jueves, 15 de mayo de 2008

¿Qué tienen esos bonos que ver conmigo?

¿Qué ha pasado con los bonos de la deuda externa venezolana? ¿Por qué su precio se ha desplomado en los últimos días? Si yo no compré bonos, ¿qué tiene eso que ver conmigo? Escribir sobre estos temas es proponerle al lector un camino árido, una especie similar a La carretera de Cormac McCarthy. Pero hagamos la prueba.

En algún momento, después del referéndum del 2D, el gobierno decidió frenar la inflación interviniendo en el mercado paralelo. Dentro de las pocas alternativas de política que superan el filtro de su propia ideología, intervenir significa dos cosas. Por un lado, salir a vender dólares, incrementar la oferta de divisas. Por el otro, subir el encaje legal (para que los bancos tengan menos dinero disponible para prestar), subir la tasa de interés y ponerle un freno al crédito.

¿De dónde salen esos dólares que incrementan la oferta de divisas? De las exportaciones petroleras, por un lado, y de nuevas emisiones de deuda, por el otro. ¿Y por qué hace falta emitir más deuda si el petróleo venezolano hace rato superó los cien dólares? Porque las exportaciones petroleras no son suficientes para satisfacer la demanda de dólares, mezcla de avidez y de necesidades de consumo, de los venezolanos. Ya el año pasado Cadivi liquidó en divisas el equivalente a 63% de las exportaciones petroleras. El monto restante no alcanzó para cubrir los pagos de deuda externa, los traslados al Fonden (y afines), y la salida de capitales privados (que totalizó una cifra sin precedentes desde el gobierno de Luis Herrera, QEPD). Por esa razón, nuestras reservas cayeron 5.742 millones de dólares. Por esa razón es necesario emitir deuda nueva.

Ahora bien, bajar la cotización del dólar en el mercado paralelo a punta de emisiones de deuda no es una buena idea. Es una variante de lo que hizo Luis Herrera (endeudándose para mantener el 4,30) y más tarde Jaime Lusinchi (agotando las reservas internacionales para mantener su sistema de tipos de cambio múltiples). Nada que ver con promover la confianza, el ahorro y la inversión.

Quienes se aferran a los títulos de deuda venezolanos argumentan que los “fundamentos” no han cambiado, y que la caída reciente es “irracional”. Una posible sobre-reacción al veredicto sobre los computadores de las FARC que se dictaría ayer jueves, o acaso también al lanzamiento de Isea para Gobernador de Aragua (¿y ahora quién se va encargar de las finanzas?). Sin duda debe haber algo de eso. Pero no se puede negar también que todo el tinglado que ha tejido el gobierno alrededor de las finanzas públicas hace que muchos de esos “fundamentos” sean invisibles. ¿Cuánto tiene el gobierno acumulado en todos los fondos distintos a reservas internacionales? ¿Cuánto está produciendo Pdvsa, cuáles son sus verdaderos niveles de inversión? Todo esto conforma los “fundamentos”. Y el gobierno ha escondido esos fundamentos, invitando a los inversionistas a hacer una profesión de fe cargando una vela única: El precio del petróleo. Siendo así, la cotización de la deuda venezolana no puede sino exhibir esa volatilidad de la que hemos sido testigos la semana pasada. Como decía Carlitos González (QEPD también): Quien con infantes pernocta, excrementado alborea.

Para El Universal, 16/05/2008