jueves, 16 de abril de 2009

Mundial va a ser la crisis de aquí

Aunque la crisis mundial es la mayor desde la Gran Depresión, sus efectos sobre la economía venezolana no superan a los de las políticas del gobierno. Es decir, aquí la capacidad destructiva de nuestro conjunto de leyes y políticas supera con creces a la de la propia crisis mundial. El problema, claro está, es que ambas cosas nos están ocurriendo al mismo tiempo. Mientras todos tratan de amortiguar el daño, nosotros instalamos un amplificador.

En todo el planeta la ausencia de liquidez sigue causando estragos. La caída en el valor de los activos ha traído consigo una reducción en la disposición a asumir riesgos. Todos han corrido a refugiarse en el oro y en el dólar. Esto no deja de representar una paradoja: Aún cuando la crisis se originó en los países desarrollados, su primera consecuencia ha sido una masiva salida de capitales de mercados emergentes. Además, muchos commodities venían siendo utilizados como instrumento de inversión, por lo que ahora sus precios también se han venido abajo. A la crisis de capital se le montó encima una de cuenta corriente. A diferencia de otras crisis, esta vez los más afectados no son tanto los bonos soberanos sino más bien los privados; grandes corporaciones que, ante la imposibilidad de refinanciar, se han visto obligados a amortizar deuda de forma anticipada.

La mayor parte del mundo se ha movido rápido buscando proteger a los países más afectados. La reserva federal de Estados Unidos puso a la disposición de México, Brasil, Corea del Sur y Singapur 30.000 millones de dólares (para cada uno) a cambio de moneda local (swaps). El Banco Central Europeo abrió líneas de crédito a Hungría y Polonia por 5.000 y 10.000 millones de dólares. Algo similar ha hecho el FMI con sus programas de derechos especiales de giro, stand-by y facilidades extendidas de fondos. El organismo se ha reinventado a sí mismo, acudiendo al rescate de aquellas naciones con un marco de política mínimamente coherente, sin recurrir a la condicionalidad obligada de otra época. La prioridad de todos es proteger al sector privado y sus empleos.

Venezuela no aparece en ninguno de esos programas. Nuestros representantes no cuentan con las herramientas técnicas, desconocen inclusive el vocabulario mínimo requerido. Tampoco es que haga mucha falta; no porque no necesitemos el auxilio, sino porque no hay nadie dispuesto a tirarnos una soga. Al menos no de gratis. Tendremos que recurrir a otros métodos. Uno de ellos es poner petróleo sobre la mesa. Otras alternativas se presentaron durante la cumbre Chávez-Uribe: Chávez le renueva las licencias de importación a los vehículos producidos en Colombia, si se crea un fondo que permita pagar por esas operaciones con moneda local. No está claro cómo va a funcionar, pues el intercambio arroja un saldo negativo para Venezuela de 4.893 millones de dólares. El punto es que ahí está Uribe, aprovechando la circunstancia para defender exportaciones y empleos colombianos. Y al lado el nuestro, al margen del mundo, tratando a toda costa de economizar una renta muy venida a menos, comprando tiempo para sí mismo con papeles, acaso también con tierra, buscando una bocanada más de aire. Running on empty.

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Para El Universal, 17/04/2009

2 comentarios:

lorenaliendo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
lorenaliendo dijo...

Saludos, Miguel:
El asunto está en que, tal como dices, mientras otros buscan protegerse a sí mismos incluso en el acto de ayudar a los demás (si las bardas del vecino arden, no sólo basta con poner las propias en remojo, sino correr a apagar las de él, para que el fuego no se extienda), acá el "autosuicidio" impera. No hay quien sepa leer el sextante (no hablemos de radares, es demasiado moderno) que conduzca este barco a riveras más dulces...Sólo espero que los salvavidas nos alcancen.