lunes, 31 de marzo de 2008

Book Reviews: Travels in the Scriptorium, Paul Auster

Autor: Paul Auster
Nacionalidad: Estados Unidos
Género: Ficción
Nombre original: Travels in the scriptorium
Año: 2006
Editorial: Picador
Páginas: 118

Mr. Blank ha despertado en el cuarto de una habitación blanca, pero no es capaz de recordar nada. No sabe qué hace ni cómo llego allí. Ignora inclusive si está o no encerrado. El cuarto cuenta con una cama, y un escritorio sobre el que se encuentran cuatro pilas de documentos y un conjunto de fotos. A lo largo del día, a partir de la lectura de los manuscritos y de un conjunto de sucesivas e intrigantes visitas, Mr. Blank trata de reconstruir su confuso pasado. Tiene un enorme sentimiento de culpa, pero a la vez siente también que ha sido víctima de una gran injusticia. Quienes lo visitan parecen a ratos surgir de épocas distintas, algunos tienen vínculos débiles entre ellos, otros le estimulan pequeños y fugaces recuerdos. Todos los personajes, en común, transmiten esa percepción común de batalla perdida, y recurren a Mr. Blank a su vez en búsqueda de significado, acaso también de venganza. Tampoco está claro el vínculo entre los personajes que lo visitan y los redactores y protagonistas de las extrañas historias contenidas en los cuatro documentos que ha encontrado reposando sobre el escritorio. A medida que se avanza en la breve lectura (la versión en inglés cuenta apenas con 118 páginas), se tiene la sospecha de que ese enigma que Mr. Blank y quienes lo visitan están tratando de resolver, ese significado que tanto se esfuerzan por descifrar, no va a llegar jamás, van quedando pocas páginas y el enigma se va haciendo cada vez más complejo, a ratos también más desarticulado. El final tiene esa misma característica de ventana abierta, de cuaderno en blanco, de la Trilogía de Nueva York, pero a diferencia de aquellas tres historias, en lugar de dejar la trama en un punto a partir del cual el lector empieza a tender puentes en búsqueda de una solución o un contexto dentro del cual la historia sea verosímil, el propio autor reconoce en el párrafo final que esa solución no existe, ni habrá de llegar jamás "mientras historias así puedan ser contadas". Ese final es algo desalentador, sobre todo para quienes, habiéndose paseado por la obra de Auster, esperen alguna suerte de clave oculta para el final sin desenlace, o hayan estado construyendo escenarios posibles de contexto para la historia de Mr. Blank, o inclusive estableciéndo vínculos entre estos y otros personajes (de nombre similar) en algunas de sus otros libros (v.gr. Fanshawe).

jueves, 27 de marzo de 2008

La política monetaria: Agarra allá mientras yo suelto aquí

En el informe de gestión del BCV enviado a la Asamblea Nacional en días pasados, se destaca que “a pesar del esfuerzo efectuado por el organismo para contener la inflación, varios factores incidieron en el repunte de ésta (sic): la expansión de la demanda interna, la escasez de rubros agrícolas, la aplicación del impuesto a las transacciones financieras y el ajuste al impuesto sobre bebidas alcohólicas y cigarrillos”. En medio de la pérdida de capacidad para disentir que ha sufrido lo que nos queda de instituciones, esto es lo más parecido a “yo hice mi parte, pero otros no hicieron la suya” que se puede llegar a oír.

En 2007, la cantidad de monedas y billetes en circulación crecieron en 49,6%. Ese extraordinario resultado se debe al incremento permanente del gasto público (cabalgando también sobre el incremento percibido-como-permanente del ingreso petrolero) y al vencimiento (y no renovación) de algunos títulos emitidos por el propio BCV. Esa enorme masa de efectivo se encuentra en poder del público o depositada (por los bancos) en el BCV para cumplir con los requerimientos de reserva. Mientras los bancos se vean obligados a estacionar más efectivo en el BCV, habrá menor disponibilidad para otorgar préstamos. Ese porcentaje efectivo de reservas pasó de 17,3% (2006) a 21,9% (2007).

En consecuencia la liquidez monetaria (efectivo en poder del público y depósitos en los bancos) creció “sólo” 28,7%. Es decir, a pesar de que el efectivo creció 49,6%, debido a que una fracción mayor del efectivo debe ser estacionada en el BCV, la liquidez “sólo” creció en 28,7%. De no haber ocurrido ese cambio en los requerimientos de reserva nuestra inflación en 2007 habría estado alrededor de 41%.

Ahora bien, esa política tiene sus límites y trae sus costos. Por un lado, provocó una fuerte subida en la tasa de interés (aunque habría que pensar que también subió la inflación, visto así, el incremento en la tasa de interés real es bastante menor). El gobierno se ha esforzado, con ese enfoque alpargatérico (sin menosprecio para nuestra prenda nacional) de “agarra tu allá mientras yo suelto aquí”, en mantener la tasa de crédito “productiva” mientras levanta la tasa del consumo (tarjetas de crédito, vehículos). Como si la inversión productiva dependiese de la tasa de interés, y no del entorno y de la confianza.

Subir el encaje también ejerce presión sobre el sistema financiero. Hasta aquí, quien está pagando los platos rotos no son los bancos, que volvieron a exhibir niveles récord de utilidades sobre patrimonio, sino los ahorristas. Con la inflación en 22,5%, la tasa que los bancos pagan en cuentas de ahorro promedió 7,5%; 10,80 en el caso de depósitos a plazo. Las utilidades de la banca y la política monetaria del gobierno están siendo financiadas por las pérdidas forzadas a los ahorristas venezolanos. Eso por un lado. Por el otro, la utilidad de la banca no está distribuida de manera uniforme. Los nuevos niveles de requerimientos de depósitos y la morosidad que podría surgir en la cartera de crédito a raíz del aumento en las tasas golpean más a los más pequeños. Es jugar con candela. Y, como me dijo alguien una vez, es muy difícil jugar con fuego sin quemarse.

Para El Universal, 28/03/2008

lunes, 24 de marzo de 2008

School Briefs: Algunas preguntas (y respuestas) básicas sobre la política monetaria del gobierno

El Nacional, 18/03/2007 (página A5): “En el informe de gestión 2007 del Banco Central de Venezuela (BCV) entregado a la Asamblea Nacional se destaca que a pesar del esfuerzo en materia monetaria efectuado por ese organismo para contener la inflación, varios factores incidieron en el repunte de ésta: la expansión de la demanda interna, la escasez de rubros agrícolas, la aplicación del impuesto a las transacciones financieras, y el ajuste a la tasa del impuesto sobre bebidas alcohólicas y cigarrillos… El instituto emisor señala que el año pasado (2007) se desarrollaron acciones orientadas a contener mayores presiones inflacionarias… al considerar el conjunto de medidas en materia de encaje legal que el organismo aplicó en 2007, se observa cómo la tasa efectiva del encaje al cierre del año se ubicó en 21,9%, 4,6% por encima del nivel alcanzado en el año 2007 (17,3%)”.

Información adicional:
- Liquidez Monetaria (millones de bolívares fuertes):
2006: 118.806 – 2007: 152.917
- Monedas y Billetes en poder del público (millones de bolívares fuertes):
2006: 12.802 – 2007: 16.783
- Variación PIB 2007: 8,3%
- Inflación 2007: 20,4%

PREGUNTAS:
1) ¿En qué porcentaje creció la base monetaria entre 2006 y 2007?
La Base Monetaria, es decir, el total de las monedas y billetes que existen en la economía venezolana, se encuentran en poder del público (E, por efectivo) o en reservas bancarias (RB), que incluye no sólo el encaje legal, sino también las reservas en exceso (por encima del encaje legal).

BM = MB + RB

Para calcular la base monetaria, sólo se necesita saber el monto de reservas bancarias, que según el informe del BCV representó 17,3% y 21,9% del total de depósitos en 2006 y 2007 respectivamente.
Para saber el total de depósitos, hay que restar de la liquidez monetaria (M2) el total de efectivo en moneda y billetes en poder del público (MB) (es decir, del total de la liquidez, lo que no está en moneda y billetes está en depósitos):

M2 = MB + D
D = M2 - MB
D(2006) = 108.806-12.802 = 106.005
D(2007) = 152.917 - 16.783 = 136.134

Ahora que ya se conoce el total de depósitos 2006 y 2007, hay que calcular el total de reservas bancarias aplicando el porcentaje contenido para cada año en el informe del BCV al total de depósitos:

RB(2006) = 17,3% * 106.005 = 18.339
RB (2007) = 21,9% * 136.134 = 29.813

Sumando el total de reservas bancarias (RB) al total de monedas y billetes en poder del público (MB), se obtiene la base monetaria (BM):

BM = MB + RB
BM(2006) = 12.802 + 18.339 = 31.140
BM(2007) = 16.783 + 29.813 = 46.596

Con base en lo anterior, se puede decir que la base monetaria creció en el año 2007 49,6%, pasando de 31.140 a 46.596 millones de bolívares fuertes.

2) ¿Qué ocurrió entre los años 2006 y 2007 con la relación de preferencia del público entre efectivo y depósitos?

La relación efectivo/depósitos (e=MB/D) en ambos años se comportó de la siguiente forma:
e(2006) = 12.802 / 106.005 = 0,1208
e(2007) = 16.783 / 136.134 = 0,1233

Es decir, en 2006 y 2007 las preferencias del público entre mantener dinero en efectivo y mantener depósitos se mantuvieron estables.

3) ¿Cuál fue la magnitud del multiplicador de la política monetaria (o multiplicador del crédito) en 2006 y 2007?

La respuesta se puede obtener por dos vías, a través de la simple división del total de liquidez (M2) entre la base monetaria (BM), o utilizando directamente la fórmula del multiplicador.

Multiplicador = M2 / BM
Multiplicador(2006) = 118.806/31.140 = 3,8152
Multiplicador(2007) = 152.917/46.596 = 3,2818

La otra forma de calcularlo:

Multiplicador = (1 + e) / (r + e)
Multiplicador(2006) = (1 + 0,1208) / (0,173 + 0,1208) = 3,8152
Multiplicador(2007) = (1 + 0,1233) / (0,219 + 0,1233) = 3,2818

Este resultado es fundamental: A pesar de que la cantidad de dinero primario (monedas y billetes) creció 49,6%, la política de subir el encaje legal en 4,6% (de 17,3% a 21,9%) provocó una disminución del efecto multiplicador, es decir, de la capacidad de los bancos para crear crédito (mientras más dinero como porcentaje de los depósitos tienen que dejar los bancos en el BCV como reserva, menos dinero disponible para préstamos), de forma tal que la liquidez monetaria total “sólo” creció 28,7% (de 118.806 a 152.917 millones de bolívares fuertes).

4) Manteniendo las demás magnitudes constantes, ¿Puede estimar cuál hubiese sido la inflación en 2007 si el Banco Central de Venezuela hubiese mantenido constante el encaje legal?

Según la teoría cuantitativa del dinero, el porcentaje de variación en la cantidad de dinero (m) más el porcentaje de variación en la velocidad de circulación de ese dinero (V), es idéntica a la variación en el producto nacional (Y) más la variación de precios (P). En números:

%m + %V = %Y + %P

Esta ecuación se puede verificar para el año 2007, dado que se conocen todas las magnitudes salvo la variación en la velocidad de circulación del dinero, que el año pasado fue prácticamente cero:

28,7% + 0% = 8,3% + 20,4%

Ahora bien, manteniendo las demás magnitudes constantes, ¿cuál habría sido la tasa de crecimiento en la cantidad de dinero si el BCV hubiese mantenido constante el encaje legal?

M2 = BM * multiplicador
M2 = BM(2007) * multiplicador(2006)
M2 = 46.596 * 3,8152 = 177.772

Es decir, manteniendo el encaje legal el multiplicador habría sido el mismo del año 2006, dado que la relación efectivo depósito prácticamente no registró ningún cambio. Pues bien, sin ese incremento de 4,6% en el encaje legal, la liquidez monetaria (M2) hubiese crecido 49,6% (hubiese pasado de 118.806 a 177.772 millones de bolívares fuertes).

Ese crecimiento en la cantidad de dinero, manteniendo lo demás constante, es consistente con una inflación aproximada de 41,3%.

49,6% + 0% = 8,3% + 41,3%

Es decir, sin la política de encaje legal más restrictiva, nuestra inflación el año pasado hubiese estado alrededor de 41,3%.

5) Con base en la pregunta anterior, ¿Qué tan sostenible le parece la política anti-inflacionaria del gobierno?

Como dice el informe del BCV, está claro que las fuerzas que se encuentran detrás del fenómeno inflacionario tienen que ver con las presiones de demanda originadas por el gasto público, con la falta de inversión, con las dificultades y cuellos de botella en el proceso de producción (el aparato productivo operando a plena capacidad instalada y sin invertir, lo cual a su vez genera escasez), y con presiones de costos sobre la oferta (impuesto a las transacciones financieras e incremento en impuestos a cigarrillos y licores).

Salvo el incremento en impuestos, que no está planteado (por el momento) que se repita, todas las demás fuerzas están up-and-running, y el gobierno no ha planteado ningún correctivo específico.

En ese panorama, recortar el gasto público sería la única opción, algo que no parece factible en un año electoral. La única herramienta disponible para combatir la inflación restante es: Seguir importando más (y seguir reventando a los productores nacionales poniéndolos a competir deslealmente con productos importados subsidiados por la política cambiaria) o seguir incrementando la restricción en la política monetaria vía encaje legal. Esta segunda alternativa tampoco es gratis, la restricción se traduce en una posibilidad menor para el crédito, lo que a su vez se traduce en una subida muy acelerada en la tasa de interés. Esto último tampoco le interesa al gobierno, que es el deudor más grande que existe en moneda local. ¿Y entonces? Entonces, el dilema es el mismo: Más importaciones (mientras el petróleo lo permita) o más inflación.

sábado, 15 de marzo de 2008

O baja la inflación o nos mudamos (de índice)

Aunque mucha gente no lo sabía, la inflación de la que habíamos venido hablando desde siempre era la del Área Metropolitana de Caracas. Esa inflación a la que hacían referencia los contratos de arrendamiento, las negociaciones laborales, o el propio gobierno cuando se refería a la cuarta república, esa inflación siempre fue la de Caracas.

Desde hace algún tiempo, el Banco Central de Venezuela (BCV) viene trabajando en la estimación de índices de variación de precios para otras ciudades, que en principio serán Maracaibo, Valencia y Barquisimeto y posteriormente se extenderán a otras cuatro, para totalizar ocho. A partir de Abril, el índice de precios que será publicado, aquél sobre el que se hará mayor énfasis, será un índice ponderado promedio para un conjunto de ciudades.

En principio, no tiene nada de malo que el BCV haya decidido estimar el índice de inflación de otras áreas del país, y tampoco que reporte una inflación “promedio ponderada” del conjunto de áreas metropolitanas. Lo que sí debemos tener todos claro es que no hay forma de comparar ese nuevo índice con la inflación anterior.

¿Por qué? Porque está claro que aquí, al igual que en todas partes del mundo, la inflación en el interior del país es bastante menor a la de la capital. Tomemos un ejemplo. Durante los dos primeros meses de este año el índice de inflación estimado por el BCV para Caracas fue de 3,4% (enero) y 2,3% (febrero), que totalizan 5,8% (bastante mayor al 3,4% registrado en estos mismos meses del año anterior).

En Maracaibo, mientras tanto, la variación de precios registrada fue de 1,8% (enero) y 2,0% (febrero), que totalizan 3,8% (casi el doble del 2,0% registrado durante ambos meses el año anterior).

Siendo así, es obvio que el promedio ponderado de ambos índices va a resultar más bajo que el índice de precios que venía siendo reportado en otros años para la ciudad de Caracas. Eso no significa que esté bajando la inflación, ambos índices son imposibles de comparar. Pero eso es precisamente lo que ha tratado de hacer el Ministro de Planificación Haiman El Troudi, cuando en una rueda de prensa reciente se refirió a la inflación promedio registrada en Caracas y Maracaibo en febrero (2,2%), comparándola con la variación registrada sólo para Caracas en el mes de noviembre (4,4%). ¡La inflación se ha reducido a la mitad! Nada que ver. Los venezolanos son bastante más inteligentes que eso.

Para contrastar la inflación que estamos sufriendo hoy en día con la del pasado tendremos que seguirnos refiriendo durante un tiempo al índice del Área Metropolitana de Caracas, hasta que se acumulen suficientes datos de la nueva estadística de inflación promedio nacional como para permitirnos comparar peras con peras y manzanas con manzanas.
Así, la inflación registrada en Caracas en los últimos doce meses es de 25,4%, bastante mayor al 20,4% registrado para ese mismo período el año anterior. La aceleración es particularmente notable en alimentos e insumos a la construcción, en donde la cifra supera el 30%.

Y entonces, ¿Cómo se puede combatir la inflación?

Hasta aquí, la estrategia del gobierno para combatir la inflación ha consistido en promover importaciones baratas, que ahogan a los productores nacionales y perjudican el empleo nacional, y mantener un sistema de controles de precios que ha provocado una fenomenal escasez que hace irrelevante la estadística de precios calculada por el BCV. El precio de un bien que no se consigue es infinito, no tiene nada que ver con los numeritos que introduce el BCV en sus hojas de cálculo.

Esa estrategia se ha agotado por varias razones. En primer lugar, el crecimiento de las importaciones, que totaliza 330% en cuatro años, es insostenible. A partir de aquí cada vez será más difícil seguir incrementando el consumo nacional a punta de importaciones. En segundo lugar, el sistema de controles de precios ha colapsado, provocando una escasez sin precedentes en algunos rubros básicos de la alimentación venezolana. A partir de aquí, o se reconoce el retraso en los controles y se ajustan los precios (para la pasta se requirió un ajuste de 58% en un día, para la leche 37%), o seguirán sin aparecer en los anaqueles.

Ese agotamiento obliga a voltear la vista hacia otras áreas de política que hasta ahora el gobierno había evitado utilizar. En primer lugar, el gasto público. Si se sigue aumentando la demanda en un país con todas sus industrias funcionando a capacidad plena, la presión inflacionaria será mayor, y el margen para combatirla a través de importaciones cada vez es menor. En segundo lugar, la liquidez. El gobierno ha tomado algunas medidas para frenar el crecimiento de la cantidad de dinero, centralizando los depósitos del sector público en el Banco del Tesoro y subiendo el encaje legal (lo que le deja a los bancos bastante menos dinero disponible para prestar). La consecuencia natural de esa política es la subida de la tasa de interés, una cosa que afectara a quienes sustentaban parte del incremento del consumo vía (tarjetas de) crédito, pero no más que al gobierno, el deudor más grande que existe en moneda local. A partir de aquí, los vencimientos de deuda interna deberán ser renovados a tasas cada vez mayores.

Y en tercer lugar, a lo más importante, al sector privado. Durante muchos años el gobierno ha descuidado su relación con el sector privado, vilipendiándolo, y acusándolo de todos los males que aquejaban al país. Se ha promovido uno de los ambientes para la inversión privada más adversos del mundo, de acuerdo con todas las agencias internacionales. Ahora el gobierno se da cuenta de que sin el concurso del sector privado será difícil salir del atolladero actual, y se han promovido unas conversaciones que parecen resultar más de la necesidad que de la convicción. Después de tantos años, será difícil que los inversionistas le otorguen el beneficio de la duda.

Para Últimas Noticias 16-03-2008

jueves, 13 de marzo de 2008

Las notas estructuradas y el mercado paralelo

La historia de las notas estructuradas es más o menos así. Un día cualquiera, el gobierno decide que es hora de deshacerse del montón de bonos de otros países que se han comprado desde el FONDEN, con los fondos que PDVSA y el BCV le han transferido a esa entidad.

El gobierno procede a reunir a un equipo de banqueros de inversión internacionales, que acuden ávidos con sus tapabocas y pinzas nasales (que huela mal no significa que no se le pueda sacar provecho). Con su ayuda, el gobierno procede a empaquetar varios bonos que ha adquirido de diferentes países, y vender un nuevo instrumento, que equivale a ofrecerle al comprador un pedacito de los bonos de cada una de esas repúblicas.

Ahora bien, si el gobierno necesita dinero y desea deshacerse de los bonos de Ecuador, Argentina, Brasil, etc. ¿Por qué hace eso tan complicado? ¿Por qué no los vende en el mercado internacional y punto? Y aquí es donde se pone interesante.

En primer lugar, porque ya el valor en dólares que estaría dispuesto a pagar el mercado hoy es muy inferior al precio al cual fueron adquiridos esos bonos, y eso trae consigo sus propias implicaciones en términos de salvaguarda del patrimonio público. En segundo lugar, porque es mejor vender esos bonos (denominados en dólares) en Venezuela, y recibir a cambio bolívares, esquivando al BCV. Al no intervenir el BCV no se crea dinero nuevo, y además se consigue una tasa bastante mejor que 2,15 bolívares por dólar. Acudir al BCV no es negocio para el gobierno (y además le concede una transparencia indeseable al proceso).

Así, si el gobierno adquirió hace dos años un bono de Ecuador por 100 dólares, y ese bono en el mercado hoy vale sólo 70 dólares, es mejor ofrecérselo a alguien en Venezuela por la módica suma de 266 bolívares fuertes. Para el que compra, la tasa implícita resultante entre los bolívares que entrega (266) y los dólares que recibe (70) es de 3,80, bastante inferior a la que tendría que pagar por un dólar en el innombrable mercado paralelo. Esa ganancia automática se le otorga a dedo a instituciones financieras y casas de bolsa. No se convoca a una subasta. Eso sí, no hay duda de que ese mismo dedo que asigna también anota.

Ahora el gobierno puede decir que ese bono ecuatoriano fue vendido con “tremenda ganancia”, porque los 266 bolívares equivalen (a la tasa oficial de 2,15) a 124 dólares (había costado 100). ¡Desapareció la pérdida patrimonial! ¡Aleluya!

En resumen, el gobierno venezolano aprovecha la brecha existente entre el dólar oficial y el paralelo para deshacerse de esos bonos, maquillando la pérdida patrimonial que ha sufrido la República; se los vende a un grupito de instituciones (regalándoles una enorme ganancia cambiaria), que los adquieren con bolívares que ya estaban en circulación, y satisface así la demanda de divisas que hay en Venezuela para promover salidas de capitales (el año pasado se bajaron 16.700 millones de dólares de nuestra balanza de pagos por este concepto). Y eso se hace al mismo tiempo que se prohíbe mencionar al paralelo y se condena a quienes en el pasado acumularon fuertes cantidades de divisas en el exterior por cortesía de los gobiernos corruptos de la cuarta república.

Para El Universal, 15/03/2008

Book Reviews: Reading Lolita en Teherán, Azar Nafisi

Nombre: Reading Lolita in Teherán
Autor: Azar Nafisi
Nacionalidad: Irán
Género: Crónica/Ensayo
Editorial: Random House
Año de publicación: 2003
Número de páginas: 356

Durante su época de estudiante en París, Azar Nafisi participó en todas las manifestaciones callejeras de los años setenta en contra de la dinastía Pahlavi y la injerencia de Estados Unidos en Irán, su país de origen. Cuando en 1979 huyó el Shah, ella hizo el mismo recorrido pero en dirección contraria.

Se registró en el Departamento de Inglés de la Universidad de Teherán, con la intención de ser testigo de excepción del amanecer de la revolución iraní y el nacimiento de la nueva república. Y lo fue. Fue testigo del ascenso del Ayatollah Khomeini y del comienzo del fundamentalismo. Fue testigo del secuestro de las universidades, de las ejecuciones “anti-revolucionarias”, a veces disfrazadas de hampa común. Vio surgir el discurso de la violencia y de la exclusión, sus repetitivas y aburridas líneas penetrando de forma gradual la sociedad iraní. Vio con incredulidad la escalada de violencia verbal que culminó en el conflicto con Irak, Saddam “el emisario de Satan” versus “las fuerzas del bien”. Ocho años de guerra y de empobrecimiento. Escuchó por televisión el discurso de Ali Hashemi Rajsanjani, entonces presidente del parlamento, llamando a la calma a la población aterrorizada por los primeros bombardeos, “gracias a Allah las primeras bombas han caído en vecindarios de ricos y arrogantes”, “infieles que de todas formas, hubiesen sido eliminados por la revolución”.

Azar Nafisi defendió su libertad por todos los medios frente a la aplanadora revolucionaria, hasta verse obligada a renunciar a la universidad y a permanecer en casa. Una vez allí, decidió abrir un curso privado de literatura para un grupo pequeño de estudiantes. La idea era analizar la situación de Irán desde la perspectiva de los grandes trabajos de ficción. Comenzó con Lolita, de Nabokov, ya para entonces prohibida. El secuestro de Lolita por parte de Humbert, el esfuerzo de este último por borrar su pasado, por inventar la muerte de sus padres, por cambiarle el nombre, por convencerla de que su vida había comenzado con él y no podía concebirse de otra forma. Una analogía demasiado fácil, demasiado inminente. Luego vendrán Fitzgerald, Henry James, Jane Austin.

A medida que la irracionalidad se apodera de Irán, se hace presente en esas sesiones la eterna discusión sobre si vale la pena dejar el país. Allí están todas las posiciones por las que nos hemos paseado todos al menos una vez durante todos estos años: Los que se van, los que se quedan por convicción, los que se quedan porque tienen miedo a no poder vivir igual en otra parte y lo disfrazan de convicción, e inclusive los que mueren, aquellos para quienes el final llega antes de que alcancen alguna definición. Leyendo Lolita en Teherán no es un trabajo de ficción, aunque a medida que va leyendo uno no deja de desear que lo sea. Es la historia de un país en donde se impuso la barbarie, contada por una de las grandes perdedoras. Luego de años de pelear consigo misma y con todos los demás Azar Nafisi se verá obligada a dejar Irán. Hoy en día es profesora en la Universidad Johns Hopkins. Además del sentimiento de encuentro que provoca su lectura, es un recordatorio de que hay países que cambian para siempre, que jamás vuelven a ser lo que fueron.

viernes, 7 de marzo de 2008

La alquimia de la inflación

A Haiman El Troudi, como se dice por ahí, lo va a atropellar un carrito de helados. Pero vamos por partes. En este espacio, el primero de febrero, publiqué una nota (“La inflación ya no es lo que era antes”) explicando que el cambio en las ponderaciones de los bienes que se utilizan para calcular el IPC traería como consecuencia un índice de variación de precios mayor (se le daba más peso a los bienes que más habían subido de precios, y menos a los que habían experimentado una inflación menor).

Siendo así, sólo cabía esperar algún tipo de “corrección” que trajera el número de regreso hacia abajo a como diera lugar. Como si la inflación fuese el índice, y no lo que está padeciendo la gente en calle todos los días. Pues bien, terminado febrero, el BCV ha decidido olímpicamente dejar de reportar la inflación del Área Metropolitana de Caracas (AMC), refiriéndose en su lugar el promedio ponderado entre las ciudades de Caracas y Maracaibo.

No tiene nada de malo que el BCV decida estimar el índice de inflación de otras áreas metropolitanas del país, y tampoco el hecho de que haya decidido reportar una inflación “promedio ponderada” del conjunto de áreas metropolitanas. Lo que sí representa un palazo a la lámpara es el dejar de reportar de aquí en adelante la variación de precios del Área Metropolitana de Caracas.

Peor aún ha sido el intento de Haiman El Troudi de confundir al público comparando la cifra de inflación promedio de Caracas y Maracaibo reportada para febrero (2,2%), con la cifra registrada en noviembre en el área metropolitana de Caracas (4,4%). “¡La inflación se ha reducido a la mitad!”. Como dicen en inglés, nice try Haiman. Que haya pensado que quienes siguen la economía del país se iban a tragar algo así dice bastante más de él que de los analistas.

Quizás por algún descuido típico de los períodos de prueba, sigue en la página del BCV la variación del índice de precios al consumidor de Caracas y Maracaibo (por separado) para enero: 3,4% y 1,8%. Es decir, como en cualquier parte del mundo, la inflación en el interior es menor que en la capital. Para bien o para mal, la inflación de la que siempre se ha hablado en Venezuela, esa que se utiliza en el discurso oficial para hacer referencia a los gobiernos anteriores, es la de Caracas. De aquí en adelante, el gobierno va a tratar de reportar un índice promedio, ocultando la de Caracas, y hacer referencias al pasado con base en dos magnitudes imposibles de comparar (honestamente). Todo un deporte nacional. Una estrategia numérica más, el equivalente en economía a los cambios de nombres de instituciones, parques y avenidas.

Es un intento más que se suma a los malabarismos que hace el INE para bajar el desempleo considerando “inactivos” a quienes están en misiones educativas, o el propio BCV cuando deja de reportar la inversión pública y privada y en su lugar nos ofrece un pote que incluye también las importaciones de bienes durables como inversión, o la curiosa contabilidad que hace PDVSA de sus menguantes barriles diarios.

Una alquimia digna del brujo que predijo la muerte del Presidente Caldera en 1997, y del mismísimo mago del Ta-ta-ta-ta. Aunque con eso se me haya caído la cédula.

Para El Universal, 07/03/2008