lunes, 7 de julio de 2008

¿Cómo funciona la nueva arquitectura financiera?

Cuando los signos de agotamiento de la estrategia de crecimiento basada en impulsos de demanda y capacidad ociosa se comenzaron a hacer claros, el gobierno decidió implementar cambios sobre la arquitectura financiera con que funciona el Estado, específicamente en lo que se refiere a la relación Estado-PDVSA-Banco Central de Venezuela (BCV).

Esto ocurrió en el transcurso del año 2005, pero se empezó a manifestar con mayor fuerza en los años 2006 y 2007. Entender esta nueva arquitectura es importante porque además de ser una de las herramientas con las que el gobierno espera poder frenar la inflación, su diseño sirve también a un conjunto de objetivos económicos y políticos.

Anteriormente, los flujos de divisas de la nación circulaban de acuerdo al Diagrama I (ver más abajo). PDVSA estaba obligada a liquidar los dólares que obtenía por la venta de petróleo en el BCV, que le depositaba la contra-parte en bolívares. La única excepción eran los recursos en dólares que PDVSA mantenía para ejecutar su propio plan de inversiones (entre 10%-15% de las ventas se destinaba a ese fondo rotatorio). El BCV acreditaba la contrapartida en bolívares, y PDVSA procedía a pagar sus gastos en moneda local e impuestos al gobierno central. El gobierno central inyectaba esos bolívares en el circulante por la vía del gasto público. Así la renta petrolera se monetizaba en bolívares y encontraba cauce hacia la economía nacional; mientras mayores exportaciones petroleras, mayor era la tasa de crecimiento del circulante. Por esa razón, la mayoría de los gobiernos anteriores escogieron sobrevaluar la moneda y promover las importaciones (y también las salidas de capital) en medio de bonanzas petroleras: Era la única formad de devolver al BCV, de sacar del circulante, esos bolívares que se quedaban ociosos en la economía venezolana debido al estancamiento de la inversión y de la producción.

A partir del año 2005 se han introducido nuevos elementos dentro de esta arquitectura financiera (Diagrama II más abajo). Ahora PDVSA ya no tiene la obligación de liquidar todos los dólares (con la excepción del fondo rotatorio) en el BCV. Por el contrario, PDVSA envía al BCV los dólares que necesita el ente emisor para atender las compras de divisas aprobada por CADIVI (de forma que las reservas se mantengan más o menos estables), y envía la diferencia a un conjunto de fondos en moneda extranjera ubicados en el exterior.

Si se combina este hecho con la pérdida de calidad en la información financiera que ahora existe en relación con PDVSA, y con el hecho de que no existen reportes oficiales que indiquen cuántos dólares hay en los diferentes fondos (ni siquiera se conoce con exactitud cuántos fondos hay), de dónde han venido, en qué han sido invertidos, se puede concluir que es muy difícil lograr seguirle el rastro al flujo de divisas que entran (o que no entran) al país, y confirmar así la cifra de exportaciones petroleras declarada por el BCV. Tenemos muy pocas ecuaciones y muchas incógnitas.

Este nuevo arreglo ha traído consigo algunas consecuencias relativas a la política anti-inflacionaria:
• Disminuye el grado de monetización de la renta petrolera, en la medida en que una fracción de las divisas que se generan a través de las exportaciones, se depositan directamente en fondos parafiscales en el exterior
• Cuando el gobierno desea convertir a bolívares parte de esos dólares que están en los fondos parafiscales, los liquida indirectamente (a través de operaciones de bonos más complejas que escapan el alcance de este documento) en el mercado paralelo, en donde son adquiridos por los venezolanos con bolívares que ya se encontraban en circulación (en el año 2008 esas operaciones han sido de tal magnitud que han conseguido reducir la cotización del dólar en ese mercado en 47% con relación a noviembre 2007)

El nuevo arreglo también ha traído consecuencias favorables para el gobierno en otros frentes:
• El gobierno liquida una fracción de la renta petrolera en el mercado paralelo, a tasas equivalente mucho más altas de lo que le hubiese dado el BCV bajo la arquitectura financiera anterior.
• En el procedimiento de liquidar dólares a través de paquetes de bonos venezolanos y de otras repúblicas de América Latina, se disfraza la pérdida patrimonial en que han incurrido los fondos parafiscales (la República de Venezuela) invirtiendo en esos bonos.

Así, el subsidio de la tasa de cambio paralela se ha venido a sumar a las importaciones masivas como puntas de lanzas en la política anti-inflacionaria. En la coyuntura actual, sin embargo, la reducción en la tasa de cambio paralela no se ha traducido en una reducción en el nivel general de precios. La errática actitud del gobierno hacia el mercado paralelo, su desdén por la actividad económica privada, y los altos costos de hacer negocios en Venezuela, han generado un entorno de incertidumbre y de expectativas dentro del cual nadie está dispuesto a ajustar (hacia abajo) sus niveles de precios. Adicionalmente, podríamos estar sufriendo ahora las consecuencias de la indigestión monetaria registrada entre 2002-2007, cuando la liquidez creció 670%.