jueves, 25 de septiembre de 2008

Una cosa lleva a la otra

El fin de la capacidad ociosa de nuestro aparato productivo, los esfuerzos del gobierno por ahogar la iniciativa privada, perseguir la inversión productiva y mantener el ritmo de gasto público, seguirán teniendo sus consecuencias en el 2009. La estrategia keynesiana de incrementar el gasto público, estimular el consumo (o castigar el ahorro, es lo mismo) a través de tasas de interés pasivas negativas, ha alcanzado su límite. En los últimos cuatro años la tasa de crecimiento, aunque positiva, cada vez es menor; mientras la tasa de inflación cada vez es mayor. Si no se invierte en aumentar la capacidad productiva de la industria venezolana, nuestro futuro se tambaleará entre dos escenario: Infierno I o Infierno II.

En Infierno I el petróleo se mantiene, dándole al gobierno margen para seguir promoviendo incrementos del consumo (vía importaciones) que no estén amparados en incrementos de producción. En este escenario, el ritmo de inflación se mantendrá por encima del 40% (en los últimos doce meses ya los alimentos promedian 52%, una cifra superior al peor momento del paro). La estrategia de nacionalizaciones conseguirá extinguir los escasos niveles de inversión, incrementando así nuestra vulnerabilidad y nuestra dependencia del petróleo. No se crearán nuevos empleos, salvo los que corresponden a la nómina del sector público, que continuará creciendo por cortesía del petróleo. Pero nuestra producción no alcanza para tanto.

En Infierno II el precio del petróleo cae, obligando al gobierno a hacer un ajuste sin precedentes que se traduciría en una fuerte caída de la producción, y una inflación todavía mayor. Este escenario es el menos probable, los pronósticos de los analistas del mercado petrolero ubican el precio promedio de la cesta venezolana para 2009 alrededor de los cien dólares por barril. Hay que pensar que antes de la crisis bancaria que está padeciendo los Estados Unidos, los pronósticos superaban los ciento cuarenta dólares. Los pronósticos son también móviles, y el escenario petrolero extraordinariamente volátil.

En cualquier caso, parece más probable que Venezuela se continúe deteriorando lentamente en términos de inversión, crecimiento, empleo productivo e inflación. Después de todo, esa es la cosecha que ha sembrado la política económica durante todos estos años. El gobierno continúa promoviendo su agenda socialista a sabiendas de las consecuencias que dichas políticas han tenido en otras partes del mundo. En nuestro caso no será diferente. Trata de avanzar en la medida de sus posibilidades, aunque haya elecciones cerca y las políticas sean rechazadas por la mayoría de la población. Sabe que cada año que demore en introducirlas será más difícil. Hace unos años era impensable que el gobierno pasara un paquete de leyes tan significativo por la vía del decreto. El deterioro de la situación económica, aún en presencia de un precio del petróleo fuerte, ha conseguido acabar con su política de consultas. Entre las leyes reformadas se encuentra la sustitución del carácter vinculante a los referendum por consultivos.

Aunque éste posiblemente no sea el plan de ruta original que se haya trazado el gobierno, una cosa necesariamente conduce a otra. La promoción de la agenda socialista, según esta visión, es una consecuencia tardía, es el reconocimiento de que no se ha sido capaz de resolver los problemas económicos, por lo que se requiere un esquema que centralice el poder y le reste posibilidades y fuerza a la iniciativa popular. Nadie quería tener un muro en Berlín para evitar que la gente huyera despavorida hacia el lado capitalista, pero se hizo necesario. Así, aquí en Venezuela, cada vez serán más necesarias las medidas que coarten la libertad individual y económica, aunque no hayan formado parte del plan original.