sábado, 20 de septiembre de 2008

Hora de Cambiar (Democracia Siglo XXI, bajo los auspicios de Luis Miquilena)

El documento que sigue a continuación me fue enviado con el título de arriba, aunque suene a broma. A alguien se le ocurriría que colocarle "bajo los auspicios de Luis Miquilena" podía ser un buen branding... En cualquier caso, tiene elementos rescatables acerca de lo que nos toca ahora hacer como sociedad, vale la pena leerlo pensando en los auspicios no del Luis Miquilena que acompañó y adoctrinó a Chávez, sino de "Don Luis", como pasó a llamarse para los acólitos de la oposición una vez que decidió abandonar (tras cuatro años) las huestes chavistas... Pero bueno... aqui va...

HORA DE CAMBIAR

Borrador final del 16-09-2008

Los venezolanos queremos vivir en un país libre. Un país a la medida de nuestra Constitución que lo concibe como un Estado democrático y social de Derecho, cuyos fines esenciales son la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, la promoción de la prosperidad y el bienestar del pueblo, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, y el ejercicio democrático de la voluntad popular. Un Estado que propugna como valores superiores la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político, y cuyo gobierno será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables.
Para lograrlo, el camino que lleva Venezuela tiene que cambiar. Todos los venezolanos deben poder acceder a una mejor calidad de vida e influir en las decisiones que marcan el rumbo de la sociedad, creando así la esperanza donde por años la exclusión ha acumulado frustraciones. Y en la situación actual, la sociedad venezolana debe construir fortalezas para enfrentar a un gobierno aberrante que lejos de resolver los problemas de los ciudadanos destruye las oportunidades de prosperidad y de paz al negar la pluralidad política y corroer con el odio el tejido social; que pretende perpetuarse en el poder, y que busca cambiar por vías espurias el sistema de libertades consagrado en la Constitución.
Venezuela no solo ve en peligro la vida en libertad, sino también la coexistencia social y la viabilidad misma de una nación incluyente en la que todos podamos realizarnos. La exclusión y el menoscabo de la libertad y la voluntad popular; la destrucción de las instituciones y de la economía productiva; y la pérdida de la cohesión están minando las bases de la sociedad venezolana, y constituyen el curso en el cual es imperativo imprimir un cambio. Venezuela será lo que los venezolanos hagamos de ella a través de ese cambio, porque los resultados del mismo dependerán de los valores que lo inspiren y de la generosidad que lo aliente; de las normas, instituciones y políticas que consolidemos para que rijan su curso; y de la capacidad que los ciudadanos mismos nos demos para influir efectivamente en el proceso.
… Es hora de cambiar.

Una Democracia Nueva que se comprometa con el desarrollo con equidad
Las naciones que han tenido mayor éxito en dar a sus pueblos bienestar, libertad y equidad, lo han hecho maximizando el respeto a los derechos humanos y el ejercicio de las libertades. Pero han ido más allá del disfrute de las libertades políticas individuales, para perseguir de manera consciente el desarrollo, es decir, la realización de las aspiraciones sociales, económicas y políticas de los individuos en sociedad, a través del pleno ejercicio de la libertad. Y para ello han construido y fortalecido instituciones y reglas que equilibran y norman el juego de las fuerzas sociales, sirviendo de soporte a los cambios necesarios.
Construyendo una Democracia Nueva, comprometida con el desarrollo con equidad en un marco de libertades, que actúe como catalizador positivo del cambio y garantice seguridad jurídica y respeto por el Estado de Derecho, podremos salir del perverso curso actual y desterrar el odio y las amenazas contra la vida, las libertades públicas y la propiedad.
Nos proponemos convocar a todo el país a un Consenso para construir el futuro, alrededor de los objetivos, principios e instituciones de esa Democracia Nueva, para cimentar sobre él compromisos firmes para la acción de las fuerzas democráticas, porque el cambio de rumbo del país no puede ser decretado, ni mucho menos impuesto por unos sectores sobre los otros. Porque es necesario que mujeres y hombres, trabajadores, estudiantes, empresarios y todos los actores sociales, se sientan motivados a aportar su impulso creador, su esfuerzo productivo y su capital, sus mejores conocimientos y su solidaridad y tolerancia, para producir más riqueza y equidad, y para que encontremos un camino de convivencia en paz. Solo así podremos abrir un futuro de esperanza para las nuevas generaciones, y edificar Una sola Venezuela socialmente justa y políticamente plural, que retome la senda del desarrollo que extravió hace años, y que nos incluya a todos.

Los objetivos, los principios y el camino de lo posible en una Democracia Nueva
Dos objetivos mutuamente complementarios se imponen a la Democracia Nueva para resolver en sus raíces la crisis que vive el país, y construir esa Venezuela próspera, justa e incluyente:
El primer objetivo es imprimir un rumbo cierto y sostenible hacia el desarrollo con equidad, erradicando cualquier fuente de exclusión.
Para alcanzar este objetivo, debe garantizarse que el mismo adquiere prioridad efectiva en las políticas, más allá del discurso, y que se atiende simultáneamente con acciones que auxilien a los más vulnerables y con soluciones estructurales y sostenibles. Solo así será posible alcanzar un desarrollo con equidad y desterrar el perverso mecanismo del populismo, que no resuelve los problemas sociales y secuestra el derecho del pueblo a la participación real en las decisiones. La Democracia Nueva debe pues, establecer reglas y políticas públicas claras, y mecanismos de seguimiento que aseguren el progreso de tres procesos virtuosos en dirección al objetivo del desarrollo con equidad:
• Una instrumentación eficaz de la atención directa a los más vulnerables, que respete la dignidad de estos, sin que facción alguna pueda manipularlos o exigirles lealtad o sumisión;
• El desencadenamiento de un amplio proceso de inversión privada, y el impulso a relaciones estables con otras naciones del mundo basadas en la cooperación y el interés mutuo, conducentes a un desarrollo productivo y un comercio internacional diversificados, que reduzcan la dependencia del petróleo y que generen más y mejores empleos; y
• La reinversión creciente de la renta derivada del recurso petrolero, que por ser nuestro mayor activo material debe convertirse en capital que apalanque el progreso y el bienestar de todos, en ésta generación y en las generaciones venideras, evitando que dicha renta sea dilapidada o empleada como instrumento de políticas populistas por los gobiernos de turno.

El segundo objetivo es recuperar las instituciones de la democracia.
Lo primero que deben garantizar las instituciones de la Democracia Nueva a todos los ciudadanos es seguridad para sí mismos y sus familias, y un marco de reglas dentro del cual todos puedan efectivamente disfrutar de sus derechos políticos, sociales, culturales y económicos, empezando por el derecho a vivir bajo el imperio de la Constitución. En términos políticos y sociales esto implica, entre otras cosas, restituir la autonomía, el equilibrio y la capacidad de control mutuo de los poderes públicos; restaurar la subordinación del poder militar al poder civil; y profundizar el proceso de descentralización del país para garantizar el ejercicio de la participación y del gobierno democrático inmediato a los ciudadanos. En términos de las instituciones y derechos económicos, implica mantener un marco equilibrado de negociación entre los actores sociales, y garantizar a todos los ciudadanos el derecho a acceder a la propiedad privada y a usarla como instrumento para su propia superación material y para contribuir a la realización de toda la sociedad.
En segundo lugar, la Democracia Nueva debe restituir y garantizar la independencia, la iniciativa y la responsabilidad de las instituciones del Estado encargadas de defender los derechos de los ciudadanos y de supervisar la gestión pública, la probidad de los gobernantes y la legitimidad de los actos de estos por su apego a la constitución y las leyes. Y debe innovar creando vías a través de las cuales la sociedad civil pueda efectivamente escrutar y exigir cuenta de la eficacia de la democracia en sus logros de desarrollo con equidad.

La Democracia Nueva debe fundamentarse en un marco ético de principios que norme la acción pública y privada en la búsqueda de los objetivos de desarrollo con equidad, cohesión social y ejercicio efectivo de la libertad. Ese marco está sustentado en valores compartidos por todos, que no pueden ser instrumentalizados por unos en detrimento de las aspiraciones de los demás:
• El primer grupo de principios incluye el respeto por los derechos humanos y la garantía de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, y el reconocimiento de la pluralidad de ideas y de la representación de las minorías como necesarias para asegurar una participación política amplia y plural que garantice el equilibrio de las decisiones que se tomen;
• El segundo grupo establece el fomento activo de una cultura para el desarrollo y la democracia, basada en la libertad, el esfuerzo y la realización, que supere las ideologías del rentismo y el paternalismo del Estado, apoyándose en la educación como estrategia fundamental de desarrollo de la sociedad. Una educación que cultive en todos los ciudadanos valores y criterios éticos fundamentados en los derechos humanos, la honestidad, el trabajo y el esfuerzo creador del individuo; la cooperación y la solidaridad, la equidad y la cohesión social; y el ejercicio de las libertades en la democracia.
• El tercero plantea la promoción de la solidaridad social, expresada en compromisos conscientes para resolver las desigualdades, y en la aceptación por todos de un marco de políticas públicas destinadas a lograrla; y
• El ultimo grupo de principios se refiere a impulsar el funcionamiento de una economía de mercado que dé soporte a un desarrollo sustentable, es decir, que efectivamente contribuya a mejorar el bienestar económico, la equidad y la sostenibilidad ambiental, para lo cual los diversos actores - Estado, sociedad civil, empresas, organizaciones de trabajadores y particulares – deben participar en ella contribuyendo al bien común, actuando con apego a los valores que son esenciales a éste último, como son: la honradez y el respeto de la Ley, la transparencia y la responsabilidad.

El camino de lo posible implica que adelantemos iniciativas de desarrollo y de cohesión social que sean factibles, es decir, que consideren tanto las aspiraciones como los recursos a nuestro alcance y las circunstancias nacionales e internacionales en las cuales nos encontramos; que todo eso lo basemos en un Consenso para construir el futuro; y que apoyemos las iniciativas sobre bases institucionales que establezcamos para maximizar su viabilidad, consistentes en un sistema de instituciones y reglas, y un conjunto de políticas públicas.
• El sistema de instituciones y reglas debe dar forma jurídica a los objetivos y al marco ético de principios para la acción, en un régimen legal que proteja y haga respetar los derechos fundamentales de todos los individuos, que propicie la acción creadora privada, y que favorezca la cohesión y reduzca la polarización y el recurso al conflicto promoviendo la solidaridad, la co-responsabilidad y la negociación social entre los diversos actores.
• El conjunto de políticas públicas debe dirigirse a crear oportunidades reales de superación para todos los venezolanos, auxiliar a los grupos sociales más vulnerables, y resolver las deformaciones de nuestra economía tornándola mas productiva y haciendo al Estado menos dependiente de la renta petrolera.
Entre las políticas públicas sobre las cuales basar el Consenso para construir el futuro, destacan las de largo aliento en las cuales se apoyarían los cambios estructurales, como son las dirigidas a mejorar la calidad y la cobertura de la educación, promover la cultura del desarrollo y la democracia y fomentar capacidades propias en ciencia y tecnología; las orientadas a generalizar la seguridad social y elevar la eficacia de los servicios de salud; las de fortalecimiento de las organizaciones locales en los temas que les competen de acuerdo con la Constitución; las de saneamiento estructural de las finanzas públicas y de capitalización creciente de la renta petrolera, y las de impulso activo al desarrollo de capacidades productivas modernas, basadas cada vez más en el conocimiento.

Consenso para construir el futuro de una sola incluyente
En resumen, para responder al deber ser que la obligaría con la sociedad venezolana, y para constituir efectivamente un camino de lo posible, la Democracia Nueva debe proveer las instituciones y políticas que maximicen dentro de un marco de pluralidad y libertades el logro de los objetivos del desarrollo con equidad y la recuperación de la cohesión social. Esto solo se puede lograr tras desterrar las prácticas que, afincadas en el rentismo petrolero, han pervertido la toma de decisiones y han privado a los ciudadanos del derecho a una efectiva participación en las mismas. En efecto, la Democracia Nueva debe proscribir, tanto las ofertas engañosas del populismo y los proyectos mesiánicos, que disfrazan de “democracia directa” la concentración del poder en demagogos y autócratas, como las simbiosis de intereses particulares de funcionarios y élites, que al cobijo del poder político han instituido la corrupción como práctica regular de la función de Estado.
Es hora de cambiar, para que la luz de la libertad comience a alumbrar el futuro de Venezuela. Para contribuir a ello, reiteramos la obligación que nos imponemos de promover un Consenso para construir el futuro alrededor de estas ideas, apoyados en el impulso renovador y en la esperanza de los jóvenes de nuestro país, que dé base a compromisos firmes de las fuerzas democráticas, para superar la crisis edificando Una sola Venezuela próspera, plural, socialmente justa, que nos incluya a todos.