miércoles, 2 de abril de 2008

El creador de la verdad (versión ampliada)

La noticia, lo que haya ocurrido o no, pertenece a la semana pasada. Yo estaba viendo pasar una fracción de esos cinco años que, de acuerdo con los estimados más optimistas, habremos de pasar todos en el tráfico a lo largo de nuestra vida (ese cálculo parte del supuesto de dos horas diarias y sesenta años manejando… si se utilizan tres horas diarias pasa a siete años y medio).

En la radio, alguien que según supe después era doctor en la Maternidad Concepción Palacios, se encontraba dando el tubazo sobre la muerte de los seis bebés (neonatos) durante el transcurso de la guardia nocturna. El doctor argumentaba, con seguridad y firmeza, acerca de las deficiencias del sistema de salud venezolano en general y los problemas de dotación (esta vez de médicos) de ese centro asistencial. Y hasta ahí todo bien, es decir, mal, pero la noticia en sí resultaba bastante coherente.

Pero entonces llamó a la estación algo así como la Directora de Salud de la Alcaldía Mayor. No sé si esa era su posición exacta, pero lo importante es que era alguien con cierta autoridad (que a su vez conlleva responsabilidad) en el área de salud dentro de la Alcaldía. Y se le dio la palabra, mientras el doctor se mantenía en línea. Argumentó que no eran seis, sino cinco los niños fallecidos. Además, de esos cinco, cuatro habían llegado a la Maternidad ya muertos dentro de la barriga de la madre. No podían ser atribuidos a carencias del centro asistencial. No escurrió el bulto, reconoció que esas muertes eran parte de las deficiencias del sistema de salud, de la falta de control prenatal, pero que ese problema era distinto al que estaba denunciando el doctor. Más aún, con las historias de los pacientes en la mano, invitó a los conductores del programa, al doctor al otro lado de la línea y al médico de guardia la noche anterior, a asistir a una reunión en la Maternidad el día siguiente, a las 8:00 AM para verificar “los hechos”.

Ahí, el protagonista del tubazo se nos vino a menos, se evaporó su seguridad. Reconoció que él no estaba de guardia, que no había visto las historias médicas de las madres, que todo se lo habían contado al llegar él en la mañana, pero que era igual de grave porque habían fallecido por causas perfectamente detectables y prevenibles... Para Carla Angola debe haber sido algo así como encontrarse en la cola del seguro social al actor que la impresionó haciendo Puck en el Sueño de una Noche de Verano. A mí, por el contrario, se me vino a la mente César Miguel Rondón durante el deslave de La Guaira, tratando de mantener vivas las esperanzas de rescate de alguien que hablaba con él desde la tranquilidad de su casa, probablemente con las piernas encima de algún sofá, frente a una taza de café, con el televisor encendido.

Unos días después, algunos médicos de la Maternidad denunciaron que las historias médicas habían sido secuestradas, que las mantenían en la Alcaldía Mayor, presumiblemente para evitar su “manipulación mediática”.

No hay ningún episodio en el transcurso de los últimos años que me haya enseñado más acerca de la realidad venezolana. Allí estaba la oposición, con un verdadero tubazo, mucho más allá de dónde dejó de latir el corazón de esos seis bebés (o cinco, ya no lo vamos a saber), haciendo un pésimo uso de la información, hablando sin tener los hechos en la mano. Allí estaba el gobierno, con autoridad, aprovechando la falta de pericia de la oposición para apropiarse de la verdad, para convertirla en su verdad y mantener a la otra, a la verdad objetiva, lejos del alcance de nadie.

Nueve años después, no sólo Caracas, sino todas las poblaciones adyacentes sólo tienen un sitio a donde acudir: la Maternidad Concepción Palacios; nuestro sistema de salud no garantiza el control prenatal, y siguen falleciendo neonatos por causas detectables, evitables, tratables; pero todo eso fue eclipsado por una polémica absurda.

Uno entiende que verificar si el país se ha vuelto más o menos feliz en estos últimos años es difícil, la felicidad es un concepto abstracto y de naturaleza relativa. Pero si murieron cinco o seis niños y por qué razón, ese un fenómeno observable. Ahora no. Eso también ha pasado a formar parte de nuestra realidad incorpórea. Se le unió al FONDEN, al desempleo, a la inflación, a la inversión privada, a las notas estructuradas y a la escasez, para conformar un cuadro en donde constatar la ocurrencia de un hecho no es posible. La verdad no existe, es un sentimiento, una sensación, canalizada por quien hable más claro, por aquél capaz de crearla a partir de la nada y dotarla de una narrativa consistente. Y ese, por ahora, sigue en Miraflores.

Para El Universal, 04/04/2008 (versión ampliada)