jueves, 28 de febrero de 2008

Los escuadrones de la distorsión

Los escuadrones del abastecimiento están conformados por un miembro del SENIAT, un militar, un diputado, y otro personaje de procedencia desconocida, al que los demás llaman “jefe” (a veces “profesor”). Se dan a la tarea, “por orden directa del Comandante”, de visitar a las empresas que producen bienes escasos, cuyos precios están regulados. Son la punta de lanza de la estrategia del gobierno para devolver esos bienes a los anaqueles, pero eso sí: Sin subir los precios regulados, sin promover la inversión privada, y procurando no recurrir a mayores importaciones.

El escuadrón llega siempre con actitud altisonante y no hace referencia a aspectos específicos; inicia un circunloquio acerca de la revolución, el imperialismo, o la dignidad nacional. Se conduce con soberbia, con un sentimiento de superioridad sustentado a partes iguales en el poder y en la propia ignorancia. Tratan de convencer a quienes se les haya concedido el dudoso honor corporativo de recibirlos, de que la empresa debe ponerse del lado de la revolución y no del imperio, cualquier cosa que eso signifique. Preguntan a los anfitriones qué carros tienen, dónde viven, y sonríen de forma socarrona, quién sabe si con envidia o con condescendencia, acaso con complicidad, como si ese vehículo y esa vivienda fuesen cortesía de la revolución y no del trabajo. Es decir, juzgan a los demás por su propia condición.

He escuchado muchas veces esta historia, con pocas variantes. Después de un día, a veces dos, de visita, el escuadrón se retira satisfecho. Típicamente se impone una multa del SENIAT, y eso sí, “cuidado porque la ley me faculta de ponerte una por el doble de ese monto”. La Ley Orgánica del “si me da la gana”.

El escuadrón no tiene idea de las atroces distorsiones de las que se hace cómplice con ese sistema productivo “policial” que se pretende imponer. Esas empresas tienen bienes con precios controlados, cuyas pérdidas más que compensan subiendo el precio de los no-controlados, o creando presentaciones distintas del mismo producto.

Por un lado, los precios de esos bienes no-controlados suben bastante más que la inflación, los costos y gastos a veces en línea con la inflación o aún menos (muchos tienen divisas oficiales para importar insumos). Eso da lugar a utilidades en bolívares cada vez mayores, que en el caso de las empresas transnacionales se repatrían vía dividendos al exterior a tasa oficial. De acuerdo con el BCV, en el año 2007 la acumulación neta de activos privados en el exterior fue de 16.477 millones de dólares. ¿Qué representa esa cifra? La mitad de nuestras reservas, tres veces más que todas las importaciones de alimentos del año, y más de 25% de las exportaciones petroleras.

Por otra parte, se ha creado un apartheid alimenticio, porque los bienes no controlados se encuentran con mayor facilidad en los anaqueles, pero están cada vez más lejos del alcance (en términos de poder adquisitivo) del consumidor. Así, se le ha dejado a la población la incómoda elección de consumir más de un producto básico, cada vez más difícil de conseguir, o bastante menos de su contrapartida “premium”, que está ahí al lado, en el anaquel, a la vista de todos.

Para El Universal, 29/02/2008

miércoles, 20 de febrero de 2008

De la puerta para adentro: Soy yo o es el caos

A pesar de las largas conversiones que sostuve con mis improbables compañeros de espera en el aeropuerto de Damasco, ninguno quiso hacer comentarios relativos al sistema de gobierno. Un espejo de la situación que prevalece en el resto del país. Decidí venir a Siria, el país más occidental dentro del “eje del mal” (Bush dixit), por su extraordinaria riqueza histórica, pero también para ser testigo del culto a la personalidad, el gobierno familiar compartido por padre e hijo durante 38 años.

Hafez al-Assad tomó el poder en 1970, y a su muerte en el año 2000 el testigo fue entregado a su hijo Bashar, de apenas 34 años. Para hacer esto posible fue necesario modificar la edad mínima (entonces 40) para poder acceder a la presidencia. Casi me puedo imaginar a la versión siria de William Lara, argumentando que no se trataba de un cambio oportunista, sino que los estudios biológicos más recientes, coincidencialmente concluían que el cerebro humano ya estaba plenamente facultado para dirigir una nación a partir de los treinta y cuatro años y un día.

La familia al-Assad ha gobernado la nación con mano de hierro. La última vez que se supo de la oposición fue en 1982, cuando una revuelta organizada por Muslim Brotherhood en la ciudad de Hama, fue repelida por más de 8.000 efectivos militares del régimen (comandados por un hermano del presidente), que masacraron a más de 25.000 personas, sin ninguna distinción entre rebeldes y civiles, y redujeron la ciudad a escombros en apenas tres semanas. Terminada la revuelta, se reconstruyó la ciudad, dejando una manzana entera en el centro completamente en ruinas. Hama es palabra anatema aquí, no debe mencionarse entre las ciudades a visitar a la llegada a Siria; pero ese silencio convive con el testimonio macabro de la enorme manzana en ruinas en medio de la ciudad, un ejemplo muy visual de lo que podría ocurrir a cualquier trazo de oposición que se dibuje en el horizonte.

Así, el gobierno y los habitantes de Siria parecen haber alcanzado un equilibrio tácito. El gobierno ofrece estabilidad y seguridad, dos activos nada despreciables a la luz de la experiencia de otros vecinos inmediatos (Líbano, Israel y los territorios ocupados, e Irak). También ofrece seguridad. Hace un par de meses, en noviembre 2007, cinco jóvenes acusados de robo y asesinato fueron colgados de la hermosa torre del reloj, en el centro de Aleppo, a la vista de todos. A cambio, la gente ha optado por no hablar, no criticar, no mencionar al gobierno. No he podido conseguir en una semana entera viajando por Siria a nadie dispuesto a hablar del régimen, para bien o para mal. Si se habla, y seguro que se habla, es de las puertas de las casas para adentro.

Mientras tanto, Bashar al-Assad observa desde todas partes, su rostro está presente en todas las calles, esquinas, estatuas, luces de faroles de las plazas, semáforos e imanes de nevera (la imagen se vende en combo con Admadinejah y Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah). A decir verdad, su imagen es más ubicua que la de Chávez en Venezuela, aunque no hay aquí ninguna del tamaño de las que cuelgan del techo de la antigua PDVSA en Chuao, o en el SENIAT de Mata de Coco.

Para El Universal, 22/02/2008

sábado, 16 de febrero de 2008

SINVIASA: Made in Venezuela

Cuando el avión de Conviasa aterrizó en Damasco hace diez días, todos los equipajes fueron colocados en forma de cuadrículas en un patio abierto, mientras un escuadrón de perros antidrogas olisqueaban las maletas con cierta voracidad. Pensé que se trataba de un procedimiento normal en un Estado policial. Sin embargo, hace dos días volví a aterrizar en Damasco, proveniente de Amman, y toda mi preparación mental se diluyó en la sonrisa de los mismos guardias, esta vez apurando a los tripulantes hacia la salida sin ninguna medida de precaución.
Esta mañana, el vuelo de Conviasa volvió a hacer escala aquí a primera hora de la mañana, proveniente de Teherán, en ruta a Caracas. Estaba programado para las 11:15 am. Dos horas después no se sabía nada de él. Así llegué a saber que Conviasa no tiene oficinas en Damasco, subcontrata a una agencia de viajes para "administrar" la ruta. En Julia Duma (la agencia) se habla árabe, poco inglés, y cero español. El grupo de sesenta y ocho iraníes que salieron esta mañana de Teherán no podían conseguir en todo el aeropuerto a una sola persona que hablara farsi y les explicara lo que estaba pasando.
Finalmente alguien dio con un controlador de tráfico aéreo sirio con antepasados iraníes, que fue traído a la puerta y les explicó en farsi que no aparecía la gasolina que requieren las catorce horas de vuelo entre Damasco y Caracas. Dos horas después, los altoparlantes anunciaron en árabe que el avión estaba listo, los sirios hicieron señas a los venezolanos e iraníes, y abordamos el avión. Una hora después el capitán, esta vez en español y en pésimo inglés, anunció que el avión tenía un problema en una turbina, que la reparación tardaría al menos una hora. Ante la confusión general y los gritos de desesperación, los venezolanos procedimos a explicar en inglés a los sirios, y en señas a los iraníes, lo que estaba ocurriendo.
Algunas horas después, un joven sirio descendiente de ucranianos nos explicó (en inglés) que el vuelo se cancelaría, a la turbina del Airbus le faltaba una parte que no estaba disponible en Siria; había sido ordenada a Madrid y tardaría en llegar. ¿Cuánto? Un día, dos días, no se sabe. Mientras tanto, Conviasa mantiene alojados a los más de 120 pasajeros con tres comidas diarias en un hotel cinco estrellas (Ebla Cham Palace), con un costo por día estimado en 12.000 dólares.
Esta mañana me encontré de nuevo a los iraníes en la recepción, estaban nerviosos porque vieron a unos sirios montarse en un autobús, y pensaron que iban al aeropuerto. Pero qué va. Un sirio rezagado explicó (en señas) que esto pasa todas las semanas, que el avión no tarda en salir menos de dos días, así que están yendo de compras y a fumar narguiles al viejo Damasco. Los iraníes se miran unos con otros, se ríen, y repiten "Venezuela, made in Venezuela". La ruta Caracas-Damasco-Teherán es apenas un microcosmos, un tubo de ensayo, que describe una forma de hacer política, de resolver problemas. Es el mismo enfoque de Barrio Adentro llevado al aire, sin personal venezolano, sin inventario de repuestos, y sin ninguna preocupación por el sentido económico y social. Sólo un avión, un escritorio, y eso sí, bastante real.

Para El Universal, 15/02/2008

Mas de tres mil y una noches

Por estos días en Damasco, hacia el final de la tarde, la temperatura se aproxima a cero grados. Eso hace todo aún más irreal. A pesar del frío y de ser domingo, los camareros del café Al-Nafura (la fuente) me aseguran, a través de señas tan inequívocas como universales, que Abu Shady vendrá. Se trata del último contador de cuentos profesional (hakawati) de la tradición Siria.

Como muchas otras tradiciones árabes, a esta también le ha costado sobrevivir al siglo XX. Abu Shady está dispuesto a mantenerla viva mientras pueda. Desde 1990 aparece en este pequeño café en la parte de atrás de la mezquita de Omayyad todas las tardes (mas de seis mil quinientas hasta hoy), ataviado con sus pantalones bombachos grises y su chaqueta sin cuello del mismo color, una fez roja y un mostacho similar al de Groucho Marx. Camina lentamente hacia el pequeño podio que hay en medio del café, abriéndose paso entre la gente y el humo de narguiles. Se sienta con cierto aire de solemnidad, se pone los lentes, saca del bolsillo su cuaderno de notas y lo abre, mira una vez más a la concurrencia por encima de los cristales. Comienza a leer.

La mayoría de los asistentes ya conocen sus historias, vienen por la forma en que las cuenta, la entonación, las interrupciones para intercalar chistes y comentarios, las relaciones que hace con algunos de los asistentes, la acentuación, y la forma en que deja caer tanto los silencios como los golpes de sable que da sobre la mesa de cobre cuando se requiere mas énfasis.

Según me cuentan, la historia de esta noche ha sido sobre un hijo del sultán Antar ibn Shadad, que conoce al amor de su vida en el banco de una plaza, mientras va camino a casarse con otra mujer que garantizaría la estabilidad de su padre en el trono. Todas provienen de la tradición escrita árabe, de héroes y episodios históricos, de Las mil y una noches. En esta última, el rey Shahryar es traicionado (adulterio) por su esposa con uno de sus hermanos. A partir de ahí, ordena a través de un decreto a su Visir que le consiga una mujer distinta cada noche, que será degollada a la mañana siguiente, y así sucesivamente. Scheherazade, hija del Visir, se ofrece como voluntaria y consigue sobrevivir noche a noche entreteniendo al rey con una serie de historias extraordinarias. Con el tiempo se convertirá en reina, le dará tres hijos, y el rey terminará por olvidar su decreto.

Escuchando a Abu Shady y recordando la historia que abre la puerta de de Las mil y una noches (no eran sino 282 cuentos, 1001 representa “un numero interminable de noches”), no pude dejar de pensar en todas esas historias que nos han venido contando desde hace ya mucho tiempo. El magnicidio, la invasión del imperio, el complot de la derecha golpista que esconde los alimentos, los gallineros verticales, los sicarios que contrata la oposición para luego protestar por la inseguridad, las vacas ahogadas en Puerto Cabello, la estación espacial venezolana, el asesinato de Bolívar; a cada cual mas extraordinaria, puestas allí todos los días para distraer nuestra atención y prolongar la vida política, en la mismísima tradición de Scheherazade (con el perdón de Abu Shady y del más noble de los oficios).

Para El Universal, 08/02/2008

viernes, 1 de febrero de 2008

La inflación ya no es lo que era antes

La inflación ya no es lo que era antes (una paráfrasis poco elaborada del original de Mafalda, “el futuro ya no es lo que era antes”, que en el caso nuestro no es menos cierta). Esta semana el BCV anunció un cambio en la ponderación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), a raíz de los resultados de la III Encuesta Nacional de Presupuestos Familiares (ENPF). Es una tarea extraordinaria que produce un resultado muy sencillo: ¿En qué gasta sus ingresos una familia venezolana promedio?

Los resultados empezarán a ser utilizados para determinar la variación en el IPC general este mismo año. La inflación en cada rubro en el que gastan las familias venezolanas seguirá siendo calculada de la misma forma, cambiará la ponderación que se le otorga a cada uno en el índice general. Todo esto no contribuirá a reportar una variación de precios menor, a pesar de la suspicacia que ha despertado la introducción del cambio en una época en que la inflación y el desabastecimiento se han convertido en los temas claves de la política venezolana.

Veamos por ejemplo los cuatro rubros que ganaron en importancia a raíz de la realización de la ENPF. El porcentaje del gasto familiar dedicado a Alimentos y bebidas no alcohólicas pasa de 22,9% a 25,6%. Es decir, se le da ahora más importancia a uno de los rubros que ha experimentado mayor variación de precios (30,9%, versus el IPC general 22,5%). En esa misma línea, la ponderación de Restaurantes y hoteles, que experimentaron el año pasado una inflación de 42,8%, pasa de 6,1% a 9,4% del gasto familiar. Ese también es el caso de los gastos en Salud, que experimentaron el año pasado una inflación de 28,3%, y que ahora tienen una ponderación mayor: 6,5% en lugar de 4,2%. Por último, Bebidas alcohólicas y tabaco, que experimentó el año pasado una inflación de 78,1%, pasa a ocupar también un porcentaje mayor del gasto familiar: 2,3% en lugar de 1,5% (ambos, por cierto, bastante más bajos de lo que indicaría la sabiduría popular).

En contraste, los rubros que pierden importancia son aquellos en donde las variaciones de precios son menores. Alquiler de vivienda pasa de 15,1% a 12,1% del gasto familiar, un rubro que el año pasado apenas registró una inflación de 5,7%. Transporte, con una inflación de 17,7% en 2007, pasó de 13,3% a 11,2% del gasto familiar. Esparcimiento y cultura, que registró una inflación de 16,9%, pierde algo de ponderación (de 5,1% a 4,0%). (Es decir, la familia venezolana, en promedio gasta en esparcimiento y cultura casi dos veces lo que gasta en alcohol y tabaco…)

En pocas palabras, el BCV acaba de reconocer que las familias gastan una proporción de su ingreso cada vez mayor en los rubros de mayor inflación, y una proporción cada vez menor en los de menor inflación (un resultado natural). Para entender mejor los efectos de este cambio, si se calcula la inflación general del año pasado haciendo uso de la nueva ponderación, el resultado estaría alrededor de 24,9%, 2,4% por encima del reportado (22,5%). El barco rumbo a la meta de 11% no podía haber zarpado con más viento de cola. Esto no les va a hacer ninguna gracia. La variación del IPC de enero podría tardar algo más de lo normal.

Para El Universal, 01/02/2008