miércoles, 2 de diciembre de 2009

Con la banca es diferente (versión ampliada)

Quizás se puede trazar el comienzo de todo a los meses posteriores a la huelga general y el paro petrolero de 2002-2003. Quizás a partir de entonces el gobierno se convenció de que podía prescindir de la ciencia, de la capacidad gerencial, de la experticia, acaso también de la honradez. Quizás fue ahí que le perdió el miedo a ocuparse de todo y se sintió omnipotente: Todos los años de estudio y experiencia de aquellas dieciocho mil personas, después de todo, no eran tan necesarios. Surgió el deprecio por el conocimiento y ese vano sentimiento de posibilidad, exteriorizado con la socarronería característica del incrédulo venezolano: “Fíjate tu, todo lo que decía esta gente del petróleo, ¿y qué paso? ¡Nada! Ahí esta PDVSA sacando petróleo y Chávez tan campante”. Lo curioso es que estas expresiones, en una época de muy pocas coincidencias, se podían escuchar de igual forma en el gobierno o en la oposición.

Luis Pacheco, uno de esas “gentes del petróleo”, lo ha puesto esta semana en su blog en los siguientes términos: “el tiempo ha demostrado que la corporación (PDVSA) tenía mas resiliencia de lo que la mayoría pensaba”. De todas las definiciones que existen acerca de esa palabra hoy tan de moda, es evidente que Luis se refiere aquí a la capacidad de acomodar golpes, qué otra cosa sino eso es lo que ha recibido nuestra industria petrolera desde entonces. No se refiere a la versión más amplia y más aceptada por estos días, la capacidad de hacerle frente a los imprevistos y absorber las peores dificultades, y salir con los atributos básicos de nuestra libertad intactos. Esta última concepción de resiliencia, que he tomado de Joshua Ramo, es también la que más falta nos hace por estos días.

El que no haya “pasado nada” es más que discutible. Desde entonces la industria ha perdido 35% de su capacidad productiva y le ha caído encima una deuda colosal, que mantiene su percepción de riesgo a nivel de bonos basura. Tras el petróleo vino el directorio del BCV, la telefonía fija y móvil, SIDOR, la electricidad, el agua, las compactadoras de cemento. De todos estos espacios fue desalojado el conocimiento, imponiéndose la ignorancia, la soberbia autocomplaciente, a ratos también el saqueo. Ahora parece haberle tocado el turno al sistema financiero.

El gobierno decidió intervenir, a puertas abiertas primero y cerradas después, cuatro bancos. Ese cambio tan drástico en apenas cuatro días ha sido atribuido por algunos a la necesidad de darle tiempo a los entes del Estado, que representan 72% de los depósitos del conjunto, de retirar su dinero. Pero esta explicación a ratos suena demasiado ingenua para ser verdad. Cuesta pensar que para recuperar su dinero el Estado necesite mantener el banco abierto, como si no hubiera otros mecanismos menos transparentes y más efectivos de llegar a lo mismo. Me inclino a pensar que los intervinieron sin una idea clara del desfalco que allí se había gestado. Uno de esos bancos (Canarias), era la única institución privada a través de la cual se podían realizar los pagos por importes de registros y notarías públicas. Este episodio parece ser, más que un caso de saqueo de los bancos por partes de sus accionistas privados (como ocurriera en 1994), uno de utilización de varios bancos para vaciar la Hacienda Pública.

El cierre de los bancos ha desatado una ola de pánico que ha puesto en riesgo a otras instituciones. Los 10.000 Bs.F. en depósitos que garantiza FOGADE equivalen a sólo 1.754 dólares a tasa paralela; en contraste con los 16.770 de 2001 o los 34.400 de 1994 (ambas cifras en dólares de hoy). Si esta crisis se circunscribe a esas cuatro instituciones o se extiende a través de la banca y desemboca en la nacionalización del sistema financiero, es algo que vamos a poder ir midiendo en los próximos días. Según se comporte el gobierno en el proceso de auxilio y apoyo a las instituciones que han sufrido fuertes corridas de depósitos se podrá prever cuál fue la verdadera intención inicial. Sólo entonces vamos a saber si esto ha sido un accidente o una política. En cualquier caso, vale la pena tener en cuenta que la banca es diferente. Si bien es cierto que en las demás áreas que ha ocupado el Estado se ha beneficiado de cierta inercia operacional, también es verdad que hemos subestimado su capacidad de destrucción y que ahora las crisis se presentan cada vez más rápido, de forma simultánea, como una sola voz. La banca es diferente: sacudir de aquí a la experticia técnica, la experiencia y el conocimiento tendrá consecuencias inmediatas.

1 comentario:

Mariux dijo...

Palabras ciertas... Miguel. Realmente si se presenta la mega crisis bancaria dudo mucho que podamos seguir adelante "tan campantes"... como sucedió cuando el paro petrolero y demás tragicomedias que hemos vivido. Saludos