jueves, 27 de agosto de 2009

Utopía: Un lugar, en ninguna parte

Los resultados de nuestra economía durante el segundo trimestre ya se empiezan a parecer a lo que hemos vivido antes cuando caen los precios del petróleo. En su intervención en el seminario del Centro de Finanzas del IESA el miércoles pasado, Juan Carlos Monedero ha dicho que debería sorprendernos el que, mientras el resto del mundo se ha descalabrado, Venezuela ha tardado casi un año en mostrar algún síntoma.

Durante el segundo trimestre la producción ha caído 2,4%, el consumo por habitante 2,3%, y las importaciones 8,9%. El bolívar en el paralelo se ha depreciado 45%. Que haya tardado algún tiempo no ha tenido mucho que ver con nuestro buen manejo de la crisis. Al contrario. Venezuela decidió apostar por la recuperación del petróleo y mantener la fiesta rodando hasta tanto el Presidente consiguiera la aprobación para presentarse de forma indefinida a la reelección. Para hacer esto posible, se contratará deuda durante 2009 equivalente a dos tercios de la deuda registrada en los cuarenta años previos a Chávez. Visto así, no tiene mucho mérito. ¿Por qué no han hecho esto otros países? Hombre. Ningún congreso en cualquier sistema con algún rastro de democracia y sentido común aprobaría ese brutal nivel de endeudamiento, y menos aún si se contrae para financiar consumo y salidas de capitales.

Juan Carlos ha dicho en IESA muchas cosas interesantes. Ha hecho énfasis en que la falta de institucionalidad, a nivel del Estado, político, empresarial no-clientelar, de ciudadanía; ese entusiasmo breve que nos mueve desde tiempos de la colonia, hizo posible que el “experimento neoliberal de 1989” (que en realidad fue muy, pero muy keynesiano) haya causado estragos. En mi opinión, esa falta de institucionalidad le causó estragos a aquellos y se la causará también a estos. No distingue ideologías. Por otro lado, no hay nada en estos diez años que revele algún esfuerzo u orientación por reforzar instituciones. Al contrario, la asfixia de los partidos políticos, cerrando los mecanismos de financiamiento público y persiguiendo a las empresas que realizaban aportes, no va precisamente en esa dirección.

Hacia el final, las intervenciones y la discusión se precipitaron de forma vertiginosa desde la ideología más abstracta hasta el pragmatismo más puro: Si bien el capitalismo tiene sus fallas, que él expuso allí con bastante detalle y muy buena referencia: ¿Cuál es la alternativa? Según entendí, se propone una transición hacia un modelo distinto, una transición a un lugar que todavía se desconoce, pero que terminará siendo más justo. La expresión más pura de la utopía (del griego ou, que significa no, y topos, lugar: Lugar que no existe). Para Juan Carlos, vivir en el capitalismo a sabiendas de sus enormes carencias no es una alternativa. Hay que salir, moverse, buscar. Me parece una extraordinaria filosofía de vida. A nivel personal. A nivel colectivo, arrastrar a una sociedad, a un país entero, en búsqueda de una sociedad más justa; por una calle que no se sabe a dónde va pero que se parece mucho a las que no llevan a nada bueno, me parece una actitud algo irresponsable. Si en las fallas del capitalismo terminan pagando siempre los más pobres, aquí no será diferente.

En cualquier caso ha sido un encuentro muy útil. Habría que agradecerle a Juan Carlos su apertura y su disposición a escuchar puntos de vista ajenos y a contrastarlos con los propios, a promover una discusión sobre ideas y no sobre la base de los buenos y los malos. En el transcurso de la discusión han salido muchos puntos comunes, muchas áreas de acuerdo (quizás más sobre los qué, que de los cómo). Y eso, en una situación como la nuestra, no es poco decir.

Para El Universal, 28/08/2009

viernes, 21 de agosto de 2009

FORO ABIERTO EN IESA CON JUAN CARLOS MONEDERO

FORO ABIERTO: SEMINARIO DEL CENTRO DE FINANZAS
¿CUAL ES LA SALIDA VENEZOLANA ANTE LA CRISIS DEL NEOLIBERALISMO?
MIERCOLES 26 DE AGOSTO, 2009


con Juan Carlos Monedero
Investigador del Centro Miranda y profesor de la Universidad Complutense de Madrid
Fecha: miércoles, 26 de agosto de 2009
Moderador: Miguel Angel Santos

Hora: 12:30 pm.
Lugar: Salón Brillembourg
Confirme su asistencia:
(0212) 555 4327
* dcanelon@iesa.edu.ve

miércoles, 19 de agosto de 2009

¿Cómo (no) reducir la brecha entre el dolar oficial y el mercado paralelo?

¿Es posible reducir la brecha entre la tasa de cambio oficial y el mercado paralelo? Según el texto de un documento del Ministerio de Finanzas que está circulando por ahí, el gobierno está armando un plan para conseguirlo. ¿Se puede? Vamos a pensar en términos de lo que no pueden hacer, de lo que dicen que van a hacer, y de lo que van a terminar haciendo.

¿Qué no pueden hacer? Todas aquellas actitudes o políticas que podrían reducir la brecha oficial-paralelo de forma sostenida, no están al alcance del gobierno. Me refiero aquí, por ejemplo y como punto de partida, a tasas de interés pasivas (ahorristas) por encima de la inflación. Es decir, se requiere que quienes mantengan bolívares no sufran esa colosal pérdida de poder adquisitivo que hoy les inflige el gobierno y el sistema bancario. A diferencia de otras economías, aquí la motivación no es que mayores tasas de interés podrían reducir la inversión. Después de todo, ya el gobierno se encargó de reducir la inversión privada a cero. Aquí lo que priva es que el sector público es el deudor más grande en moneda local. Un incremento en las tasas de interés sería un golpe franco para las cuentas fiscales. Otras razones que podrían reducir la brecha serían un incremento en nuestras exportaciones (por ahora luce poco probable), un cambio significativo en las perspectivas de nuestra economía (no está a la vista), o un aumento en la productividad de los factores de producción (ciencia ficción en nuestro caso).

¿Qué dicen que van a hacer? Hasta ahora han dicho poco. Más allá de un impuesto a las operaciones cambiarias, que en nada contribuiría a reducir la brecha (como no sea por la vía de la devaluación oficial), muy poco. Ahora hay una especie de pánico a la inversa por ahí, según el cual el gobierno va a tumbar el precio del dólar paralelo re-comprando la deuda emitida por PDVSA y revendiéndola en el mercado local. Uno no tiene que saber mucho de economía para darse cuenta de que hay algo mal ahí. El gobierno tendría que invertir dólares en efectivo para recomprar la deuda, y recaudaría bolívares al volver a venderla aquí. En el camino, tendría que sufrir una pérdida significativa, porque ya hoy en día quienes quieran adquirir títulos de deuda venezolana (gobierno o PDVSA) lo pueden hacer. Para motivarlos, habría que ofrecerles un premio. Y es ahí en donde se ven las costuras a nuestros equilibristas de semáforo ¡Para eso venden los dólares de una vez y de forma directa en el paralelo!

¿Y qué van a terminar haciendo? Una opción sencilla es liquidar (mucho) más divisas en el mercado paralelo. Así se hizo en 2008, pero nos salió caro. Según el BCV, la salida de capitales en ese año totalizó 22.127 millones de dólares. Sería una estupidez seguir quemando dólares en estas condiciones, en lugar de volver a pensar en aquellas cosas que no quieren o no pueden hacer. Lo pueden bajar a punto de plata por un tiempo (el mercado es poco profundo), pero no de forma sostenida. Si lo llegan a hacer, ese será el momento de entrar. Será una ventana pequeña. Se podrá hacer una pequeña fortuna personal (otra vez), a cambio de la ruina de aquellos que no tienen capacidad de participar en el juego.

Para El Universal, 21-08-2009

martes, 18 de agosto de 2009

FOROS ABIERTOS EN EL IESA

El IESA, cumpliendo el rol que le corresponde como promotor de la discusión de políticas públicas en Venezuela, ha organizado un par de Foros Abiertos (Entrada Libre) a la comunidad que están muy interesantes.

Abajo están el programa, los ponentes, las horas y los lugares. Todos son bienvenidos.

FORO ABIERTO: LEY ORGANICA DE EDUCACION
MIERCOLES 19 DE AGOSTO, 2009


Hora: 8:30 a.m. – 12:00 p.m.
Lugar: Auditorio Vollmer, Sede de IESA en San Bernardino, Caracas.
Entrada libre

AGENDA

·Palabras de bienvenida: Francisco Sanánez, Presidente de IESA.
·Introducción y moderación del evento: María Helena Jaén, Vicepresidenta de IESA.
·Presentación de Luis Ugalde, Rector de la Universidad Católica Andrés Bello.
·Presentación de Luis Fuenmayor Toro, Ex Rector de la UCV
·Presentación de Leonardo Carvajal, Coordinador de la Asamblea de Educación.
·Presentación de Humberto González, Director de Municipalización y Planificación Territorial de la Educación Superior (por confirmar).

FORO ABIERTO: SEMINARIO DEL CENTRO DE FINANZAS
¿CUAL ES LA SALIDA VENEZOLANA ANTE LA CRISIS DEL NEOLIBERALISMO?
MIERCOLES 26 DE AGOSTO, 2009


con Juan Carlos Monedero
Investigador del Centro Miranda y profesor de la Universidad Complutense de Madrid
Fecha: miércoles, 26 de agosto de 2009

Hora: 12:30 pm.
Lugar: Salón Brillembourg
Confirme su asistencia:
(0212) 555 4327
* dcanelon@iesa.edu.ve

jueves, 13 de agosto de 2009

Alejandro Grisanti (Barclays Capital): The buyback is done; What comes next?

During his meeting with Argentine President Cristina Fernandez on August 11, President Hugo Chavez said that he is designing measures to combat the disequilibrium in the FX market (among official and non-official FX rates) that has been fuelling inflation. "We were discussing one night until dawn, the economic team, all the issues of USD speculation and we're taking measures and preparing others in order to re-establish the equilibrium that has been lost, mostly in the last two years," he added, without given any details of the possible measures. Meanwhile, according to El Nacional, Petroleos de Venezuela SA (PDVSA) has bought back USD1.0bn of its own dollar bonds. The newspaper reported that PDVSA purchased USD700mn of the bonds with maturities in 2017, 2027 and 2037 and USD300mn of the petrobonos with a maturity in 2011 that it sold last month. In our opinion, this is the principal reason why Venezuelan assets have been rallying since July 27.
We have two comments. First, the buyback and the announcement made by PDVSA last week that it will start to pay back a $1bn loan from Citgo Petroleum Corp. this month is a signal of better cash flows, given the strong increase in oil prices. Moreover, according to El Universal, PDVSA started to pay dividends last week to the central government and resumed its transfers to Fonden, in the amount of USD25mn per week, for a total expected transfer of USD500mn in 2009.

An important question that investors should ask is why PDVSA has bought its own bonds and, moreover, why it has bought the Petrobonos that were issued just last month. The first possible answer is simply that it is worried about the very high levels of its spreads and decided to buy the bonds to defend the curve and/or to increase the attractiveness of new issuance. If this is the case, PDVSA will likely keep these bonds in its treasury account, waiting for better moments to sell them. A second answer comes if we add to the buyback news the fact that authorities are looking for measures to reduce exchange rate distortions. In this case, PDVSA could be looking to buy its own debt in order to re-sell it to the domestic financial system in VEB, increasing the supply of hard currency to the parallel market and reducing the gap between the parallel market and the official rate. In this scenario, PDVSA will re-sell some of these bonds on a weekly basis to the financial system, but if this is a new policy to reduce the distortion in the exchange rate market, it will need to buy them back in USD to maintain the supply of hard currency to the domestic market. Of course, the new buybacks can be done with any Venezuelan or non-Venezuelan (remember the operation with the Boden 15s) external asset. This first buyback would be interpreted as the working capital of this new policy. We have heard of plans for similar procedures in the past four years to control the parallel rate, but it is possible that it has finally actually happened.

Last but not least, according to information gathered on our last visit to Venezuela, there is coordination between the MEF, Ministry of Planning (MP) and central bank (BCV) with the intention to create a strategy to reduce the parallel FX rate (to 4-4.5 VEF/USD) through the issuance of USD8bn in USD-denominated debt and periodic auctions of USD assets among the domestic financial institutions. We think that it is feasible to reduce the parallel rate (6.7 VEF/USD), but to go bellow 5.0 VEF/USD would be expensive and unnecessary.

On that trip, authorities told us that the external debt will be issued not only by the Executive, but also by other public companies. Indeed, we are expecting issuance by Corporación Venezolana de Guayana (CVG) of USD1.5bn with a gold warranty. Corporación Eléctrica Nacional (CEN) will issue an additional USD1.5bn, while the central government will issue USD2.0bn and PDVSA USD3.0bn. These planned new issuances will have a greater maturity than Petrobonos' recent offering and could have maturities of 4-6 years. The government is trying to push the CVG issuance and/or the CEN one first, but given that both public institutions lack financial statements, we are of the opinion that either PDVSA and/or the government will issue first. We are expecting this new issuance soon (between this month and September).

Should some or all of the issuance materialise, this would affect the Venezuelan and PDVSA curves. Moreover, if the information of El Nacional is true and PDVSA has already bought back USD1.0bn of its external debt but is not planning to buy more, a negative adjustment in prices should be expected.

Bad teachers repeat, good teachers teach, great teachers inspire

Los malos profesores repiten, los buenos enseñan, los grandes inspiran. Tomé estas líneas del libro de Ken Bain, ¿Qué hacen los mejores profesores universitarios?, publicado por la Universidad de Harvard en 2004. El libro, que no está traducido al español (al menos no que yo sepa), es lectura obligada para todo aquél que, además de tener cierta inquietud por dar clases en cualquier nivel, se preocupe también por hacer una diferencia (Nota: Un lector aclaró que sí existe en español: Lo que hacen los mejores profesores de universidad, Ken Bain, Traducción de Oscar Barbera, 229 Páginas, Universidad de Valencia. España. 2006).

Bein basa sus resultados no sólo en el estudio de los ratings de profesores, sino trae también a colación las lecciones de aquellos cuyos alumnos recuerdan más, años después de haber salido de la universidad. Para ahorrarles detalles, no hay atajos. Los mejores profesores, los que inspiran, trabajan muy duro. Conocen a sus alumnos por nombre y apellido, están familiarizados con sus circunstancias de vida y sus dificultades de aprendizaje. Conocen lo que enseñan en profundidad, y son capaces de combinar la satisfacción del nuevo aprendizaje con el hecho simple de que aún hay muchas cosas por descubrir. Estimulan a sus estudiantes a pensar en las grandes preguntas abiertas de toda ciencia. Saben escuchar. Preparan sus clases con detalle obsesivo, con entradas y salidas similares a las de una (buena) obra de teatro. Nada de marroncitos, de poner a exponer los temas a los estudiantes, de ¿y bien… qué vamos a hacer hoy?

En realidad partí de esa frase con la única intención de profundizar un poco en lo difícil que resulta por estos días inspirar a los demás. No por coincidencia la RAE describe inspirar como el “atraer el aire exterior a los pulmones”, y de igual forma “infundir y hacer nacer en el ánimo afectos e ideas”. Todo esto me vino a la mente hace unos días, pues en una de esas mudanzas involuntarias que uno sufre (y que confirman lo que decía Borges: “el azar es la única ley de la vida”), di con unos antiguos recortes de prensa que guardé durante todos estos años precisamente por eso, por lo que me llegaron a inspirar en su momento.

Conseguí una nota de José Ramón Medina titulada “La rama de la elegía”, escrita a raíz de la muerte de Miguel Otero Silva. Ya está amarillenta, pero al trasluz pude aún distinguir los trazos inseguros de mi resaltador de entonces… “que así de hondo duele y fluye el caudal inagotable de la savia que busca salida hacia el pasado, pues ya las puertas del porvenir quedaron cerradas para quien fuera pulso estremecido de vivencia lanzada hacia el futuro”. Dí también con un recorte de prensa que contiene el discurso de orden de Moisés Naím en la graduación del IESA de 1992. Allí leí por primera vez la parábola de Martin Niemoller, manoseada por estos días con una intensidad inversa a nuestra capacidad para ponerla en práctica. También está allí la cita de Huxley: “La experiencia no es lo que a uno le sucede en la vida, sino lo que uno hace con lo que le sucede”. Por aquellos días las páginas de nuestros periódicos tenían algunos nombres capaces de inspirar, Cabrujas, a ratos Luis Beltrán Prieto, jamás Uslar y su recalcitrante Pizarrón. Hoy en día es un fenómeno bastante menos frecuente. Sí los hay, pero son menos (y no se me ocurre nombrarlos en un país tan pequeño como éste). Y es que para inspirar, como dice Ken Bein, hay que trabajar duro.

Para El Universal, 13/08/2009

lunes, 10 de agosto de 2009

La otra revolución: El espíritu trabaja por dentro

“¿Cómo quiere modernizar el país, si aprisiona, ahoga y mata a sus intelectuales? Usted lo que quiere es convertirnos en instrumentos dóciles y pasivos, mientras la verdadera modernización consiste en formar hombres en plena capacidad y derecho de elegir y criticar.” Esta cita la he tomado del artículo de Juan Goytisolo la semana pasada en El País. Las pronunció el Ayatollah Ruhollah (“alma de Dios”) Khomeini en 1964, cuando ejercía de clérigo en la mezquita de Qom. Estaban dirigidas al dictador Mohamed Reza Sha. Tres décadas después es posible reconocer esas mismas formas verbales en las protestas callejeras y en los discursos de los líderes que se oponen al régimen Khamenei-Admadinejah. La elocuencia del primer Ayatollah se ha vuelto como una suerte de boomerang sobre sus sucesores.

Es sorprendente la frecuencia con que se suceden los mismos discursos, cómo quienes alcanzan el poder haciéndose o declarándose intérpretes del descontento popular, muy pronto terminan por exhibir maneras muy similares, y en algunos casos (el nuestro) mucho peores a las de aquellos que reemplazaron. Y es que, en el fondo, los códigos que le hacen posible a un pequeño grupo conquistar el poder y mantenerlo de forma indefinida, son los mismos en todas partes.

Basta con haber visto al Presidente depuesto de Honduras en el programa de Aristegui en CNN. Quien declaraba allí no era Zelaya, sino una especie de engendro del Dalai Lama con la madre Teresa de Calcuta. Zelaya, el que se ha valido para mantener su causa de los medios de comunicación, el que llama a los militares a respetar la institucionalidad, el que apela a la comunidad internacional. De no haber pasado por lo que hemos pasado, uno acaso caería en la tentación de sentir cierta empatía. Pero ya es tarde. Todos sabemos que de volver Zelaya, procederá contra todo lo que haya hecho posible su retorno. Preparará esa solución instantánea, la Constituyente, la re-elección indefinida, la reforma a la ley electoral, la asfixia económica de los partidos políticos, la nacionalización de las principales fuentes de riqueza, en fin, toda la receta que el nuestro ha acuñado para tratar de prolongar los ciclos del poder por el mayor tiempo posible.

Eso me trajo a la memoria a Jacob Burckhardt y sus Reflexiones sobre la Historia: “Y ahora el fenómeno central de la historia. Una fuerza histórica, supremamente justificada en su propio tiempo, se constituye; todas las formas posibles de vida, organizaciones políticas, clases privilegiadas, religión, vida secular, grandes posesiones, un código completo de formas, una concepción nueva y definitiva de la ley, todo eso, se desarrolla a partir de esa fuerza o en asociación con ella, con el tiempo llegará a definirse a sí misma como autosuficiente y sus miembros como los únicos exponentes posibles de esa nueva fuerza moral de la época. Pero el espíritu trabaja en las profundidades. Estas formas de poder tratarán de resistirse al cambio, hasta que eventualmente se quiebren, ya sea por la vía de la revolución o de la decadencia, trayendo consigo la ruptura del sistema moral, la caída del poder constituido, y aún el fin del mundo. Pero ese mismo espíritu que trabaja en las profundidades está construyendo una nueva casa, cuyas estructuras, con el paso del tiempo, sufrirán el mismo destino”.

Esas “mudanzas” del poder, en el lenguaje más asequible y menos atávico de nuestra historiadora Inés Quintero, ocurren en Venezuela cada treinta o cuarenta años (Y agrega: “Pero nadie es preso de su propia historia”. ¿No?)

¿Y cómo es posible entonces que las sociedades evolucionen, que los sucesivos ciclos consigan poner la vara cada vez más alta, abriéndole paso así al progreso? Esa consideración que también la hace Burckhardt: “Hay una onerosa responsabilidad puesta en el hombro de nosotros como ciudadanos, y consiste en educarnos para ser seres humanos integrales, para quienes la verdad y la proximidad con las cosas del espíritu sean el bien supremo, capaces de cumplir con nuestra responsabilidad ciudadana a partir de ese conocimiento”. Palabras más, palabras menos, la alternativa a la sucesión monótona de la barbarie por la barbarie, es desarrollar la capacidad de entender nuestra historia y tener el espíritu necesario para actuar en consecuencia.

Por eso mismo esas dos cosas no le interesan demasiado al régimen de aquí. Por un lado, exhibe una forma avanzada de raquitismo espiritual sin precedentes. Si no te ayudamos nosotros, que no te ayude nadie. Que no tengas nada que agradecerle a nadie que no sea yo. Por el otro, la acción del gobierno va orientada a reducir nuestra capacidad de comprender nuestra propia realidad, de interpretarla de forma integral, y de contrastarla con nosotros mismo o con la experiencia de otros. De allí la necesidad de convertir la educación y por encima de todo a los educandos en lo que el Ayatollah Khomeini describía como “seres dóciles y pasivos”.

Pero, como dijera Jacob Burckhardt, el espíritu trabaja por dentro.

Food for thought: Robert Lucas, en defensa de la economía

En un artículo publicado la semana pasada en The Economist ,Robert Lucas, Dewey Distinguished Service Professor of Economics at the University of Chicago, sale en defensa de la disciplina económica (más que todo del área de financial economics). Sobre la utilidad de los modelos matemáticos para predecir las crisis, lo adecuado de la política monetaria de la FED, etc; en respuesta a una dura crítica presentada por The Economist la semana anterior. Food for thought.

In defence of the dismal science
Aug 6th 2009
From The Economist print edition


THERE is widespread disappointment with economists now because we did not forecast or prevent the financial crisis of 2008. The Economist’s articles of July 18th on the state of economics were an interesting attempt to take stock of two fields, macroeconomics and financial economics, but both pieces were dominated by the views of people who have seized on the crisis as an opportunity to restate criticisms they had voiced long before 2008. Macroeconomists in particular were caricatured as a lost generation educated in the use of valueless, even harmful, mathematical models, an education that made them incapable of conducting sensible economic policy. I think this caricature is nonsense and of no value in thinking about the larger questions: What can the public reasonably expect of specialists in these areas, and how well has it been served by them in the current crisis?

One thing we are not going to have, now or ever, is a set of models that forecasts sudden falls in the value of financial assets, like the declines that followed the failure of Lehman Brothers in September. This is nothing new. It has been known for more than 40 years and is one of the main implications of Eugene Fama’s “efficient-market hypothesis” (EMH), which states that the price of a financial asset reflects all relevant, generally available information. If an economist had a formula that could reliably forecast crises a week in advance, say, then that formula would become part of generally available information and prices would fall a week earlier. (The term “efficient” as used here means that individuals use information in their own private interest. It has nothing to do with socially desirable pricing; people often confuse the two.)

Mr Fama arrived at the EMH through some simple theoretical examples. This simplicity was criticised in The Economist’s briefing, as though the EMH applied only to these hypothetical cases. But Mr Fama tested the predictions of the EMH on the behaviour of actual prices. These tests could have come out either way, but they came out very favourably. His empirical work was novel and carefully executed. It has been thoroughly challenged by a flood of criticism which has served mainly to confirm the accuracy of the hypothesis. Over the years exceptions and “anomalies” have been discovered (even tiny departures are interesting if you are managing enough money) but for the purposes of macroeconomic analysis and forecasting these departures are too small to matter. The main lesson we should take away from the EMH for policymaking purposes is the futility of trying to deal with crises and recessions by finding central bankers and regulators who can identify and puncture bubbles. If these people exist, we will not be able to afford them.

The Economist’s briefing also cited as an example of macroeconomic failure the “reassuring” simulations that Frederic Mishkin, then a governor of the Federal Reserve, presented in the summer of 2007. The charge is that the Fed’s FRB/US forecasting model failed to predict the events of September 2008. Yet the simulations were not presented as assurance that no crisis would occur, but as a forecast of what could be expected conditional on a crisis not occurring. Until the Lehman failure the recession was pretty typical of the modest downturns of the post-war period. There was a recession under way, led by the decline in housing construction. Mr Mishkin’s forecast was a reasonable estimate of what would have followed if the housing decline had continued to be the only or the main factor involved in the economic downturn. After the Lehman bankruptcy, too, models very like the one Mr Mishkin had used, combined with new information, gave what turned out to be very accurate estimates of the private-spending reductions that ensued over the next two quarters. When Ben Bernanke, the chairman of the Fed, warned Hank Paulson, the then treasury secretary, of the economic danger facing America immediately after Lehman’s failure, he knew what he was talking about.

Mr Mishkin recognised the potential for a financial crisis in 2007, of course. Mr Bernanke certainly did as well. But recommending pre-emptive monetary policies on the scale of the policies that were applied later on would have been like turning abruptly off the road because of the potential for someone suddenly to swerve head-on into your lane. The best and only realistic thing you can do in this context is to keep your eyes open and hope for the best.

After Lehman collapsed and the potential for crisis had become a reality, the situation was completely altered. The interest on Treasury bills was close to zero, and those who viewed interest-rate reductions as the only stimulus available to the Fed thought that monetary policy was now exhausted. But Mr Bernanke immediately switched gears, began pumping cash into the banking system, and convinced the Treasury to do the same. Commercial-bank reserves grew from $50 billion at the time of the Lehman failure to something like $800 billion by the end of the year. The injection of Troubled Asset Relief Programme funds added more money to the financial system.

There is understandable controversy about many aspects of these actions but they had the great advantages of speed and reversibility. My own view, as expressed elsewhere, is that these policies were central to relieving a fear-driven rush to liquidity and so alleviating (if only partially) the perceived need for consumers and businesses to reduce spending. The recession is now under control and no responsible forecasters see anything remotely like the 1929-33 contraction in America on the horizon. This outcome did not have to happen, but it did.

Not bad for a Dark Age
Both Mr Bernanke and Mr Mishkin are in the mainstream of what one critic cited in The Economist’s briefing calls a “Dark Age of macroeconomics”. They are exponents and creative builders of dynamic models and have taught these “spectacularly useless” tools, directly and through textbooks that have become industry standards, to generations of students. Over the past two years they (and many other accomplished macroeconomists) have been centrally involved in responding to the most difficult American economic crisis since the 1930s. They have forecasted what can be forecast and formulated contingency plans ready for use when unforeseeable shocks occurred. They and their colleagues have drawn on recently developed theoretical models when they judged them to have something to contribute. They have drawn on the ideas and research of Keynes from the 1930s, of Friedman and Schwartz in the 1960s, and of many others. I simply see no connection between the reality of the macroeconomics that these people represent and the caricature provided by the critics whose views dominated The Economist’s briefing.

viernes, 7 de agosto de 2009

Guest Columnist: Ricardo Villasmil: ¿De quién nos independizamos hace 200 años?

Doscientos años después, la lucha por la Independencia sigue siendo el único logro venezolano que nos enorgullece a todos. Sus protagonistas acaparan el grueso de la nomenclatura de nuestros estados, municipios, plazas y obras de todo tipo, y ningún otro pedestal está a su altura. En las versiones y revisiones de nuestra historia, todo lo demás está sujeto a cambio. Épocas, hitos, instituciones, grupos y personajes como el Descubrimiento, la época colonial, la Guipuzcoana, la separación de Colombia, Isabel de Castilla, Colón, los mantuanos, los indios, los negros, los pardos, Carlos III, Miranda, Páez, Santander, Zamora, Guzmán, Gómez y la generación del 28, por nombrar tan solo algunos, pueden ser motivo de orgullo o de vergüenza, héroes o villanos. No así la independencia y su principal protagonista. Ellos son nuestras únicas referencias sólidas.

A pesar de ser la más extensa en el tiempo, nuestra etapa prehispánica no parece ofrecer nada digno de recordación. En nuestra historiografía, el espacio dedicado a ella es prácticamente nulo. Oviedo y Baños y Andrés Bello, por ejemplo, toman el Descubrimiento como punto de partida, algo que contrasta enormemente con el caso de pueblos como el mexicano, el peruano o el guatemalteco, que conservan, estudian y celebran con orgullo su pasado precolombino.

Al pasar a nuestra época colonial, encontramos dos corrientes interpretativas extremas: una que la exalta y otra que la repudia. La primera priva durante el dominio español y nos muestra una imagen bucólica de la vida en América bajo el suave y benéfico yugo del Rey. A partir de la independencia, unos pocos intentan hace un balance equilibrado, pero las pasiones generadas por la guerra y la agenda del nuevo régimen inclinan la balanza hacia la elaboración de una leyenda negra.

El esfuerzo rinde frutos más allá de lo esperado. La leyenda negra desplaza a la dorada se instala en los textos escolares y en el imaginario popular. De la escuela salimos con la idea de que al Descubrimiento de América le suceden trescientos años de oscurantismo y opresión por parte del conquistador español. Hartos e indignados, los americanos un buen día dicen ¡basta!, y de la mano de “una generación de semidioses”, desafían y derrotan al gran imperio español. La independencia aparece como el producto del genio y de la tenacidad de unos pocos, y como consecuencia de ello, conocerla se reduce a memorizar natalicios y batallas, y en sus versiones más extremas, al estudio de las hazañas y de las reflexiones de un solo hombre: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. ¿El resto de la población? Bien gracias. Al parecer, no jugaba otro papel que el de recibir a su héroe con coronas de flores a su llegada a la ciudad.

Una vez culminada la gesta independentista, sin embargo, esta corriente historiográfica enfrenta el difícil reto de explicar el doloroso contraste entre las promesas de grandeza y prosperidad de sus promotores y la devastadora realidad, contraste que el propio Libertador reconoce en 1830 ante el Congreso Constituyente de Colombia: “Me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás.”

Pero lejos de revisar las premisas volcadas en las primeras páginas, la historiografía tradicional prefirió huir hacia delante. De manera infantil, tal y como afirma la aguda crítica de Mario Briceño Iragorry, concluyeron que el problema estuvo en que la generación de semidioses “engendró una enclenque prole de enanos, incapaces de tomar por ejemplo sus acciones heroicas”. Y de allí en adelante, hemos optado por creerles y vivir a la sombra de unos gigantes, acomplejándonos en la medida en que los alabamos.

Mejor tarde que nunca
Conmemorar 200 años pareciera ocasión propicia para revisar la manera en la cual hemos interpretado y asimilado nuestra historia. La historiografía moderna nos ilumina el camino al permitirnos ver la independencia americana como el resultado de una secuencia de hechos precipitados por la invasión napoleónica de España en 1808, invasión que conduce a los españoles americanos, hasta entonces orgullosos integrantes del Reino, a alzar sus pendones en defensa de Fernando VII sólo para descubrir que su patriotismo es respondido con desconfianza, que sus deseos de mayor autonomía son interpretados como intenciones de independencia y que, en definitiva, son considerados por los peninsulares como españoles de segunda. La disolución de la monarquía, y con ella, de las esperanzas de volver atrás, termina por convencer a las élites americanas de que para mantenerse en la cúspide de una sociedad estamental deben tomar el control del proceso. Como es de esperar, este plan no va a contar con el concurso del resto de la población -pardos, negros e indios- que ven a los españoles americanos –y a los mantuanos en particular- y no a los peninsulares como sus verdaderos opresores. Es precisamente esta realidad el factor más característico de nuestra independencia y el que lleva a Bolívar a lamentarse repetidamente de que la mayor parte de las fuerzas españolas esté compuesta por venezolanos, y a Laureano Vallenilla Lanz a concluir que nuestra Guerra de Independencia fue una guerra civil.

Impermeables a estas y a otras reflexiones, sin embargo, seguimos embobados con la epopeya romántica y novelesca creada por la historiografía tradicional. Y por si esto fuera poco, la tomamos como referencia para fabricar la historia del antes y para juzgar la historia del después como una historia de buenos y malos, como decía Cabrujas, una historia que nos impide entender nuestro pasado y construir nuestro futuro. Y una historia que coloca sobre otros hombros -el Imperio, el gobierno anterior o la oligarquía- la responsabilidad que debería estar sobre los nuestros.

jueves, 6 de agosto de 2009

¿Qué va a hacer el país con Chávez?

Escribo la pregunta a sabiendas de que muy poca gente se la formula de esa forma. Es para todos casi una certeza que el país ya no depende de nosotros. Está inscrito en nuestras actitudes corporales: Hoy en día somos apenas un resultado. Ya nuestra vida, esa rápida sucesión diaria de imágenes, se reduce a elucidar esa otra pregunta: ¿Qué va a hacer Chávez con el país?

Por estos días, el jefe parece estar convencido de que la cosa es ahora o nunca. Se ha roto la ecuación que nos protegería, según venían clamando algunos: La revolución avanzaría hasta donde la popularidad del Presidente cayera por debajo de cierto punto crítico. Tenía inclusive algo de la elegancia e inefabilidad de las leyes físicas. Siendo así, estábamos relativamente seguros dentro de cierta zona de confort, la luz no terminaría de apagarse. No estoy seguro de que alguna vez nos haya regido algo así, pero lo que sí está claro es que ya no prevalece.

Las medidas que viene tomando el Presidente han traído su popularidad en picada hasta un punto similar al de 2002-2003. Ahí está de nuevo, viéndose la cara con esa enorme masa amorfa que no consigue darle forma política a su descontento. Es para eso que él ha venido trabajando. Pero ya no importa la grabación de Giordani quejándose de la falta de actitud del venezolano para convivir con el socialismo, ni el desengaño de Monedero con el hecho de que nuestra cultura es inconsistente con la doctrina. Hay que seguir.

Era mucho pedir que se aceptara toda esta destrucción, estatización, cierre de medios de comunicación, etcétera, en medio de una fuerte crisis económica. El gobierno lo reconoció así, y procedió a acelerar por un lado mientras se endeudaba por el otro; un último esfuerzo por mantener el consumo y el abastecimiento en medio de la caída del petróleo. El objetivo ya está ahí, a la vuelta de la esquina. El propio Presidente titubea, llama por teléfono a los encuestadores: ¿De verdad es tan así? ¿Qué tanta credibilidad tienen esos números? Manda a buscar a Lina Ron, la saca a la calle para después alardear de que la recoge; se desmarca de la ley de delitos mediáticos. ¿A quién se le puede ocurrir?

Si el petróleo se recupera en línea con la economía mundial, seguir financiando consumo vía deuda va a ser muy difícil. Alguien tiene que haber del otro lado dispuesto a comprar al gobierno sus promesas de pago. La idea es avanzar políticamente mientras se mantiene con pinzas nuestra realidad económica. En algún momento en ese futuro que vislumbra el gobierno, desaparecerá la realidad objetiva. Sólo habrá espejos de TVES y VTV por todas partes. Sin medios y sin dinero será muy difícil hacer campaña política. Entonces vendrán las elecciones de la Asamblea. Aún en ese panorama, pareciera difícil silenciar al país entero, aunque no necesariamente imposible. Quizás con la caída de la popularidad del Presidente se salga alguna rueda de la carreta revolucionaria. De allí el llamado a cerrar filas. No se puede ir nadie. Sin Asamblea Nacional nuestra caricatura de democracia terminaría por desdibujarse del todo. Chávez no puede permitir que se altere el orden de la pregunta. Algo que, de cierta forma, no deja de ser un contrasentido.

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Para el Universal, 07/08/09