lunes, 29 de septiembre de 2008

¿Qué tiene la crisis de Estados Unidos que ver con nosotros? (sobre sabios, derivados y sub-prime mortgages)

¿Qué tiene que ver la crisis de Estados Unidos con nosotros?

La crisis financiera que está devastando la economía de los Estados Unidos tiene aspectos sencillos de comprender y otros mucho más técnicos, más complicados, bastante menos intuitivos. Hasta hace poco se pensaba que la mecánica de estos últimos apenas era conocida por un grupo muy pequeño y privilegiado de personas, pero ahora se sabe que ni siquiera ese pequeño grupo de mentes brillantes era capaz de comprender los niveles de riesgo a los que se estaba exponiendo. De esta crisis podemos sacar lecciones muy importantes para nosotros; lecciones que tienen que ver precisamente con ese irse metiendo en situaciones de riesgo cuyas consecuencias (ya no digamos los remedios) no somos capaces de prever.

¿Cómo se originó la crisis?


La crisis financiera se gestó alrededor de dos fenómenos que coincidieron a comienzos de esta década. En primer lugar, a raíz de los incrementos sostenidos en los precios de las materias primas a nivel mundial, los países exportadores empezaron a registrar ingresos que excedían sus necesidades de gasto, lo que produjo excedentes en dólares cada vez mayores. Aún nosotros, que hemos vivido en una carrera por gastar todo lo que nos ha ido ingresando de forma extraordinaria (llegando en ese esfuerzo a regalárselo a otros gobiernos, en otros países), no hemos sido capaces de gastarlo todo. Esos excedentes fueron dirigidos hacia los mercados financieros de los países desarrollados, en particular Estados Unidos. Allí coincidieron con los fondos que venían huyendo de las compañías punto.com, entonces en pleno descalabro, e inundaron de liquidez la economía norteamericana. Las tasas de interés se fueron al suelo, lo que hizo atractivas las inversiones en bienes raíces.

Así, los fondos empezaron a ser canalizados hacia el sector inmobiliario en una proporción cada vez mayor, bastante mayor a la capacidad de oferta de la economía. Se produjo así una aceleración de precios que hizo estas inversiones todavía más atractivas. Como la bonanza en los precios de las materias primas se prolongó, se mantuvo el combustible de esa enorme demanda de bienes raíces. Para mantener el momento, el sector financiero le tendió la mano a un conjunto de potenciales compradores de vivienda cuyo perfil de riesgo era mayor (sub-prime). Con los precios de las viviendas subiendo a una tasa mucho mayor que la propia tasa de interés, las probabilidades de default (de que alguien no pudiera pagar) eran muy bajas.

Se produjo así un espiral cuyo funcionamiento se asemeja mucho al esquema de la “pirámide” que conocemos en Venezuela (que, por cierto, ahora anda de nuevo por ahí disfrazado de ventas de medicinas naturistas con comisiones a “multi-nivel”). Es decir, se le promete un enorme rendimiento a un grupo inicial, que a su vez es pagado con los aportes de otro grupo que se encuentra más abajo, y que viene entrando. A este segundo grupo se le cancelan también los enormes rendimientos prometidos, con base en los aportes de un tercer grupo, y así sucesivamente. Lo perverso de este esquema es que uno de verdad se consigue gente por ahí que logró “entrar y salir” obteniendo los rendimientos prometidos, lo que a su vez estimula la participación. Todo esto continúa hasta el día en que no se consiguen suficientes inversionistas para financiar los rendimientos del escalafón inmediatamente anterior, y entonces todo el esquema colapsa como un castillo de naipes. Algo así sucedió en el sector inmobiliario.

Y aquí viene la vertiente más compleja de la crisis. Ese conjunto de instituciones decide trasladar los riesgos de esas hipotecas sub-prime, empaquetándolos y vendiéndolos a través de instrumentos financieros cada vez más complejos (derivados). Mientras los reguladores procuran asimilar toda esa variedad de instrumentos, éstos actúan como un huracán, una suerte de fuerza centrífuga que incrementa de forma exponencial el riesgo inicial. Así creció la exposición del sistema financiero, de los bancos de inversión, del país, al riesgo del sector inmobiliario. Quienes estaban al frente pensaban que eran capaces de calcular los niveles de riesgo a los cuales estaban expuestos. No fue así.

Algo similar ocurrió con Long Term Capital Management en el año 2000, con sus dos premios Nóbel en economía a la cabeza (hasta el día de hoy han “pasado agachados”). Sucedió algo “siete desviaciones estándar más allá de la media” (Scholes dixit). “Una posibilidad en un millón” (Merton dixit). La frecuencia con que ocurren estas crisis indica que los sabios y las mentes brillantes se equivocan bastante más que eso.


¿Qué podemos aprender de esta experiencia?

De esta experiencia es mucho lo que podemos aprender. La crisis que actualmente sufre los Estados Unidos ocurre, ante todo, por falta de diversificación. El sistema financiero, el país, los bancos de inversión y los portafolios de inversión, se expusieron al riesgo específico de un solo sector, pusieron todos sus huevos en una única canasta que no fue capaz de resistir todo ese peso específico y se deshizo en pedazos.

En Venezuela, durante los últimos ocho años, el gobierno ha promovido un sistema de tasas de interés preferenciales y de “carteras dirigidas” (gavetas) a los bancos que ha incrementado notablemente su exposición al sector inmobiliario. El enorme crecimiento de la demanda no ha podido ser compensado por la oferta, entre otras cosas porque el mismo gobierno ha ahuyentado la inversión en el sector, provocando una escalada fenomenal en los precios de la vivienda. Ahora el sistema bancario cuenta con una serie de hipotecas que son viables a esas tasas subsidiadas, pero no a otras. Si por alguna razón suben las tasas de interés, comenzará a crecer peligrosamente el portafolio de créditos demorados.

Por otro lado, el propio gobierno ha invitado a la banca a invertir más de la mitad de su patrimonio en deuda pública. Esa es una concentración inaceptable que traslada a la banca todo el riesgo de la República, y la pone en una posición negociadora muy débil a la hora de renovar los vencimientos. A la larga, el gobierno siempre puede imprimir billete para pagar la deuda interna, saldando cualquier crisis de liquidez con el impuesto inflacionario. Ese lo pagamos todos, no lo paga la banca. En este sentido, quienes pagan los platos rotos serán los mismos que en Estados Unidos: Los más pobres. Ellos tendrán que pagar más impuestos, ya sea por la vía formal (para financiar el paquete de rescate de 700.000 millones de dólares, si finalmente se aprueba) o por la vía del impuesto inflacionario. Todo eso sin mencionar la enorme dependencia que mantiene el país del petróleo, de lo poco que hemos promovido la diversificación de nuestra inversión y de nuestro trabajo hacia otras fuentes productivas.

La crisis de Estados Unidos también pone de relieve la importancia del rol del Estado como regulador del sistema financiero. Esa regulación debe promover la diversificación, no la concentración. Los mercados en este sentido no siempre funcionan bien, existen muchas fallas, muchas asimetrías de información, mucho sinvergüenza técnicamente bien dotado diseñando instrumentos que lo ayuden a aumentar sus rendimientos mientras otros corren los riesgos. De allí a escribir el obituario del capitalismo hay un abismo. Lo que ha quedado claro es que deben coexistir el gobierno y el mercado, porque sin éste último la economía pierde por completo el incentivo a ser productiva. Nuestra experiencia indica que es mejor que el Estado sea buen regulador y no mal banquero. En especial, porque de ser el Estado también el banquero no queda nadie para regularlo.

3 comentarios:

mladarme dijo...

Me encantó el analisis de la crisis de estados Unidos...sobre todo estoy de acuerdo con ud. que la parte de los derivados y subprimes mortgages es lo mas dantesco de todo...

Existe real oportunidad de recuperación? a corto plazo?

la clave de todo como bien dice es la diversificación, pero diversificarnos en que y en donde??? Si todos los mercados se han visto afectados por estos hechos...

saludos,

MLA

Miguel Angel Santos dijo...

MLA,
La verdad es que el mejor consejo para estos días es: No hagas nada! Si estás adentro (si tienes inversiones o depósitos cuyo valor está fluctuando fuertemente - mainly hacia abajo) quédate ahí, si estás afuera, noentres! Hasta que las cosas se calmen un poco. La diversificación, en una crisis sistémica como esta, no es tan efectiva porque el efecto contagio es muy fuerte... En cualquier caso, siempre ayuda invertir en varias categorías de activos (acciones, bonos, bienes raíces) que a su vez estén muy diversificadas, tanto como de clases de activos dentro de esas categorías como de monedas!

mladarme dijo...

Bueno, Miguel Angel,

Lamentablemente sí estoy invertida, y con muchos clientes invertidos también. Sin embargo en algún momento hay que entrarle de nuevo al mercado para promediar y esperar el "rebounding del mercado" que algún día vendrá.

La crisis -como bien dices- nos deja varias enseñanzas, sobre la regulación adecuada de los mercados y los riesgos que se están manejando. Este video ilustra hirónicamente lo sucedido:

http://www.invertired.com/quimu/videos/25/34

Saludos,

MLA