jueves, 30 de julio de 2009

¿De verdad se va a quedar para siempre? (Versión ampliada)

En un foro realizado hace un par de días en Washington, Moisés Naím ha dicho que Chávez tiene “capacidad política y recursos económicos para seguir en el poder muchísimo tiempo”. Con ese placer que Moisés siempre ha derivado de oponerse a lo convencional, con la capacidad que ha desarrollado para develar la inconsistencia típica de las soluciones fáciles y los lugares comunes, ha enfatizado que “se equivocan los que aseguraban que la crisis económica acabaría con el gobierno de Chávez”. Y seguro no le falta algo de razón.

Sin embargo, acaso por puro tecnicismo, uno no puede dejar de percibir cierta inconsistencia en el afirmar por un lado que Chávez no caerá por la crisis económica, y por el otro que tiene recursos para mantenerse en el poder por muchos años. No deja de ser un contrasentido, una asimetría de la lógica, pensar que si la falta de recursos no necesariamente conduce a la salida, el tener dinero si hará posible que se instaure en el poder para siempre (con las restricciones biológicas del caso).

La correlación entre la estabilidad política y la economía siempre ha tenido una naturaleza muy débil. Por buscar algunos ejemplos fáciles: Pérez Jiménez cayó en medio de una fuerte expansión económica, Caldera navegó con relativa calma tras provocar una de las crisis financieras más grandes que se haya visto en América Latina, y Chávez utilizó la enorme contracción económica ocurrida en 2002-2003 para hacerse fuerte. Un poco más allá de nosotros (geográficamente hablando, claro está) Mugabe ha conseguido mantenerse 26 años en el poder habiendo batido de forma sucesiva todos los récords de hiperinflación registrados en el Guiness de la economía. Es así. Pero tiene sus matices.

Durante los primeros seis meses de este año, el precio del petróleo venezolano cayó en más de 50%. Hasta donde tenemos noticia, en el primer trimestre el PIB inclusive llegó a crecer 0.3% (nos fue bastante mejor que a muchos), las importaciones subieron 7%, el consumo por habitante registró un leve crecimiento de 1.4, y la inflación se estabilizó alrededor de 26-30% (con la de alimentos cayendo en picada desde 57% hasta 22%). ¿Cómo ha sido eso posible? En un foro al que asistí esta semana alguien sugirió que probablemente Rodrigo Cabezas tenía razón cuando decía que el gobierno no había estudiado economía utilizando los mismos libros que la oposición. Quería decir, me supongo yo, que aquí se puede seguir disfrutando del boom de consumo, importando cada vez más, produciendo y trabajando cada vez menos, y con inflación estable. Ya quisiéramos todos.

Lo que hemos vivido durante este primer semestre es uno de los procesos de endeudamiento público más grandes de los que se tenga conocimiento en un período tan breve. En seis meses, nuestra deuda externa pasó de 51.000 millones de dólares a 59.000, con proyecciones de alcanzar 66.000 a final de año. Eso equivale a contratar, en doce meses, la mitad de todo el endeudamiento registrado durante los cuarenta años previos a Chávez. Para conseguir esa cantidad en el entorno mundial posterior a la crisis financiera, el gobierno ha estado dispuesto a colocar deuda de PDVSA a dos años a tasas entre 21%-26% en dólares, y a recibir efectivo hoy de China y Japón, a cambio de la producción futura de petróleo.

Con la deuda interna creciendo en 108% en 2009, nuestro endeudamiento total terminaría alrededor de 47% más alto al cierre del año en relación con 2008. Es allí en dónde está la “magia” de Chávez. Ese endeudamiento masivo no es consistente con la posición de alguien que tiene “recursos económicos para seguir en el poder” por muchísimo tiempo. Esa matemática si está en los libros por los que estudiamos nosotros. Se encuentra más hacia el final, en la sección de las causas de las hiperinflaciones y del empobrecimiento sostenido de las naciones (al menos ahí está en el libro de Jeffrey Sachs y Felipe Larraín). A lo mejor al de Rodrigo le arrancaron esas páginas, o quizás jamás llegó hasta ahí.

En cualquier caso, sostener la fiesta de Venezuela con estos niveles de precios petroleros, es equivalente a endeudar el país hasta los huesos. Bajo el artificio financiero de calcular el PIB venezolano a 2,15 Bs.F. por dólar, nuestra deuda apenas equivale al 30% del tamaño de nuestra economía. Otras tasas de cambio, de esas que se ven todos los días por ahí, nos ubicarían en la vecindad de 70%. De eso se trata. A ese ritmo esto no se podría sostener por mucho tiempo. Entendiendo “esto” como nuestra manera de vivir. No quiere decir, para cerrar el círculo, que Chávez se vaya a ir. Pero sí quiere decir que si se queda, no existe ninguna probabilidad de seguir viviendo en el país en el que vivíamos hasta hace poco.

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Para El Universal, 31/07/2009 (esta es una versión ampliada)

jueves, 23 de julio de 2009

¿Qué va a pasar aquí?

Tras el desplome del petróleo en el último semestre del año pasado, empezó a correr por ahí la pregunta: ¿Y ahora qué va a pasar aquí? Tras promediar en julio 129 dólares por barril, la cesta venezolana se vino al suelo, alcanzando en diciembre apenas 32. La hora del lamento de Job (lo que yo tanto temía me ha acaecido) había llegado. La economía terminaría por pasarle factura a la revolución. Irónicamente, nuestra confusión, nuestra falta de postura ante el tema petrolero es tan grande, que nadie sabía a ciencia cierta, gobierno u oposición, si eso sería una cosa buena o mala.

Han pasado ya seis meses. Algunos de los temores de entonces se han materializado: El precio del petróleo venezolano promedió 46 dólares en el primer semestre, 50% por debajo de los 95 registrados en el mismo período el año anterior. A comienzos de año, el gobierno anunció medidas que podían inscribirse dentro del paquete de ajuste estructural de la tradición más rancia del FMI. Aumento del IVA y del Impuesto sobre la Renta (este último bajo el truco de subir la base de cálculo 19% cuando la inflación fue de 32%); pérdida del poder adquisitivo del salario de los empleados públicos (con dos aumentos de 10% con seis meses de por medio); y fuerte depreciación del bolívar en el mercado paralelo.

Las medidas, cómo no, han tenido sus consecuencias. Pero lo que ha ocurrido no es consistente con una caída de 50% en la principal fuente de divisas e ingresos públicos del país. ¿Y entonces?

Una de las razones por las que esto ha ocurrido es el endeudamiento masivo a que se ha sometido a la nación en estos meses. Más allá de un recurso natural en épocas de crisis, lo que el gobierno ha hecho para tratar de pasar agachado por la crisis petrolera es una hipoteca efectiva con cargo a las generaciones futuras (pero futuras cerquita). En este semestre, nuestro endeudamiento creció 16.000 millones de dólares, 25% más que al cierre de 2008. Entre las nuevas deudas se cuentan la emisión de títulos en bolívares, el Petrobono (recibido por el mercado internacional a precios de bonos basura), y también más de cinco mil millones de dólares levantados entre China y Japón a cambio de petróleo a futuro. No contentos con despilfarrar el petróleo de hoy, se han dispuesto con presteza a disponer del que todavía no ha sido extraído. No terminará ahí. La idea es llevar la deuda en diciembre de este año a 98.000 millones de dólares, 53% por encima de 2008.

La aritmética socialista tranquiliza a algunos analistas, convirtiendo nuestro PIB a dólares utilizando la tasa oficial. Bajo esa artimaña, la deuda al cierre del año representaría apenas 31% del tamaño de nuestra economía. Esa misma estimación, realizada bajo el supuesto negado de cuatro bolívares por dólar, nos pondría en 57%. A seis bolívares por dólar (por ejemplo) estaríamos en niveles de deuda equivalentes al 100% del tamaño de nuestra economía.

Quizás no sea tanto que el gobierno confíe en el reestablecimiento de los precios, sino que ya se haya acostumbrado a resolver el hoy y a instaurar como política de Estado el “como vaya viniendo vamos viendo”. Pero la verdad es que si sigue viniendo así, muy pronto vamos a ver muy poco.

Para El Universal, 23/07/2009

jueves, 16 de julio de 2009

El Monedero Socialista (versión ampliada)

Ya me ha pasado varias veces, mientras paseo por las hojas de un texto cualquiera y aspiro el olor a pulpa de papel y a novedad que jamás tendrá el Kindle Book de Amazon, que algún otro cliente ocasional pregunta si no ha llegado algo nuevo de Dai Sijie. Del cineasta y escritor nacido en China en 1954, residente francés desde hace más de 25 años, llegaron a Venezuela Balzac y la joven costurera china (2000) y El complejo de Di (2005). El primero es también la base de uno de sus cinco largometrajes (ninguno ha llegado hasta aquí), rodado y prohibido en China. Es difícil inscribir la obra de Sijie dentro de algún género en particular: Describe, desde una óptica surrealista y con una comicidad muy sutil, el absurdo del ideario socialista y su huella dentro de la historia y de la cultura china. Con ambos, el surrealismo, heredado de Buñuel, y la comedia, ya estamos aquí bastante familiarizados.

La última obra de Sijie ha sido publicada en francés en 2007 y su edición en español está en las librerías del mundo desde octubre del año pasado: Una noche sin luna. Hay una escena allí que descubre por qué la obra de Sijie podría haber hecho eco en ese pozo profundo que guarda el ánimo de los lectores venezolanos por estos días. Ocurre en una tienda de verduras comunista propiedad del Estado, pero administrada por funcionarios del régimen. En apariencia todo procede de forma pulcra, las transacciones se anotan en uno de los cuadernos de la revolución con tinta indeleble, con los trazos finos de los dependientes, típicamente ex-oficiales del ejército. El dinero recogido en el día se guarda en una especie de monedero o caja chica. Según el escritor, en una tienda de verduras siempre existe cierto margen de error. Los productos sufren ciertos daños en el traslado y aún durante el día existe cierta merma. Lo que abre, cómo no lo vamos a saber nosotros, cierto margen de maniobra.

De acuerdo con el narrador de esta fase del libro, un joven dependiente recién incorporado a la tienda, “había que ser de los íntimos para arrancarles la verdad sobre el ritual que se celebraba allí todas las tardes, entre el cierre y la reapertura de la persiana metálica”. Prosigue: “¡Qué exaltación! Temblaba de alegría y de miedo… Antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo, mis manos, mezcladas con las de los otros, arramblaron a ciegas con lo que había sobre la mesa: El dinero del Estado, el monedero del día. Nuestros movimientos eran tan bruscos que el cajón se deslizó por las guías y creí que volcábamos la mesa. Las máscaras habían caído, todos nos habíamos liberado de nuestra fingida obediencia y nuestra confesada culpabilidad; los buenos trabajadores socialistas habían desaparecido; en la oscuridad estábamos al desnudo, como animales sedientos, famélicos, ávidos de dinero. La pequeña verdulería se había transformado en una especie de cubil: Ya no nos veíamos, pero oíamos nuestros jadeos, nuestros resoplidos de animales. Cuando la luz volvió a encenderse… allí estaban todos, fingiendo contar las monedas que habían quedado sobre la mesa, tranquilos, impasibles, tan serios como contables auténticos”.

Este párrafo me ha venido a la mente a raíz del debate creado dentro del chavecismo tras las denuncias de otro Monedero, Juan Carlos, acerca de los vicios del régimen que inhiben el florecimiento del sistema socialista que se procura implantar: El hiper-liderazgo, la burocracia, la corrupción, el militarismo (específicamente la conversión de las cooperativas en milicias), el rentismo. En una conversión muy cordial que he sostenido con él recientemente ha ido un poco más allá: Hay cosas en el ideario venezolano que no son consistentes con las premisas socialistas. Sería interesante preguntarse cómo Juan Carlos ha tardado tanto tiempo en darse cuenta de los unos (los que utilizan la mampara socialista para acumular fortuna) y lo otro (que existe un divorcio evidente entre nuestros valores y la propuesta socialista). Pero ese no es el punto principal. En cualquier caso, para su desgracia o fortuna (está por verse), Juan Carlos ha encontrado cierto eco en una fracción nada despreciable de la militancia socialista. Leyendo a Sijie, uno no puede sino concluir que su decepción con Venezuela no es cosa nuestra, no es específica (aunque sin duda en nuestro caso el rentismo es un enorme agravante). Eso es así en todas partes. Como se decía cuando yo era pequeño: Aquí, en Letonia y en Pekín. Eso sí, una diferencia clave entre el texto y la realidad nuestra es que allá al menos había cierto esfuerzo por disimular, por guardar algunas de las apariencias.

Para El Universal, 17/07/2009

jueves, 9 de julio de 2009

El país de las estadísticas

He pasado buena parte de los últimos años defendiendo una sección del sistema nacional de estadísticas, en particular la que se origina en el Banco Central (en contraposición al INE o a las escasas cifras públicas de PDVSA). A veces por convicción, otras por el franco deseo (wishful thinking) de que los economistas pudiéramos seguir teniendo algo que decir, siempre me aferré, en la medida de lo posible, a las estadísticas del BCV. Después de todo, aunque no fuesen 100% kosher, era lo único de que disponíamos. Siempre me causó risa ese chiste de mi buen amigo Luis Pedro España, según el cual la muestra estadística utilizada por el CENDA para calcular su propio estimado de variación de precios era tomada en el Rey David de Altamira. Dicho eso, la verdad es que cada vez nos la están poniendo más difícil.

Nuestras estadísticas nacionales empezaron a viciarse a raíz de la toma de PDVSA durante la huelga general de 2002. Según aquél BCV, el paro había causado una caída en la actividad petrolera de 10% en 2002 y otro 10% en 2003. A partir del cambio de año base implementado en el BCV en 2004 nuestro pasado cambió, y las “nuevas estadísticas” arrojaron una caída de 12% en 2002 y apenas 2% en 2003. Es decir, hasta el sol de hoy, según nuestras estadísticas, la huelga general de Diciembre de 2002 alcanzó a tumbar en un mes la actividad petrolera del año en 12%, y sus efectos en 2003 apenas fueron de 2%. ¿Y entonces por qué tanta alharaca con la huelga general? Según me comentaron en una reunión en el BCV en aquél momento, el instituto se dedicaría a medir la actividad no petrolera, tomando la petrolera de un fax que recibirían de ahí en delante de PDVSA y enchufarían servilmente en las hojitas de cálculo de Excel.

En aquél entonces también se dejó de publicar la inversión privada, y se incorporaron a inversión de capital total las importaciones de bienes durables. Elías El-Juri (INE) implementó una estrategia creativa para reducir el desempleo: Quienes participaran en las misiones educativas serían considerados inactivos (no-desempleados), aunque estuviesen buscando trabajo de forma activa. Así se redujo de forma acelerada nuestra tasa de desempleo, aunque no se estuviesen creando puestos de trabajo más allá del sector público. Más adelante, se aprobó una legislación según la cual PDVSA no estaría obligada a vender al BCV las divisas que obtiene a través de la venta de petróleo. Así, PDVSA empezó a canalizar una cantidad cada vez mayor de divisas al FONDEN, otra creación del imaginario chavista, entregando al BCV sólo lo necesario para cubrir las aprobaciones de CADIVI. Tampoco sabemos quién ejecuta el gasto público y menos aún a cuánto asciende. Quizás ya ni siquiera ellos lo sepan. Y estos no son todos, son sólo los que caben aquí.

Ahora van contra la inflación (¡pero contra la estadística!). Aunque las liquidaciones promedio de CADIVI se han reducido en más de 60% y los importadores se han visto obligados a recurrir al mercado paralelo a una tasa tres veces mayor, el BCV está reportando una inflación de apenas 10% en el primer semestre. Tras todas estas manipulaciones, los economistas han sido transferidos a la nómina de la cartomancia, de los leedores el tarot (con el perdón de estos dos respetables grupos). Ya no tenemos, ni nosotros ni nadie, cómo saber en qué estamos y a dónde vamos a ir a parar. Nos queda la certeza que se deriva de la experiencia de los países que han optado por este mismo set de políticas. Algo así como lo ocurrido en la Unión Soviética, que se derrumbó como un castillo de arena mientras su sistema de estadísticas nacionales continuaba proclamando el crecimiento, la estabilidad de precios y el pleno abastecimiento.

Para El Universal, 09/07/2009

martes, 7 de julio de 2009

Moisés Naím: Idiotas contra Hipócritas

A quienes todavía no se les haya atragantado el tema Honduras, les recomiendo la lectura de la nota de Moisés Naím que está a continuación. Como todas las grandes notas y los grandes escritores, Moisés ha vuelto a poner en un lenguaje sencillo casi todas las cosas que todos hemos pensado durante estos días.

MOISÉS NAÍM Golpe en Honduras
Idiotas contra hipócritas
MOISÉS NAÍM 05/07/2009


¿Será que no leen? ¿Que no ven CNN? ¿O es que vivir en Honduras es como vivir en Marte? ¿O es que son idiotas? ¿A quién se le ocurre que en un país pequeño y pobre los militares pueden sacar al presidente de su cama pistola en mano y expulsarlo del país sin que la comunidad internacional reaccione con furibunda indignación? Un país grande y con bombas atómicas podría darse ese lujo sin sufrir mayores consecuencias, ¿pero Honduras? Honduras no.

El hecho es que las élites políticas y militares hondureñas dieron un golpe de Estado. Peor aún: no necesitaban hacerlo. Con aplicar las leyes les hubiese bastado, ya que el presidente Manuel Zelaya había incurrido en múltiples violaciones de la Constitución. La Corte Suprema, el Congreso y otras instituciones hondureñas así lo habían certificado. Más aún, tan sólo faltaban unos meses para las elecciones presidenciales. ¿Por qué se precipitaron? ¿Por qué utilizaron a los generales en vez de usar a los juristas?

Los golpistas aducen que se vieron obligados a actuar como lo hicieron ya que Zelaya, apoyado por Hugo Chávez, estaba dispuesto a usar trampas electorales para perpetuarse en el poder. Pero quizá el factor que más les estimuló a actuar fue que por las porosas fronteras hondureñas comenzaron a entrar agentes venezolanos y cubanos con maletas llenas de dólares y camionetas cargadas de armas. Los dólares y las armas, dicen, están destinados a organizar violentas milicias de Hondureños con Zelaya. Aun suponiendo que esto sea cierto, el golpe militar es inexcusable. Además, si el presidente Zelaya está incurso en todos los delitos de los cuales se le acusa, ¿por qué en vez de detenerlo para ser juzgado, lo sacaron del país?

Las torpezas hondureñas son sólo superadas por la explosión de hipocresía que han desencadenado.

Ni más ni menos que Raúl Castro —¡Raúl Castro!— pide sanciones mundiales contra un pequeño país cuyos líderes tomaron el poder por la fuerza. Hugo Chávez, cuya carrera política comenzó cuando lideró un sangriento golpe militar contra un Gobierno democrático, truena contra los golpistas hondureños y amenaza con una invasión. Los presidentes de ese bastión de democracia que se llama la Alternativa Bolivariana de las Américas (Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela) exigen indignados que se aplique inmediatamente la carta democrática de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Con la firma de este documento en 2001, las naciones americanas acordaron que sólo los países democráticos pueden formar parte de la OEA. Según los presidentes del ALBA es lógico, por tanto, expulsar inmediatamente a Honduras. Esta lógica no se les apareció por ningún lado cuando hace poco abanderaron la iniciativa de incluir a Cuba en la OEA. El hecho de que ése no fuese un país democrático les parecía un detalle banal.

Para estos presidentes, que antes despreciaban a la OEA, ahora este organismo es el más importante de la región, y tratan a su secretario general, el chileno José Miguel Insulza, como el máximo garante de las democracias latinoamericanas. Hace no mucho, el presidente Chávez insultaba casi a diario a Insulza. Lo llamaba “insulso” y, con la elegancia intelectual que le caracteriza, lo calificó en televisión con el nombre que en Venezuela se usa para describir el vello anal. Es por tanto reconfortante ver que Honduras ha hecho recapacitar a Chávez y que ahora trabaja mancomunadamente con Insulza para proteger la democracia. Al menos, les debemos esto a los militares hondureños.

Y no podía faltar el imperio yanqui. El presidente de Bolivia, Evo Morales, denunció que esta crisis se ha fraguado en Washington. E insistió en que la intervención extranjera en los asuntos internos de los países es inaceptable. El hecho de que Obama haya denunciado firmemente la situación en Honduras y que no reconozca a las nuevas autoridades son detalles irrelevantes para el estadista boliviano. También ignora el hecho de que intervenir en la política interna de otros países es una de las actividades diarias de su mentor y financiero, el presidente venezolano.

Pero no todo en esta situación es torpeza e hipocresía. La crisis de Honduras les manda a los militares del continente una fuerte señal: los golpes militares ya no son lo que eran. No lo hagan. Y a los políticos de la región también les manda un claro mensaje: Hugo Chávez es tóxico. Manuel Zelaya le debe mucho a Chávez. Pero su cercanía con el teniente coronel le terminó costando mucho más de lo que le aportó.

jueves, 2 de julio de 2009

El oráculo del Petrobono (versión ampliada)

Hay muchas lecciones y señales acerca de lo que está por venir implícitas en la emisión de Petrobonos 2011 que hizo PDVSA esta semana. A través de la operación, el Estado venezolano ofrece a los compradores papeles que le permitirán reclamar 2.000 dólares dentro de dos años. Los títulos se adquieren en bolívares, por lo que, puesto así, la operación aparecía como una simple compra de dólares que serán entregados a futuro.

Así estaba diseñada en primera instancia. La letra chiquita que acompañaba al bono, que nos hemos acostumbrado a leer con especial esmero a raíz de las trampas del pasado, indicaba que el instrumento no podría ser vendido en dólares antes de su vencimiento. Siendo así, no cabía la posibilidad de deshacerse de inmediato del bono recién adquirido, para trasladar a algún otro agente, a cambio de cierta prima, el riesgo de esperar dos años por el Estado venezolano.

Como suele suceder con este gobierno, uno nunca sabe si hubo una equivocación o si se trataba de una política. Lo cierto es que no debió haber sido mucha la demanda en las primeras de cambio, porque un par de días después, a través de un anexo algo confuso, se eliminó esa restricción, abriendo la posibilidad de liquidar los títulos de inmediato en el mercado secundario. Se dice fácil, pero ejecutarlo toma algo más de dos días. Con la improvisación del caso, se incorporó esta posibilidad sin haber registrado los títulos en las bolsas en el exterior. Si no están registrados, ¿cómo va a ser posible liquidarlos en los mercados internacionales? “Aquí no tenemos ni idea”, respondieron desde PDVSA a las numerosas llamadas de las casas de bolsa y bancos interesados.

Uno de esos aprendizajes clave de la emisión ha sido develar la percepción de riesgo que existe acerca de la deuda pública venezolana. A la fecha, el estimado de venta del bono en el mercado secundario es apenas 68% de su valor, lo que significa que el mercado mundial le está exigiendo a Venezuela 19,42% de rendimiento para poder absorber los títulos. Una tasa así, en un momento en que en el mundo las tasas de interés se han venido al piso y los títulos del tesoro de Estados Unidos de encuentran alrededor de 1%, es todo un escándalo. En otras palabras, si en lugar de dos años, el Estado hubiese escogido colocarlo a 5 años, el bono se cotizaría a 38%, la expresión más pura de lo que en el mercado se denomina un "bono basura".

Con ese descuento, quien estuviese interesado en el Petrobono como mecanismo para adquirir divisas de inmediato, debió de haber ofertado entre 160%-180% del valor nominal del bono en bolívares, que darían tasas equivalentes de entre 5,2 y 5,8 bolívares por dólar.

El gobierno socialista escogió la modalidad de subasta para determinar el precio de los bonos. Llama muchísimo la atención que haya sido así, toda vez que la subasta es el mecanismo por excelencia del mercado, un instrumento capitalista a través del cual el vendedor descubre la mayor disposición a pagar del comprador, sacándole así el mayor provecho posible a la venta. ¿Les gustó no?

Para hacer más atractivo el instrumento a los bancos, se cometió la sinvergüenzura de no considerar estos títulos como parte de la cartera en moneda extranjera de la banca. Por esa razón es muy probable que el sistema financiero termine empujando la subasta por encima de 200% (ya los activos en bonos públicos deben ser amplia mayoría en el sistema… un día les van a tocar la puerta y… bueno, ese es otro tema). A ese nivel de prima, el instrumento como medio de adquisición de divisas inmediato no es tan atractivo, aunque sí lo es como inversión de mediano plazo: Rinde 19,42% anual en dólares (siempre y cuando el Estado venezolano pague su deuda dentro de dos años).

Todo este afán por evaluar la inversión y tratar de definir una estrategia que nos permita sacarle el mayor provecho, dejó escapar por debajo de la mesa el hecho de que PDVSA ha vuelto a emitir deuda financiera para pagar sus gastos operativos. Un remedio que de implementarse de forma consistente es récipe seguro para la bancarrota financiera. Una vez más estamos comprando algunos meses de oxígeno a cambio de la ruina futura.

Para El Universal, 02/07/2009