jueves, 6 de agosto de 2009

¿Qué va a hacer el país con Chávez?

Escribo la pregunta a sabiendas de que muy poca gente se la formula de esa forma. Es para todos casi una certeza que el país ya no depende de nosotros. Está inscrito en nuestras actitudes corporales: Hoy en día somos apenas un resultado. Ya nuestra vida, esa rápida sucesión diaria de imágenes, se reduce a elucidar esa otra pregunta: ¿Qué va a hacer Chávez con el país?

Por estos días, el jefe parece estar convencido de que la cosa es ahora o nunca. Se ha roto la ecuación que nos protegería, según venían clamando algunos: La revolución avanzaría hasta donde la popularidad del Presidente cayera por debajo de cierto punto crítico. Tenía inclusive algo de la elegancia e inefabilidad de las leyes físicas. Siendo así, estábamos relativamente seguros dentro de cierta zona de confort, la luz no terminaría de apagarse. No estoy seguro de que alguna vez nos haya regido algo así, pero lo que sí está claro es que ya no prevalece.

Las medidas que viene tomando el Presidente han traído su popularidad en picada hasta un punto similar al de 2002-2003. Ahí está de nuevo, viéndose la cara con esa enorme masa amorfa que no consigue darle forma política a su descontento. Es para eso que él ha venido trabajando. Pero ya no importa la grabación de Giordani quejándose de la falta de actitud del venezolano para convivir con el socialismo, ni el desengaño de Monedero con el hecho de que nuestra cultura es inconsistente con la doctrina. Hay que seguir.

Era mucho pedir que se aceptara toda esta destrucción, estatización, cierre de medios de comunicación, etcétera, en medio de una fuerte crisis económica. El gobierno lo reconoció así, y procedió a acelerar por un lado mientras se endeudaba por el otro; un último esfuerzo por mantener el consumo y el abastecimiento en medio de la caída del petróleo. El objetivo ya está ahí, a la vuelta de la esquina. El propio Presidente titubea, llama por teléfono a los encuestadores: ¿De verdad es tan así? ¿Qué tanta credibilidad tienen esos números? Manda a buscar a Lina Ron, la saca a la calle para después alardear de que la recoge; se desmarca de la ley de delitos mediáticos. ¿A quién se le puede ocurrir?

Si el petróleo se recupera en línea con la economía mundial, seguir financiando consumo vía deuda va a ser muy difícil. Alguien tiene que haber del otro lado dispuesto a comprar al gobierno sus promesas de pago. La idea es avanzar políticamente mientras se mantiene con pinzas nuestra realidad económica. En algún momento en ese futuro que vislumbra el gobierno, desaparecerá la realidad objetiva. Sólo habrá espejos de TVES y VTV por todas partes. Sin medios y sin dinero será muy difícil hacer campaña política. Entonces vendrán las elecciones de la Asamblea. Aún en ese panorama, pareciera difícil silenciar al país entero, aunque no necesariamente imposible. Quizás con la caída de la popularidad del Presidente se salga alguna rueda de la carreta revolucionaria. De allí el llamado a cerrar filas. No se puede ir nadie. Sin Asamblea Nacional nuestra caricatura de democracia terminaría por desdibujarse del todo. Chávez no puede permitir que se altere el orden de la pregunta. Algo que, de cierta forma, no deja de ser un contrasentido.

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Para el Universal, 07/08/09