viernes, 16 de mayo de 2008

La (falta de) confianza: detrás del dólar y de la inflación

Para el ciudadano común, entender lo que ha sucedido en nuestra economía en los últimos seis meses es poco menos que imposible. El precio de nuestra cesta petrolera pasó de 81 a 107 dólares por barril. El precio del dólar en el mercado paralelo cayó de 6.600 bolívares a 3,55 bolívares fuertes. A pesar de lo anterior, en un país cuyo consumo depende cada vez más de las importaciones, los precios no han bajado. Por el contrario, en el rubro de alimentos la inflación anual ha pasado de 29% a 42%. Más aún, cuando uno abre el periódico se encuentra a cada rato con que los bonos de la deuda externa venezolana están cayendo. ¿Por qué no bajan los precios, si ha bajado tanto el dólar? ¿Por qué se deteriora la cotización de nuestra deuda externa, si los precios del petróleo han subido tanto? Las respuestas a estas preguntas tienen matices distintos, pero todas pasan por el camino de la (falta de) confianza.

¿Por qué ha bajado el dólar en el mercado paralelo? Porque el gobierno decidió, en algún momento después del 2D, que era necesario intervenir ese mercado como estrategia para frenar la inflación. Dentro de las pocas alternativas de política que superan el filtro de su propia ideología, intervenir significa dos cosas. Por un lado, salir a vender dólares, aumentar la oferta de divisas. Por el otro, subir el encaje legal (para que los bancos tengan menos dinero disponible para prestar), lo que conduce a una fuerte subida en la tasa de interés y le pone freno al crédito.

¿De dónde salen esos dólares que aumentan la oferta de divisas? De las exportaciones petroleras, por un lado, y de nuevas emisiones de deuda, por el otro. ¿Y por qué hace falta emitir más deuda, con el petróleo a más de cien dólares por barril? Porque las exportaciones petroleras no son suficientes para satisfacer la demanda de dólares (mezcla de avidez y de necesidad) de los venezolanos. El año pasado CADIVI liquidó en divisas el equivalente a 63% de las exportaciones petroleras. El monto restante no alcanzó para cubrir los pagos de deuda externa, los traslados al FONDEN, y la salida de capitales privado (que totalizó una cifra sin precedentes desde el gobierno de Luis Herrera). Por esa razón, nuestras reservas cayeron 5.742 millones de dólares. Por esa razón es necesario emitir deuda nueva.

Ahora bien, bajar la cotización del dólar en el mercado paralelo a punta de emisiones de deuda no es una buena idea. Esa es una variante de lo que hizo Luis Herrera (1979-1983), endeudándose para mantener el 4,30 (condujo al Viernes Negro) y más tarde Jaime Lusinchi (1983-1988), agotando las reservas internacionales para mantener su sistema de tipos de cambio múltiples (condujo al Caracazo).

Y así, como detrás de esa caída no se encuentra un cambio en las expectativas, en la confianza en nuestra moneda, el mercado percibe (correctamente) que esa estrategia no es sostenible, y se muestra reacio a bajar los precios.

Algo similar ocurre con nuestra deuda externa. Cuando el gobierno venezolano emite una deuda, los banqueros de inversión buscan qué otras deudas soberanas existen, y le exigen un rendimiento similar (ajustado por plazos y por riesgos). En el caso de los títulos emitidos más recientemente, esa cifra se encontraba hace dos semanas alrededor de 10%. Hoy en día, a esos títulos se les exige entre 11% y 12%; un 7% por encima de los títulos de deuda de los Estados Unidos, y mucho más que cualquier otro gobierno latinoamericano.

Quienes se aferran a los títulos de deuda venezolanos argumentan que los “fundamentos” no han cambiado, que la caída reciente es “irracional”. Una posible sobre-reacción al veredicto que sobre los computadores de las FARC se dictaría el jueves, o acaso también al lanzamiento de Isea para gobernador de Aragua (¿y quién se va encargar de las finanzas públicas?). Debe haber algo de eso. Pero no se puede negar que todo el tinglado que ha tejido el gobierno alrededor de las finanzas públicas hace que muchos de esos fundamentos sean invisibles. ¿Cuánto hay acumulado en todos los fondos distintos a reservas internacionales (FONDEN, Miranda, etc.)? ¿Cuánto está produciendo PDVSA y cuáles son sus niveles de inversión? Todo esto conforma los “fundamentos”. Y el gobierno ha escondido esos fundamentos, invitando a los inversionistas a hacer una enorme profesión de fe cargando una vela única: El precio del petróleo. Siendo así, la cotización de la deuda venezolana no puede sino exhibir esa volatilidad de la que hemos sido testigos en estos últimos días.

Detrás de todas estas paradojas está el mismo factor: La falta de confianza. La percepción de frágil equilibrio que existe alrededor de la política económica. ¿Soluciones? Sí hay, y a manos llenas. Promover la inversión, hacerle la vida más fácil, no sólo a los grandes productores, sino también a los pequeños. Tratar de aumentar la oferta, de incorporar al mercado a nuevos productores, grandes, medianos y pequeños, concentrando la tarea del gobierno allí en donde se hace urgente: Seguridad ciudadana, salud, educación, vivienda y administración de justicia. Institucionalizar los fondos en dólares que mantiene el gobierno en el exterior, ponerlos a la vista de todos, y crear mecanismos de rendición de cuentas. Ambas estrategias (y casi cualquier otra que procure devolverles la confianza a los venezolanos en sí mismos y en su economía) pasan por la pérdida de control por parte del gobierno.

Para Ultimas Noticias, 18/05/2008