miércoles, 9 de julio de 2008

"No pude evitarlo, es mi naturaleza" (versión ampliada)

Todo este asunto de las notas estructuradas destila la misma sabiduría cruel de la fábula del sapo y el escorpión. Después de una fuerte tormenta, un sapo consigue a un escorpión luchando por pasar a la otra orilla del río. “¿Podrías dejarme subirme encima de ti para pasar el río?”. “Si te ayudo vas a clavar en mi espalda tu aguijón y me causarás la muerte”. “¿Cómo crees? Si te mato yo también moriría en el intento”. En medio del río, el escorpión incumplió su promesa y clavó su espada venenosa en la espalda del sapo. “Lo siento… no pude evitarlo, es mi naturaleza”, dijo el escorpión, antes de que ambos se hundieran en las profundidades del río.

En este caso la historia es así: El gobierno venezolano decide establecer una especie de fondo de ahorro y ayuda humanitaria al exterior sin ningún mecanismo de rendición de cuentas (FONDEN). Desde allí, decide ayudar a los gobiernos “amigos” de Argentina, Bolivia y Ecuador, adquiriendo en condiciones ventajosas (para los demás) sus títulos de deuda. Como ha dicho Rodrigo Cabezas esta semana: FONDEN tenía unos fondos y tenía que colocarlos en una especie de cartera. Así fue.

Una vez hecho esto, los gobiernos “amigos”, fieles a su naturaleza, empezaron a comportarse de una forma que hizo que cayera de forma abrupta el valor de esos mismos títulos de deuda que el gobierno venezolano “generosamente” había decidido comprarles. Hoy en día, Argentina, Bolivia y Ecuador se encuentran entre los peores riesgos soberanos a nivel mundial. En el caso de este último la situación es más grave, toda vez que el Presidente Correa ha declarado que están estudiando la posibilidad de declarar ilegítima parte de la deuda en circulación. “Primero la vida que la deuda” ha dicho el nuevo titular de finanzas. ¡”Eso se llama soberanía”!, aplaude Nicolás Maduro, mientras el valor de los bonos de Ecuador en el FONDEN se van hundiendo poco a poco.

Ahí el gobierno de Venezuela decide pasar de sapo a escorpión. Con la ayuda de los bancos de inversión internacionales, parte esos bonos en pedazos y los empaqueta en unas “notas estructuradas” que ofrece a la banca venezolana. Acude a la dudosa práctica de convertir en dólares (a la tasa de cambio oficial) los bolívares que recibe por las notas, disfrazando así la pérdida que le han causado los países “amigos”. El recién estrenado escorpión convence al sapo dándole la posibilidad de realizar una ganancia cambiaria inmediata y “sin riesgo”. SUDEBAN volteará la cabeza hacia el lado de la cancha en donde no está la pelota, porque para ese momento ya los bancos se encuentran en el nivel límite de activos en dólares que les permite la regulación (30% del patrimonio).

La banca, con la ayuda de esos mismos bancos internacionales que habían estructurado las notas, procede a realizar una operación contable que le permitirá “esconder” de sus balances esas tenencias de notas estructuradas (o de dólares, si las vendieron inmediatamente).

Y he aquí que, unos meses después, el gobierno, en el esfuerzo por seguir bajando la cotización del dólar en el mercado paralelo sin quemar sus propias tenencias de divisas, le ordena a la banca deshacer en noventa días el truco contable y liquidar en el mercado local las notas estructuradas (o los dólares que obtuvo a través de la venta). Ahora no sólo la cotización del dólar en el mercado paralelo es mucho menor al momento de la asignación a dedo de las notas, sino que nuestros “amigos” han seguido comportándose según su naturaleza y los bonos han seguido cayendo de precio. Así, el gobierno, también fiel a su naturaleza, obliga a la banca a reconocer las pérdidas que le ha causado esa misma operación de bonos que él mismo le propuso.

Y así sucesivamente. No termina allí. Uno piensa que el último sapo en caer víctima del escorpión ha sido la banca, pero no es así. Resulta que los fondos con que la banca se ha hecho partícipe de toda esa especulación, lo que le permitió anotarse en aquella ganancia cambiaria inmediata y “sin riesgo”, son unos bolívares que provienen en 92% de los depositantes. Estos sí son los últimos sapos. Ahora bien, lo más curioso es que en la fábula original es la naturaleza del propio escorpión lo que conduce, tanto a él como al sapo, a su propia muerte.

Para El Universal, 11/07/2007