jueves, 14 de mayo de 2009

Ahora sí fundieron el motor (o la instauración de la miseria como política de Estado)

Alguien me decía en estos días que ahora sí se sentía el recalentamiento de la economía venezolana. A esa idea quizás haya sido llevado por la noción de calor, por esa asfixia en que vivimos por estos días. Pero la realidad es otra. Nuestra economía se había venido recalentando durante todo el período 2004-2008. Después de rodar así por cinco años ahora lo que ha pasado es que se nos fundió el motor.

Se dice que la economía se recalienta cuando la tasa de crecimiento de su producción excede la tasa de crecimiento del capital y del trabajo. Estos dos últimos son, junto con la productividad, las únicas fuentes de crecimiento sostenible. En el caso nuestro, el crecimiento del PIB acumulado en el quinquenio 2004-2008 fue superior al 60%, pero en ese mismo período no creció la inversión privada y crecieron muy poco los empleos productivos.

De hecho, el cese de la publicación de la cifra de inversión privada y su substitución por una mezcla que incluye además la importación de bienes de consumo durables (carros, neveras, televisores), coincide con el inicio de ese período de expansión. Ya para entonces estábamos en el punto mínimo de inversión privada de nuestra historia. En el caso del trabajo, la Encuesta de Hogares recoge que el descenso en el desempleo en ese período no se debe a un incremento en el empleo privado, el único que todavía mantiene algún vínculo con el hecho productivo. Se debe más bien a un fenomenal incremento en el número de empleados públicos y participantes en misiones educativas que, según el INE, no muestran disposición a trabajar. Bajo esas condiciones, nuestra tasa de crecimiento no tenía cómo pasar de allí.

Lo curioso es que los motores se suelen fundir por accidente, por descuido, acaso por alguna falla mecánica, en cualquier caso por una razón que escapa a la voluntad de quien conduce. En nuestro caso, una vez fundido el motor, el gobierno se ha abalanzado sobre los restos de sus diferentes partes, en un esfuerzo por dar al traste con lo poco que se hubiera podido salvar del percance. Esta semana se anunció la intervención del Banco Industrial de Venezuela, según Alí Rodríguez, por presentar “problemas de cierta severidad”. Entre esos detalles menores se cuentan el haber perdido más de 88 millones de dólares en dos años, y haber alcanzado un índice de capital a patrimonio de 0,2% (el mínimo es de 8%). Ahí mismo, mediando apenas un “y por cierto”, el gobierno anunció que retomaría su plan para adquirir el Banco de Venezuela. Es algo así como: ¡Ya acabamos con este, ahora vamos con aquél!

En marzo, las asignaciones de CADIVI cayeron en 59% en relación con el mismo mes de 2008. Ángel Rodríguez, diputado del PSUV expresó esta semana a un medio nacional que sí, ha habido expropiaciones, pero “tampoco se puede decir que hayan sido compulsivas”. Parafraseando a un conocido chiste venezolano, eso equivale a decir, sí, nos estamos cogiendo todo, pero tampoco es que nos estamos cogieeeeeendo todo. Se fundió el motor. El socialismo nunca se ha construido en un entorno de abundancia, sino más bien de escasez. Con esa frase, Giordani cortó la cinta e inauguró la instauración de la miseria como política oficial.

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Para El Universal, 15/05/2009

1 comentario:

César dijo...

Saludos Miguel Ángel! Con respecto a tu artículo de hoy en El Universal, solo quería decirte que las cifras de inversión pública y privada se encuentran disponibles en la página del BCV. Todavía no se han cerrado las cifras de 2008, pero tienes la serie completa desde 1997, lo que podría ayudarte a mejorar tu análisis sobre el desempeño de la economía venezolana.