miércoles, 27 de mayo de 2009

¿Viene la comunidad internacional?

Es una mañana limpia y azul, de esas suelen devolver el alma al cuerpo y de las que aquí quedan muy pocas. Allí están, después de pasar el antiguo edificio de oficinas ejecutivas Dwight Eisenhower (según Harry Truman, la monstruosidad arquitectónica más grande en los Estados Unidos) y cruzar a la derecha, frente al jardín norte de la Casa Blanca. Son unos setenta u ochenta tamiles, minoría étnica de Sri Lanka. Se extienden a lo largo de esa franja que separa la plaza de Lafayette de la entrada norte a la residencia del mismísimo Barack Obama.

Tienen una batería de fotos, slogans, panfletos, y consiguen hacer un ruido acorde con una cantidad algo mayor de gente. La minoría Tamil en Sri Lanka (18% de la población) ha estado acosada durante 26 años por el gobierno Sinhalese (76%) y sus fuerzas armadas. Las negativas a reconocer sus derechos políticos han alimentado durante todo este tiempo a los Tigres de Liberación, un movimiento armado concentrado al norte del país. Por estos días, la guerra se aproxima a su final: Los Tigres están cercados. Para tratar de esquivar la muerte han secuestrado a más de doscientos mil tamiles, esos mismos que ellos dicen proteger, manteniéndolos como rehenes cerca de una estrecha playa del norte (irónicamente llamada no-fire zone). Los Tigres no sólo utilizan a sus protegidos como escudos humanos, bombarderos suicidas, etc. Ahora, ante lo parece una inminente victoria oficial, han procedido también a bombardearlos. ¡Sí! A bombardear a los propios tamiles, con la idea de culpar al gobierno de Sri Lanka y tratar de obtener apoyo y protección internacional. Todo eso lo supe aquí, mientras leía los panfletos de los protestantes y conversaba con algunos de ellos. ¿Y cuánta gente ha muerto en este conflicto? Según los estimados se han perdido unas 100.000 vidas, 30.000 en los últimos dos años. Como decía Josef Stalin: Una muerte es una tragedia, mil muertes son una estadística.

El grupo consigue opacar a otros protestantes congregados aquí. Hay uno en particular que me llama la atención. Exhibe un enorme cartel que le cubre la parte de adelante y la de atrás del cuerpo, y clama al gobierno la suspensión de la fusión entre Fiat-GM: No dejemos que los países petroleros quiebren a Estados Unidos. Uno puede presenciar todas estas cosas desde la ventana del Old Ebbit Grill, a un lado de la Casa Blanca, mientras digiere una hamburguesa.

De vuelta a La Lafayette. La tragedia de los tamiles, según se ilustra en las fotos y pancartas, es increíble. Está ocurriendo mientras usted lee esto, como se dice en inglés, as we speak. Seguramente muchos de ellos pensaron que “el mundo” (cualquier cosa que eso signifique) no dejaría jamás que ese horror se apropiara del lugar. Seguro a ellos les parece increíble que la comunidad internacional (otro sin-lugar) no haya acudido al rescate. Así es la vida. Es una buena lección para nosotros, simples ciudadanos venezolanos que, aún teniendo más muertos que el propio conflicto de Sri Lanka en bastante menos tiempo (113.912 homicidios entre 1999-2006), no tenemos si quiera la posibilidad de acudir a la vecindad de la casa de gobierno para exigirle protección. Y ni hablar de la hamburguesa.

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Para El Universal, 29/05/2009

jueves, 21 de mayo de 2009

Con cuatro trimestres así...

Con alguna demora y no sin una buena dosis de maquillaje, salieron esta semana los resultados del primer trimestre. La economía (0,3%) y las importaciones (6,4%) continúan creciendo, y estamos ahorrando un montón de plata en el exterior (si no la usamos ahora, ¿cuándo?). Esos son los mensajes que los interlocutores oficiales han extraído de las complejas estadísticas y puesto en el mostrador a los consumidores venezolanos. No hay que ser electricista para darse cuenta de los cables pelados que, a flor de piel, presenta el reporte del BCV y omite la limitadísima lógica de nuestros intérpretes.

Entre enero y marzo nuestra balanza de pagos, que resume las transacciones que ejecuta el país en dólares, sufrió una pérdida de 15.261 millones de dólares. Esa cifra a su vez es el resultado de dos déficits. En cuenta corriente, las importaciones han superado las exportaciones en 3.533 millones de dólares, en esencia por la caída de 55% en las exportaciones petroleras. En cuenta de capital el déficit reportado fue de 10.522 millones de dólares, según el BCV, por “el aumento de los activos externos de los sectores público y privado”. Lo demás son errores y omisiones.

Desde el ejecutivo y el BCV (ya viene a ser lo mismo) se ha enfatizado que la caída en cuenta de capital no debe preocupar, puesto que se debe al traslado de reservas desde el BCV al FONDEN (12.299 millones de dólares). Se insiste en la noción de que salieron de un bolsillo para entrar en otro. Como si el dinero hubiese sido transferido para estacionarse en FONDEN y no para ser utilizado. Como si FONDEN tuviese los mismos mecanismos de rendición de cuentas y reporte a que están sujetas las reservas internacionales. Una vez más, la cohorte oficial pretende convencernos de que las reservas y el FONDEN son lo mismo, de allí la sinvergüenzura de Merentes, proponiéndole al directorio del BCV agregar en la cuenta de reservas los supuestos depósitos del FONDEN.

El gobierno insiste en que cuenta, además de los 29.555 millones de dólares de reservas, con otros 27.811 millones de dólares. Ambas cifras ya han sido incorporadas al reporte del BCV como “posición neta acreedora frente al exterior”. Representan 14 meses de importaciones (que podrían ser unos 9) y 10 meses de importaciones más mercado paralelo (que podrían ser 6). Otra vez, nuestro Bernie Madoff envuelto en la túnica de Némesis bolivariana. Y si eso es así, si tenemos tanto real, ¿por qué el dólar paralelo se depreció 100% en doce meses? ¿Por qué CADIVI redujo sus asignaciones de divisas en 29% en enero y febrero, y otro 59% en marzo? Si las importaciones crecieron realmente 6,4%, con esa colosal caída en las asignaciones de CADIVI, deben haber sido hechas a través del paralelo. ¿Y el efecto inflacionario de pasar de 2,15 al innombrable? Aún no aparece. En cualquier caso, la depreciación del paralelo y la caída en las asignaciones oficiales de CADIVI, que ha vuelto a poner al sector privado de rodillas, no son consistentes con la posición en divisas que reporta el BCV. Y en cualquier caso, con cuatro trimestres así, acabaríamos con todo (incluyendo lo que no tenemos). Como diría la virreina de Caracas: Esa es nuestra forma de ser.

Para El Universal, 22/05/2009

jueves, 14 de mayo de 2009

Ahora sí fundieron el motor (o la instauración de la miseria como política de Estado)

Alguien me decía en estos días que ahora sí se sentía el recalentamiento de la economía venezolana. A esa idea quizás haya sido llevado por la noción de calor, por esa asfixia en que vivimos por estos días. Pero la realidad es otra. Nuestra economía se había venido recalentando durante todo el período 2004-2008. Después de rodar así por cinco años ahora lo que ha pasado es que se nos fundió el motor.

Se dice que la economía se recalienta cuando la tasa de crecimiento de su producción excede la tasa de crecimiento del capital y del trabajo. Estos dos últimos son, junto con la productividad, las únicas fuentes de crecimiento sostenible. En el caso nuestro, el crecimiento del PIB acumulado en el quinquenio 2004-2008 fue superior al 60%, pero en ese mismo período no creció la inversión privada y crecieron muy poco los empleos productivos.

De hecho, el cese de la publicación de la cifra de inversión privada y su substitución por una mezcla que incluye además la importación de bienes de consumo durables (carros, neveras, televisores), coincide con el inicio de ese período de expansión. Ya para entonces estábamos en el punto mínimo de inversión privada de nuestra historia. En el caso del trabajo, la Encuesta de Hogares recoge que el descenso en el desempleo en ese período no se debe a un incremento en el empleo privado, el único que todavía mantiene algún vínculo con el hecho productivo. Se debe más bien a un fenomenal incremento en el número de empleados públicos y participantes en misiones educativas que, según el INE, no muestran disposición a trabajar. Bajo esas condiciones, nuestra tasa de crecimiento no tenía cómo pasar de allí.

Lo curioso es que los motores se suelen fundir por accidente, por descuido, acaso por alguna falla mecánica, en cualquier caso por una razón que escapa a la voluntad de quien conduce. En nuestro caso, una vez fundido el motor, el gobierno se ha abalanzado sobre los restos de sus diferentes partes, en un esfuerzo por dar al traste con lo poco que se hubiera podido salvar del percance. Esta semana se anunció la intervención del Banco Industrial de Venezuela, según Alí Rodríguez, por presentar “problemas de cierta severidad”. Entre esos detalles menores se cuentan el haber perdido más de 88 millones de dólares en dos años, y haber alcanzado un índice de capital a patrimonio de 0,2% (el mínimo es de 8%). Ahí mismo, mediando apenas un “y por cierto”, el gobierno anunció que retomaría su plan para adquirir el Banco de Venezuela. Es algo así como: ¡Ya acabamos con este, ahora vamos con aquél!

En marzo, las asignaciones de CADIVI cayeron en 59% en relación con el mismo mes de 2008. Ángel Rodríguez, diputado del PSUV expresó esta semana a un medio nacional que sí, ha habido expropiaciones, pero “tampoco se puede decir que hayan sido compulsivas”. Parafraseando a un conocido chiste venezolano, eso equivale a decir, sí, nos estamos cogiendo todo, pero tampoco es que nos estamos cogieeeeeendo todo. Se fundió el motor. El socialismo nunca se ha construido en un entorno de abundancia, sino más bien de escasez. Con esa frase, Giordani cortó la cinta e inauguró la instauración de la miseria como política oficial.

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Para El Universal, 15/05/2009

miércoles, 13 de mayo de 2009

Un buen grupo de economistas venezolanos: Ante la situación del país

Abajo encontrarán un documento que ha sido puesto a la orden del público por un conjunto de economistas muy respetados de Venezuela, respetados por que se han estudiado su vaina, han trabajado, y son personas decentes. Yo no estoy en ese grupo (¡de lo contrario no hubiera hablado tan bien de ellos!), simplemente lo pongo a la disposición de los lectores.

Ante la situación económica nacional
La economía venezolana viene padeciendo de alta y creciente inflación, lo cual es un problema que ya se vuelve crítico para la economía venezolana y especialmente para las familias de menores ingresos. La inflación ha tomado fuerza en nuestro ambiente no obstante la vigencia de un régimen de controles de cambio y de precios, y el sostenimiento de un tipo de cambio fijo e invariable desde comienzos de 2005. Las políticas económicas del gobierno, fundamentadas desde 2003 en controles de variada naturaleza, represión económica y vulneración de los principios constitucionales de libertad económica y derecho de propiedad, han generado graves distorsiones en los patrones de producción y consumo. El deterioro de la producción agrícola, la escasa inversión en nueva capacidad productiva industrial y agrícola; la corrupción generalizada, tanto en la administración de los controles como en el funcionamiento ordinario del Estado, que persistentemente se señala en los medios; el estancamiento de la producción petrolera, el colapso de las empresas básicas de Guayana y la insolvencia de las empresas financieras públicas, son todos síntomas de problemas económicos graves, que se han manifestado con mayor virulencia desde que los precios del petróleo iniciaron su drástica declinación en el tercer trimestre de 2008.
En éste contexto, el gobierno presentó un Plan Anticrisis el 21 de marzo de 2009. Las medidas que lo componen se corresponden con una equivocada interpretación fiscalista de la naturaleza de los desequilibrios, además de atribuirlos a supuestas perversiones del mercado y del sistema capitalista, y a conductas desviadas de los paradigmas que se corresponden con el llamado “Socialismo del Siglo XXI”. Esa interpretación conduce a prescripciones de política ajenas a las causas que provocan los desajustes. Entre las causas reales se inscriben las propias políticas del Estado, las cuales se retroalimentan en respuesta a su ineficacia, enfatizando así su signo distorsionador. La conducción de los asuntos públicos se resume, a gran escala, en un proceso de cambios económicos e institucionales improvisado, cuyo elemento más destacado es la creciente intervención del Estado en la economía como ente regulador, pero también como un productor, altamente ineficiente, de bienes y servicios, devenido en esa condición a través de un proceso errático de expropiaciones y compras coactivas de empresas privadas.
Esta circunstancia, unida a la debilidad de la producción nacional, ha exigido un flujo creciente e insostenible de importaciones, y al desbordamiento del gasto público, lo cual ha exacerbado la dependencia de la actividad petrolera, precisamente cuando se ha revertido el ritmo creciente de los precios internacionales de los hidrocarburos. La severa crisis económica global, intensificada a partir del tercer trimestre de 2008, ha contribuido a agravar el cuadro económico nacional, pero en modo alguno puede ser invocada como la causa originaria de los trastornos que afectan a los venezolanos.

El deterioro institucional
Según la Constitución de 1999, la República es un Estado democrático y social de derecho y de justicia, organizado en forma Federal con fundamento en el principio de la descentralización. Se preservan en esa Constitución, en general, los derechos civiles, políticos y económicos que ya venían del ordenamiento constitucional precedente. Entre los principios que acoge la Constitución económica se encuentran el de libertad económica y el derecho a la propiedad, limitados solamente en los términos que fijen la Constitución y la ley en función del interés colectivo. La expropiación sólo procede por causa de utilidad pública y social, mediante sentencia firme y mediando el justo pago de indemnización. Estos principios han sido consistentemente vulnerados por el Ejecutivo, con la anuencia y el respaldo de los restantes poderes públicos. Se confiere, además, rango constitucional a la coordinación de políticas macroeconómicas y se consagra, aunque con deficiencias, la autonomía del Banco Central de Venezuela. Estos principios, de aceptación universal, no encuentran correlato en la práctica y, por el contrario, la pérdida de la autonomía del Banco Central, en la ley y en los actos, lo inhabilita para el cumplimiento de sus funciones y diluye la pertinencia de la coordinación interinstitucional.
En agosto de 2007, con el expreso propósito de construir una economía y un Estado Socialista, en abierta violación a lo dispuesto en la Constitución de 1999, el Presidente promovió, mediante un referéndum, la aprobación de un proyecto de reforma constitucional que permitiría su reelección indefinida, introduciría nuevos conceptos de propiedad de los medios de producción, con el consiguiente debilitamiento del régimen de propiedad privada, y definiría una nueva “Geometría del Poder”, según la cual, se anularía la descentralización y se concentraría un poder omnímodo en el Presidente de la República. Todo ello con el objeto de imponer un sistema de planificación central de la economía y el sometimiento y control de los niveles de gobierno de elección popular, es decir, gobernaciones y alcaldías. Aunque el proyecto fue rechazado por 51% de los votantes, la Asamblea Nacional aprobó, a fines de 2007, el Primer Plan Socialista de la Nación (2007-2013) y en julio de 2008 el Presidente aprobó 26 decretos-leyes compatibles con la reforma derrotada en la consulta.
El desconocimiento de mandatos constitucionales no comenzó en 2007. En julio de 2005 se modificó la Ley del BCV para obligarle a transferir (es decir, entregar sin pago alguno) US $ 6 millardos de las reservas internacionales al Fondo de Desarrollo Nacional (FONDEN), destinado a cubrir parte del gasto público. Aunque esa debió haber sido la única entrega conforme a la ley, el BCV ha transferido a ese Fondo más de US$ 30.000 millones desde entonces, en virtud de la aplicación de un concepto difuso y arbitrario, cual es, la transferencia de aquella porción de las reservas internacionales que exceda al nivel que se aprecie como adecuado. Como consecuencia de esta nociva práctica, se han exacerbado las causas monetarias de la inflación y, con base en principios contables propios de la banca central, puede afirmarse que el patrimonio del BCV es hoy negativo.
En un sentido más general, se ha intensificado la utilización de las instituciones democráticas con propósitos de retaliación y como medio para neutralizar la oposición política al régimen, por vía de procesos judiciales espurios, mediante la inhabilitación de personas con indiscutible respaldo popular, y para desconocer y anular la voluntad expresada a través del voto en las elecciones regionales.

Las políticas económicas
Desde la aplicación de las medidas de recorte del gasto público en 1999, como consecuencia de la merma en los ingresos petroleros, pasando por las políticas derivadas de la turbulencia política interna y los ataques terroristas a EE UU en los primeros años del siglo y, luego, por una fase de intensa expansión del gasto público en correspondencia con los altos precios del petróleo registrados, fundamentalmente, a partir del año 2008, el país enfrenta, de nuevo, una sensible reducción tanto en los precios como en la producción de hidrocarburos, que ha determinado una mayor presión tributaria y la intención de reducir drásticamente el gasto público. Desde la perspectiva de la política fiscal, la respuesta a los vaivenes del mercado petrolero ha sido la de adaptarse a los cambios, elevando o reduciendo las contribuciones y el gasto público, según el caso. En Venezuela se carece de los mecanismos estabilizadores que reclama su condición de país petrolero y, de hecho, los recursos que existían en el entonces llamado Fondo de Estabilización Macroeconómica, fueron consumidos en dos años. Desde el punto de vista cambiario, persiste la política de sustentar la lucha contra la inflación en la relativa estabilidad del tipo de cambio –como fue el caso hasta 2003– y en los controles administrativos con un tipo de cambio fijo, a partir de ese año.
La conducta fiscal del gobierno ha inducido un patrón de inestabilidad económica que repercute en la producción, el consumo, la inversión y el empleo productivo, y de allí que ha comprometido las posibilidades de desarrollo integral que anunciaba la favorable circunstancia petrolera mantenida por cerca de una década. Así, el aumento en el gasto público que se correspondía con la bonanza petrolera, estimuló la demanda de consumo, con la consecuente repercusión en el crecimiento de la actividad económica no petrolera, principalmente en los sectores financiero, de comunicaciones, construcción y comercio, no tanto así en la manufactura y la agricultura. La abundancia de divisas favoreció un rápido y marcado aumento de las importaciones, que en 2008 alcanzaron US $ 48.095, es decir, 55% de las exportaciones petroleras de ese año. Y, sin embargo, el desequilibrio de los mercados y la incapacidad de la política monetaria del Banco Central, contribuyeron a crear intensas presiones sobre los precios de los bienes, especialmente los de primera necesidad. El gobierno ha enfrentado estas presiones con controles de precios, de cambio y una penetrante represión sobre el aparato productivo privado, cada vez que supone conductas alejadas de sus propios parámetros, los cuales resultan ajenos por completo a las realidades de la economía y de los mercados. Por ello, desde fines de 1998 hasta fines de 2008, el Índice de Precios para Caracas ha crecido 556%. La improvisación ha sido un rasgo consistente de las políticas del Estado. En 2007, por ejemplo, mientras aplicaba la reconversión monetaria, el gobierno presentó un Plan Antiinflacionario, que incluía emisiones de bonos en divisas, la reducción de la alícuota del IVA, ampliación del crédito al sector agrícola y una ley especial contra el acaparamiento, la especulación y el boicot. El corolario de estas medidas fue una aguda escasez de bienes básicos y elevadas tasas de inflación de 22,5% y 31,9% en 2007 y 2008, respectivamente.
El gobierno ha podido hacer mucho más por contener la inflación en beneficio de los sectores de menores ingresos, pues ha dispuesto de ingentes recursos para asegurar el crecimiento de fuentes permanentes de trabajo y mejorar la calidad de vida de los venezolanos. Pero es que no existe coherencia en las políticas que aplica, ya que la contraparte de un gasto abultado, con transferencias sociales que conceden dividendos políticos en el corto plazo, ha sido la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, un deterioro sostenido en la cantidad y calidad de los servicios públicos, inseguridad e incertidumbre, en cuanto a la capacidad del Estado para enfrentar la crisis que se avecina y en cuanto a la propia integridad de bienes y personas en razón del avance de la violencia de carácter principalmente urbano.
Del Plan Anticrisis de marzo 2009 y otros planes por venir
El precio promedio del barril del petróleo venezolano fue de US$ 86,8 en 2008, por lo que una reducción estimada hasta US$ 40 para 2009, en el contexto de los serios problemas económicos acumulados, representa un impacto de magnitud considerable en el orden económico y social, y de allí, en la gobernabilidad del país. Sin embargo, la situación pudo haber sido distinta si hubiese prevalecido un mínimo de sensatez y de orden en la conducción de los asuntos públicos. Al tomar en cuenta el precio promedio del petróleo que ha prevalecido desde 2004, el gobierno podría disponer hoy de elevados ahorros en el fondo de estabilización que contribuyeran a suavizar los efectos de la caída del ingreso petrolero. Más aún así, si hubiese adoptado una política racional de producción y de comercialización, preservando el interés nacional por encima del interés geopolítico circunstancial. Pero no es ese el caso. En respuesta a su imprevisión, el gobierno puso en marcha un Plan Anticrisis improvisado e incompleto, según el cual, reducirá el gasto presupuestado para 2009 en una proporción tal, que implicaría disminuir el gasto fiscal efectivo en términos reales en más de 30%; incrementó la alícuota del IVA –después de haberla reducido– y, por lo que hoy se conoce, endeudará a la República y a PDVSA por más de US$ 15.000 millones, con lo cual la deuda pública total de ambas entidades podría alcanzar a US $ 75.000 millones al cierre de 2009. Además, el gobierno está aplicando severas restricciones a la entrega de divisas a través de CADIVI, está excluyendo bienes de la lista favorecida con divisas preferenciales, y PDVSA ha intervenido en el mercado de permutas contrariando la ley, no obstante lo cual, el tipo de cambio en ese mercado es superior en más de 200 por ciento al tipo de cambio oficial.
La crisis encuentra a Venezuela con una dependencia casi total del ingreso petrolero, con una empresa petrolera estatal sensiblemente deteriorada en su capacidad gerencial, operativa y financiera, y con un aparato productivo privado que ha sido premeditadamente asfixiado. A ello se agrega el avance del proceso de deterioro institucional, pues los poderes públicos son cada vez más parciales y dependientes del Ejecutivo; el BCV financia el gasto público con las reservas internacionales que deberían respaldar la liquidez monetaria, y relaja su política monetaria para permitir el endeudamiento del gobierno; las cuentas públicas no reflejan transparencia y se han intensificado los alegatos de corrupción, amparada por la impunidad. En este estado de cosas, continuará acentuándose el deterioro económico, social e institucional que afecta a los venezolanos, como consecuencia directa de las políticas en aplicación y por aplicar por parte del gobierno venezolano y del clima de desasosiego que vive el país.
El paquete de medidas de marzo 2009, resulta esencialmente fiscalista, insuficiente, desarticulado y carece de la consistencia mínima para proveer crecimiento y estabilidad económica a Venezuela. Es por ello que no logrará atenuar las presiones inflacionarias, ni la caída del salario real. Sus secuelas serán percibidas por la población en forma más evidente a través del alza de los precios de los alimentos y de otros bienes y servicios, y de la erosión del valor de compra de las transferencias sociales. La escasez de productos nacionales y la inevitable reducción de las importaciones; la paralización de empresas privadas por falta de insumos y la interrupción de obras por falta de pago a contratistas y proveedores del Estado, en especial en los casos de PDVSA y las empresas básicas de Guayana; así como la menor actividad económica en la cadena de empresas relacionadas, generará un creciente desempleo y un proceso continuo de empobrecimiento. Algunos creen que éste cuadro se resolvería automáticamente con sólo elevarse el precio de petróleo. No comprenden la magnitud del daño estructural causado a la economía venezolana. Tampoco consideran la desviación de esfuerzos y de recursos desde las áreas productivas de mayor impacto económico hacia aquellas que se favorecen de las distorsiones generadas por las políticas públicas, entre ellas, la marcada apreciación cambiaria.
Queremos advertir al país sobre este grave cuadro económico, social e institucional, no con el propósito de acentuar la ansiedad que prevalece entre los venezolanos, sino para resaltar el hecho de que los desequilibrios y distorsiones que se vienen conformando en los últimos años, tendrán impactos negativos de importancia sobre la vida de los venezolanos debido a los graves errores de interpretación de la realidad nacional y de diseño y ejecución de las políticas que se llevan a cabo bajo la presente gestión gubernamental.

Caracas, martes 12 de mayo de 2009
SARY LEVY
DOMINGO MAZA ZAVALA
PEDRO PALMA
HECTOR SILVA MICHELENA
HECTOR MALAVE MATA
HUMBERTO GARCIA LARRALDE
CARLOS HERNANDEZ DELFINO
ISAAC MENCIA
FRANCISCO FARACO
JOSE GUERRA
ORLANDO OCHOA
VICTOR OLIVO
LUIS CARLOS PALACIOS
TEODORO PETKOFF
RONALD BALZA
JESUS CASIQUE
ALCIDES VILLALBA
WILLIAM CAMACARO

miércoles, 6 de mayo de 2009

Dólar Paralelo: ¿Cuánto es “suficiente”? (versión ampliada)

La caricatura en que vivimos por estos días me obliga a escribir un artículo sobre el dólar en el mercado paralelo sin llegar a mencionar la cotización de forma específica. No por eso será menos interesante. Esta semana, conversando con un amigo de esos que todavía le quedan a uno en el gobierno, esos que están dando la batalla desde adentro contra la barbarie (y, peor aún, a ratos también contra sí mismos), y me decía que la depreciación del bolívar en el mercado paralelo ya era “suficiente”: 100% en doce meses ya es lo que se requiere para compensar la caída estimada de 53% en las exportaciones petroleras. Según esta línea argumental, en este mercado ya ha ocurrido todo lo que iba a ocurrir, y de aquí en adelante lo que cabe esperar es cierta estabilidad, acaso también alguna tendencia a la baja. No estoy tan de acuerdo.

Todo pasa por entender qué es “suficiente”. Tengo la impresión de que la mayoría de los venezolanos cuando piensan en la cotización del dólar en el mercado paralelo lo hacen utilizando el esquema mental aprendido en los libros de texto, según el cual existe un límite a la demanda de divisas cuando quien las despacha es el Banco Central. ¿Qué quiero decir con esto? Anteriormente, cuando el BCV monopolizada la oferta de divisas, quienes adquirían dólares entregaban bolívares a cambio. Estos bolívares salían de circulación, dejaban de ejercer presión tanto sobre la cotización del dólar, como sobre los precios. Por eso las salidas de capitales en Venezuela siempre coincidieron con inflaciones muy moderadas. Si la demanda de dólares era muy grande, la economía gradualmente se iba quedando sin bolívares, lo que provocaba una reacción en la tasa de interés. Eso es lo que prescriben los libros de texto para las economías en donde el BCV monopoliza la venta de divisas y manipula el sistema cambiario, sea fijo, de bandas, crawling-peg, etc.

El arreglo cambiario de Venezuela hoy en día no tiene nada que ver con los libros de texto, al menos no con los que uno conoce, con los que se enseña por ahí, en lugares donde prevalece el sentido común. Ahora cuando el gobierno oferta divisas de forma directa en el mercado paralelo, para beneficiarse de la depreciación del bolívar, sin devaluar, lo hace de forma independiente al BCV. Los bolívares con que los venezolanos adquieren esos dólares (o los bonos que después intercambian por dólares), no salen de circulación, sino que vuelven a ser inyectados por el gobierno a través del gasto público. En esta circunstancia, predecir cuándo la demanda de divisas va a estar satisfecha es muy difícil, si no imposible. ¿Cuánto era necesario, “suficiente”, para satisfacer la demanda de divisas durante el gobierno de Herrera, o en la administración Lusinchi? ¡Infinito! Porque aunque la gente entregaba los bolívares en el BCV, éste último le facilitaba financiamiento monetario al gobierno, es decir, seguía imprimiendo dinero, que a su vez seguía demandando dólares en el BCV, y así sucesivamente. Un proceso así nos llevó a agotar completamente nuestras reservas a finales de 1988. Lo demás es historia.

Por otra parte, es impresionante la estrecha relación que existe entre la cotización del dólar en el mercado paralelo, y la relación de liquidez monetaria a reservas. Al cierre de Abril, esa cifra se encontraba muy próxima a 6,62 bolívares de liquidez a dólar de reservas. Hay que tener en cuenta que este resultado ocurre luego de cuatro meses en los cuales, siguiendo el patrón estacional, la liquidez cayó en 0.2%. A partir de aquí es cuando empezará a crecer. No hay forma de prever cómo la relación liquidez a reservas podría estabilizarse por debajo de la actual, si la liquidez es ahora cuando empezará a crecer y las reservas es ahora cuando empiezan a sentir más presión. De allí el truquito propuesto por Gerentes, de contar dentro de las reservas las transferencias de divisas hechas por el BCV al FONDEN, independientemente de que esos fondos no los administran el ente emisor, o de que probablemente ya quede muy poco de ellos. Quienes intervienen en el mercado paralelo venezolano saben bastante más que eso.

Una más. Si lo vemos desde el punto de vista comercial, y hacemos el cálculo de a cuánto estaría la tasa de cambio si desde enero de 1990 hubiésemos devaluado todos los meses la diferencia entre la inflación doméstica y la de nuestros socios comerciales, la tasa de cambio que prevalecería hoy en día estaría alrededor de 6,88 bolívares por dólar. A esa tasa, los precios de las cosas en dólares en Venezuela se empiezan a parecer a los que se observan en el exterior.

Dos preguntas frecuentes que la gente me hace en relación a la cotización del paralelo:

1) ¿Con la emisión de bonos que está anunciando el gobierno, no pueden inundar de dólares el mercado paralelo y tumbar la cotización?
R.- Esto hay que verlo de forma más amplia que el fenómeno puntual. El año pasado, la acumulación de activos privados en el exterior superó los 18.000 millones de dólares. Es decir, este es el monto que el gobierno le facilitó al sector privado, o en otras palabras, ese es el costo de mantener el paralelo en 3,2 bolívares por dólar durante seis meses, y en 5,5 bolívares por dólar durante otros seis. Este año 2009, no hay forma de que el gobierno pueda intervenir en el mercado paralelo a ese ritmo. Tendría que sacrificar la mitad de los ingresos por exportaciones petroleras. Esto no va a pasar.
2) Las emisiones de títulos de deuda en moneda local, ¿No absorben bolívares, y bajan la demanda de dólares?
R.- Hay que recordar que el gobierno no es el BCV, que emite títulos para absorber dinero. El gobierno emite títulos para recaudar dinero, para financiar el gasto; de manera que, más temprano que tarde, esos bolívares terminan por salir a la calle de nuevo. La absorción sólo es temporal, por el tiempo en que tardan entre que recogen el dinero y que se lo gastan. Pero con el desespero que se respira por ahí, ¡probablemente se lo hayan gastado hasta antes de recaudarlo!

Todavía una más. Quienes están ejerciendo mayor presión en el mercado paralelo son empresas próximas al gobierno que han sido desplazadas de CADIVI. Si ellos están dispuestos a pagar la cotización de hoy en día, conociendo como presumiblemente conocen, más que nosotros, ¿qué quedará para los demás?

lunes, 4 de mayo de 2009

Discurso de Oscar Arias, Presidente de Costa Rica, en la Cumbre de las Américas

Abajo está el discurso de Oscar Arias en la Cumbre de las Américas el pasado 18 de Abril, en Trinidad. Para quienes vivimos en Venezuela, this is just a quick way to remind us how much we are missing. Las negritas son mías.

Trinidad y Tobago, 18 de Abril de 2009

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres. Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se
montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.

También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos. ¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la
nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos. En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpade Estados Unidos, es culpa nuestra. En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados. Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuáles el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo . Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando
Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones” . Y si
hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso ”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás. La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

Muchas gracias.