miércoles, 10 de septiembre de 2008

Nuestra propia versión de la ruleta rusa

La verdad es que no todo lo que nos sucede es aleatorio. Hay muchas cosas fáciles de predecir, tan fáciles que aburren. La falta de inversión, los cuellos de botella de nuestro aparato productivo, la escasez de oferta, la carencia de exportaciones distintas al petróleo, la costosísima legislación laboral, la ausencia de empleo productivo y el difícil entorno que rodea la actividad económica privada, son elementos claves para nuestro desempeño económico que en la práctica están determinados. La probabilidad de que ocurra un cambio allí, que es precisamente en donde se teje el progreso y la riqueza de las naciones, es muy baja.

En ese entorno, los resultados de las políticas que ha adoptado el gobierno son fáciles de predecir: Desaceleración gradual del crecimiento, inflación creciente, desempleo encubierto, informalidad y episodios frecuentes de escasez. Otros resultados, los apagones, el deterioro de la infraestructura y la incapacidad del Estado productor para ser eficiente, son también fáciles de predecir. Basta sólo con observar la respuesta de nuestra propia economía en el pasado, y las de los demás países que han adoptado esquemas similares en aquellos casos en donde nuestra historia de desaciertos no tenga parangón comparable al presente.

Hay otras cosas cuya naturaleza aleatoria las hace más difíciles de predecir. El tipo de cambio, por su dependencia del precio del petróleo y de la volatilidad de propósitos del gobierno, es difícil de predecir. Durante los últimos años, la mayoría de los economistas han advertido sobre los riesgos de nuestra excesiva dependencia petrolera. Esta advertencia está basada en un hecho simple: Hoy en día estamos mucho menos preparados para absorber un shock en los precios que en otros años precedentes a catástrofes económicas y sociales. El año anterior al viernes negro de febrero de 1983, Venezuela tenía exportaciones petroleras equivalentes al 93% del total y trece meses de importaciones en reservas. El año anterior al ajuste de 1989 y al Caracazo, el petróleo representaba 82% de nuestras exportaciones y teníamos reservas para sólo siete meses de importaciones. Hoy en día, el petróleo representa 95% de nuestras exportaciones totales, y tenemos en reservas apenas nueve meses de importaciones.

Aunque esa observación es correcta, hay cierta insatisfacción (en especial entre quienes cubren en los medios de comunicación el área económica) con tantas advertencias, porque el precio del petróleo no ha caído “lo suficiente” (en los últimos dos meses ha caído más de cuarenta dólares). Esta situación equivale a advertirle el peligro de muerte a quien tiene ya seis o siete intentos con la ruleta rusa sin que ocurra una catástrofe. Está cierto que ese escenario es mucho menos probable que el otro en cada intento, pero también lo es que si juega un número suficientemente grande de veces la probabilidad de muerte es muy alta. Más aún, como el resultado negativo es tan largo, el valor esperado de cada intento es negativo. Con una diferencia clave: En nuestro caso, quienes juegan a la ruleta no tienen la pistola puesta en su propia cabeza, sino firmemente afincada en la sien de toda la sociedad venezolana.

Para El Universal, 12/09/2008

1 comentario:

YASNA dijo...

Excelente el articulo en cuanto a los similes que usates para la comparacion.