jueves, 13 de agosto de 2009

Bad teachers repeat, good teachers teach, great teachers inspire

Los malos profesores repiten, los buenos enseñan, los grandes inspiran. Tomé estas líneas del libro de Ken Bain, ¿Qué hacen los mejores profesores universitarios?, publicado por la Universidad de Harvard en 2004. El libro, que no está traducido al español (al menos no que yo sepa), es lectura obligada para todo aquél que, además de tener cierta inquietud por dar clases en cualquier nivel, se preocupe también por hacer una diferencia (Nota: Un lector aclaró que sí existe en español: Lo que hacen los mejores profesores de universidad, Ken Bain, Traducción de Oscar Barbera, 229 Páginas, Universidad de Valencia. España. 2006).

Bein basa sus resultados no sólo en el estudio de los ratings de profesores, sino trae también a colación las lecciones de aquellos cuyos alumnos recuerdan más, años después de haber salido de la universidad. Para ahorrarles detalles, no hay atajos. Los mejores profesores, los que inspiran, trabajan muy duro. Conocen a sus alumnos por nombre y apellido, están familiarizados con sus circunstancias de vida y sus dificultades de aprendizaje. Conocen lo que enseñan en profundidad, y son capaces de combinar la satisfacción del nuevo aprendizaje con el hecho simple de que aún hay muchas cosas por descubrir. Estimulan a sus estudiantes a pensar en las grandes preguntas abiertas de toda ciencia. Saben escuchar. Preparan sus clases con detalle obsesivo, con entradas y salidas similares a las de una (buena) obra de teatro. Nada de marroncitos, de poner a exponer los temas a los estudiantes, de ¿y bien… qué vamos a hacer hoy?

En realidad partí de esa frase con la única intención de profundizar un poco en lo difícil que resulta por estos días inspirar a los demás. No por coincidencia la RAE describe inspirar como el “atraer el aire exterior a los pulmones”, y de igual forma “infundir y hacer nacer en el ánimo afectos e ideas”. Todo esto me vino a la mente hace unos días, pues en una de esas mudanzas involuntarias que uno sufre (y que confirman lo que decía Borges: “el azar es la única ley de la vida”), di con unos antiguos recortes de prensa que guardé durante todos estos años precisamente por eso, por lo que me llegaron a inspirar en su momento.

Conseguí una nota de José Ramón Medina titulada “La rama de la elegía”, escrita a raíz de la muerte de Miguel Otero Silva. Ya está amarillenta, pero al trasluz pude aún distinguir los trazos inseguros de mi resaltador de entonces… “que así de hondo duele y fluye el caudal inagotable de la savia que busca salida hacia el pasado, pues ya las puertas del porvenir quedaron cerradas para quien fuera pulso estremecido de vivencia lanzada hacia el futuro”. Dí también con un recorte de prensa que contiene el discurso de orden de Moisés Naím en la graduación del IESA de 1992. Allí leí por primera vez la parábola de Martin Niemoller, manoseada por estos días con una intensidad inversa a nuestra capacidad para ponerla en práctica. También está allí la cita de Huxley: “La experiencia no es lo que a uno le sucede en la vida, sino lo que uno hace con lo que le sucede”. Por aquellos días las páginas de nuestros periódicos tenían algunos nombres capaces de inspirar, Cabrujas, a ratos Luis Beltrán Prieto, jamás Uslar y su recalcitrante Pizarrón. Hoy en día es un fenómeno bastante menos frecuente. Sí los hay, pero son menos (y no se me ocurre nombrarlos en un país tan pequeño como éste). Y es que para inspirar, como dice Ken Bein, hay que trabajar duro.

Para El Universal, 13/08/2009

5 comentarios:

Eli Bravo dijo...

Inspirador artículo, porque como dices, en estos tiempos saber escoger las palabras es más que una labor discursiva. Despertar el espíritu requiere doble trabajo: hacia adentro, para llenar las palabras de sentido, y hacia afuera, para que las palabras resuenen en el público. Ver los grandes temas, buscar el punto de contacto con las pequeñas vicisitudes. Saludos miles

Anónimo dijo...

de aquellos días que mencionas, lo que mas añoro es el lujo de tener a Cabrujas y a Nuño como lectura semanal.
un abrazo,
Vladimir

Anónimo dijo...

Gracias Eli... Sobretodo por considerar inspirador el artículo, cosa que en vista de lo que supone eso, son palabras mayores.
La verdad que olvidé a Juan Nuño, pero sí, era uno de los lujos de aquella época... El país según Cabrujas es una ausencia que se sigue notando a casi quince años de haber muerto... El Nacional ha conseguido suplir esa ausencia con autores extranjeros, que a ratos resultan muy inspiradores: Javier Marías, el propio Vargas Llosa (algo largo para mi gusto de lo que debe contener una nota de prensa), Goytisolo, Tomás Eloy Martínez... Pero venezolanos muy pocos...

ajar7 dijo...

Editado en español:
Lo que hacen los mejores profesores de universidad.
Ken Bain.
Traducción de Oscar Barbera.
229 Páginas.
Universidad de Valencia. España. 2006.

Muy Bueno tu artículo. Akim Molina

Anónimo dijo...

Miguel Angel:

Esta es la frase de Aldous Huxley:

"La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede."

Yo también tengo el artículo de Moises Naim de esta época, en el cual habla además de los cinco poderes: prensa, clero, policía, ...

Leí esta mañana tu artículo y lo que pasa en Venezuela es la gran falta de Profesores, para no decir Maestros. El propio IESA está también metido en este problema. Un Profesor debe ser una persona que tenga la Pasión por impartir conocimientos y a la vez ser Alumno para poder descubrir nuevas metodologías dentro del proceso enseñanza-aprendizaje.

Si quieres ganar dinero no te metas en esta profesión.