lunes, 30 de noviembre de 2009

Cadivi: Providencia 099 que establece los cupos para viajeros según el destino y el tiempo de duración del viaje.

lunes 30 de noviembre de 2009
Cadivi: Providencia 099

Cadivi emitió la nueva providencia N° 099 que establece los cupos para viajeros según el destino y el tiempo de duración del viaje.

La providencia fija para casi toda América un tope de 2.500 dólares por viaje. En estadías cortas los montos varían entre 1000, 500 y 300 dólares. Según la providencia para Europa, Asia, África y Oceanía con una duración máxima de siete días se aprobarán dos mil dólares, mientras que los viajes que superen los ocho días en adelante podrán disponer de tres mil dólares. Para los países miembros del Alba se autorizarán mil doláres si son menos de ocho días y de ocho días en adelante 2500 dólares. Para Colombia el monto asignado es de 300 dólares a menos que sea un viaje de más de ocho días en el que se autorizará un máximo de $700.

El usuario podrá utilizar hasta tres tarjetas de crédito de las cuales sea titular, siempre que estas tarjetas hayan sido emitadas por el mismo operador cambiario.

Cadivi podrá autorizar tres mil doláres o su equivalente en divisas por año a cada usuario y los montos serán autorizados atendiendo la duración y destino del viaje y no podrán exceder el monto anual.

Cuando se trate de tarjetas de crédito autorizadas el usuario podrá disponer mensualmente de hasta un máximo de! diez por ciento (10%) del monto máximo anual autorizado, deducibles del monto autorizado por solicitud, para adelantos de efectivo en moneda extrajera, los cuales sólo podrá obtener a través de los Cajeros Automáticos ubicados en el exterior.

Los recaudos tendrán que ser entregados en original y copia al operador cambiario y una vez obtenido la autorización de las divisas deberán realizar la Declaración Jurada de Cierre de dicha autorización en el portal de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) a los fines de cerrar la solicitud. Esta declaración deberá ser realizada dentro de los 45 días continuos siguientes a la fecha indicada en la solicitud independientemente si el viaje se realiza o no. Reza que el usuario que incumpla con tal disposición no podrá tramitar nuevas solicitudes.

En cuanto al efectivo, Cadivi establece que al año podrá autorizar la entrega de divisas en efectivo hasta 500 dólares o 400 euros. Sin embargo cuando los viajes sean para Colombia, Panamá o las Islas del Caribe se les otorgará a los usuarios un monto de 300 dólares.

Asimismo Cadivi podrá otorgar a los niños, niñas y adolescentes un monto de 400 dólares. En este caso el padre, la madre o representante podrán realizar la solicitud.

Para solicitar divisas a menores Cadivi los requisitos a consignar son: partida de nacimiento del menor o documento público que demuestre el vínculo. Si el documento es emitido por una autoridad en el extranejero debe estar apostillado y traducido por un interprete público en caso de que no esté en español, fotocopia del pasaje aéreo, marítimo o terrestre ida y vuelta, fotocopia de la cédula del padre, madre o persona que solicite las divisas en nombre del menor, fotocopia de la cédula de identidad del menor si es mayor de nueve años y fotocopia del pasporte vigente y visa cuando corresponda.

Tomado de www.bonosvenezuela.blogspot.com

jueves, 26 de noviembre de 2009

¿Qué hace Chávez en Mali?

La carretera que sale de Bamako, en ruta hacia el norte, es una tenue línea de asfalto intermitente tendida hace muchos años, si uno se deja guiar por su estado actual. Apenas es suficiente para el ancho de un vehículo: los viejos camiones que se balancean bajo el peso de cargas de alturas improbables suelen prevalecer sobre los demás. Mali es el tercer país más pobre en el mundo, 90% de la población vive con menos de dos dólares al día, un tercio de los niños están desnutridos y sólo 19% de los adultos saben leer y escribir.

Y he aquí que, en un recodo del trayecto de 400 kilómetros entre Bamako y Mopti ("la Venecia de Africa", como la bautizara en un arrebato de entusiasmo y optimismo algún recién llegado), me consigo con una de esas enormes vallas que ya nos son tan familiares: “Le Président de la République Bolivarienne du Venezuela Hugo Châvez Frias… Projet: Construction des 100 logements sociaux…”. La bandera, las ocho estrellas, el Ministerio del Poder Popular para la Defensa, todo está allí. A diferencia de Venezuela, en donde las vallas persisten aún donde ya es evidente que no se hizo nada, aquí ya están terminadas y habitadas las cien casas amarillas de techos rojos. Todo esto por cortesía de le président, materializada gracias a la intervención de un cierto General de Brigada Gilberto Barrios y una cierta ingeniero María Alejandra Izarra (CIV: 19111). El nuestro sigue jugando a Robin Hood con el dinero de nosotros, "los blindados".



Chávez no es el único que ha puesto el ojo en Mali. Aquí todas las grandes obras en construcción, mamotretos de cemento que golpean la vista por su contraste con el entorno bucólico, son propiedad del Coronel Muammar al-Gaddafi: Hoteles, proyectos de canalización, edificios de oficinas, estaciones de servicio (Oil Libia). Y es que acaban de descubrir unos yacimientos de petróleo en el norte de Mali. Apenas ahora se inicia el proceso de licitación en donde Gaddafi compite con Estados Unidos. Eso quizás explica la presencia constante, ya más hacia el norte, en los alrededores de Sevare y Mopti, de convoyes militares de Estados Unidos, que se encuentra en Mali en una misión de “apoyo técnico”. Acaso ésta también tenga que ver con la existencia de células de Al Queda, que según las versiones que repiten los Tuareg en las calles de Timbuctú, operan en una franja del Sahara que va desde aquí hasta el sur de Libia y la frontera con Egipto.

El término del segundo período presidencial del general Amadou Toumani Touré (ATT) será en el 2012. ATT fue el responsable del golpe de Estado contra el dictador Moussa Traoré en 1992. Tras abstenerse de participar en las dos primeras elecciones, su paciencia fue premiada con el voto popular en 2002. Ahora uno de los entretenimientos más comunes en Mali es escuchar los casetes con los antiguos discursos nacionalistas de Traoré, todavía preso. Los conductores los oyen en sus reproductores y se ríen a carcajadas, y se los comentan en el tráfico de ventana a ventana: “Hey, oye esta parte… oye esta parte”. Y suben el volumen, para que se oiga de carro a carro. Pero no hay muchos motivos para reír en el horizonte. Ahora mismo se está discutiendo una pequeña modificación en la constitución que le permita a ATT presentarse nuevamente a la reelección. A mi vuelta a Caracas, supe que el CNE ha iniciado una misión de apoyo técnico en Mali. El mecanismo de la franquicia parece haberse puesto en marcha.

Para El Universal, 27/11/2009

P.D. Más aún. Según reporta El Nacional (25/11/2009, pag. C12), el pasado 5 de Noviembre apareció en una pista clandestina de Gao, al noreste de Mali, un avión Boeing 727 siglas J5GCU con capacidad para 149 pasajeros y autonomía de vuelo de 5.000 kilómetros. Fue abandonado allí, le prendieron fuego, tras retirarle la carga. El 16 de Octubre un avión con esas mismas siglas había despegado de La Chinita, Maracaibo. Sus tripulantes habían presentado plan de vuelo con destino a Bamako, pero según las fuentes que investigan el caso hizo antes una breve escala en algún lugar de Barinas o Apure para cargar 10.000 toneladas de cocaína. De ser así, sería el cargamento más grande que haya entrado por vía aérea a África en toda la historia.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Resultados 2009 (3T) y Escenario 2010

De acuerdo con el informe del BCV, la producción de nuestra economía ha caído 4,5% durante el tercer trimestre, una reducción de 2,2% en los primeros nueve meses. Más allá del número, hay que prestarle más atención al contexto en el que ha ocurrido el resultado, y algunas de las estadísticas en detalle que subyacen a éste cifra agregada general.

En relación con el contexto, es necesario examinar el resultado económico de Venezuela a la luz de:

1) Aunque la mayoría de las economías del mundo han experimentado episodios similares desde la crisis del 2007, a estas alturas del juego ya han dejado lo peor atrás y se puede decir que vienen de regreso. El consenso de los analistas en torno a la recuperación económica proyectada para 2010 es casi tan modesto como unánime, con dos excepciones: Hungría (-1,0%) y Venezuela (-3,4%). Nuestro país parece ser el único para quien el próximo año será todavía más difícil que éste (-3,0%).

2) No se puede considerar la caída en la producción sin tener en cuenta que el propio gobierno decidió a comienzos de año sacrificar reservas internacionales y ejecutar un programa de endeudamiento público muy agresivo para tratar de mantener a flote la economía venezolana. En los nueve primeros meses del año Venezuela perdió 25% de sus reservas internacionales, equivalentes a 9.713 millones de dólares. En ese período, la deuda pública externa creció 19%, 9.030 millones de dólares que ahora nos dejan con un total de 55.685 (hasta el cierre de Octubre, pero hay más deuda en camino). A nivel interno también se emitieron 18.445 millones de bolívares fuertes, que aumentaron la deuda pública en moneda local en 60%. Es a la luz de ese endeudamiento masivo que se debe considerar la caída registrada en la producción.

3) La prima de riesgo de Venezuela ha empezado a crecer de nuevo, aún en presencia de la recuperación de los precios del petróleo: La nación ha seguido montando cantidades cada vez más grandes de deuda sobre el mismo stock de activos (o menor, dada la combinación entre depreciación y ausencia de inversión). A comienzos del año y calculando el PIB a tasa oficial (2.15), la deuda pública representaba 18% del tamaño de nuestra economía. Ahora se encuentra alrededor en 24%. Esa es el artificio contable que utiliza el Ministerio de Finanzas para sostener que nuestro endeudamiento sigue siendo “muy razonable”. Si se calcula a tasa paralela, la deuda representa 50% de nuestra producción nacional, a M2/RIN (6.7 VEF/Dólar) alcanza 58% del PIB. En 1998 nuestra deuda total representaba 29% del PIB.

En relación con los detalles que subyacen al desenvolvimiento del crecimiento, vale la pena prestarle atención a:

a) Se acentúa la tendencia de cambio en la propiedad de los medios de producción: En los últimos dos años el PIB público ha crecido 27% y el privado ha caído -3%. En éste último trimestre, aunque el título del informe del Banco Central resalta el crecimiento de la actividad no petrolera (6,4%), la actividad económica privada presenta una sólida caída de 5,8%.

b)Dos de los tres sectores que registran dos tercios del empleo en Venezuela sufrieron caídas muy importantes: Comercio (-11.5%), Manufactura (-9.2%); siendo la excepción construcción (4.3%).

c)El volumen de producción petrolera continúa cayendo con fuerza: Tras registrar -5,0% en el primer trimestre y -3,8% en el segundo, en el tercer trimestre se registró otra caída de 9.5%. Aunque el gobierno insiste en que esa caída se debe al recorte de las cuotas OPEP, la verdad es que Venezuela tiene años produciendo por debajo del nivel que le corresponde según la distribución del cártel petrolero.

d)Las importaciones, tras mantenerse relativamente estables aún en presencia de la caída en el ingreso petrolero durante el primer semestre, han registrado una caída de 40% en el tercer trimestre, 44% en el caso de las importaciones no petroleras. Dado que muchos sectores productivos dependen de las importaciones de materias intermedias, y que prácticamente todo el sector comercio está basado en la disponibilidad de bienes importados, esta caída representa el punto inicial en el dominó de nuestra capacidad productiva.

Con base en estos resultados, y en la proximidad de un año electoral, se pueden delinear algunos rasgos del escenario económico en la que nos veremos el próximo año:
• El año electoral provocará una aceleración en el gasto público y – con el apoyo del BCV – una expansión de la liquidez mayor a la registrada en 2009 (+35%)
• El empuje de demanda y la expansión de liquidez, en una economía sin inversión productiva que está perdiendo potencial de producción debido a la depreciación a las estatizaciones, se traducirán en una inflación superior a 40%
• La expansión de liquidez no se producirá en términos reales, toda vez que la tasa de crecimiento de la liquidez podría ser similar e inclusive menor a la tasa de inflación: No cabe esperar una recuperación importante del crédito (que depende de la liquidez en términos reales)
• El gobierno se ha fijado como meta alcanzar una cifra de crecimiento positiva (0,5%-1%) a costa de una alta inflación - dados los resultados recientes, es más probable que ocurre una recesión (2-3%)
• El gobierno podría devaluar la moneda a 3.15 entre enero-marzo (45%), pero el impacto de esta medida será amortiguado por el hecho de que una proporción cada vez mayor de la economía funciona (hace pricing) con base en el paralelo
• El crecimiento de la liquidez, las tasas de interés reales negativas, la aceleración de la inflación y la incertidumbre seguirán alimentando la demanda en el mercado paralelo… Es difícil predecir hasta cuándo el gobierno estará dispuestos a endeudarse para seguir vendiendo dólares “baratos” al sector privado… No parece probable que puedan mantener estable la cotización

jueves, 19 de noviembre de 2009

Blindados (contra el progreso)

De acuerdo con el informe del BCV, la producción de nuestra economía ha caído 4,5% durante el tercer trimestre, una reducción de 2,2% en los primeros nueve meses. Aquí también el contexto es bastante más importante que el número en sí. Aunque la mayoría de las economías del mundo han experimentado episodios similares desde la crisis del 2007, a estas alturas del juego ya han dejado lo peor atrás y se puede decir que vienen de regreso. El consenso de los analistas en torno a la recuperación económica proyectada para 2010 es casi tan modesto como unánime, con dos excepciones: Hungría (-1,0%) y Venezuela (-3,4%). Nuestro país parece ser el único para quien el próximo año será todavía más difícil que éste (-3,0%).

No se puede considerar la caída en la producción sin tener en cuenta que el propio gobierno decidió a comienzos de año sacrificar reservas internacionales y ejecutar un programa de endeudamiento público muy agresivo para tratar de mantener a flote la economía venezolana. En los nueve primeros meses del año Venezuela perdió 25% de sus reservas internacionales, equivalentes a 9.713 millones de dólares. En ese período, la deuda pública externa creció 19%, 9.030 millones de dólares que ahora nos dejan con un total de 55.685 (hasta el cierre de Octubre, pero hay más deuda en camino). A nivel interno también se emitieron 18.445 millones de bolívares fuertes, que aumentaron la deuda pública en moneda local en 60%. Es a la luz de ese endeudamiento masivo que se debe considerar la caída registrada en la producción.

Y es que no todos los años nos vamos a poder dar el lujo de ponerle encima a nuestros activos (que siguen depreciándose, dada la ausencia de inversión) una cantidad cada vez mayor de deuda. Para hacernos una idea, a comienzos del año y calculando el PIB a tasa oficial (2.15), la deuda pública representaba 18% del tamaño de nuestra economía. Ahora se encuentra alrededor en 24%. Esa es el artificio contable que utilizan en Carmelitas para sostener que nuestro endeudamiento sigue siendo “muy razonable”. Si se calcula a tasa paralela, la deuda representa 50% de nuestra producción nacional, a M2/RIN (6.7 VEF/Dólar) alcanza 58% del PIB. En 1998 nuestra deuda total representaba 29% del PIB.

Se acentúa la tendencia de cambio en la propiedad de los medios de producción: En los últimos dos años el PIB público ha crecido 27% y el privado ha caído -3%. Ya salió por ahí Alí Rodríguez, a proponer una “nueva forma de medir el PIB”, algo que de seguro no se le hubiese ocurrido de haber sido positivo el resultado. Por un lado ha resucitado una vieja idea de Bernardo Ferrán, según la cual conviene ponderar las categorías de producción por el empleo. Pues bien, aquí construcción (+4,3%), manufactura (-9,2%) y comercio (-11,5%) representan dos tercios del empleo. No pareciera que los va a ayudar mucho. También ha asomado medir la producción según su valor actual. Si se hace así, el peso del petróleo (hoy en día ponderado a precios de 1997) crecería significativamente, y es allí en donde se ha registrado nuestra caída más fuerte (-9,5%). Y es que para encontrar un método que refleje algún crecimiento de aquí para adelante va a hacer falta algo más de creatividad.

Para El Universal, 20/11/2009

viernes, 13 de noviembre de 2009

Los castillos de arena de la revolución

Per Bak, físico danés fallecido en 2002, pasó buena parte de su corta vida estudiando las propiedades de las pirámides de arena: Si uno deja caer arena desde un punto fijo, configurando un pequeño cono, ¿es posible predecir cuándo colapsará la estructura? Su trabajo ha sido incorporado dentro de una corriente que estudia - desde una perspectiva no-lineal - la ocurrencia de eventos bastante improbables, que causan enormes impactos en el orden mundial. Dentro de esa línea de investigación se ubica también Nassim Taleb (the black swan): “El mundo de hoy y todo el desarrollo de la historia ha estado marcado por la ocurrencia de unos pocos eventos, muy improbables, de naturaleza impredecible”.

Es difícil no identificarse con Bak, los contornos de las preguntas que nos hacemos con más frecuencia sobresalen, en una suerte de relieve, de las líneas de su trabajo más conocido (Self-Organized criticality): “Luego de un período inicial de acumulación, en el cual la arena se agrupa y distribuye en forma de pirámide, la estructura se vuelve inestable… entrando en una fase crítica en donde cualquier grano de arena podría causar una avalancha, pero también podría incorporar miles de granos adicionales antes de desintegrarse… la dinámica interna de estos sistemas es desconocida… Viendo la inestabilidad de las pirámides de arena, uno se maravilla de que no haya nada en toda la ciencia física o matemática que pueda ayudar a entender mejor qué viene a continuación”. La moraleja es que no tiene sentido invertir en tratar de pronosticar eventos que por naturaleza son impredecibles. Es mejor invertir en prepararse para su ocurrencia, desarrollar nuestra capacidad de asimilar golpes (resiliencia) y nunca sentirse demasiado cómodo o confiado.

Dentro de esa misma tendencia destaca la tesis Holling-Levin: Las variables con mayor probabilidad de provocar un quiebre en un sistema complejo no son las más volátiles, las que cambian todos los días, sino aquellas que cambian lentamente. En el caso de la economía venezolana es fácil identificar esas variables volátiles que capturan toda nuestra atención diaria: Los precios del petróleo, la cotización del dólar paralelo, las asignaciones de CADIVI. De acuerdo con Holling-Levin, la cosa no va por aquí. La clave está en las variables que cambian muy lentamente, a las que solemos prestarle menos atención. Nuestra producción petrolera (pasamos de 3.4 MBD en 1999 a 2.2 MBD en 2009), nuestra mayor dependencia de Estados Unidos (75% de nuestras exportaciones petroleras, en contraste con el 65% de hace diez años), la menor dependencia de Estados Unidos del crudo venezolano (pasamos de 18.5% de sus importaciones a sólo 9.6% entre 1999-2009), el cambio institucional que ha tenido lugar en la estructura de propiedad de los medios de producción, la caída de la inversión privada por debajo de la línea de depreciación, la pérdida de potencial productivo, la deserción escolar. Son esos los granos que van cayendo poco a poco sobre la pirámide de arena, es allí en donde se está gestando, según una dinámica inescrutable, nuestra avalancha. Volviendo a Bak: “Es casi tan seguro que se vendrá abajo como imposible de predecir cuándo”.

Para El Universal, Viernes 13/11/2009

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Book Reviews: La era de la impensable: ¿Por qué el nuevo desorden económico mundial nos continúa sorprendiendo y qué podemos hacer?

Joshua Cooper Ramo: The age of the unthinkable: Why the new world disorder constantly surprises us and what we can do about it?. Nueva York: Little Brown, 2009. 279 páginas.

El colapso de la Unión Soviética, los ataques a Nueva York el 11 de septiembre de 2001, los triunfos de Hizbulá en sus escaramuzas con Israel, las dificultades de las grandes potencias para salir con éxito de los conflictos ante pequeñas guerrillas, la crisis financiera. Son todos ellos acontecimientos que convulsionaron el orden mundial y a la vez resultaron imposibles de predecir; tomando por sorpresa a la mayoría de los actores en cada caso. Esa es la razón por la que conviene reflexionar acerca de los factores comunes que les subyacen y retar nuestra manera tradicional de concebir el balance del poder y las relaciones internacionales. De eso se trata este libro de Joshua Cooper Ramo, ambicioso, lleno de anécdotas interesantes y de entrevistas con personajes clave como líderes de Hizbulá, ex directores del servicio de inteligencia israelí (Mossad), Shiyeru Miyamoto (el hombre detrás de Super Mario Brothers y el Nintendo Wii) y miembros de la nomenklatura soviética; personajes a los que el autor tiene acceso gracias a su experiencia como director de Kissinger Associates y editor para Asuntos Extranjeros de la revista Time.

El objetivo del libro: ofrecer una explicación acerca de por qué el mundo de hoy está caracterizado por la ocurrencia cada vez más frecuente de hechos que en otra época eran impensables y por qué nos siguen sorprendiendo, y desarrollar una teoría acerca de qué podemos hacer al respecto. La tesis central: en una era revolucionaria e impredecible, de sorpresa constante e innovación, es necesario retar nuestros patrones mentales tradicionales y aprender a pensar y actuar de forma revolucionaria.

En el desarrollo del concepto de lo impredecible y del caos que nos rodea, Ramo perfila su hipótesis de la “montaña de arena” (sandpile effect): “Luego de un período inicial de acumulación, en el que la arena se agrupa y distribuye en forma de pirámide o pequeño cono, la estructura se vuelve inestable y llega a un estado en el cual apenas un grano de arena podría ser el detonador de una avalancha” (página 48). Muchos de los acontecimientos mencionados al comienzo de esta reseña se asemejan a estas avalanchas de arena. En la medida en que el acontecimiento en cuestión se aleja más en el tiempo, la cantidad de información necesaria para predecir avalanchas crece de forma exponencial y los (buenos) pronósticos son prácticamente imposibles de hacer.

La formulación no es nueva, guarda un extraordinario parecido con el tipping point que ya acuñara Malcom Gladwell, y más aún con el “efecto mariposa” que describiera el científico belga-ruso Ilya Prigoguin hace más de treinta años: “En un sistema dinámico inestable, dadas ciertas condiciones, el batir de alas de mariposa en Pekín puede producir un ligero soplo que origine un huracán en California”.

Quizás el principal aporte de Ramo esté en enfatizar el contraste entre esa complejidad e inestabilidad y la simpleza de algunas ideas que todavía predominan en el escenario internacional. Por ejemplo, ya es evidente que la política de Estados Unidos de intervenir para promover la democracia, “porque de allí se derivarán muchas otras cosas positivas”, está equivocada. “Los votos son tan capaces de promover el horror como de generar aliados” (página 25). En su esfuerzo democratizador, Estados Unidos ha hecho crecer de forma exponencial la inestabilidad allí en donde ha intervenido y logrado despertar y agitar un fuerte sentimiento xenofóbico.

En la sección que describe la naturaleza inestable e impredecible de los acontecimientos clave, resulta de particular interés el análisis de la caída de la Unión Soviética. Según el autor, la potencia socialista no colapsó como consecuencia de la presión popular. Esta última, si a ver vamos, ha podido ser suprimida con represión del Estado (como ocurriera tantas otras veces). De hecho, en un referendo democrático realizado nueve meses antes, más de 75 por ciento de los ciudadanos se habían manifestado en favor de mantener el statu quo (aquí Ramo muestra algunos síntomas de las enfermedades que él prescribe a los demás, comprando a valor facial los resultados de unas elecciones realizadas bajo la tutela de un sistema autoritario, de partido único, encabezado por un Estado que controla la totalidad de los recursos y que es el único patrón de la fuerza laboral). En cualquier caso, la tesis del autor es que la caída del régimen soviético fue una decisión consciente de la nomenklatura (“lista de nombres”); un pequeño grupo de burócratas, militares e intelectuales sobre quienes recaía el día a día de la administración pública desde el comienzo de la revolución en 1917. Estas élites se dieron cuenta, una vez que Gorbachov inició las reformas que atentaban contra sus privilegios, de que ganaban más dejando caer el sistema que manteniéndolo a flote. Para reforzar este punto no sólo trae a colación entrevistas con protagonistas y teóricos del régimen, sino que además presenta un silogismo difícil de refutar: si la Unión Soviética hubiese caído como consecuencia de una revolución, la estructura del poder hoy en día sería completamente distinta a la que prevalecía antes. ¿No se tratan de eso las revoluciones? Veinte años después, los líderes políticos, magnates y burócratas más poderosos de Rusia son los mismos nombres que rodeaban al poder durante el régimen socialista.

Esa complejidad que predomina en la escena mundial no sólo hace inútil cualquier esfuerzo de predicción, sino también prohibitivamente costoso cualquier intento de prevención. Los terroristas que atacaron Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 apenas invirtieron algo más de un millón de dólares. Compárese esa cifra con el costo de prevenir otro ataque similar, en términos de policías, seguridad de aeropuertos, demoras en el sistema: alrededor de un millón de dólares por hora sólo en los Estados Unidos, según el autor. En el mundo de hoy atacar es mucho más barato que defenderse.

¿Y entonces? ¿Qué hacer? La propuesta de Ramo se centra en desarrollar lo que él llama seguridad plena (deep security), una suerte de sistema de protección similar al sistema inmunológico humano, capaz de reaccionar de forma instintiva al peligro, de adaptarse, de fortalecerse y finalmente de controlar y contener los riesgos que enfrenta. Se dice bastante más fácil de lo que se pone en marcha, pero la propuesta lleva consigo la idea más importante del libro: no se puede combatir lo que no es convencional con ideas convencionales. Hace falta una mirada fresca, menos especializada y más multidisciplinaria (mashup), una nueva forma de concebir las amenazas y de estructurar nuestra capacidad de respuesta.

En esta sección, el autor despliega algunas de las ideas más útiles del texto. “Los revolucionarios anticipan los grandes cambios porque buscan las señales que hacen a los acontecimientos diferentes; nada que ver con los ‘ya yo he visto esto’ que buscan los factores comunes entre lo nuevo y lo viejo” (página 110). Si seguimos buscando patrones comunes en lugar de diferencias, no vamos a ser capaces de identificar lo nuevo. Lo dice Aharon Farkash, antiguo jefe de inteligencia israelí: “Mira las cosas con detenimiento, céntrate en aquello que se mueve y cambia, y no hagas preguntas convencionales” (página 144). En un mundo en donde todo está cada vez más interconectado, hay que buscar las señales de cambio o turbulencia en lugares poco comunes.

Otra idea capaz de revolucionar nuestra forma de pensar: aquello que tiene mayor probabilidad de provocar cambios drásticos en la estructura de un sistema no se encuentra en lo que cambia de forma constante, sino en aquellas variables que se mueven lentamente.

Para alcanzar deep security el autor propone desarrollar tres tipos de competencias:

1. Aprender a ver las cosas desde un punto de vista integral, y no desde la perspectiva de una especialidad única. En un mundo integrado, el efecto avalancha puede ser provocado por movimientos en diferentes frentes, lo que hace inútil el hábito de pensar “parte por parte” o de forma discreta. Esta idea tampoco es nueva. Descansa en aquella de Isaiah Berlin de que existen dos tipos de pensadores: los que saben mucho de una cosa (erizos) y los que saben de todo un poco (zorros). De acuerdo con investigadores de la Universidad de Berkeley, que estudiaron la capacidad de un grupo de “expertos” para predecir resultados financieros, electorales y de acontecimientos internacionales, a los “zorros” les suele ir bastante mejor que a los “erizos”. “Los que saben bastante de una sola cosa tratan de extender la capacidad explicativa de ese campo hacia otros dominios”. Los de mayor capacidad predictiva son los zorros: “Escépticos de las ideas fáciles y de las analogías simples, con pensamiento más probabilístico que determinístico, y con flexibilidad para adaptar de manera frecuente sus modelos mentales” (página 165). De allí la idea, también poderosa, de prestar más atención al contexto en el que ocurren las cosas que a las cosas en sí mismas. Una destreza, dicho sea de paso, que los orientales desarrollan con una facilidad mucho mayor que los occidentales, acostumbrados a resaltar a los héroes, las figuras centrales, el self-made man.

2. Resiliencia: “la medida en que un sistema puede absorber perturbaciones antes de quebrarse de forma tal que no pueda volver a ser lo que era” (página 172). Esta destreza nos permite, aun en el momento de mayor terror, seguir aprendiendo; es una especie de “coraje en la batalla, que nos hace posible seguir innovando aún bajo fuego” (página 178). La resiliencia se desarrolla de la misma manera en que se desarrolla el sistema inmunológico: crece en la medida en que se alojan (y combaten) virus en nuestro organismo. El mejor modo de desarrollarla en alguien es someterlo a ataques constantes, precisamente del tipo que Israel ha venido haciendo en los territorios de Palestina, o del tipo que ha fortalecido a Hizbulá en el sur del Líbano y a las guerrillas en Irak, Pakistán y Afganistán. “El objetivo aquí es más simple: Conseguir aguantar las sorpresas desagradables y absorber nuestras peores pesadillas, y seguir adelante con los atributos de nuestra libertad intactos” (página 190). Una política gerencial que busque promover resiliencia debe enfatizar la capacidad de innovación, reducir las barreras burocráticas y olvidarse de “la forma en la que se hacen las cosas aquí tradicionalmente”; debe mantener todas las opciones posibles abiertas. En el ámbito personal, el ahorro es una forma de promover la resiliencia, en contraposición a la deuda, que nos hace bastante más vulnerables.

3. Por último, no del todo independiente de la anterior, propone desarrollar nuestra capacidad directa de acción, nuestro instinto de reacción. Tras analizar diferentes campañas de vacunación efectuadas en el África subsahariana, concluye que mientras más se incorpore a los receptores locales, mientras más se promueva la participación de la población objetivo en la propia administración del programa, y mientras más grados de libertad para actuar y ser responsable se le permitan, mayor probabilidad de éxito. La lección aquí es prácticamente universal: en el momento en que se traslada la responsabilidad y la capacidad de acción a la gente, se produce una explosión de participación, esfuerzo, curiosidad e innovación.

Difícilmente se pueda considerar alguna de estas destrezas como original. Lo que las hace diferente, en este contexto, es la experiencia del autor, sus contactos y su capacidad para hilarlas y derivarlas de acontecimientos sorprendentes que han alterado el orden mundial. De allí a ser capaz de explicar la incertidumbre y de proponer una nueva forma universal de lidiar con ella hay un largo trecho. Ahora bien, que el libro levante bastante más preguntas de las que es capaz de responder no significa que el lector no pueda aprovechar este corte transversal a través de acontecimientos sorprendentes y retar su propia forma convencional de pensar.

Para DEBATES IESA, Noviembre 2009

jueves, 5 de noviembre de 2009

Compra primero y averigua después

Una vez culminada la emisión de deuda, la cotización del dólar paralelo recuperó su nivel anterior. Hay que recordar que las operaciones de deuda pública no se hacen con propósitos de absorción, sino de financiamiento. El resultado final no será una reducción de la cantidad de dinero, sino un cambio de bolsillo: Los bolívares pasan de las cuentas de quienes adquieren los títulos, a las cuentas del gobierno, y de ahí entran de nuevo en circulación. Existe, claro está, un efecto de reducción temporal de la liquidez (en la semana de liquidación de los bonos cayó 8%), pero una vez que el gobierno empieza a girar contra esos fondos el circulante se reestablece (desde entonces, la liquidez ha crecido 2% en dos semanas). Nos ha quedado la deuda del lado de los pasivos y el polvo que levantaron los fondos en su breve estadía en el lado de los activos.

En toda emisión hay que declarar de forma abierta cuál será el destino de los fondos (use of proceeds). Yo no he llegado a ver el prospecto de estas últimas, pero uno bien se podría imaginar que el uso declarado de fondos es: “Los dólares que se levanten en esta emisión le darán la oportunidad a quienes están desesperados por adquirir divisas de hacerlo a una tasa más baja”. Si a ver vamos, no hay nada en el proceso que aumente nuestra capacidad de pago. No hay una inversión, que a su vez genere unos flujos que en el futuro sirvan para cancelar los compromisos adquiridos. No, aquí lo que se está haciendo es emitir deuda para financiar gasto, reducir las cuentas por pagar de PDVSA, y saciar al mercado paralelo. En lugar de dejar de perseguir a quienes producen y de esforzarse por generar incentivos que reestablezcan la demanda de bolívares, el gobierno se afana en endeudarse para ofrecerle dólares baratos a todos los que quieren salir de bolívares.

Merentes y compañía siguen girando deuda contra un stock de activos que permanece fijo, y que aún a ratos se deteriora por la falta de inversión. Siendo así, por más “manejable” que sea el nivel de deuda, la percepción de riesgo no puede sino crecer.

Los miembros del gabinete continúan declarando su intención de bajar el paralelo: ¡Viene otra emisión! ¡Aguanten esos bolívares! Ajá, ¿y después? Si la liquidez va a regresar a su nivel anterior, la incertidumbre sigue siendo la misma, y las pérdidas de quienes mantengan bolívares siguen creciendo, ¿por qué iba a bajar el paralelo? El mercado no coge línea, no funciona por decreto, no está sujeto a control, ni tiene el Estado el monopolio de la publicación de sus estadísticas. Escapa a la forma tradicional de hacer política de la revolución. De allí la desesperación y los desatinos. Ahora han aprobado una nueva ley para trasladar semestralmente reservas del BCV hacia fondos discrecionales en el exterior. La estrecha correlación que existe entre la relación liquidez a reservas y la cotización del dólar paralelo, deja constancia de que el mercado no considera esos fondos parafiscales como reservas. Hasta ayer, la relación liquidez a reservas se encontraba alrededor de 6,78. A la política del gobierno de endéudate primero y pregunta después, el mercado le ha respondido con una de compra dólares primero, y averigua después.

Para El Universal, Viernes 06/11/2009

martes, 3 de noviembre de 2009

Timbuktu

En inglés Timbuktu se utiliza para describir un lugar a donde uno no sabe cómo ni por qué ha llegado, y del que además no se tiene muy claro cómo salir. Es una expresión útil, a fuerza de frecuente y necesaria, que bien podríamos incorporar al castellano. Timbuktu es también uno de los nombres más rítmicos, un sinónimo de la inaccesibilidad del continente africano, una suerte de bandera para exploradores. Una ciudad no se gana esa reputación en vano: hasta finales del siglo XIX, de los cuarenta y tres viajeros que intentaron llegar aquí apenas cuatro lo consiguieron, y sólo tres regresaron con vida. La mayoría venía a verificar que Timbuktu no era sólo una leyenda.

Hoy en día la ciudad es apenas una sombra de lo que fue. Ubicada al norte de Mali, no pasa de ser un caserío de viviendas de techos bajos y planos, hechas con un barro del color de la arena. De allí que parezca apenas una extensión del desierto, como si éste hubiese hecho un paréntesis y se hubiese levantado para continuar en dirección vertical. Sus habitantes, en su mayoría miembros de la tribu Tuareg, antiguos nómadas traídos hasta aquí por las duras condiciones de vida en el Sahara, se arrastran bajo la sombra de sus casas para protegerse de los 35 grados que hacen en estos días de invierno.

¿Y entonces por qué la gente sigue viniendo? Es difícil de entender. Timbuktu alcanzó su máximo esplendor durante el siglo XIV, bajo el Gran Imperio de Mali, que se extendía desde el Atlántico hasta el territorio que hoy en día ocupa Nigeria. Su ubicación, al tope del río Níger y en la frontera del Sahara, la convirtió en paso obligado en la ruta de las caravanas que unían África Occidental con el Mar Mediterráneo. Por esa época florecieron aquí vastas universidades, que reunieron una extensa colección de documentos antiguos, alrededor de los cuales se concentraron importantes teóricos del Islam. ¿De dónde salieron todos estos manuscritos? "Nosotros intercambiábamos mercancía por papiros y manuscritos", me dice Djibril Doucoure, desde hace 36 años a cargo de la División de Conservación de Manuscritos.

Hablar con él, ver el orgullo con el que muestra los documentos más antiguos de la librería, y la tenacidad con que los ha defendido ("lo que los mercenarios marroquíes hicieron aquí en el siglo dieciséis fue mucho peor de lo que ha hecho Estados Unidos en Irak"), ha valido la pena la visita. Puede ser eso, o la propia presencia de los Tuareg, una de las últimas tribus nómadas que aún existen en el Sahara, un dominio que abarca partes de Mali, el sur de Argelia y Libia, Mauritania y Chad. Tiene cierto encanto poder escuchar, a estas alturas de la civilización, a Azima Mohamed Ali, quien me ha servido de guía en mi pequeña internada en el desierto, decir: "A mi familia la visito con frecuencia, viven a apenas dos días en camello de aquí". O al propio Djibril Doucoure: "Los marroquíes siempre han estado celosos de Timbuktu, porque competía en importancia con Marrakech; recuerda que están apenas a 52 días en camello de aquí". Y bueno, en cualquier caso, no se puede juzgar mal a los viajeros a Timbuktu: Que lleguemos a un lugar absurdo, sin saber muy bien cómo, y que tengamos muy poca idea de cómo salir de ahí, tampoco es una cosa tan extraña. ¿No?

Para El Universal, 30/10/2009