miércoles, 22 de octubre de 2008

¿Inmunes?



Antes de comenzar el foro del miércoles pasado en el IESA, a la gente de protocolo se le ocurrió que los participantes nos tomáramos una foto con el título del evento como background. Y así quedó para la historia: Seis practicantes de finanzas, profesores, calificadores de riesgo y banqueros de inversión, posando sonrientes debajo de un enorme letrero azul en donde se leía: “Crisis financiera mundial y sus efectos sobre Venezuela”.

La crisis financiera mundial, al contrario de lo que ocurre con la mayoría de la cosas, es algo que sólo puede resultar entretenido si uno no tiene metido dinero allí. De lo contrario, no suena tan atractivo: Se trata de una fuerte caída en el valor de los ahorros de los trabajadores, de los fondos de retiro de los jubilados, y también de un conjunto de gente que se va a ver obligada a desalojar su vivienda.

Aún cuando Venezuela se ha ido aislando de los mercados financieros mundiales, existen tres mecanismos a través de los cuales la crisis se transmite hacia nuestra economía. En primer lugar, por la caída en los precios de los commodities. El petróleo venezolano ha caído en unos sesenta dólares por barril hasta la fecha, lo que nos obliga a replantearnos la forma en que utilizamos nuestras divisas. Por ejemplo, en el año 2007, a pesar de que nuestras exportaciones totalizaron 69.195 millones de dólares (93% petróleo), sufrimos una pérdida de reservas internacionales de 5.742 millones de dólares. ¿Por qué? Porque las importaciones, los dólares que hizo falta venderle al sector privado para contener el paralelo, los supuestos ahorros del gobierno en el exterior (posible compensación contable de exportaciones que reportamos sin que ocurran, o sin que cobremos), y nuestra déficit en servicios, superaron con creces nuestros ingresos. Algo similar ocurrió en el primer semestre de este año, cuando aún con el precio de petróleo a 99,6 dólares por barril, apenas acumulamos 942 millones de dólares en reservas.

Para el 2008, si exportamos 1.8 millones de barriles por día a 85 dólares por barril (un precio bastante optimista), nuestras exportaciones petroleras serán idénticas a nuestra importaciones de este año. Es decir, necesitamos recortar importaciones, reducir el déficit en servicios (¡el cupo de viajes!), no habrá dólares para mandar a los fondos en el exterior (¡por el contrario, hay que traer!), y no se podrá atender el paralelo en la medida en que se ha hecho hasta ahora. Así de simple. Llegó la hora de establecer prioridades en el uso de las divisas, de recoger la amarga siembra de la política económica de todos estos años. Los otros dos vasos comunicantes no son más alentadores: se ha cerrado el financiamiento para mercados emergentes (corporativos y soberanos), y se está pronosticando una desaceleración de la economía mundial en 3,5%.
Visto así, no había muchas razones para sonreír la mañana del miércoles. Excepto, claro está, del hecho poco conocido de que el IESA ha sido considerada en el ranking de América Economía como la séptima mejor escuela de negocios de América Latina. No ha sido nada fácil pero ahí está, ahora nos toca esforzarnos a todos para no hacer default, y mantener esos ratings.

Para El Universal, 22/10/2008