jueves, 24 de septiembre de 2009

Alí Baba y las cuarenta medidas

Sólo seis meses después de aquél primer paquete destinado a preservar la inmunidad de nuestra economía (todo un oxímoron) y ya estamos de nuevo ante una nueva tanda de ajustes. Esta vez serían “cuarenta medidas”, más tarde se dijo que cincuenta y seis. Vendrá a ser algo así como las 5.478 obras de gobierno de Barreto en la Alcaldía: Dotación de lápices y sacapuntas, limpieza de quebradas, un par de marroncitos, entrega de uniformes, etc.

¿Habrá algo significativo? La venta de bonos para tratar de cerrar la brecha entre el dólar oficial y el paralelo no es nueva. Tampoco es algo que pueda dar resultados más allá de unos meses. Endeudarse para vender dólares baratos a quienes tienen bolívares sobrantes es una política sin perspectiva que propiciará la bancarrota (de todos nosotros, los países no quiebran). El Presidente prometerá pagos a proveedores de PDVSA y la emisión de títulos globales destina a recoger excedentes de liquidez. Tómese en cuenta que el Ministerio de Finanzas no es el BCV. Esta no es una operación de absorción, es de financiamiento. El dinero volverá a circular más temprano que tarde, ejerciendo presión sobre el mercado paralelo.

La relación liquidez a reservas, que siempre ha guardado un asombroso parecido con el paralelo, se encuentra ahora en 6,48. El gobierno le ha pedido ya al BCV que reduzca el “nivel mínimo adecuado de reservas”, esa abstracción teórica que justifica el atraco de sus arcas, en 6.000 millones de dólares. Ese traslado podría llevar la relación a 7,89 en una tarde.

También habrá anuncios sobre la creación de nuevas líneas de crédito. Se anunciará un nuevo “plan de empleo”, el noveno o el décimo de la era Chávez. Los lineamientos del plan no pasarán por una mayor contratación de empleados públicos, ni tampoco por una reactivación del sector privado. Se ofrecerán a los empresarios algunas ventajas fiscales que vienen a ser algo así como prometerles que los leones van a tener las uñas limadas.

No habrá nada orientado a resolver nuestra inercia productiva. Entre el primer semestre de este año y el primero de 1998 el producto del país ha crecido 6,48%, equivalentes a 0,57% anual. Según el BCV, el índice de salarios ya corregido por inflación se encuentra ahora 15,7% por debajo de hace once años. En los últimos doce meses el poder adquisitivo del salario de los trabajadores venezolanos cayó 8,7%. La inversión privada se dejó de publicar tras tocar su mínimo histórico en 2004. Hace tiempo que el país viene rodando en E, destruyendo su propia capacidad productiva. Eso es lo que ha quedado de la enorme bonanza petrolera. ¿Qué puede anunciar la tarde de un viernes cualquiera que pueda revertir ese proceso? ¿La reorganización de ministerios?

Habrá mucha fanfarria, mucha micro-empresa, mucha producción cooperativa social, la intensión de acelerar los pagos de CADIVI, acaso también un impuesto a la compra de divisas para viajeros. Nada material. Si cuando la cadena termine usted todavía está despierto, si mira sus notas y no reconoce nada significativo, si empieza a llamar conocidos para verificar que no se le escapó nada (“¿tu qué oíste?”), entonces lo captó bien. Al igual que marzo, lo más importante va a ser lo que no diga.

Para El Universal, 25/09/2009