domingo, 4 de octubre de 2009

Guest Columnist: Ricardo Villasmil, El diario imaginario de Giordani (Parte II)

Al Presidente le gustaba que discutiéramos un rato entre nosotros antes de que él llegara. Una vez, creo que durante la campaña del 2006, yo me había retirado a una esquina del salón mientras los demás discutían, cuando de repente él se me acercó, y en un tono casi paternal, me dijo: “Yo sé que estas discusiones caóticas no son tu estilo, Jorge, pero son muy útiles para la discusión posterior. Es algo así como el calentamiento que hacen los integrantes de una orquesta justo antes de comenzar un concierto. Unos afinan su instrumento, otros repasan el pedacito que más les cuesta. Y lo que sale de ahí es ruido, claro, pero un ruido celestial…”. No mucha gente conoce esa faceta del Presidente.

“Hola, hola… cómo están todos….”. El Presidente, como siempre, en personaje. Nos sentamos y comenzamos la reunión. Alí resumió a grandes rasgos los puntos clave de la discusión económica del día. Nelson tomó la palabra para argumentar que bajar puntualmente el dólar paralelo no iba a tener mucho impacto en la inflación, y Eduardo seguía insistiendo en que si lo acompañábamos con mayor presión sobre los especuladores sí lo tendría. El Presidente, como siempre, escuchaba con atención, cuestionaba argumentos, precisaba cifras y tomaba notas.

“A ver, a ver” - dijo retóricamente mientras releía sus apuntes. “Estoy de acuerdo contigo en lo esencial, Nelson, pero creo que te olvidas de lo importante de triunfar en el terreno de lo simbólico, de dejar sin discurso a la oposición y en ridículo una vez más a los profetas del desastre. Eso es lo que le queda en la cabeza a la gente. Que no llegó el coco. Que no devaluamos, que no aumentamos la gasolina, que no subimos el IVA, etc. Además, ¿con la emisión levantamos plata, no? Esa plata nos sirve para pasar el bache, y eso ya es bastante.” Apenas terminó de decir esto, dirigió disimuladamente su mirada hacia mí, y continuó diciendo: “La revolución va por partes, recuerden que para llegar a Valencia hay que pasar por Maracay. Tráeme entonces, Nelson, los detalles de la operación para revisarlos esta noche…”.

Aunque esta la comprendía y la apoyaba, el Presidente sabe muy bien que no me siento cómodo con algunas de sus decisiones. A veces me cuestiono por convivir con la corrupción, con el militarismo, con la persecución política y con piltrafas como Mario Silva. Cuando esto pasa, sin embargo, sacudo mi mirada de los árboles y me enfoco en el bosque. Y si eso falla, pongo Globovisión un rato. Santo remedio.

ricardovillasmil@gmail.com

1 comentario:

Anónimo dijo...

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