jueves, 3 de septiembre de 2009

¿Podría el dólar perder su estatus de reserva predilecta del mundo?

Esta discusión es muy interesante y seguramente dará lugar a unos cuantos debates más a nivel mundial y en las escuelas de economía. Estoy preparando algunos artículos sobre este tema, pero mientras tanto les envío "los datos crudos", la información en la medida y forma en que se va publicando, para que cada uno se vaya haciendo su propia idea de qué tan complejo puede llegar a ser.

¿Podría el dólar perder su estatus de reserva predilecta del mundo?
Noticias de Wall Street Journal


Dentro de unas décadas, tal vez la crisis de 2008 no sea recordada como los últimos días de Bear Stearns y Lehman Brothers, sino como el momento en que el dólar perdió su posición de privilegio indiscutido entre las divisas del mundo.

Suena como algo improbable ahora, pero para un activista de derechos humanos de Malasia, un legislador de Filipinas, el presidente del banco central de China (Zhou Xiaochuan) y el presidente de Francia (Nicolas Sarkozy) el rol del dólar como la divisa de reserva mundial presenta inestabilidades económicas inherentes, con consecuencias peligrosas.

Tanto en la fase que antecedió a la crisis como durante la crisis misma, una obsesión de mantener dólares en sus arcas contagió a las economías de todo el mundo. Actualmente, estos países temen a la inflación del dólar, que podría decapitar sus reservas bancarias.

No se trata sólo de argumentos técnicos. Estados Unidos perdió credibilidad durante la crisis financiera, lo que abrió un flanco para cuestionar su supremacía.

Sobran las razones para dudar sobre la teoría del derrocamiento del dólar. Pero uno también empieza a divisar, a lo lejos, la clase de cambio que se forja a lo largo de una generación. Algunos amenazaron con abandonar el patrón oro durante las crisis bursátiles de las décadas de 1870 y 1880. No volvió a ocurrir durante 50 años.

"Lo que era válido en 1945 ya no lo puede seguir siendo hoy", dijo Sarkozy recientemente. "El dólar ya no puede considerarse la única moneda del mundo".

En Malasia, el pacifista Chandra Muzaffar ha insistido que el dólar ha perdido su fuerza como la única moneda de reserva del mundo. "Ese es uno de los pilares de la hegemonía estadounidense", observa. "Hay señales de que estamos al borde de un cambio muy importante".

Un potente indicador del cambio apareció en marzo, cuando el presidente del banco central de China sugirió abandonar el dólar como una divisa de reserva. Las implicaciones prácticas son inmensas y llenas de consecuencias indeseadas, algo que los chinos conocen de sobra. La medida podría causar estragos en la economía de EE.UU., al elevar los costos del crédito y disminuir su capacidad de endeudamiento. Un distanciamiento repentino del dólar también podría devaluar el gigantesco portafolio chino en esa divisa.

La opción preferida por el presidente del banco central chino es pasar a depender más de los SDR, o derechos especiales de giro, una divisa creada por el Fondo Monetario Internacional. El SDR es una divisa sintética que consiste de una canasta que incluye al dólar, el euro, el yen y la libra esterlina, y contribuye a las reservas de los bancos centrales.

El SDR sigue muy ligado al dólar. Desde el fin del patrón oro, sin embargo, ha sido lo más cercano a una moneda internacional. La semana pasada, sin ir más lejos, el FMI distribuyó la mayor cantidad de SDR de la historia, unos US$ 250.000 millones que repartió entre los bancos centrales del mundo. Pero el SDR sigue siendo irrelevante.

"No será fácil", dice Walden Bello, un crítico de la globalización y miembro del Congreso de Filipinas, quien calcula que deshacerse del dólar podría llevar hasta 15 años. "Hay todo un nuevo equilibrio de poder. Una gran cantidad de países podría decidir que ya no podemos permitir que nuestras economías se sometan a las políticas económicas de EE.UU."

Michael Pettis, un profesor de la Escuela de Administración Guanghua de la Universidad de Pekín, cree que todo esto es una ilusión. Pettis apuesta a que el dólar se fortalecerá en los próximos años. "En mi opinión, en tres o cuatro años, este debate estará muerto", observa.

Por Denis K. Berman