miércoles, 18 de junio de 2008

Propietarios habituales

Escotet desembucha. Mendoza no pongas tus reales en dólares. Tráetelos para acá. Vamos a invertir en Venezuela. Yo creo que tengo moral para pedírselo. Pero eso sí, socialismo. Voy a eliminarles unos requisitos para comprar dólares baratos, pero mosca. Estaré vigilante. Como vea que han fraccionado las solicitudes o que hicieron alguna trampita, se acabó.

Eso es el capitalismo (o el socialismo) para el régimen. El sector privado es un puñado de empresarios. El Presidente viene a pedirles que inviertan, que bajen los precios, que dejen la especulación. Debe haber sido el clímax para Vladimir Villegas, quien vive pregonando aquello del “margen justo de ganancias”. Es decir, gánate algo, pero que no sea mucho, “gánate algo que sea justo”. ¿Quién decide cuánto es “lo justo”? ¿Cuánto se debería ganar un vendedor de perros calientes? ¿Y un productor de leche? ¿Y un banco? ¿Quién decide cuánto se deberían ganar quienes se dediquen a las miles de actividades que conforman nuestra economía? ¿El Estado? ¿El Estado nuestro, el de la inflación de alimentos en 49%, el que provocó la escasez, el que nos vendió el bolívar fuerte y la economía fuerte; ese que diez años después se nos presenta como si fuese un nuevo candidato?

El problema de la especulación es un problema de (falta de) competencia. El propio gobierno ha promovido una situación política y económica que garantiza que no van a surgir nuevos productores. Quienes ya están adentro gozan de una posición privilegiada. Han corrido un enorme riesgo y exigen en contrapartida una ganancia acorde. Para quienes están afuera las barreras a la entrada son infranqueables. Eso no tiene nada que ver con el capitalismo. Llámesele como se le llame, eso fue lo que nos trajo hasta aquí, el telón de fondo del empobrecimiento progresivo.

Venezuela se encuentra en el lugar 172 del último ranking de ambiente de negocios del Banco Mundial (de 178 países). Es decir, sólo hay seis lugares del planeta en donde es más difícil producir que aquí. Ocupamos los últimos lugares en facilidad para abrir un negocio, para contratar trabajadores, para exportar, para ser protegido de violaciones a la propiedad privada, para declararse en bancarrota. Esa es la verdadera radiografía de nuestro sector privado. Si queremos menos especulación, más producción y más trabajo, tenemos que trabajar es ahí, en darle al mayor número de venezolanos posible la oportunidad de ser productor. Eso sí cuesta trabajo, bastante más que las cuatro horas de arenga revolucionaria de hace dos miércoles.

Mientras eso no cambie, el gobierno sólo tendrá que lidiar con un grupo muy pequeño de empresarios. Los revolucionarios no han resultado, no les gusta crear, crecer, producir, tienen una afición desmedida por la riqueza fácil. Nada se crea, todo se transfiere. Este esquema garantiza que dentro de algún tiempo volveremos a tener la misma reunión: El mismo Presidente, los mismos empresarios. Los mismos de siempre.

Por cierto, al salir de aquí, afuera, a la derecha, hay un mini set de televisión, con un enorme lienzo detrás alusivo al reimpulso productivo. Ya ustedes saben. Ahora Venezuela es de todos. De todos los que estamos sentados aquí esta noche.

Para El Universal, 20/06/2008

2 comentarios:

mariela Thompson dijo...

Me encantooo!, ... tienen una aficion desmedida por la riqueza facil... que cierto es! y de paso te felicito por lo valiente que eres al escribir algo asi... right on!

Ebenezer dijo...

Sin duda que la riqueza facíl es un objetivo inmediato entre estos personajes,pero...!Cual es el nivel de complicidad de ciertos "empresarios, que hacen sencillo el "yellow brick road" para estos individuos?