miércoles, 13 de agosto de 2008

El peligro de insistir en que somos ricos

La renovada disposición del gobierno venezolano a seguir adquiriendo deuda argentina en un momento en que todo el mundo se está deshaciendo de ella, ha sido recibida con la tradicional retahíla de declaraciones que hacen referencia a la “regaladera”, y a las “enormes cantidades” de dinero que se destinan a financiar a los gobiernos “amigos” en América Latina. Esta semana el diario La Nación le ha dedicado uno de sus editoriales a este tema, recordándole a la pareja Kirchner que esa deuda moral que están adquiriendo con Chávez terminará saliéndole bastante más cara de lo que indican los rendimientos de los bonos (una advertencia que podría hacerse extensiva a muchos venezolanos).

La “regaladera” en sí no podría ser más cuestionable. La idea de que lo que camina por América latina no es la espada de Bolívar sino la billetera del nuestro. Lo que sí resulta peligroso es seguir insistiendo en que éste es el gobierno que ha contado con más recursos petroleros en toda la historia de Venezuela, no sólo porque no es cierto (no todavía), sino porque además no nos traerá nada bueno en el futuro. Si se sigue repitiendo a mansalva, la idea se convertirá en un boomerang que se devolverá con esa misma fuerza hacia la oposición (cualquier cosa que eso signifique) el día en que le corresponda ejercer el gobierno. Es decir, tú me repetiste durante años que aquí había real a manos llenas, que lo malo de Chávez es que no lo administraba bien, que vivía regalando real; así que ahora te corresponde una tarea fácil: Vamos a repartir esa enorme riqueza de la que me has venido hablando en todo este tiempo. Nada más lejos de la realidad. Eso es lo que pasa cuando uno se entrega a las ideas fáciles, a decir lo que se piensa será más fácil de oír, sin ninguna visión de futuro. Ese es el peligro de seguir insistiendo en que somos ricos.

Aquí en lo que se debe hacer énfasis es en que el petróleo no le alcanza a Venezuela. Todas las exportaciones petroleras del 2007, repartidas por habitante por día, apenas alcanzan para poco más de seis dólares por persona. Es así. Si no regalamos nada, si repartimos todo eficientemente, si el gobierno no tiene aparato, ni escuelas, ni autopistas, ni aeropuertos y además, si el petróleo no tiene costo, nos tocarían seis dólares diarios por persona. ¿Eso es plata? Sí. ¿Con eso superamos el enorme déficit de atención social que heredamos y enrumbamos nuestro país hacia el progreso? No. Setenta mil millones de dólares por año pueden ser mucho real para un gobierno, pero son muy poco para una población y un país en las condiciones de ruina en que se encuentra Venezuela. Un enfoque así pondría el énfasis en la creación de riqueza, que es el problema de fondo, no en la distribución. A partir de allí, perfectamente se puede hacer el argumento de que aún teniendo poco, nos hemos puesto a regalar lo poco que tenemos.

Por eso es que cada vez estoy más convencido de que es mejor esperar, de que es mejor “sudar a Chávez” (entiendo que esta es una idea de Diego Bautista Urbaneja), no sólo porque la catástrofe le abre al gobierno que la sucede más oportunidades de acción, sino también porque, por ahora, lo que hay del otro lado es muy poco.

Para El Universal, 15/08/2008