jueves, 22 de octubre de 2009

Una propuesta (a ver si vemoz luz)

Antes de que le ordenen auto de detención por terrorismo mediático al señor que calcula los indicadores del Centro Nacional de Gestión, conviene saber que las interrupciones en el servicio de electricidad, medidas en términos de carga, registraron en el 2008 un incremento de 56%. Ese mismo año la duración promedio de los apagones a nivel nacional alcanzó tres horas veintidós minutos, 54% por encima de la hora y treinta minutos en 2007. Esta es otra de las áreas en donde subestimamos la capacidad de destrucción del gobierno: ¡Apenas se encargaron de la operación en enero de 2007!

Lo que ha ocurrido en el sector puede utilizarse de caso de estudio para entender a dónde vamos a ir a parar muy pronto en todos los demás, bajo la égida socialista. Algunos tramos de las tarifas se han mantenido fijos por más de seis años. En ese período, la inflación acumulada supera 240%, por lo que la electricidad se ha vuelto mucho más barata en términos relativos. Como suele suceder en esos casos, esa caída de precio relativo condujo a un incremento sustancial en el consumo: En los últimos cuatro años (2004-2008) el consumo de energía creció 18,3%, pero la capacidad instalada apenas lo hizo en 8,4%.

El gobierno fue incapaz de anticipar que la caída en el precio relativo y el proceso de crecimiento registrado a partir del boom petrolero elevarían la demanda hasta niveles “inaguantables” (Giordani dixit). No se realizaron inversiones significativas, al menos no al ritmo requerido, ya no por falta de plata, sino de gerencia. El gobierno tampoco fue capaz de diseñar un plan diferenciado de tarifas que permitiera un aumento en el precio promedio, una medida que por sí sola sería capaz de reducir la demanda con una eficiencia mucho mayor a las amenazas de Giordani. No es lo mismo no tener luz, que tener la opción de prenderla a cierto precio. Aquí también predomina la lógica chavecista: Mientras menos libertad de elección y menos opciones, mejor.

La solución propuesta es un plan de racionamiento (“ahorro”). Es decir, la incapacidad del proceso para gerenciar la inversión, el desarrollo y el crecimiento, la eliminación del incentivo privado a la eficiencia típica del socialismo, la vamos a pagar regresando a la época del “no haga visitas telefónicas” de CANTV. A riesgo de que se me caiga la cédula ante los lectores, este fue un esfuerzo desesperado de la peor parte de la cuarta por tratar de frenar el deterioro que la desidia pública y la falta de inversión habían producido en nuestro sistema de comunicaciones. Ahora viene algo parecido, algo así como los boletines de propaganda soviéticos, que muestran a un rubio que camina bastante zarataco, con unos lentes oscuros y dando tumbos, mientras el titular reza: ¡No consumas tanta vodka!

¿Qué otra propuesta se puede hacer? ¿No estamos todos ya a las 530AM a plena luz del día, y a las 530PM prendiendo luces (si hay) para resguardarnos de la oscuridad? ¿Antes de implementar cualquier plan de racionamiento, no deberíamos considerar olvidamos de la pendejada de la media hora y devolver el reloj a donde estaba hasta hace poco? El ahorro sería equivalente al menos a una media hora de luz diaria, aproximadamente 4% del total del consumo residencial. ¿No?

Para El Universal, 23/10/2009