martes, 23 de junio de 2009

La crisis mundial y la teta del Estado

La crisis financiera mundial le está dando mucho trabajo a la mayoría de los gobiernos del mundo. Se entiende. Allí en donde prevalece la democracia, los gobiernos están obligados a trabajar duro para proteger los empleos de sus ciudadanos. No importa si lo hacen para perpetuarse en el poder (por la vía del voto) o si mas bien tienen un genuino interés por el bienestar colectivo. El resultado es el mismo.

Los indicadores líderes están poco a poco delineando los trazos de un panorama poco alentador: Las economías del mundo han caído algo más de lo esperado en el primer trimestre, y el número de puestos de trabajo destruidos ha superado las previsiones. Aunque las tasas de interés han caído, la disposición a consumir se mantiene muy baja. Muchos han recortado sus niveles de consumo para abrir espacios a pagos de hipoteca (los que aún tienen) y ahorros para los días de lluvia, lo que a su vez hace más lenta la recuperación.

Ese panorama abre espacio para la política fiscal. Siguiendo una vieja receta, muchos gobiernos están tomando prestados muy barato los depósitos de los que huyen en búsqueda de seguridad, para financiar así un incremento en el gasto público. Es un esfuerzo por sustituir el impulso que los agentes privados por ahora no están dispuestos a darle a la economía. Esta estrategia ha dado origen a un debate muy interesante, en especial en Estados Unidos. Para los conservadores de derecha, el enorme incremento en la deuda pública de las economías más desarrolladas del mundo traerá como consecuencia una carga impositiva muy fuerte sobre las futuras generaciones. Eso equivale a socializar las pérdidas que resultaron de las malas decisiones de un grupo y distribuir la carga entre todos, en especial entre los que están por venir.

El problema está en que esa derecha rancia no es capaz de ofrecer soluciones a la crisis. El gasto público financiado vía endeudamiento es lo que ha sacado a las economías de recesión tanto en tiempos de guerra y posguerra como en tiempos de paz. La deuda contraída se ha diluido posteriormente en la aceleración del crecimiento. Además, esa misma derecha ha defendido a capa y espada el enorme endeudamiento que contrajo Reagan para financiar la carrera armamentista y el déficit comercial de Estados Unidos. ¿Por qué la deuda no era entonces un problema y ahora si lo es?

En cualquier caso, el debate está ahí. No hay buenos ni malos, sólo dos enfoques distintos de ideas y políticas. Aun en FOX News, la casa de la extrema derecha, uno no escucha a los anclas del canal decir "pero que puede decir éste, si tiene cabezas de animales muertos en su casa... Y aquel, que es un ladrón". Ese es el recurso de los que no tienen ideas. También es cierto que el nuestro nunca ha redactado su CV, nunca ha ido a una entrevista de trabajo, nunca se ha ganado una quincena productiva con el sudor de su frente. Por eso no es capaz de apreciar el trabajo privado. Por eso suele replicar a la salida masiva de empresas transnacionales de Venezuela con: "Que se vayan, a nosotros no nos hacen falta". Que va Presidente. Sí nos hacen falta. Nos hacen mucha falta. En especial a quienes no hemos crecido mamando de la teta del Estado venezolano.

Para El Universal, 19/06/2009