósitos y la morosidad que podría surgir en la cartera de crédito a raíz del aumento en las tasas golpean más a los más pequeños. Es jugar con candela. Y, como me dijo alguien una vez, es muy difícil jugar con fuego sin quemarse.

Para El Universal, 28/03/2008