jueves, 30 de diciembre de 2010

La última batalla de Carlos Andrés Pérez (versión ampliada)

La historia tiene sus ironías. A veces son apenas coincidencias, meras asociaciones libres hechas con puentes que tiende la mente entre dos sucesos no necesariamente conectados. En otros casos esas coincidencias parecieran tener vida propia, ser más causales que casuales, aparecidas allí como un fantasma que señala, que nos advierte con énfasis particular acerca de la ocurrencia de un hecho o el fin de una época. Durante los días que rodearon a la pasada Navidad, en la medida en que el ex-Presidente Carlos Andrés Pérez se acercaba lentamente a su fin, aquí en Venezuela Chávez terminaba de retocar un conjunto muy particular de leyes que efectivamente clausuran la democracia venezolana. Y uno no puede dejar de pensar que la historia le ha jugado una broma macabra al país: Dieciocho años después de aquél golpe, diecisiete después de que las élites se asomaran a aquella inmensa hoguera para atizarla con sus propias brasas, Chávez, ahora Presidente, termina de desarmar la democracia, que cae inerte casi al unísono con la última respiración de CAP. Visto así, este acto de nuestra historia culmina con un desenlace de corte shakesperiano, un final común que nos revela que en aquella pira de 1992-1993 se estaba cocinando algo mucho más grande que la propia figura de CAP, allí se empezó a consumir a fuego lento la propia democracia venezolana.

Pero no se trata de volver aquí sobre aquella conspiración y sus consecuencias. Por el contrario, más allá de la conocidísima trayectoria de Carlos Andrés Pérez, quería repasar y ordenar en mi pensamiento, haciendo uso de la disciplina de la escritura, algunos ratos compartidos con el ex Presidente. En 1995 un grupo de estudiantes de la Maestría del IESA decidimos organizar nuestra tertulia mensual con CAP. Debido a que ya para entonces tenía su casa de Oripoto por cárcel, nos trasladamos hasta allá. Tras tres horas de conversación, ya entrada la noche, el ex Presidente desapareció, dándole paso a su secretario privado Ignacio Betancourt, que nos mostró cortésmente el camino de salida. Una vez en el estacionamiento, decidí volver sobre mis pasos y entrar de nuevo en la Ahumada, ya para entonces vacía. Pasé de una estancia a otra hasta que dí con CAP en una suerte de pequeño comedor. “¿Y usted acaso se va a quedar a dormir aquí?”. Le propuse al ex Presidente que un grupo más pequeño de estudiantes, que hacíamos en IESA la extinta concentración en Políticas Públicas, estábamos interesados en asistir una vez al mes a conversar con él. ¿De qué? De lo que nosotros hacíamos, del país, de la escena internacional, o de lo que fuere, a fin de cuentas CAP era un personaje que se sentía cómodo en cualquier terreno, pero a diferencia de otros, esa comodidad derivaba de su amplio conocimiento de la escena mundial y no de la ignorancia absoluta de su propia ignorancia. “Ustedes serán Master en Políticas Públicas, pero yo soy doctor en ciencias generales”.

En ocasiones a estas reuniones nos acompañaban ex Ministros de CAP o profesores del IESA. Tengo atesorado en mi recuerdo esa rápida de sucesión de imágenes y sonidos, Juan Carlos Navarro, Miguel Rodríguez, Julián Villalba estaban entre los que nos acompañaban habitualmente. A veces en medio de una de esas reuniones entraba Ignacio Betancourt y nos mostraba, entre nervioso y apenado, la salida. En una de esas ocasiones, mientras salíamos por un lado, alcanzamos a ver entrar al escritor mexicano Carlos Fuentes. En todas aquellas visitas que hicimos a la Ahumada en el transcurso de algo más de un año, el rasgo que más me llamó la atención de CAP era su carencia de resentimientos. Miguel, con el carro estacionado en 1993 y los rencores vivos, solía recordarle que ese precisamente era el rasgo que había dado al traste con su Presidencia. La presunción de buena fe lo llevó a renovar la Corte Suprema de Justicia y a nombrar a un conjunto de magistrados que acabarían por ceder a las presiones de las élites. Ese tenderle puentes a gente que consideraba valiosa independientemente de su pasado. El caso más resaltante fue el de Ramón Escovar Salom, a quien CAP nombró Fiscal General a pesar de una vieja rencilla ocurrida durante su primera Presidencia, y quien terminaría por enjuiciarlo para cobrar venganza. Este triste personaje había esperado por esa oportunidad durante casi veinte años, y no la dejó escapar.

Habría muchas cosas más que decir sobre CAP, pero la mayoría ya han sido expresadas durante la última semana por personajes de mayor estatura en todas partes del mundo. Leyendo todas esas reseñas internacionales en el aeropuerto de Barajas me dí cuenta de que hacía muchos años, ya no sabría decir cuantos, que el reconocimiento mundial hacia un personaje de nuestra política no me hacía sentir tan orgulloso de ser venezolano. Gracias a CAP por los buenos momentos. La historia no sólo lo absolverá, sino que además lo reivindicará como uno de los pilares tempranos de una democracia para la que parece que aún no estábamos preparados.

Este artículo es una versión ampliada del publicado en El Universal, 31/12/2010

jueves, 23 de diciembre de 2010

El exilio interior y el regreso a Itaca

Se me ha hecho algo tarde para escribir acerca de las mejores cosas que he leído este año, pero no voy a dejar de hacerlo. Si me perdonan la falta de originalidad, lo mejor que me ha caído en las manos es El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa. El recuento de la vida y aventuras de Roger Casement en Congo y en el Putumayo, y la historia de cómo llegó a desenmascarar ante los ojos del mundo el saqueo, la explotación y el maltrato cruel del rey Leopoldo de Bélgica por un lado, y de las caucheras inglesas por el otro, es un testimonio de lo que puede conseguir un hombre sólo, con apoyo institucional, cierto, pero sólo, con una firme convicción y un sentido de propósito. “El patriotismo es el refugio último de los canallas”.


También me ha impresionado mucho la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami. A partir de un suceso trivial, la vida de Tooru Okada sufre una extraña y profunda transformación. Empiezan a rodearle personajes extraños e improbables. Predomina la existencia de acontecimientos inverosímiles, salidos de una realidad alternativa. Las visiones y los sueños invaden poco a poco su realidad. Y he aquí que, con todas esas limitaciones, el protagonista debe esforzarse por mantener la conciencia y resolver conflictos que ha arrastrado a lo largo de su vida. “La verdad no siempre es real y la realidad no siempre es verdadera”.

Y luego está La Rebelión de los náufragos, de Mirtha Rivero. Voy a ser 100% franco: Este es un libro que aún no he leído. Lo veo venir, como esas personas que apenas se nos acercan y ya sabemos que traen pésimas noticias, como esas veces que uno infantilmente empuja un poco más allá el momento de saber de manera formal, lo que desde hace ya bastante tiempo intuye. Supe de él a través de Miguel Rodríguez, también en el exilio: “Venezuela es un país hecho para castigar el talento”.

Hasta aquí. Una digresión. Pienso en el exilio exterior, el formal, pero también en el otro, el interior, el de aquellos que se van sin llegar a trasladarse. Han sido víctimas de la exclusión, alejados de sus trabajos y cada vez más de la posibilidad de ser útiles, o bien han renunciado a toda forma de participación en los asuntos de interés de la nación. Como decía el poeta José Ramón Medina, pareciera haberse suspendido el caudal de vida y cerrado las compuertas del futuro. Los acontecimientos nos han atropellado. No es el fin. Pienso también en Odiseo. Tras diez largos años ha terminado la guerra de Troya, pero los dioses han dispuesto que pasen otros diez antes de que pueda volver a Itaca. En esa enorme hipérbole, ocurre su vida. Ten siempre a Itaca en tu mente. Llegar allí será tu última meta. Pero no te apresures en el viaje. Es mejor prolongarlo por años, para que cuando ancles tu nave en la isla ya seas viejo y estés rico con lo que habrás ganado en el camino. Itaca te ha regalado ese magnífico viaje. Sin ella nunca te hubieses puesto en marcha. No tiene más nada que ofrecerte. Y si al volver la encuentras pobre, no te habrá defraudado. Seguramente para entonces, la sabiduría y la experiencia que has acumulado, te habrán permitido comprender lo que Itaca realmente significa. Feliz Navidad.

Para El Universal, 24/12/2010

jueves, 16 de diciembre de 2010

¿Llegará algún día el 2012?

Nos ha tomado bastante más que a Aureliano Buendía y Ursula Amaranta darnos cuenta de que nuestra realidad gira en forma circular. La oposición se asoma ahora con curiosidad y cierta excitación infantil a la posibilidad de una victoria electoral en el 2012. Cediendo un poco a las tentaciones de la ingenuidad: ¿Cuál sería el escenario que encontraría? Unas tasas de cambio múltiple, con tres o cuatro bandas y un caos en el sistema de precios. Una inflación artificial, rezagada por los controles y otras distorsiones. Un aparato productivo extenuado, tras más de tres décadas de desinversión y en particular la última en franca destrucción ex profeso. Unas reservas que no alcanzan para respaldar ni la mayor de las tasas de cambio (ya hoy la relación de liquidez a reservas alcanza 9,8 bolívares por dólar). Unas tasas de interés negativas en términos reales, que penalizan el ahorro y estimulan la demanda de dólares o de bienes durables. Y una deuda externa 150% mayor a la de hace doce años.


¿No es ésta circunstancia muy similar a la bomba que puso Jaime Lusinchi en manos de Carlos Andrés Pérez? ¿Y qué ocurrió en aquella ocasión? No se trata de reivindicar a Pérez, como algunos han insistido (defendiéndose) por estos días, sino de tratar de aprender de aquella experiencia y de empezar a trabajar desde ya en evitar un desenlace similar. ¿Y qué quiere decir esto? Por un lado, empezar a armar un gran acuerdo nacional en relación con la necesidad de ciertas políticas. Y por el otro, provocar a Chávez desde la Asamblea (o cruzar los dedos) para que una parte de esas medidas sean adoptadas antes del 2012 y su costo político recaiga sobre él. En la medida en que eso ocurra, la oposición ganará algo de margen de maniobra (el IVA a 15% es un buen ejemplo).

Entiendo que empezar a armar políticas y estructurar acuerdos les puede sonar como muy temprano a algunos (“es que todavía falta mucho y de aquí a allá puede pasar cualquier cosa”), pero se trata de distribuir el trabajo y avanzar en varios frentes. Si la oportunidad llega, el margen de improvisación va a ser mínimo. Chávez sale del gobierno y vuelve a la oposición con al menos un tercio del país detrás de él y unos cuantos miles de millones de dólares en el exterior (que lo respaldan a él, y no a nuestra moneda).

Eso, cerrando el paréntesis de ingenuidad, en el supuesto de que haya elecciones directas en el 2012. No está nada claro. Nuestra circunstancia de hoy tiene un componente muchísimo menor de realidad que cualquier otro escenario alternativo que nos hubiésemos podido imaginar hace algunos años. El nuestro se ha cansado de hacer elecciones. Ya no le sirven. Ahora procura sustituir el sufragio directo por la elección comunal, y que sean los representantes de las comunas quienes elijan a nuestras autoridades. Y la muestra más grande de la impotencia ciudadana han sido las numerosas convocatorias a rezar para que esto no ocurra. Difícilmente haya alguna otra cosa que ilustre mejor la indefensión ante la tiranía. Se nos viene uno de los últimos capítulos. No porque sea el último (los países nunca tienen “último capítulo”), sino porque de escribirse, pasarán unos cuantos años antes de que veamos uno nuevo.

Para El Universal, 17/12/2012

viernes, 10 de diciembre de 2010

Una tarde con Carmelo Lauría

Uno nunca puede saber cuándo es la última vez. Como escribe Javier Marías: “Es que sólo la última vez es la última”. Confieso que es un tema que me obsesiona, que se me hace presente a diario. Nunca sabemos cuándo es la última vez que vemos a alguien, que atravesamos un camino, que entramos o salimos de algún lugar. Esta preocupación acaso sea inútil. Como decía Cesare Pavese: “Uno piensa en cuando era niño: ‘Hubiera jugado más’. Pero si alguien te lo hubiese dicho entonces, no hubieras sabido por dónde empezar”. No siempre es así. A veces la conciencia de la posibilidad de una última vez nos ayuda a aprovechar mejor cada ocasión. Por esa razón, antes de salir de Venezuela, quise visitar a Carmelo Lauría.


Mi idea era, en principio, que hiciéramos una serie de conversaciones sobre su colosal experiencia en la administración pública venezolana. Tenía, en esencia, tres motivaciones. Estaba interesado en escuchar, de primera mano, cuáles eran las circunstancias, las restricciones institucionales y el proceso de decisión colectiva que regía la política económica durante los más de treinta años de su vida pública. Difícilmente alguien mejor capacitado que él. Esto, a su vez, por otra razón. Existe entre nosotros la mala costumbre de achacar las equivocaciones de los demás a su ignorancia, oscurantismo o alevosía (a veces es así, otras no tanto). En el caso de Carmelo, acaso también de Gustavo Tarre, no creo que se pueda decir que así sea. Y, sin embargo, ambos ocuparon posiciones muy importantes en gobiernos que tomaron pésimas decisiones. Por otro lado, me parece triste que seamos un país tan poco propenso a preservar la memoria, ya no sólo de nuestros presidentes (acaso Rómulo Betancourt sea la única excepción), sino también de los hombres públicos en general. No se trataba de una apología, que no le hacía ninguna falta y ninguna gracia, sino de rescatar de sus recuerdos aquellas cosas que puedan ayudar a entendernos mejor como sociedad.

Aunque llevaba ya bastante tiempo luchando con o contra el cáncer, me recibió en la puerta de su casa con esa mezcla de audacia, temeridad y bonhomía que lo caracterizaba. Era un jueves de los últimos de julio, al final de la tarde. Atravesamos una suerte de sala contrahecha, característica de esas casas que resultan de la unión de otras dos, y llegamos al patio. Nos sentamos en unas sillas de hierro. Prendió un cigarro, no sin antes voltear por encima del hombro (lo tendría prohibido). Conversamos un par de horas. Por la grabadora desfilaron los episodios de renegociación de la deuda, los Brady, el Plan IV de SIDOR, el Cristóbal Colón, el Banco de Venezuela, Tinoco, Lusinchi, Caldera y Carlos Andrés Pérez, las visitas de un joven Felipe González que acudía a Venezuela para formarse (léase "aprender de") en Acción Democrática. Era un extraordinario conversador. No eludía el debate, lo apreciaba, pero no cedía parcela. Con el era casi tan fácil conversar de cualquier cosa, como difícil convencerlo de alguna. Me prometió que vendría más adelante, para complementar aquella conversación inicial, tan general, con mayor detalle y de forma más organizada. Su firme voluntad de vivir hacía imposible referencia alguna a la posibilidad de que aquella fuera la última vez. No le dio tiempo para más. Está enterrado en un pedazo de tierra venezolana. Que descanse en paz.

Para El Universal, 10/12/2010

viernes, 3 de diciembre de 2010

La caimanera Europea y las perspectivas del Euro

Uno suele pensar que los tipos de cambio fijo son un reto para países emergentes, más propensos al populismo, a la indisciplina fiscal, a imprimir dinero para financiar el gasto público y endeudarse más allá de lo que es técnicamente saludable. En fin, que no somos buenos salvajes. ¿Y el euro? ¿Acaso la civilización y los años que nos lleva Europa sí son suficientes para evitar estos males?


No ha pasado mucho tiempo (algo más de lo que toma salir de un tipo de cambio fijo en América Latina, cierto, pero no mucho más) para que el euro haya entrado bajo fuego. La cultura es distinta, sí, pero las motivaciones son idénticas. ¿Quiénes están en problemas? Grecia, Portugal, Irlanda, España. Precisamente aquellos países en donde, tras la creación del euro, la inflación tardó más en ceder. Esto apreció desde bien temprano sus monedas, dándoles un poder de compra en el exterior que no tenían a nivel doméstico y que tampoco se correspondía con su productividad en el trabajo. En ese sentido, hay muy poca diferencia entre el boom de viajeros e importaciones argentinas durante la época de la “convertibilidad” y el boom de españoles que uno se ha encontrado en todos estos años viajando por ahí (uno viajaba con dólares de CADIVI y ellos con las contribuciones de los demás miembros de la Unión Europea).

Con un problema adicional. El euro viene a ser una unión monetaria allí en donde no existe unidad fiscal. Esta es una de las ventajas que los vendedores del tipo de cambio fijo promocionan más en sus folletos: La disciplina fiscal es automática. Y la verdad es que no. Ahora, para salvar el Euro, se impone la creación de un ente regional que emita deuda soberana de forma consolidada. Eso equivale a promover una unión fiscal que será mucho más difícil de concretar que la monetaria y está expresamente en contra de los tratados iniciales de la Unión.

¿Y entonces? El panorama Europeo hoy en día parece una de esas buenas caimaneras que se ven en América Latina. Por un lado, Angela Merkel repitiendo que la existencia del euro “ha dejado de ser una cuestión académica” y amenazando con una renegociación de la deuda europea (no se refiere a la de Alemania, está claro). Por el otro, el Presidente del Banco Central Europeo y los ministros de economía de los países que sufren las subidas de tasas de interés cada vez que ella abre la boca, insistiendo en que “hay voceros que declaran fuera de su propio mandato y de su propia responsabilidad”. Y es que si eso ocurre, algunos de sus países se van a ver excluidos de los mercados de deuda, con una moneda apreciada y alto desempleo. Y en ese punto quizás se empiecen a preguntar de qué sirve permanecer en el euro.

Ahora bien, la caída del euro vendría a ser algo así como la mamá de todas las crisis. Pero salvarlo tomará mucho esfuerzo y sacrificio, habrá que deflactar los salarios de la economía (estimulando el desempleo) para que los niveles de precios en esos países vuelvan a ser “normales” en términos relativos. Será lento y doloroso. Toda una lección para los que no estamos en el ojo de este huracán (aunque sí de otros) y debemos pensar en los arreglos de política que habrá que implementar una vez que salgamos de nuestra propia edad media.

Para El Universal, 03/12/2012

viernes, 26 de noviembre de 2010

"Nadie quedará a salvo" (o el paquete de ajuste de Irlanda)

No se trata de una admonición acerca de lo que se nos viene, ni tampoco de una amenaza del líder del colectivo La Piedrita o del Presidente de la República (si a ver vamos, las diferencias son apenas de forma). La frase viene de Brian Cowen, primer ministro de Irlanda, al anunciar el plan de ajustes que abordará esa nación para procurar estabilizar la economía. “Los que puedan pagar más, pagarán más, pero nadie quedará a salvo”.


Hasta hace muy poco Irlanda era el alumno más aventajado de la clase europea. Su relación de deuda a producto interno bruto era de las más bajas de Europa (41%) y sus bonos pagaban un interés de 0,25%. Venía de una década de crecimiento acelerado, con una media anual equivalente al doble de Europa e inversión extranjera directa abundante concentrada en tecnología. Pero al igual que en el resto del mundo, el crecimiento alimentó una burbuja inmobiliaria especulativa por cuya explosión habrá que pagar caro. Los precios de las viviendas por metro cuadrado en Dublín, que llegaron a equipararse con los de Manhattan, Tokio, o Los Ángeles, han caído ya 29% en los últimos tres años. El gobierno irlandés puso primero en marcha un enorme paquete para capitalizar los bancos, pero a comienzos de este año ha tenido que rendirse. Los rescates, en medio de un entorno de pérdida de actividad económica y de confianza, llevaron el déficit fiscal a nada más y nada menos que 32% del PIB. La nacionalización es inevitable.

Después de solicitar la ayuda de la Comunidad Europea, Cowen ha anunciado un drástico paquete que afectará significativamente el bienestar de los irlandeses en los próximos cuatro años. “Vamos a dar unos pasos atrás, para después continuar nuestro camino hacia adelante”. Las medidas incluyen el despido de 25.000 empleados públicos, llevar el IVA de 18% a 23% en cuatro años, ampliar la base del ISLR personal, rebajar los beneficios en 10% a los nuevos pensionistas, y aumentar gradualmente la edad de jubilación. Los impuestos a las empresas se mantendrán en 12,5%, los más bajos de Europa, porque se consideran “la piedra angular de la política de desarrollo industrial”. La Unión Europea, que ya ha armado un paquete de ayuda de 85.000 millones de euros para Irlanda, aún no ha dicho su última palabra.

Cualquiera que sea el retroceso que Irlanda sufra en estos próximos años, no llegará a compensar el crecimiento de 338% en el ingreso por habitante que esta nación ha experimentado en los últimos 20 años. Esa es una cifra que vale la pena recordar a quienes se frotan las manos con Irlanda y la citan como un ejemplo del “fracaso del capitalismo”. ¡Ya quisiéramos nosotros fracasar así!

Si estas medidas van a sacar a Irlanda del atolladero aún está por verse. Muchos piensan que el recorte fiscal sólo ahondará aún más la recesión, y que el tipo de cambio fijo (euro) presagia unos años duros de deflación y caída real de los salarios. Está por verse. Angela Merkel tampoco es que ayude mucho. Ya van dos veces en la semana que pide a los gobiernos “coraje para obligar a los inversionistas privados a compartir las pérdidas en el valor real de la deuda soberana”. ¡Si el nuestro ve esa liana suelta, ¡se cuelga! Acuérdense de mí.

Para El Universal, 26/11/2010

jueves, 18 de noviembre de 2010

El economista frontino venezolano: ¿Una especie en extinción? (o ¿qué hacen los economistas en Venezuela?)

Quería aprovechar la celebración bizantina del día del economista en Venezuela para reflexionar sobre los métodos y méritos de “nuestra degradada e incomprendida profesión” (José Guerra dixit). Unos días atrás me había topado con unas notas de Paul Samuelson tituladas “Mi filosofía de vida: credos políticos y métodos de trabajo” que bien me podía servir de base. Era cuestión de combinar las cosas que más me habían llegado (unas cuantas) con mi propia experiencia en Venezuela. Pero me sucedió algo parecido a Juan Pablo Castel, protagonista de El túnel, de Ernesto Sábato: “Aquél súbito acceso de optimismo no iba a aguantar uno sólo de mis análisis lógicos”.

¿Qué es un economista? Es una persona que se dedica a estudiar, a investigar cuáles son los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades ilimitadas de las personas con un número limitado de recursos. Pero nosotros tenemos un número, no ilimitado, pero sí importante de recursos, y nos empeñamos en hacer lo menos posible con ellos. ¿En qué lugares de Venezuela puede uno vivir de la “investigación” de nuestra economía? ¿En los partidos políticos? No. Nunca tuvieron una estructura así, y tras la eliminación del financiamiento público, la criminalización del externo, y la estatización del aparato privado, languidecen sin fondos suficientes para pagar a los propios políticos (ya no digamos a los economistas). ¿Think-tanks? No tenemos esa tradición y menos aún los recursos. ¿Universidades? Difícil. Cuentan con cada vez menos recursos, distribuidos cada vez más según la afinidad ideológica de los que investigan. Los sueldos se han ido deteriorando, obligando a los economistas a salir a la calle a buscarse la vida. ¿Hay excepciones? Sí. Está el BCV, la CAF, y algunos que siguen investigando, librando una batalla muy personal contra las circunstancias (pienso en Asdrúbal Baptista). Pero son muy pocos.

¿Qué hacemos los demás economistas? Hablar por radio, prensa y TV. Esto podría tener algún valor pedagógico, de no ser porque la enorme polarización nos confina a medios en donde les hablamos a quienes ya piensan como nosotros. Asesoran empresas. Esto supone un conflicto de intereses, porque nos pone ante la incómoda elección de describir la cruda realidad y ganarnos la vida a costa de ahuyentar capitales de Venezuela, o simular que aquí no pasa nada para que no desaparezcan quienes nos pagan. Nos reunimos en cafés, damos conferencias, vamos a los partidos políticos (gratis), escribimos manifiestos… Cualquier cosa que nos haga sentir útiles. En ninguna de estas actividades está presente el estudio o la investigación. La descripción de hechos estilizados no constituye una ciencia (está sí es de Samuelson). Mucho estómago, mucho idea lanzada al vacío, sin red de protección y sin estructura, y eso sí, el “me dijeron en el Ministerio de Finanzas que se viene una…”.

Quizás los economistas, los de verdad, sean una especie en extinción en nuestro país (lo que va quedando es el título en la pared). O a lo mejor no. Acaso el miércoles pasado se haya celebrado el día de todos los venezolanos, de esos que viven a diario desde 1978 resolviendo, de forma empírica, el cómo sobrevivir con cada vez menos.

Para El Universal, 19/11/2010

viernes, 12 de noviembre de 2010

¿Y eso se podía?

Sir Montagu Norman, presidente del Banco Central de Inglaterra entre 1916 y 1944, se encontraba en un trasatlántico cubriendo la ruta de Nueva York a Londres en septiembre de 1931 cuando el gobierno de su país tomó la decisión de abandonar de forma definitiva el patrón oro. Apenas descendió del barco supo la noticia. Yo no sabía que podíamos hacer eso. La sucesión de eventos que han tenido lugar en las últimas semanas en Venezuela me ha traído a la memoria este episodio. A pesar de que ya tenemos años recibiendo noticias impensables todos los días, todavía hay cosas que nos toman por sorpresa. El set de eventos que seguimos considerando impensables se continúa reduciendo, y aún así nuestra capacidad de reacción continúa evaluando las cosas como si toda la secuencia se fuese a detener allí, y el status quo actual fuese a prevalecer de aquí en adelante. En estas últimas dos semanas se han violado algunos de los supuestos básicos: se ha ocupado un conjunto de complejos residenciales privados que estaban en desarrollo (algunos muy cerca de su culminación), y para evitar una reacción rápida de los constructores y propietarios se ha ordenado a los registros no procesar la compraventa de los inmuebles a los que le han puesto el ojo.


Es impresionante cuán fácil resultó todo esto. ¡Con ordenar a los cubanos de nuestros registros que suspendan el procesamiento del protocolo de compraventa es suficiente! Para nosotros, acostumbrados durante tanto tiempo a la existencia de algún tipo de mercado, pensar fuera de nuestra caja, imaginar cómo sería un mundo en donde no podemos comprar y vender nuestros inmuebles es muy difícil. ¿Y ahora qué? Como los cuadros esos en tres dimensiones: una vez que ves la forma ya no la puedes dejar de ver. Basta darse una vuelta por el Paseo del Prado en La Habana para entender cómo funcionará (cuando alcance su máxima expresión). Quienes poseen una vivienda tienen derecho al disfrute de uso, no de disposición. Si se quieren mudar, o la quieren cambiar por una más pequeña, o quieren disponer de ella de alguna manera, tienen que conseguir a alguien que tenga exactamente la necesidad inversa. Eso se hace en el Paseo del Prado: allí se grita a viva voz lo que se quiere cambiar, hasta que aparecen las contrapartes. Puede tomar meses. Una vez logrado, ambas partes se dirigen a un registro que autoriza el canje.

La premisa es que cualquier cosa puede suceder, y mucho más en nuestro caso. Siendo así, en lugar de contratar gente (como yo) que nos ayude a ver mejor el futuro, deberíamos invertir en hacernos menos vulnerables. Los costos de esa decisión podrían ser grandes, pero no sé si mayores que los de una confiscación. Oigo a muchos consultores por ahí venderle a las empresas que los contratan, que si se quedan el premio será grande. Es difícil mantener la honestidad intelectual cuando se le habla al que nos da de comer. Y también es difícil escoger entre una recomendación como consultor y las implicaciones de esa decisión en términos del país en donde uno quiere vivir. Las líneas son muy tenues, y los conflictos de intereses muy visibles.

Para El Universal, 12/11/2010

jueves, 4 de noviembre de 2010

Hubiera preferido la otra muerte

No recuerdo haber visto u oído en todos estos años aciagos ningún artículo u opinión sobre los efectos que tuvo para la república la interrupción del período presidencial de Carlos Andrés Pérez a sólo siete meses de su culminación. Esto se me antoja como una señal que arroja luces sobre algunas características de nuestra sociedad y de nuestro tiempo. Primero, acaso sea una prueba de que en efecto nos hemos dejado convencer de que Venezuela se inauguró con Chávez, y nada de lo que existía antes merece la pena reflexión alguna (nos da vergüenza decir algo bueno sobre aquella época). Segundo, es consecuencia del silencio que muchos de los que participaron en aquél denodado esfuerzo por sacar a Pérez y reivindicar a los golpistas de 1992, se ven obligados a guardar. Podría ser una evidencia más de nuestra vocación antipolítica y quizás también de nuestra obsesión con el presente, de esa necesidad infantil de reinventarnos todos los días.

Por estos días he dado con una copia del último discurso de Pérez en aquél mayo de 1993. Me parece una lectura obligada que resalta los contrastes entre aquellos días, que en su momento muchos imaginamos como los peores, y éstos, los de nuestra extraviada cotidianeidad. Hay allí cosas que indican que Pérez estaba mucho más claro que muchos acerca de los males que nos aquejaban y de lo que se nos vendría encima: “Ha revivido con fuerza indudable un espíritu inquisitorial y destructor que no conoce límites a la aniquilación, sea moral o política, que no desaparecerá porque se cobre una víctima propiciatoria”.

Ahora que lo vuelvo a leer, la parte que más me ha impresionado es aquella en donde describe la improbable asociación que se conformó para sacarlo del poder. “Nunca una coalición fue tan disímil. Cuando se retratan en grupo aparecen señalados con definiciones precisas de diversas etapas de la lucha política de los últimos cincuenta años. Rostros de derrotados o frustrados que regresan como fantasmas, predicando promesas mágicas de resurrección”. Basta con mirar el disímil destino que ha caído sobre sus integrantes para hacerse una idea de su variedad. Para algunos, el crimen trajo el castigo: han sido perseguidos y en algunos casos expropiados. Otros han pactado con Chávez de forma vergonzosa, para mantener sus parcelas económicas. Algunos murieron políticamente (aunque siguen en la oposición), mientras otros alcanzaron en el poder.

Creo que él nunca imaginó que la miseria de quienes le sucedieron lo reivindicaría a diario como demócrata. Basta con leer su renuncia, con considerar a la luz de hoy en día la posibilidad de que el Fiscal obligue al Presidente a renunciar, y éste se someta al dictamen y de un paso al costado. “He soportado de todo con la firme convicción de que, en democracia, siempre son preferibles los abusos de la oposición que los del gobierno”. Muchos de los que se empeñaron en derrocarlo, como me dijo alguien en estos días, no se daban cuenta de que serruchaban el piso en donde estaban parados. Pero ese era el espíritu de aquél tiempo, el linchamiento, el sacarle partido político a los golpes de 1992. “Hemos cambiado poco”. En ese vano afán se llevaron consigo a la democracia venezolana.

Para El Universal, 05/11/2010

viernes, 29 de octubre de 2010

Ultimo discurso de Carlos Andrés Pérez como Presidente de Venezuela, 20 de mayo de 1993

Abajo el último discurso de Carlos Andrés Pérez como Presidente de Venezuela. Ayer el ex-Presidente cumplió 88 años. Creo que él nunca imaginó que la miseria de quienes le sucedieron lo reivindicaría a diario como verdadero demócrata. Hay muchas cosas aquí que indican que CAP estaba mucho más claro que muchos, en relación a lo que entonces se nos venía encima. Muchos de los que se empeñaron en sacarlo de la Presidencia a siete meses de culminar su período, y reivindicar a los golpistas de Febrero y Noviembre de 1992, hoy en día son perseguidos por el gobierno de Chávez. Otros han pactado con Chávez, otros han muerto, y aún un grupo está instalado en el gobierno. Hoy en día resulta casi imposible que todos estos personajes en algún momento hicieran una disímil coalición para dar al traste con su Presidencia. En su terco empeño se llevaron consigo a la democracia venezolana.

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Me dirijo a mis compatriotas en uno de los momento más críticos de la historia del país y de los más difíciles de mi carrera de hombre público.  Debo confesar que pese a toda mi experiencia y al conocimiento de la dramática historia política de Venezuela, jamás pensé que las pasiones personales o políticas pudieran desbordarse de manera semejante y que ya Venezuela podía mirar hacia atrás sin el temor a los incesantes desvaríos de la violencia tan comunes en nuestro proceso histórico.

Ha cambiado poco nuestra idiosincrasia. Nuestra manera cruel de combatir sin cuartel. Ha revivido con fuerza indudable un espíritu inquisitorial y destructor que no conoce límites a la aniquilación, sea moral o política. Reconozco con inmenso dolor esta realidad y no solo porque yo sea el objetivo de los mayores enconos, a quien se le declara la guerra y se le quiere conducir al patíbulo, sino porque este es un síntoma y un signo de extrema gravedad, de algo que no desaparecerá de la escena política porque simplemente se cobre una víctima propiciatoria. Esta situación seguirá afectando, de manera dramática, al país en los próximos años.

Yo represento una larga historia política. Una historia que arranca a partir de la muerte de Juan Vicente Gómez y de los primeros gobiernos que sucedieron a la dictadura que demoró por tantas décadas nuestra presencia en el siglo XX. Formé parte de los jóvenes que en 1945 se lanzaron temerariamente a transformar el país. Derrocado Rómulo Gallegos, asumimos todos los riesgos para recuperar para Venezuela su libertad y su dignidad de pueblo libre. Formé parte de quienes desde 1958 combatieron con mayor denuedo por la democracia, contra la subversión que en esos duros años puso en jaque nuestras nacientes instituciones democráticas. En el camino dejamos muchos adversarios vencidos, pero jamás humillados, por el contrario, se les tendió la mano franca cada vez que fue preciso.

Como no soy un acumulador de resentimientos, me equivoqué al suponer que todos actuábamos así y que las diferencias y los duelos políticos nunca serían duelos a muerte. Supuse que la política venezolana se había civilizado y que el rencor y los odios personales no determinarían su curso. Me equivoqué. Hoy lo constatamos.Pido a mis compatriotas que entiendan estas reflexiones no como expresión nostálgica o dolida de quien se siente vencido o derrotado. No. Ni vencido ni derrotado. Mis palabras son una convocatoria a la reflexión de mis compatriotas sobre los duros tiempos que nos esperan y un llamado a los líderes políticos, a los responsables de los medios de comunicación, para que mediten y adecúen su conducta a la gravedad del momento que vivimos. Ojalá que nos sirva la lección de esta crisis. Que se inicie una rectificación nacional de las conductas que nos precipitan a impredecibles situaciones de consecuencias dramáticas para la economía del país y para la propia vigencia de la democracia que tantos sacrificios ha costado a nuestro pueblo.

Como Presidente de la República, antes y ahora, he actuado con mesura y con abierto ánimo de conciliación. No he perseguido a nadie. A nadie he hostilizado. Sin embargo, contra nadie se ha desatado una campaña sistemática, larga y obsesiva, como se ha ensañado contra mí y contra mi gobierno. La he soportado con la convicción de que en las democracias son siempre preferibles los abusos de la oposición que los abusos del gobierno. Los adversarios que quedaron en el camino y los enconos de las luchas políticas pasadas se fueron uniendo poco a poco y todos fueron resucitando agravios que parecían olvidados. Así se ha formado la coalición que tiene en zozobra al país, articulados en esta confabulación que nos abruma. Nunca una coalición fue tan disímil. Cuando se retratan en grupo aparecen señalados con definiciones precisas de diversas etapas de la lucha política de, los últimos cincuenta años. Rostros de derrotados o frustrados que regresan como fantasmas o como espectros, predicando promesas mágicas de resurrección.

Es como la rebelión de los náufragos políticos de las últimas cinco décadas. Los rezagos de la subversión de los años 60. Con nuevos reclutas. Los derrotados en las intentonas subversivas del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992 se incorporan a la abigarrada legión de causahabientes. Todos los matices, todas las ambiciones y todas las frustraciones juntas de repente. Me resisto a imaginarme a Venezuela en febrero de 1994, cuando los profetas de tan engañosas promesas tengan que enfrentar la realidad del país, en medio de una pugna imaginable, ésta sí, por sus cuotas de poder.

Me siento orgulloso de lo que, acompañado por mis colaboradores a lo largo de mi gobierno, y por la digna y leal conducta de las Fuerzas Armadas, hemos logrado hacer para darle rumbo moderno y definitivo al Estado venezolano. Al propio tiempo que siento la angustia y la pena por la crisis que inevitablemente ha acompañado al proceso de reformas que emprendimos, porque este Gobierno que presidía ha dado contribución decisiva para escribir nuestra historia contemporánea. Historia sencilla, que arranca esta vez, desde 1 989, cuando debimos acometer esta serie de reformas profundas, tanto políticas como económicas.

Puse todo empeño en las reformas políticas. Y así comenzamos por convertir la Presidencia de la República de un poder absoluto a un poder moderado. Cuatro partidos políticos comparten o han compartido el poder a lo largo de este período presidencial. Dos elecciones de gobernadores y de alcaldes han tenido lugar en cuatro años. Reclamo un protagonismo especial en este proceso de reformas que se orientó hacia el logro de la democratización del poder y de una participación nacional inequívoca.

A la par de las reformas política se emprendieron las reformas económicas. Ya no era posible el estatismo, porque el Estado macrocefálico había llegado a su fin. La armonía social financiada de manera ilimitada por el petróleo llegó a su fin. Fue una decisión que requirió voluntad y coraje, no fue fácil, porque implicaba un cambio de rumbo en una historia de un país petrolero de cincuenta años de deformaciones. Asumí la impopularidad de esta tarea. Tenía una alternativa quizás distinta: porfiar hasta el final y comprometer los recursos del Estado, extremando la falsa armonía social. Pero los resultados habrían sido catastróficos. Hemos puesto a Venezuela, con esas reformas económicas y comerciales, en sintonía con lo que ocurre en el mundo y también en nuestra propia región de América Latina.

Nuestra economía, para sorpresa de analistas, creció de manera notable en medio, incluso, de tiempos adversos como los de 1992, cuando se atentó de manera pertinaz contra las instituciones democráticas y contra la estabilidad del régimen, y, desde luego, contra el Presidente de la República, en primer término. El Pacto Andino se hizo posible gracias a estas decisiones que dieron rumbo moderno a nuestra economía. El país tendrá que conocer a plenitud, despojada la realidad de toda esta repudiable campaña de mentiras, calumnias y deformación de la verdad, el claro perfil del proceso que hemos vivido en estos años.

Fue en 1992 que brotó la soterrada conspiración civil, que aprovechó astutamente la conmoción producida por la felonía de los militares golpistas. La misma conspiración de hoy que recurre a otros métodos, porque se agotaron todos los demás, desde la metralla y el bombardeo implacable hasta la muerte moral. Si no abrigara tanta convicción en la transparencia de mi conducta que jamás manchará mi historia, y en la seguridad del veredicto final de justicia, no tengo inconveniente en confesar que hubiera preferido la otra muerte.

Ninguna conspiración, ninguna confabulación por variada y poderosa que sea, ninguna conjura, me arrancarán del alma del pueblo venezolano. Para él he vivido, por él he luchado de manera denodada. Por él continuaré luchando. Más temprano que tarde comprenderán que he actuado con la conciencia más cabal y más plena de que opté por el camino más conveniente. El futuro dirá, y lo dirá muy pronto, si he actuado con razón, si hemos interpretado correctamente el momento y las circunstancias del país.

Jamás he presumido de hombre o de político infalible. Innumerables pueden haber sido mis errores de buena fe, pero, en el balance de una vida política larga y apasionada, estoy persuadido de que se reconocerá mi contribución con equidad y con justicia. Repito lo que ayer dije, el país contempló estupefacto cómo se ejercieron sobre los magistrados del alto tribunal las más desembozadas presiones.

Estas son, compatriotas, manifestaciones de una actitud que ha perdido hasta las normas del recato para lanzarse abiertamente por el camino de las presiones ejercidas sin medir las consecuencias institucionales que tales actitudes comportan. No me perdonan que haya sido dos veces Presidente por aclamación popular. No me perdonan que sea parte consubstancial de la historia venezolana de este medio siglo. No me perdonan que haya enfrentado todos los avatares para salir victorioso de ellos. No se me perdonan ni mis errores ni mis aciertos. Pero aquí estoy: entero y dedicado a Venezuela. Consagrado con pasión hoy, como ayer, al servicio de los venezolanos. De todos. De los que me apoyan, de los que me adversan y de los que tienen duda. Aquí estoy.

En el día de hoy, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, reunidos en Sala Plena, encontraron méritos para enjuiciar al Presidente de la República y a los ex ministros Alejandro Izaguirre y Reinaldo Figueredo. El pasado 9 de marzo, en mensaje dirigido a la nación, expliqué minuciosamente la forma y las razones por las cuales se tramitó esa rectificación presupuestaria de 250 millones de bolívares, con cargo a los servicios de inteligencia y seguridad del Estado. Fue una explicación precisa y clara. Nada tengo que rectificar o agregar a lo que allí dije. Y una vez más quiero dejar constancia de que no hubo delito alguno. Y jamás podrá presentarse, tampoco, prueba que ponga en tela de juicio la conducta del Ministro de Relaciones Interiores que tuvo a su cargo el manejo de esa partida, como del Ministro de la Secretaría que no tuvo ninguna injerencia en su manejo.

Me dirijo hoy a todos mis compatriotas y a todos los extranjeros que han hecho de Venezuela su patria. Quien como yo, que ha dedicado su vida entera a la conquista, defensa y consolidación de la democracia, no tiene que ratificar que acato esta decisión de la Corte Suprema de justicia. No la juzgo. Será la historia —implacable en su veredicto— la que lo hará más adelante. Y la acato, porque asumo mi responsabilidad como Presidente, como poder y como venezolano. Del mismo modo que tendrán que asumir la suya quienes han conducido al país a esta encrucijada dramática de su historia.

Lo que más me duele es que esta decisión de la Corte Suprema de justicia se produce en el mismo momento en que el país se enrumba positiva y francamente hacia su recuperación política y económica. En lo político, los venezolanos han escogido sus candidatos presidenciales para así cumplir con la renovación democrática de la conducción de la jefatura del Estado. Un aire de satisfacción se respira, hasta este momento, de plena normalización de la vida institucional. En lo económico, comienzan a confirmarse con nitidez los avances sustanciales en el proceso de recuperación productiva después de los inmensos sacrificios que hemos hecho todos para modernizar la economía nacional.

Estábamos viviendo un período de franca tranquilidad que expresaba el apaciguamiento de las tensiones experimentadas por el país desde el año pasado. La decisión de la Corte Suprema de Justicia cambia radicalmente este cuadro.

Ratifico ante mis compatriotas que no he incurrido ni en éste, ni en ningún otro caso, en manejos ilícitos, impropios o irregulares. No me he enriquecido jamás. Mi ambición siempre ha sido contribuir con mi esfuerzo a perfilar un rumbo moderno y promisorio para Venezuela.

De mí se han dicho y se dicen muchas cosas. Se podrán decir todas las que se quieran en el terreno político. Esta es la práctica de una democracia activa y vigorosa. Pero nunca, podrá decirse que me he aprovechado en términos personales de las posiciones que he ocupado por voluntad del pueblo. Tampoco nadie me podrá enrostrar que he propiciado, estimulado o provocado la comisión de hechos ilícitos.

El dinero de la partida secreta, por el cual la Corte Suprema de justicia ha acordado el enjuiciamiento del Presidente de la República, en este y en todos los casos, ha sido utilizado de acuerdo a las disposiciones que la ley prevé. Ahora nos enfrentamos al juicio. No solicitaré de los señores senadores que anulen la decisión de la Corte Suprema de justicia. Sino que les pido reflexionar sobre la insólita e innoble crisis que ahora se le abre al país con la decisión de una Corte que debemos respetar y acatar pero que crea el insólito precedente de actuar como un organismo político que desatiende sus nobles y altos cometidos de darle majestad a la justicia.

Allí iniciaré una nueva etapa de mi vida política que nunca ha dado tregua a sus afanes. Allí anunciaré que más allá de asumir mis enteras responsabilidades en el juicio que se me inicia, me lanzaré al rescate del sentimiento popular. No me defenderé porque no tengo nada de que defenderme. No me agrediré porque no he envilecido nunca el debate político ni con el insulto ni con la calumnia. Tal como lo establece la Constitución Nacional, procederé inmediatamente a entregarle el cargo al Presidente del Congreso, con el fin de que el Parlamento proceda a designar a la brevedad posible a quien ha de encargarse de la Presidencia, mientras se decida el juicio contra el Presidente de la República.

Convoco a las fuerzas políticas, económicas, institucionales y sociales, a los medios de comunicación y a todos los venezolanos, a unirse alrededor del encargado de la Presidencia de la República que designe el Congreso para superar este momento aciago. Mi pasión, mi interés, el incansable quehacer que me ha caracterizado y el coraje que he demostrado en los momentos más difíciles siempre han estado al servicio de Venezuela. A lo largo de toda mi vida, desde que era apenas un adolescente, he consagrado mi existencia a los grandes intereses de nuestro pueblo. A Ustedes he consagrado mi destino.

Quiera Dios que quienes han creado este conflicto absurdo no tengan motivos para arrepentirse.

El tren se va

El Fondo Monetario Internacional presentó hace unos días en Washington su Informe de Perspectivas Mundiales. En términos generales la conclusión es esperanzadora: Entre 2001-2010 los países menos desarrollados crecieron a tasas mucho más altas que los más desarrollados, con lo que se redujo en alguna medida la enorme brecha que separa a unos de otros. Esta realidad ha venido a reivindicar las teorías clásicas de crecimiento económico, y muy particularmente la del nunca bien ponderado Robert Solow. Según Solow, dado que el capital tiene rendimientos mayores en países menos desarrollados, los desplazamientos de un lado a otro tenderían en el largo plazo a equilibrar los niveles de ingreso. De ser así, quizás en la segunda década del nuevo milenio veamos todavía más convergencia, con los capitales huyendo del ciclo de recesión y deflación al que se han ido deslizando los Estados Unidos y Europa, y buscando resguardo en los mercados emergentes.


¿Cómo queda Venezuela dentro de todo este concierto? El informe reporta que ha crecido en los últimos diez años 34,8%, lo que equivale a 3,0% anual. Dado que nuestra población crece a una tasa anual de 1,7%, el ingreso promedio ha crecido 1,3% en cada año. Nada mal, ¿no? Depende. La década que culmina este año ha sido, junto con el gran boom petrolero de los años setenta, una de las más favorables. Pero no sólo es eso. El endeudamiento externo de Venezuela (documentado) ha crecido en más de 100%, ya sea en dólares reales o como porcentaje del tamaño de nuestra economía. Aún así, somos el país de la OPEP de menor crecimiento. Los demás miembros crecieron en promedio 74,5%, algo así como 5,3% anual, prácticamente el doble que nosotros.

Hay más. Durante el próximo quinquenio (2011-2015) Venezuela estará entre las tres economías de más bajo crecimiento en el mundo, junto con Italia y Portugal. Según el pronóstico, nuestro país crecería 5,8% en cinco años, o 1,1% anual, poco más de la mitad del crecimiento poblacional.

Aunque estas cifras son suficientemente dramáticas, es muy probable que el informe haya sido demasiado benevolente con Venezuela. El PIB estimado para 2010 es de 285.214 millones de dólares. Esta cifra duplica los estimados más conservadores de nuestra magnitud. ¿Por qué? Y bueno, aquí vamos. Según mis números de pulpería, el FMI ha hecho los números de la producción venezolana a una tasa aproximada de 3,5 BSF/US$. En el fondo, parte del caos nuestro es que no tenemos ni idea de cuál es la tasa de cambio relevante para el conjunto de nuestra economía, pero se puede decir con cierto grado de certeza que 3,5 no es. Una tasa de cambio más razonable podría lanzar a nuestra economía al sótano de las estadísticas del FMI (a hacerle compañía a Italia, Portugal y Haití). En cualquier caso, es una realidad como un sol y no se puede tapar con un dedo. Si en algo todos están de acuerdo con el polémico modelo de Solow, es que sin inversión de capital no puede haber crecimiento. Y nosotros no hacemos sino asistir al espectáculo diario de la destrucción del capital, de la aniquilación de toda la acumulación de esfuerzos y capacidades que la nación se fue haciendo, mal que bien, con el paso de los años.

Para El Universal, 28/10/2010

viernes, 22 de octubre de 2010

Association Barou Au País Dogon

Junto con nuestro amigo Ogomano Sayeh, hemos establecido una fundación en Mali "Association Barou Au País Dogon". Es un pequeño proyecto de ayuda que tenemos en el Dogon Country, particularmente en la Villa de Tireli. Los fondos bajan directo al Hogon (líder espiritual) de la villa, que los distribuye de acuerdo con un plan previo entre: Materiales para la escuela de Tireli, sacos de fertilizante para aprovechar mejor los períodos de siembra, y bombas de agua para hacer más eficientes la villas. Estas pequeñas cosas hacen una tremenda diferencia! Y no hay burocracia in-between! Anexo un par de fotos del colegio, del director del colegio recibiendo los materiales (los lentes también forman parte del envío!) y de una de las bombas de agua que se adquirieron! Cualquier donación es buena! (como referencia, una bolsa de fertilizante cuesta 78 dólares, y una bomba de agua 580). Si estás interesado en participar déjamelo saber.




La dolarización: El reto de la blancura

Entiendo que el tema viene algo off-hand para lo que está pasando en Venezuela hoy en día, pero he recibido muchos e-mails y comentarios acerca de las posibilidades de dolarizar la economía venezolana, no bajo Chávez, sino como medida conveniente en otros tiempos. De vez en cuando no está de más salirse del terreno de la caimanera diaria (la cascarita, como dirían los mexicanos) sobre el robo, la corrupción, la deuda, la destrucción de la inversión, y pensar en los arreglos de política que nos podrían venir bien (o mal!) en el futuro. Como siempre dice mi amigo Marino González, suponiendo siempre que los que llegan al gobierno son "gente buena". Aquí les va.

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“¿Tú quieres ganar en bolívares o en dólares? Este argumento del tipo “¿tu quieres ver cómo desmancho tu ropa dejándola limpiecita en cinco segundos?” suele estar presente en todas las discusiones sobre los méritos de dolarizar o no la economía venezolana. Claro, así luce muy atractivo. ¿Cómo funcionaría esto?
Cuando un país dolariza, recoge toda su moneda local a cierta tasa de cambio. Esa tasa debe estar cerca de la relación liquidez a reservas, hoy en día 8.9 bolívares por dólar. A partir de ahí, para aumentar el circulante hay que exportar más, recibir más inversión o endeudarnos más. Ahora bien, la volatilidad de nuestras exportaciones es fenomenal. Ya sea calculada en términos reales o nominales, en períodos de 20-40 años, la volatilidad nunca es menor a 50%. Esto es, podemos exportar un año $30.000 millones y el próximo cualquier cosa entre 15.000 y 45.000 (o peor). La dolarización trasmitiría toda esa volatilidad a la economía. ¿Subió el precio del petróleo? Se viene un río de divisas. ¿Bajó? No aparece el circulante por ningún lado. ¿Y si se dolariza y se crea un fondo de estabilización? Ya eso se parece bastante a un banco central (a uno de verdad, no al nuestro de por estos días).
Al contrario de lo que pregonan las cuñas de la dolarización, la inflación no converge de forma inmediata (y en algunos casos nunca converge del todo) con la de Estados Unidos. Eso hace que las cosas a nivel local se hagan más caras y pone presión sobre la cuenta corriente (menos exportaciones, más importaciones). Esa brecha es imposible de corregir a través de mayor productividad local. La única forma de sostenerla es vía deuda. La apuesta es que la mayor credibilidad va a atraer tanta inversión y a generar tanto crecimiento, que los males descritos aquí serían menores. Y la verdad es que aunque al comienzo se observa mayor crecimiento y menor inflación, se hace muy cuesta arriba mantener esa “afluencia” a punta de deuda.
Cuando, tras la primera guerra mundial, muchos países decidieron retomar el patrón oro, algunos lo hicieron a las paridades pre-guerra (Inglaterra, a costa de un enorme sacrificio: deflación y desempleo), mientras otros prefirieron devaluar (Francia). El mercado premió a estos últimos: ese era un compromiso de cumplimiento más probable. El tiempo les dio la razón. Desde entonces la evidencia es amplia: Los mercados no premian a países que adoptan compromisos draconianos, de baja probabilidad de cumplimiento en el mediano plazo.
La dolarización obliga al gobierno a renunciar a la política monetaria y a hacer outsourcing en Estados Unidos. Esto también suena muy atractivo: “¿Tu prefieres a Bernanke o a Merentes?”. El problema está en que, por un lado, el dólar se está devaluando, y por el otro, Bernanke decide la política según las necesidades de Estados Unidos (aunque por estos días uno nunca está seguro), no de las nuestras. La dolarización presupone que el gobierno es por definición incapaz. Siendo así, es mejor quitarle el monopolio de imprimir dinero. Y la verdad es que, si el gobierno es incapaz, jamás va a decidir ponerse esa camisa de fuerza. Y si lo hace, alguna capacidad tiene. En definitiva: no hay atajos. ¡A fregar!

Para El Universal, 22/10/2010

viernes, 15 de octubre de 2010

Esta vez es diferente

Aunque cada vez que ocurren grandes crisis financieras uno escucha que son fenómenos impredecibles que ocurren “una vez cada cien años”, en realidad no es así. Son bastante más frecuentes y aunque no del todo predecibles, es posible diseñar un sistema de indicadores que provea alertas tempranas. Esa es la conclusión de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhardt en “Esta vez es diferente” (This time is different, Princeton University Press, 2009). Los autores estudian los episodios de crisis cambiarias, inflación, defaults y financieras que han ocurrido en el mundo en ochocientos años (de particular interés es cuando todas se presentan juntas y los mecanismos de transmisión). Aunque muchos países han conseguido “graduarse” y superar las primeras tres, las crisis financieras son persistentes, y sus consecuencias muy similares entre países desarrollados y sub-desarrollados. Esta es una de las conclusiones más contra-intuitivas, pues cabría esperar que la calidad de las instituciones y las regulaciones típicas del desarrollo provean mejores antídotos contra crisis financieras. No ocurre así.
La naturaleza de la macro-tarea que se proponen las autores obliga a hacer algunas generalizaciones. En ninguna de esas sale Venezuela favorecida. Según el criterio para identificar una crisis de inflación (variación de precios superior a 20%), Venezuela ha estado en crisis en tres de cada cuatro años durante las dos últimas décadas. Según el criterio que define una crisis cambiaria (devaluación o depreciación mayor a 15%) calificamos entre nueve y once de los últimos veinte años. En default (la falla del gobierno para cumplir con un pago de intereses en la fecha acordada) también quedamos mal parados. “Hasta Venezuela, el campeón del default de la era moderna con diez episodios desde su independencia, todavía promedia 18 años entre cada default”. Nuestro país se encuentra caracterizado en eso que los autores llaman “baja tolerancia a la deuda”: países mucho menos endeudados en términos relativos (% del PIB), que caen en default con mayor frecuencia. Tenemos una combinación peligrosa: Pésima calificación de riesgo y niveles de deuda/PIB mayores a 35%. Sacamos todos los números de la rifa.
En términos de lecciones de política me gustaría resaltar dos. De acuerdo con Rogoff-Reinhardt, los países con tipo de cambio flexible, cuyos bancos centrales no están obligados a mantenerse “pegados” a otra moneda o defender un tipo de cambio fijo, tienen mejor capacidad de respuesta y tienden a superar las crisis más rápido. La segunda: La liberalización del mercado de capitales está asociada con una mayor probabilidad de ocurrencia de crisis financieras. Y es que los flujos de capitales terminan acentuando la naturaleza pro-cíclica de las políticas de muchos países en desarrollo. En este sentido, parece mucho más sensato un sistema de penalización a los movimientos de capitales de largo plazo, como el que ha prevalecido en Chile durante ya algún tiempo. Lo demás es conocido: Es necesaria una mayor transparencia y una mejor supervisión (tampoco salimos bien aquí). Buena lectura, y buenas ideas para cuando se trate de crecer y desarrollarnos, y no de destruirnos a nosotros mismos.

Para El Universal, 15/10/2010

jueves, 7 de octubre de 2010

La crisis de los cuarenta (a los doce)

No fue necesario esperar mucho tiempo para conocer la reacción del Presidente ante los resultados electorales del 26S. En poco más de diez días ha quedado claro: No tiene sentido volver al pragmatismo. Seguramente le parece increíble que, tras doce años de gobierno, aún no haya conseguido implantar de forma definitiva su proyecto socialista. ¡Cuánto tiempo perdido! Así, el poder vive su versión muy particular de la crisis de los cuarenta: Empieza la cuenta regresiva, las urgencias, ahora quiere hacer en apenas unos meses lo que no ha sido capaz de hacer en doce años.
Es posible que éste ritmo frenético de confiscaciones (no son expropiaciones, no habrá compensación, ni previa ni oportuna), nuevas leyes, llamadas a las milicias, toda la colosal avanzada socialista, no se mantenga hasta el 2012. Quizás unos meses antes de esa elección Hulk se convierta de nuevo en David Banner. ¡Qué frustración Presidente! ¡Qué difícil empujar una revolución socialista, teniendo que parar cada tanto a repartir electrodomésticos, neveras, lavadoras, secadoras, y hasta tarjetas de crédito! ¡Qué delicado es ese balance entre el látigo y la zanahoria! ¿Es que acaso no son capaces de ver las ventajas del socialismo por sí mismos?
Es curioso que el Presidente, tan perspicaz para otras cosas, no le haya pedido aún a Edmond Saade ese grafiquito en donde aparece el consumo per cápita y su popularidad en el eje vertical (hacen falta dos ejes verticales, eso sí) y el tiempo en el eje horizontal. La correlación es asombrosa. El Chávez invencible corresponde a ese período de bonanza petrolera en donde el consumo por habitante alcanzó unas cotas sin precedentes desde “la Gran Venezuela”. Aún hoy, tras haber caído 4.9% en 2009 y otro 5.7% en el primer semestre 2010 (anualizado), el consumo privado por habitante es 38% mayor que en 1998.
Quizás sí está al tanto, pero se impone su corazoncito socialista. Uno no sabe si se impone por convicción, o porque incidentalmente es la única forma de hacer viable su Presidencia vitalicia. Acaso oyó a Oscar Arias decir, en una Cumbre de las Américas, que los líderes no estaban para decirle a la gente lo que quería oír, sino para convencer, para persuadir. Y puso manos a la obra. Pero hace ya unos cuantos años de eso, y la verdad muy pocos, cada vez menos, lucen persuadidos. La bonanza se acabó, y tampoco es posible endeudarse hasta el infinito (aunque están esforzándose).
La producción por habitante en el primer semestre de 2010 fue 1.1% inferior a la de 1998. ¡Doce años perdidos! Doce años en los que América Latina creció (y sigue creciendo) de forma acelerada y acabó la inflación. Pero el nuestro sigue en sus trece. La aceleración de la destrucción productiva se traerá a rastras al consumo, y con él a su popularidad. El país se aproxima a una especie de “confrontación final”. Una vez allí, o no hay más elecciones, o corre un altísimo riesgo de perderlas. En el camino podría tratar de sacarse de la manga una nueva apertura petrolera, a vender lo que sea, con tal de salvar el escollo del 2012. Pero hasta para eso se está haciendo tarde. Para ese desenlace sí vamos a tener que esperar un poco más.

Para El Universal, 08/10/2010

A video interview of Paul Krugman on America’s Fiscal Choices: Strengthening the Economy and Building for the Future

The Center on Budget and Policy Priorities, The Century Foundation, Demos and The Economic Policy Institute held a conference on October 5, 2010 with some of the nation's leading thinkers to discuss the critical economic choices and challenges confronting the nation. Panelists included Paul Krugman, and represented a range of perspectives on how to facilitate economic growth, spur public investment and reduce the national debt.

viernes, 1 de octubre de 2010

¿Qué nos dejó el 26S?

Desde 2007 han ocurrido cuatro elecciones. Dos de ellas se perdieron por márgenes relativamente pequeños: el referéndum por la reelección indefinida (54%-46%) y las de gobernadores y alcaldes (53%-47%). En las otras dos, el referéndum constitucional de 2007 y el pasado domingo, la oposición superó al gobierno en número de votos. Hasta hace poco, ésta era una tarea ciclópea que se nos antojaba algo menos que imposible.
¿Qué ha cambiado? Es difícil no hacer una correlación entre la incorporación del movimiento estudiantil a la política en 2007 y la primera victoria de la oposición en diciembre de ese mismo año. Si hay algún punto a partir del cual la situación política empezó a cambiar fue aquél. También ha ocurrido una suerte de resurgir de esa fe en el voto que Enrique Krauze identifica en El Poder y el Delirio como una de las principales herencias de los primeros años de nuestra democracia. Por fin el liderazgo opositor asimiló la magnitud de la amenaza y consiguió reconciliar todas sus piezas regadas en un rompecabezas improbable.
Los resultados también nos dejan un aprendizaje esencial. Ha quedado otra vez en evidencia la vacuidad del concepto de los Ni-ni. Esta categoría ha sido presentada por algunos vendedores de ilusiones como el mantra, la clave para entender el panorama político venezolano. Tan es así, que hay encuestadores que llegan al extremo de disputarse con orgullo su acuñación y acusan a los demás de copiones, como si ellos fuesen Jean Francois Champollion y la construcción de los Ni-ni la piedra Rosetta. Ahí está el PPT, que pretendió apelar a esa “enorme masa de ciudadanos” que están insatisfechos y “no se identifican con ninguna de las dos propuestas”. Ahora seguro que la charlatanería de ocasión para intentar explicar la ausencia de los Ni-ni en los resultados del 26S será que “se volvió a imponer la polarización”.
Pero todo queda por hacer. Resta observar cómo reaccionará el Presidente. Podría pensar que el tiempo se acaba y tratar de acelerar la implementación del proyecto socialista (que tanto daño le ha causado a su popularidad). O podría volverse práctico, como tantas otras veces, y avanzar, sí, de una forma menos estridente, mientras se continúa endeudando para seguir financiando el populismo. Pero el 2012 aún está lejos. En cualquier caso, ya la oposición tiene equipo y fuerza suficiente como para darle preponderancia a lo que será su propia estrategia, en lugar de vivir jugando a adivinar qué va a hacer Chávez (por ejemplo, armar un gabinete sombra, para hacer verdadera oposición y a la vez prepararse para gobernar).
Entre la rápida sucesión de imágenes que conforman mis recuerdos del domingo hay una que predomina sobre todas las demás: Es Ramón Guillermo Aveledo, ecuánime, breve, diciéndole a los venezolanos que ya podían irse a dormir tranquilos, porque contaban con una oposición que se iba a quedar a velar por sus votos. Me causó una impresión fortísima. Y pensé que quizás se debía al fuerte contraste entre todos estos años de Chávez, que no es más que un espejo de lo que una gran parte de Venezuela todavía es; y Aveledo, que en esa hora afortunada, surgió como la primera imagen del país que queremos ser.

Para El Universal, 01/10/2010

viernes, 24 de septiembre de 2010

Luis Pedro España: ¿Qué significa ganar? (vetado por El Nacional de hoy)

Abajo reproduzco el artículo de Luis Pedro España, que iba a salir en su columna de todos los viernes en El nacional, pero no salió, debe haber sido vetado por el contenido electoral. Pero bien que vale la pena leerlo. En resumen ejecutivo: Se gane o se pierda, como quiera que eso se defina, el mundo no se nos acaba el domingo, y la lucha sigue. Para todos aquellos que nos han vendido esta elección como el ahora o nunca, típicos farsantes y/o eufóricos a los que aludo en mi columna de esta mañana en El Universal.

¿QUÉ SIGNIFICA GANAR?
por Luis Pedro España N.


El próximo domingo habrá elecciones. Otras elecciones donde la epopeya gubernamental la pretende como decisiva y definitoria de los acontecimientos por venir. No es cierto. Los países no nacen o mueren una madrugada de resultados electorales. Los países siguen, acumulan, aprenden (aunque luzca tarde) y finalmente cambian por más que se quiera detener la propia historia.
Esa manía de proponer episodios al modo “todo o nada”, no sólo es ajena a la dinámica de cualquier país, sino que sólo cabe en quienes pretenden hacer de su hegemonía la única razón de ser.
Puede que quien asume tal perspectiva ciertamente se le va la vida si no logra sus objetivos, pero para todos los demás se trata de otra cosa. Sí se gana, es el comienzo para hacer las cosas diferentes y relanzar al país por el camino del desarrollo democrático y plural. Por el contrario, si se pierde, simplemente estaremos en presencia de una posposición de lo que finalmente ocurrirá, el cambio, aunque en condiciones más precarias y con mayores problemas para recuperar lo perdido.
¿Qué significa ganar? Obviamente cualquiera entiende que ganar supone tener la mayoría de los diputados en la Asamblea. En condiciones normales podría decirse que eso es así, pero en la particularidad del caso de la representación política en Venezuela, la cosa puede ser más compleja.
No han sido pocos los que han tratado de explicar el porqué bajo la actual forma de representación política es posible que una mayoría en votos ni de cerca se parezca a lo que se obtiene en cantidad de curules. No se trata de trampas, ni principalmente de las triquiñuelas en las que se incurrió con el asunto de los circuitos reformados. Se trata de que al pasar de un Congreso Nacional de dos cámaras a una Asamblea Nacional de una sola, se mantuvo la sobrerrepresentación de las entidades federales menos pobladas, lo que hace que con menos votos puedan obtenerse más diputados, según la circunscripción.
Es precisamente en las zonas del país menos pobladas, y consecuentemente más dependientes del Estado, donde con menos votos se obtienen más diputados, mientras que en las zonas más pobladas se necesitarán muchos más votos por representante.
Dicho esto es posible, que aún con una mayoría de votos la oposición no tenga ni de cerca la mayoría de la Asamblea, con lo cual en términos convencionales habría perdido, pero en términos políticos habrá ganado. No sólo porque tendrá el voto popular, lo cual lanzará al gobierno por segunda vez en estos años a ser minoría, sino porque este gobierno se verá obligado a tener que calarse a 50 o más diputados de la oposición listos para controlarlo, investigarlo, pedirle las cuentas y hacer las preguntas que no ha querido responder en los últimos 6 años.
Ganar va a significar, en primer lugar tener la voluntad mayoritaria del país y en segundo lugar obligar a un gobierno que resiente la disidencia y la crítica a ser democrático y pluralista.
Ganar el 26 se septiembre es contar con los votos suficientes para recordarle al gobierno la inviabilidad de su proyecto hegemónico en Venezuela y, además, que puede dejar de ser gobierno dentro de poco.
Por su parte, perder, bajo la perspectiva aludida, sólo significará para la oposición seguir trabajando para que las cosas cambien. Nunca se trata de una derrota final. Los países no se acaban. La disidencia tampoco.

Eufóricos, charlatanes, y la paradoja de Stockdale: ¿En qué grupo de oposición se encuentra Ud.?

No me cuento entre los fans de Ingrid Betancourt, pero tengo que confesar que llevo días pensando en una frase suya. La descubrí entre las líneas de una entrevista reciente que le hizo Héctor Abad Faciolince, a raíz de la publicación de sus memorias (“No hay silencio que no termine”). “Ser humano es tener ciertos mecanismos mentales, lo que llamamos principios, para poderse guiar cuando todo lo que ocurre alrededor es inexplicable, y uno pierde la lumbre, y no entiende lo que está sucediendo”. No hace falta insistir sobre el hecho de que a nosotros en Venezuela hace ya rato que se nos ha perdido la “lumbre” (tanto el esplendor como el esclarecimiento). Pero he aquí que es precisamente en medio de esta circunstancia donde cada quien, consciente o inconscientemente, recurre a tientas a sus “principios”, a sus respuestas automáticas. Y eso nos puede ayudar a descifrar el ruido de los últimos días.
En la medida en que se aproximan las elecciones, se han ido diferenciando tres grandes grupos de oposición (con distintos principios). En primer lugar están los entusiastas eufóricos, aquellos que procuran difundir por todos los medios posibles la esperanza de que se puede derrotar al gobierno, desafiando cualquier lógica que surja en contra. En segundo lugar están los agoreros, los que aprovechan la circunstancia para advertir “públicamente” sobre los riesgos… Algo así como predecir “científicamente” un Venezuela-Argentina, para después montarse en el “se los dije”, “aunque les suene antipático” y estupideces por el estilo. Estos son los “objetivos”, los resabidos diletantes de la falacia narrativa. Ambos grupos viven en una especie de toma y dame cibernético, tratando de convencerse de unos supuestos hechos que ninguno de los dos está dispuesto a asimilar, porque ambos tienen muy desarrollada la capacidad de explicarlo todo y hacerlo consistente con su punto de vista. Son los comentaristas del futbol.
Uno rara vez ve a un jugador especulando sobre los resultados. Los jugadores suelen estar practicando, concentrados, preparándose para el día del juego. Ese es el tercer grupo: Todos aquellos que, en medio de esta oscuridad, se han sacado de adentro, por generación espontánea, unas ganas para reunir, organizar, patear el país, esforzándose porque el próximo domingo a Venezuela le vaya lo mejor posible. Como reza la paradoja de Stockdale: “Nunca se debe confundir la fe en que nuestro esfuerzo prevalecerá al final – que no nos podemos dar el lujo de perder – con la disciplina necesaria para enfrentar las circunstancias más brutales de nuestra realidad, sea cual sea”.
Habrá quien diga que “no todos podemos ser políticos”. Yo creo que los que de verdad tienen ganas de jugar siempre encuentran formas de ser útiles. Todo está por hacer. En cualquier caso, si hubiese que escoger entre alguno de los dos primeros, conviene recordar las palabras de Adriano a Marco Aurelio: “Todavía no estoy tan débil como para ceder a las alucinaciones del miedo, casi tan absurdas como las de la esperanza, y sin duda mucho más penosas. De engañarme, preferiré siempre el camino de la confianza. No perderé ni ganaré más con ello, pero si sufriré menos”. ¡Suerte Venezuela!

sábado, 18 de septiembre de 2010

Se formaliza nueva deuda por US$20.000 millones con el gobierno de China, pagadera a 10 años con envíos de petróleo

El gobierno de Venezuela, en su afán por sacar al país del hueco, sigue cavando aceleradamente. Ahora ha formalizado la contratación de nueva deuda, en total US$20.000 millones de dólares, que nos pondrá a la disposición el gobierno de China, y que serán pagados con envíos de petróleo a futuro.

No contentos con hipotecar el presente y malbaratar una fenomenal bonanza petrolera, ahora Chávez se propone también disfrutar hoy de la producción de petróleo futura de Venezuela. El gobierno de China, que no tiene ni un sólo pelo de tonto, ha accedido a poner a nuestra disposición US$10.000 millones de dólares y 70.000 millones de yuanes (para colmo de males, nos prestan la mitad en su propia moneda, de manera que sólo podamos comprarles a ellos con ese dinero). Estos fondos se utilizarán para financiar proyectos de inversión no-identificados, y serán pagados enviando entre 200.000 y 300.000 barriles de diarios en 10 años.

El acuerdo ha sido formalizado mediante publicación en Gaceta Oficial 39.511 el pasado 16 de Septiembre. Con esta nueva deuda, el total de los compromisos externos de Venezuela se aproxima a los 80.000 millones de dólares (cuando Chávez llegó al gobierno era de 25.000 millones de dólares).

Yo había escrito algo acerca de este tema cuando apenas era mera expeculación, en el contexto de una serie de artículos acerca de la deuda externa venezolana y la posición neta de activos en el exterior de la República, aquí (14/08/2008), aquí (15/10/2008), y aquí 22/03/2009!

viernes, 17 de septiembre de 2010

Barclays Report on the Venezuelan Economy (Sept 16, 2010): Venezuela, intensive use of funds to revive the economy

Abajo el update más reciente de Barclays (Alejandro Grisanti) sobre la economía venezolana. Tengo algunas diferencias sutiles no tanto sobre los números, sino de las inevitables deducciones que se hacen acerca de las cosas que vendrán de aquí en adelante. De eso escribiré más adelante en el fin de semana.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

La metodología o la mitología de la revolución bolivariana

Un buen amigo de una universidad europea me ha hecho llegar una de esas presentaciones que el gobierno prepara, esfuerzos cada vez más esporádicos y acaso también con cada vez con menos fe, para tratar de lavarse la cara a nivel internacional. El documento se titula "Resumen de Indicadores Económicos y Sociales" y tiene 28 páginas, divididas en “logros” económicos y sociales. Por razones no sólo de espacio sino también de experticia me voy a referir sólo a los primeros.

Abre la lista de los grandes logros de la revolución la inflación. Comparan el promedio anual de estos once años (21%) con los dos quinquenios previos a Chávez: CAP II (45%) y Caldera (60%). No se detiene a explicar cómo ha sido posible, quizás porque no existe diferencia alguna con la peor parte de la cuarta. El gobierno ha contado con una enorme disponibilidad de divisas (no sólo por la vía del ingreso petrolero sino a través del endeudamiento externo a mansalva), que ha vendido a precios subsidiados al sector privado. Así, se ha promovido un boom de importaciones y una colosal salida de capitales que ha tenido como contrapartida una inflación menor. Nada diferente a las lamentables administraciones de los doctores Herrera Campíns y Lusinchi, que quedarían muy bien al lado de Chávez (9% y 18%) con una receta similar: hipotecando las reservas de la República y endeudándola masivamente. Aún así, en una época en que la inflación es ya casi anécdota mundial nosotros seguimos alrededor de 30% (sólo Egipto e India registran dos dígitos, 11% en ambos casos).

El informe no hace referencia al PIB, acaso porque ya para los dos primeros trimestres de 2010 la producción por habitante era menor al de 1998. !Todo eso a pesar del enorme boom petrolero! Esa tendencia se acentuará. Procuran no hablar de crecimiento, porque ese "no es un término social sino capitalista", pero si la cifra fuese favorable, estaría de primera en la presentación. Sí hace referencia a la inversión (uno de los componentes del PIB), pero no explica que un cambio significativo en la metodología realizado en 2004 duplicó la formación de capital (¡no sólo a la de Chávez sino también la histórica!).

En relación con el salario promedio el documento ya miente abiertamente, utilizando unas cifras del INE que están en franca contradicción con el BCV. De acuerdo con éste último, el poder adquisitivo del salario promedio ha registrado en doce años una caída de 20% (27% el privado y 2% el público).

Sin querer entrar en los detalles de las cifras de pobreza, es entendible que se hayan reducido porque gracias al petróleo y a la deuda (pronto el orden se va a invertir) el consumo por habitante ha crecido por encima de 40% en estos doce años. Es decir, viven en el mismo lugar, van a las mismas escuelas desvencijadas, sufren los mismos hospitales, pero ahora consumen más. Eso es lo que mi amigo Luis Pedro España llamaría una caída coyuntural de la pobreza (ni el petróleo puede subir de forma indefinida, ni nos podemos endeudar hasta el infinito – aunque siguen tratando).

No se menciona en ninguna parte que se ha hecho mucho menos o acaso lo mismo con más, no se ajustan los resultados tan pobres por la enorme disponibilidad de divisas resultado del boom petrolero, ni tampoco por los recursos surgidos de llevar nuestro nivel de deuda de 30% del PIB a 50%-60% del PIB (medir estas cosas con cuatro o cinco tasas de cambio nunca es fácil). En todo caso esa deuda es el límite inferior a lo que puede ser, puesto que no incluye deudas por expropiaciones, deudas no documentadas, FONDO Chino, y muchas otros huecos.

Alguien me ha escrito que “esas consideraciones apenas las hace el 1% de la población”. Aunque quizás la cifra sea algo más alta, ha tocado el punto esencial: ¿por qué hemos fracasado en comunicar todo esto de una forma sencilla y en presentar una alternativa convincente?

También me han escrito: "En Europa existe un extraña polarizacion, mas que todo en el mundo academico, entre Chavistas y no-Chavistas. Los primeros son gente de la izquierda que ven con un tremendo romanticismo el régimen de Chávez. Para muchos Chávez fue una salida de una negra realidad hace 8-10 años donde Bush y el neoliberalismo dominaban casi en todo el mundo. Desgraciadamente la oposicion venezolana sigue dando una mala imagen en el mundo, en los medios mundiales salen personas fanaticas con poco contenido".

Quizás todo eso explique que, disfrazando a “la negra” de tarjeta de crédito (luego transmutará en libreta de racionamiento), el Presidente haya recuperado algo de terreno.

martes, 14 de septiembre de 2010

Venezuela on the brink, by James K. Glassman, former undersecretary of state for public diplomacy and public affairs

Venezuela goes to the polls on Sept. 26 in a parliamentary election that opponents of President Hugo Chavez see as “a chance to turn the tide,” as Reuters news service puts it. Chavez may be taking on more authoritarian powers, but he also has to defend what the latest data show is the worst economy in the world. And you thought the Democrats had problems!

The Economist magazine provides statistics weekly on 57 nations, from the United States to Estonia. Its most recent report forecasts that gross domestic product in Venezuela will decline by 5.5 percent in 2010. Next worst is Greece, with a 3.9 percent decline. Greece, of course, came close to defaulting on its debt earlier this year, and analysts at Morgan Stanley worry that Venezuela is moving in the same direction.

“Our new baseline of at least three years of economic contraction suggests the risks to Venezuela’s ability to honor its international financial commitments may be on the rise,” wrote Daniel Volberg and Giuliana Pardelli in a June report, at the same time predicting that GDP will fall by 6.2 percent in 2010. “While most of Latin America, in line with the globe, has been in recovery mode since last year, Venezuela has seen an intensifying downturn in activity,” they added.

So that’s GDP, the single best measure of economic health. When it comes to inflation, no one is close to Venezuela. Consumer prices are already up 31 percent for 2010 and are expected to rise more by year-end. Only two of the remaining 56 nations monitored by the Economist are suffering double-digit inflation: India and Egypt, both with 11 percent price increases.

Venezuela’s stagflation is all the more remarkable because, as the No. 8 oil-producing nation in the world, the country should be benefiting handsomely from high oil prices.

These results, however, should come as no surprise. Venezuela is suffering from serious economic mismanagement as the central government takes control of more and more sectors. Over the last three years, Chavez has nationalized firms in such industries as cement, steel, agribusiness, banking, tourism, oil, communications, and electricity.

Chavez has another problem: violent crime. Caracas, the capital, has nine times the homicides per 100,000 people as Bogota and 15 times the rate of Sao Paulo. Overall, according to Newsweek, Venezuela has “the worst murder rate in the hemisphere,” and it has helped push “President Chávez’s approval ratings off a cliff.”

Indeed. In a survey last month, Consultores 21 found that only 36 percent of Venezuelans approved of Chavez’s performance, a seven-year low.

Chavez has responded to these ills by shutting down media outlets, restricting economic freedom, blaming his critics, and throwing political opponents and businessmen in jail.

In March, he imprisoned Oswaldo Alvarez Paz, after the former state governor said on Globovision TV, “The Venezuelan regime has relations with structures that serve narco-trafficking, like the FARC [the Colombian terror group] and others which exist in the continent and the world.” In May, a retired general, Raul Isaias Baduel, once Chavez’s defense minister but now a critic, was sentenced to a prison term of nearly eight years on charges of misappropriation of funds. Those two join what Reuters calls “a list of several dozen Chavez opponents now in jail, living in exile or facing probes.”

Earlier this summer, the government issued an arrest warrant for Guillermo Zuloaga, the principal owner of Globovision, which the New Republic, in a blistering editorial about Chavez, called “the country’s last remaining major TV station with sympathy for the opposition.”

The pattern is clear: like Gen. Baduel, the charges against Zuloaga were economic -- in this case, that he “hoarded” automobiles on his property, a strange claim that had been made against him before and shelved. Zuloaga was to be held in one of the most notorious prisons in Latin America, but he fled the country and is now in exile.

In an interview in July with Mary O’Grady of the Wall Street Journal, Zuloaga said the arrest warrant came because his TV station has been reporting the dire conditions in Venezuela today. "The quality of Venezuelan life is deteriorating considerably, at the same time one of the biggest corruption scandals has come out with 70,000 tons of food rotting in the ports,” he said. “We have problems with electricity, problems with water, the highest crime rate of any place. … The Chávez government has infringed almost every article of the constitution."

At the time of Zuloaga’s arrest, the government also seized control of Banco Federal, claiming that the bank was not meeting liquidity requirements. Nelson Mezerhane, the bank’s president, is a major investor in Globovision, and the Wall Street Journal reported that the connection with Zuloaga was “the actual reason the bank was seized.” Mezerhane has also fled the country.

Unlike Zuloaga and Mezerhane, another prominent businessman, Ricardo Fernandez Barrueco, a billionaire banker and food supplier, is languishing in jail. Barrueco’s case was likened in an article on Forbes.com to that of Mikhail Khodorkovsky, the former CEO of the energy giant Yukos and a critic of former Russian President Vladimir Putin. Barrueco was first imprisoned in November and not charged with alleged banking violations until July. Barrueco’s assets, ranging from tuna boats to trucking fleets to shares in such companies as flour maker Molinos Nacionales, have been seized by the government.

Also targeted by Chavez is another food-production executive, Lorenzo Mendoza. A Miami Herald article in July reported that “Chávez is gunning for Empresas Polar, the country's giant food and beer conglomerate. The company, owned by the Mendoza family, is an obstacle to the government's plans for state control of the food industry.”

Once again, Chavez is accusing someone of “hoarding” -- in the case of Mendoza, it’s food rather than cars. The Herald article quotes an expert, however, as saying that the government has already mismanaged the part of the food-production sector it already controls. If Empresas Polar is taken over, says Carlos Machado Allison of the IESA business school in Caracas, “there would be terrible unemployment and many producers would have nowhere to place their products.''

In an attempt to prevent Venezuelans from learning what is happening in their country, Chavez has been dismantling independent media. In 2007, RCTV, the popular over-the-air television station launched more than 50 years ago, lost its broadcast license for criticism of Chavez. RCTV then moved to cable, where it became the most popular network but soon ran afoul of Chavez again. Dozens more stations have been shuttered. Chavez’s latest move, in June, was the creation of what Human Rights Watch calls an all-powerful “censorship office.”

Last month, a photo on the front page of the newspaper El Nacional showed more than a dozen corpses of homicide victims in the morgue. It caused outrage at the government, which responded by ordering the paper to stop publishing any images of violence, “as if that would quiet growing questions about why the government -- despite proclaiming a revolution that heralds socialist values -- has been unable to close the dangerous gap between rich and poor and make the country’s streets safer,” wrote reporter Simon Romero in an article in the New York Times.

But even a news blackout would not prevent Venezuelans from knowing firsthand what is happening to their nation’s economy. Retail sales were down 12 percent in the first half of the year; sales of food, beverages, and tobacco in specialty stores were off 30 percent. Chavez slapped on permanent exchange controls to prevent “the oligarchy from taking U.S. dollars and depositing them in banks around the world.” But like most such controls, they have only panicked investors and businesses and led to more capital flight. Figures from the Central Bank of Venezuela showed $9 billion in capital outflows in the first half of the year.

As they go to the polls this month, Venezuelans will undoubtedly be concluding that arrests, censorship, and other restrictions on liberty are no substitute for economic and political freedom and sensible public policy.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Deudolicos Anonimos (o ahora Venezuela es diferente): Algunos apuntes sobre las probabilidades de default de la deuda venezolana

Algunos escépticos me han hecho llegar comentarios a raíz de mis artículos sobre los peligros del endeudamiento soberano indiscriminado (y en alguna medida indocumentado) que ha contratado Venezuela en los últimos años. Hay quienes hablan de las ventajas de adquirir deuda venezolana para “ordeñarla” y desestiman la posibilidad de default a cuenta de nuestro buen récord de pago. Otros, algo más técnicos, hacen referencia a los niveles de deuda como proporción del tamaño de la economía (Deuda/PIB), que “en contraste con otras economías del mundo” aparecen como muy moderados. Por último están los más ingenuos, los que piensan que si los títulos de deuda no se venden antes de vencimiento, no existe ninguna probabilidad de perder dinero (“lo demás, es cuento”).

Por estos días estoy leyendo “This time is different” (Carmen Reinhardt y Kenneth Rogoff), un recuento de todos los episodios de crisis financieras, cambiarias, de deuda e inflación que se han presentado en el mundo en los últimos ochocientos años. De sus páginas van cayendo, una a una, pero a montones, las respuestas a quienes piensan que pueden recibir 13% en dólares en una época en que las tasas a diez años apenas superan el 2%, sin estar sentados en un barril de pólvora (a-la Stanford).

El último grupo (“vamos a cobrar seguro”) se sorprendería si supiera que la cesación de pagos declarada por la revolución rusa en 1918, alcanzó su resolución (negociación entre deudores y acreedores y pagos de obligaciones) 69 años más tarde; o que en 1926 Grecia dejó de pagar y se retiró de forma unilateral de los mercados internacionales por 53 años. También está el caso de las enormes pérdidas en el valor del capital sufridas por los tenedores de títulos mexicanos y argentinos en los años noventa, que pensaron que como la deuda era con “miles de inversionistas” (bonos) y no con unos pocos (bancos), sería imposible forzarlos a aceptar la pérdida en el valor de esos instrumentos.

Reinhardt y Rogoff utilizan el término “intolerancia a la deuda” para describir a aquellos países que lo pasan muy mal (hasta verse obligados a dejar de pagar) aunque sus niveles de deuda (como proporción del PIB) son mucho menores que los de países desarrollados. Y es que la mayoría de los episodios de default se han producido en países con Deuda/PIB entre 40%-60%, por debajo del nivel que el Tratado de Maastricht establece como límite para los países de la Comunidad Europea (¡y que muchos no lograron!). Proponen complementar la razón Deuda/PIB (en Venezuela debe rondar 50%-60%) con Deuda/Exportaciones. Esta última ha pasado de 78% en 2000 a 122% en 2009 (y si se corrige la sobreestimación en las exportaciones petroleras podría estar alrededor de 180%).

Venezuela, de unos años para acá, exhibe una adicción enfermiza por la contratación de deuda, que coincide con la destrucción del aparato productivo y la reducción gradual en la producción petrolera. Que algo no haya sucedido antes, no significa que no vaya a ocurrir. En ese sentido, parafraseando la ironía y aún a riesgo de caer en el mismo error, se podría decir que Venezuela ahora sí es diferente. Ya no se trata del qué, sino del cuándo.

Para El Universal, Viernes 10/09/2010

sábado, 4 de septiembre de 2010

¿Cuál es la situación real de PDVSA? Un análisis de la periodista española Ana Zarzuela para (Intelligence and Capital News Reports)

No se resigna. Hugo Chávez tenía preparada su metamorfosis para Pdvsa. Un nuevo nombre a estrenar este verano -Petróleos de Venezuela Socialista-, el viejo ‘capitán’ de su confianza, el ministro Ramírez, y nuevas funciones para una empresa a la que Chávez ha convertido en importadora de comida, gestora de sanidad o promotora agrícola por igual. Todo con tal de tratar de resucitar -al menos salvar de la ruina pública- a la que hasta su intervención hace ocho años era la mayor petrolera latinoamericana. Pero el ‘humo’ de Pdval (la filial de alimentos), el escándalo por las 110.000 toneladas que la maquinaria estatal dejó pudrir, destapan todos los ‘incendios’ operativos y financieros del conjunto de Pdvsa y encienden las ‘ascuas’ políticas en Miraflores. Y es que, paradojas chavistas, el quinto exportador mundial de crudo derrapa sobre las segundas reservas mundiales (211.173 millones de barriles) y Pvdsa es ya la ‘oveja negra’ de las petroleras paraestatales.

Ha perdido un millón de barriles de capacidad productiva; en un año cayeron un 35% sus beneficios, aporta un 76% menos a fondos sociales y, con más de 24.000 millones de dólares de deuda, depende de la voluntad de las multinacionales y de créditos foráneos por más de 50.000 millones de dólares. Nada puede seguir igual para Petróleos de Venezuela, aunque Chávez no se resiste a su huida hacia adelante con las nacionalizaciones. Pero la de las 11 torres de la estadounidense Helmeritch no opaca que Pdvsa pierde también el pulso a Obama: ha pasado de tercer a quinto exportador a EE UU, Citgo acumula rojos por 150 millones de dólares trimestrales y no ha podido emitir los 1.500 millones en bonos previstos para financiar a Pdvsa.

Quiso hacer de Pdvsa el motor de su ‘revolución’ bolivariana. Una que por primera vez en América Latina -decían los ideólogos cercanos a Chávez- iba a ser rica, con suficiente ‘oro negro’ como para sacudir su autarquía por toda la región. Eso era en 2001, en plena intervención estatal. Ya sobre la mesa de Chávez, desde hace meses, lo alarmaban las alertas de técnicos y algunos directivos de Petróleos de Venezuela. Pero es ahora cuando en Miraflores han empezado, por primera vez, a soltar el lastre de Petróleos de Venezuela y a engranar la marcha atrás, dentro y fuera de sus fronteras. La petrolera es ya la niña bonita de las pesadillas de Chávez y el heraldo de la peor crisis de gestión de los ministros Ramírez y Diosdado Cabello, una que tiene además conexión cubana. La Administración ha devuelto a la nevera de las nacionalizaciones a la empresa Polar y ha revertido la prohibición de bodegas privadas en las que se distribuya alimentación. Si cumple su palabra, por primera vez, habrá compensación económica para la incautación de 11 torres de taladro petrolífero para Pdvsa de la estadounidense Helmeritch, como exige Barack Obama.

Entre los asesores del presidente saben ya que, a la vista del mayor escándalo de los tres Gobiernos de Hugo Chávez es mejor empezar a dar por perdidas un par de batallas de la petrolera para que no se cuestione el conjunto. Pero ya han comenzado a sospechar también que ni el humo del escándalo de Pdval -la filial de Pdvsa dedicada a la importación y la distribución de alimentos- ni la ‘transparencia oficial’ después de un mes de negativas acerca del derrame petrolero sobre la décima parte de la extensión del lago Maracaibo serán suficientes para opacar todos los fuegos en los que arde ya Pdvsa. Y es que sus heridas más sangrantes son las que no se ven aún, ni con Pdval, ni con el conjunto de la petrolera y sus 5.250 empresas satélites.

Las 110.000 toneladas de comida comprada por el Estado que la filial de Petróleos de Venezuela dejó pudrir sin distribuir, aunque suponen un 9% del total gestionado por Pdvsa que se logró importar el año pasado, el equivalente casi a las 191.000 que llegaron a los consumidores -y además la evidencia de que la petrolera estaba muy lejos del 1,7 millones de toneladas de su propio plan estratégico para este año- no son más que el cabo de un ovillo que se le empieza a deshilachar a Hugo Chávez en las manos. Y, aún peor a sus ojos, a enredarse en el organigrama de sus guerras de Palacio, las que enfrentan a los ‘ramiristas’ con los partidarios de Elías Jaua y entre todos con el ministro Diosdado Cabello, las tres ‘manos derechas’ de Chávez. Miraflores quiere culpables que enseñar a la galería. Ha quedado en evidencia que Pdvsa sólo pudo procesar 3.633 toneladas métricas de alimentos en el primer trimestre, un tercio de sus objetivos, pero sobre todo, que, después de comprarle al exterior una media de un millón de toneladas anuales, el 70% del dinero gastado por Pdvsa en importar alimentos en 2009 se perdió en los recovecos de su laberinto. En 2009 sólo distribuyó y vendió 191.000 tm, lo que deja aún en el limbo a 448.000 millones de toneladas (quizá las 110.000 podridas se descuenten de ellas).

No será suficiente con ver al anterior responsable de Pdval, Luis Pulido, en prisión. Menos aún para evitar que las aguas de Pdval lleguen al ‘río cubano’. Como ha desvelado durante las últimas semanas Alejandro Botía en Tal Cual, como Bariven no tenía experiencia en compra y gestión de alimentos, se creó un equipo de asesores cubanos para ellos. Y ante la evidencia de que el desorden de gestión de los puertos impedía descargar mucha de la mercancía en ellos desde que los gestionaba la cubano-venezolana BoliPuertos, se desviaron muchos barcos de comida a Cuba, hasta 68.000 toneladas métricas (tm) de alimentos. El choque de espadas -después de la denuncia del Defensor del Pueblo- está servido y estalla ya a las puertas de la Fiscal General del Estado: sobre su mesa, el informe del Contralor, que le recuerda que la denuncia sobre los alimentos podridos de Pdvsa tenía más de un año.

Por primera vez está en cuestión el ministro Ramírez, presidente de la petrolera, aunque insiste en la responsabilidad de operadores privados y en el “boicot” de la oposición, ha confesado que los alimentos podridos estaban “no conformes”, aún a costa de rebotar nuevas sospechas sobre los tejados de Bolipuertos, la empresa también estatal encargada de la distribución nacional bajo mando de Cabello. Ramírez tendrá que dar cuentas ante una comisión parlamentaria, pero sobre todo, ha perdido ya el control de Pdval, ahora en manos del vicepresidente Jaua. Es sólo el preludio de la ‘Nueva Pdvsa Socialista’ de Chávez que ahora llegará con un aterrizaje forzoso y -si Miraflores encuentra la fórmula- con nuevos pagadores, a ser posible foráneos.

TODA PDVSA HACE AGUAS

Lejos queda 2006, cuando Chávez paseaba los galones de la entonces mayor petrolera de Latinoamérica, el tercer proveedor de crudo en los mapas de George W. Bush y aseguraba que estaba listo para ser el “proveedor de todo occidente”. Hoy Pdvsa respira por las heridas de la operación, de su músculo financiero y del tejido de una diplomacia con la que buscaba la hegemonía al sur del Río Grande. No hace ni cinco años, las tres grandes petroleras paraestatales se repartían los galones, los proyectos y el mapa americano de la mayoría de las reservas de hidrocarburos del continente. Hoy, sólo el ranking por reservas favorece aún a Petróleos de Venezuela y deja a la brasileña en segundo lugar, por delante de Petróleos de México; pero Petrobrás le pisa los talones de la producción a PEMEX y, según los analistas independientes, hace meses que bordea la producción real de Pdvsa. No es nada, en realidad, que no haya sucedido ya, en la senda de las estatalizaciones, con el desaparecido Intevep, con la crisis de las empresas de Guayana, el Metro de Caracas, o la Electricidad de Caracas. Pero, en la piel de Pdvsa, esta vez la ‘habilidad’ anti-Midas del presidente bolivariano empieza a pasarle facturas más que energéticas y económicas.

En 2009 sus beneficios cayeron un 35%, sus ingresos un 42% (hasta 4.600 millones, menos de la deuda pendiente con proveedores), nada que se pueda explicar, como pretenden los mensajes de Ramírez desde la bajada de precios (además el precio del petróleo venezolano se ha mantenido este año unos 13 dólares por encima del promedio del año pasado) y las restricciones impuestas por la OPEP. Su producción máxima -lo advierte la OPEP- no alcanza los 2,9 millones de barriles diarios (lejos de los 3,2 que proclama el gabinete de Ramírez) y ha perdido un tercio de capacidad productiva desde que se estatalizó con el modelo chavista, un millón de barriles diarios de diferencia desde la llegada al poder de Hugo Chávez. Las divisas no han alcanzado para los nuevos ‘mejoradores’ de la faja del Orinoco, se ha tenido que conformar con arrendar buques para la explotación offshore con más de tres décadas de vida; ya ni cumple el contrato colectivo porque carece de recursos. La propia directiva confiesa que tiene escasez de personal cualificado para la Faja y sus planes gasistas, aunque desde 2003 ha triplicado su mano de obra, hoy con 110.000 trabajadores, parte de ellos los ‘digeridos’ en cada expropiación.

El derrame del lago Maracaibo, aunque es el más extenso y afecta a las relaciones con Bogotá y los envíos a Washington, sólo es el último de una secuencia que pasa en los últimos meses por el derrame aún sin solucionar en la bahía de Amuaycito y dos fugas de gas en el Orinoco. En el último año, abarrotada de compromisos de inversión propios y ajenos -el proceso la adquisición de las empresas eléctricas- y con un flujo de caja ajustado, Pdvsa recurrió al financiamiento externo y contrajo más de 13.000 millones de dólares en deuda nueva en un solo año. Esto elevó la relación entre su deuda y patrimonio de un 9 a casi un 30%. Y hasta el papel de Pdvsa como ‘caja de caudales’ de la revolución ha empezado a erosionarse, aunque tiene filiales para distribuir leche en polvo, cosechar maíz y construir buques cisterna y a sus empleados también trabajando en programas sociales, frecuentemente con maestros y médicos cubanos. En los últimos doce meses, sus aportes al Fonden cayeron un 95%, hasta los 569 millones de dólares. Ya durante 2009 destinó 1.555 millones de dólares a la compra de alimentos, un 29,3% menos que el ejercicio anterior y ni el escándalo de ‘Pudreval’ (como la conocen ya los venezolanos), opaca que la red de Pdvalitos, los establecimientos dedicados a distribuir toda esa comida, se redujo en un 39% durante los últimos doce meses.

Ni la movilización de más de 600.000 toneladas de comida en 2009 -aunque ahora sólo reconozcan que se repartieron 190.000- para subvencionar la cesta de la compra de los venezolanos a través por cierto del ‘brazo alimentario’ de Pdvsa, Pdval, ni el control de los silos de cereales por parte del Estado, ni la intervención en más de 3.900 empresas de alimentación y distribución con la Ley Orgánica de Seguridad y Soberanía Alimentaria, o la nacionalización de los gigantes del sector como la cadena de hipermercados Éxito, los galpones a Polar y el decomiso de 114.000 toneladas de alimentos y nacionalización de la empresa Monaca (de accionariado español) han contenido el doble tentáculo del desabastecimiento y la inflación, que en los cinco primeros meses del año ha escalado un 11,3% y que según los analistas locales cerrará el año en torno al 35% en su cota interanual. El escándalo de Pdval (compras a precio oficial y ventas en mercado paralelo), ha evidenciado que ni el control del precio básico de los alimentos fijado por el Estado en un país en el que el 80% del consumo es de importación le ha podido poner ‘puertas al campo’. Todo lo contrario: los controles represan la inflación, desincentivan la inversión y la producción y cuando se aplican los ajustes, los precios se disparan más aún. Lo han hecho los agrícolas, más de un 44% en este año.

Pero sobre todo, Petróleos de Venezuela dejó de entregar 18.700 millones de dólares al BCV. Hasta 2005 debía aportarle todo lo percibido por exportaciones, desde 2008, sólo el 42%, una línea roja que ya se salta también. Opera cada vez más fuera del escrutinio público, en una tierra de nadie en la que han prosperado el escándalo de los maletines con Buenos Aires, o ahora el de Pdval. La compañía pagó la deuda inscrita ante la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) de Estados Unidos en el 2005, de modo que ya no tiene que presentar declaraciones financieras a esta institución. Y el Fondo de Desarrollo Nacional del gobierno venezolano, que ha recibido más de 30,000 millones de dólares de Pdvsa desde el 2005, opera fuera de los libros oficiales. Nada que pueda esconder que ni a Pdvsa le llega al cuello la camisa de sus deudas, ni a Miraflores y sus Fondos Sociales -sobre todo el Fonden- les salen unas cuentas que se saldaban hasta ahora sólo gracias a los números de Pdvsa. Sólo a la vista de sus más de 24.000 millones de deuda y del retraso en más de 5.000 millones de dólares en pago a proveedores se entiende -según los analistas- que emitiera bonos de deuda por unos 6.000 millones de dólares el año pasado; que en junio suscribiera un crédito sindicado por 1.500 millones de dólares (aunque esperaba por las emisiones de Citgo) y que haya terminado por nacionalizar a los proveedores rebeldes. Y es que Pdvsa es la primera rehén de su laberinto: en la Memoria 2009 no detalla el monto de las cuentas a pagar con proveedores, pero sí reconoce que el retraso afectó a sus planes: ante la caída de sus ingresos retrasó pagos y exigió a todas las empresas de servicios, incluyendo taladros, una rebaja de tarifas; las que no se acoplaron -casi una veintena- acabaron en la sala de espera de las nacionalizaciones.

LA CARA EXTERIOR DE PDVSA, TAMBIÉN EN CUESTIÓN

Si hasta ahora, las ‘vergüenzas’ de la petrolera de cabecera de Miraflores se ventilaban en casa, han empezado a salpicar más allá de sus fronteras. Colombia estudia una denuncia contra Venezuela por el derrame de Maracaibo. En el aire, tras el viaje esta semana a Caracas del presidente Sirio, la refinería de Damasco que debía estar operativa desde 2013. Nada, en realidad que no haya sucedido con Ecuador, Argentina, Bolivia, Brasil o Paraguay. La propia Memoria y Cuenta 2009 de la petrolera publicada por El Universal entona los detalles de sus zozobras exteriores: con Petrocaribe, “hubo problemas para impulsar los proyectos de construcción de infraestructuras energéticas por la poca o ninguna capacidad financiera de los socios”, además “se registraron retrasos en los pagos y transferencias para la operación de las empresas mixtas y cancelar obligaciones a los contratistas”. No se pudo avanzar en el complejo refinador con Ecuador, cumplir con el plan de estaciones de servicio de Argentina, ni su proyecto de regasificación.

Los avances en el proyecto amazónico de Petrobras -transportará desde este año 5,5 millones de metros cúbicos por día del combustible, para generar unos 760 megavatios (MW) de electricidad- adelantan por la derecha al Gasoducto del Sur de Chávez, que sigue huérfano de realismo, financiación y socios. Y ni siquiera Rusia, que coquetea con una sucursal de la Guerra Fría en tierras bolivarianas y anuncia desde hace meses un Banco ruso-venezolano ha conseguido que Gazprom o Lukoil, con su promesa de 3.000 millones para invertir en la Faja del Orinoco vayan hasta ahora mucho más lejos de las buenas palabras y los entretenimientos militares a cuatro manos. Pdvsa se aferra a la posibilidad de proveeer a China, Vietnam y Rusia, para lo que necesita pasar en tres años a unos 4,9 millones de barriles desde los menos de 3 millones actuales, pero no suelta las promesas de seguir enviando a sus aliados -sin cobrarles nada a cambio- hasta un 15% de lo que el país exporta. Los analistas descuentan que esa generosidad bolivariana que le ha llevado a donar 53.000 millones de dólares a 33 países -casi un tercio a Cuba- en su década de gobierno, a reflejar en sus informes 11.500 barriles diarios de diésel a Bolivia, o dos torres de perforación con personal (como las que escasean en Venezuela) será ya muy pronto un viento de otra historia. El Gobierno de Chávez no dejará de venderles a sus 18 socios de Petrocaribe 200.000 barriles diarios, al menos por el momento, pero ya cambió las condiciones de pago aplazado y -aunque sea a crédito- se aferra a los precios de tiempos mejores, las cotizaciones flexibles en sintonía con el mercado y la promesa de una dependencia garantizada por décadas.

Del gas ni hablar. No, al menos por ahora. Hoy la producción de gas natural es tan baja que no permite llegar ni a la mitad de las necesidades nacionales y Pdvsa aún tiene sobre la mesa el hundimiento de la plataforma de Aban Pearl, apenas días después de que Chávez orquestara en ella una de sus inauguraciones majestuosas, que hará que se lo piense dos veces con el acelerón de los proyectos de explotación de gas natural costa afuera, que es donde el país posee la mayor cantidad de reservas libres. Venezuela cuenta con reservas de gas por el orden de los 150 trillones de pies cúbicos, pero están asociadas al petróleo en un 85% y sólo las importaciones podrán compensar su déficit de 1.500 pies cúbicos de gas por día, aunque esperaba producir 1.500 millones de pies cúbicos diarios. El ministro Ramírez mira ya otra vez a la Faja del Orinoco y a su petróleo. Intenta olvidar el retraso en las licitaciones, los recelos de muchas multinacionales y el paso atrás de Petrobrás, o Chevron. Ahora que el Servicio Geológico de EE UU determinó que en ella hay 513.000 millones de barriles de crudo extraíbles, quiere “producción temprana en dos o tres años”, busca un órdago técnico con el que limpiarle alguna mancha a Pdvsa y acallar la oleada de escándalos. Es su última baza. Pero sabe que se juega en manos multinacionales. Y es que, si ahora su directiva reconoce que no hay suficiente personal especializado que requiere la Faja, el modelo de empresas mixtas impuesto por el Gobierno de Caracas ha terminado por dejar en manos de Pdvsa el 60% del capital accionarial y las reservas y el crudo producido, pero también, la carga de las inversiones que ahora no puede cumplir.

Lo ha empezado a orquestar, a la fuerza, con su particular batalla a los ‘taladros’, lo justo como para espantar aún más a las multinacionales: si la dirección de Pdvsa reconocía que necesitaba 191 torres perforadoras nuevas para cumplir sus planes de perforación, en 2009 sólo consiguió 71 activas. Los taladros de arrendamiento privado han huido desde 2003, más ahora que escasean en todos los mercados. Chávez empieza a sospechar que ‘parió un ratón’ con su modelo de soberanía energética y quiere, otra vez, volver a cambiarlo. Con el actual, el Estado venezolano deja el 40% del crudo de la faja del Orinoco a las empresas transnacionales, que lo pueden comercializar fuera de la estructura operativa de Pdvsa por lapsos que podrían extender hasta por 40 años, la opción a la que se acoge del Consorcio Nacional Petrolero Ruso. Pero además, las estrecheces financieras de Pdvsa han dejado su producción futura en manos de Moscú y Pekín. Aunque el Estado Venezolano tiene los más bajos niveles de rentabilidad de sus bonos, del 15,55%, los bancos de inversión y los analistas descuentan que Pdvsa aún tenía capacidad de endeudamiento, pero no más allá de un año.

Es la propia Memoria y Cuenta de Petróleos de Venezuela la que reconoce ya sus líneas rojas: se ha convertido en un eslabón más de una maldición energética que ha encadenado el desabastecimiento eléctrico a las limitaciones de las refinerías El Palito y Puerto La Cruz; con la prohibición de exportaciones se limitó el procesamiento de crudo, se llegó a un margen negativo en refinación y se cronificó una. Lo ha sentido hasta Obama: la crisis eléctrica derivó en déficit de gas, que obligó a acelerar la utilización de plantas de generación distribuida, que, junto a las centrales de ciclo combinado y las térmicas privadas de gas, han consumido el fueloil predestinado a la exportación. Las plantas como la de Tacoa consumen parte del combustible que se enviaba a EE UU. Será sólo el ‘aperitivo’ del segundo escalón en su ‘infierno’ energético. Se han atrevido a advertirles ya los técnicos de Pdvsa y Corpoelec: si no hay cambios de tendencia, tendrá que sumar la escasez de gasolina, no habrá suficiente energía en las plantas para generar las mejoras en las petroquímicas. El analista petrolero Rafael Quiroz Serrano le pone apellidos: "los recursos se han malgastado en importaciones y no en la creación de riqueza nacional. Se cambiado el petróleo por una quincallería de importaciones”. La ‘ecuación’ se complica con el déficit de suministro de gas a las plantas de generación térmica, cuyas unidades alimentadas exclusivamente con ese combustible están fuera de servicio. El gas natural producido en Venezuela está mayoritariamente asociado al petróleo y 60% de ese gas lo utiliza la industria para reactivar los pozos. Sólo el porcentaje restante es destinado a las empresas petroquímicas, eléctricas y siderúrgicas.

PDVSA ‘PINCHA’ ANTE LA CASA BLANCA

Ni la declaración oficial por parte de Barack Obama de que se busca un suplidor que pueda amortiguar a Arabia Saudí y sumar en un 10% las importaciones de hidrocarburos a Estados Unidos, ni las ventajas de la proximidad venezolana (a sólo cinco días de transporte) han llovido a favor de Pdvsa. Todo lo contrario. Semestre tras semestre, Petróleos de Venezuela pierde cuota en el mercado norteamericano, a favor de Petrobrás y PEMEX, antes de nada. Las tres mayores agencias de calificación de bonos de Estados Unidos colocan la deuda de Venezuela por debajo de nivel de inversión aceptable, mientras la petrolera brasileña y la mexicana disfrutan de una calificación de inversión. Tras un trimestre en el que sus exportaciones descendieron un 10,49%, en menos de tres años ha pasado de ser el tercer suplidor al quinto lugar, por detrás no sólo de Canadá (2,4 millones de barriles por día), México, Arabia Saudí (1,2 millones), sino de Nigeria, (aumentó su despacho en 16,94% en abril) según el Departamento de Energía de EEUU, con apenas 950.000 barriles diarios Las exportaciones de Libia subieron 158,7% al variar de 63.000 a 163.000 barriles por día, mientras que las de Colombia aumentaron 68,5%, al pasar de 251.000 a 423.000 barriles diarios.

Si la ‘diplomacia amiga’ ha terminado en repliegue, la batalla energética contra el enemigo del Norte, una que aspiraba a ganarle la carta de la dependencia y convertirse en el ‘caballo de Troya’ del crudo y los derivados del segundo mercado mayor del mundo, pinta bastos para Citgo, el brazo americano de Pdvsa. Se lo dejaba caer la propia Hillary Clinton: hay medidas venezolanas que, simplemente, no funcionan. Ni un circuito refinador con ocho grandes plantas -tuvo que desprenderse ya de tres- ni 13.500 estaciones de servicio, ocho oleoductos, presencia en 27 estados y los galones del tercer operador de refinerías independiente del país esconden la erosión de su peso, su rentabilidad y su músculo financiero. Venezuela produce cada vez menos crudo pesado y tiene comprometido -a golpe de acuerdos crediticios- cada vez más con China. Citgo perdía 200 millones de dólares en 2009 y, durante los primeros cuatro meses de 2010 ya acumula rojos que superan los 120 millones. Las exportaciones de derivados venezolanos a EE UU cayeron un 72% desde 2006, hasta los 97.000 bpd y desde 2005 EE UU no ha recibido ni un barril de gasolina reformulada de Venezuela, según la EIA estadounidense.

Citgo, con 2.402 millones de dólares de deuda propia, ya no puede ser ni siquiera el tentáculo para la pesca financiera de Pdvsa en las plazas internacionales. A la vista del repudio en los mercados y de las advertencias de los bancos de inversión y las agencias de rating (Fitch lo ha rebajado a B+), Citgo -con dos líneas de crédito por 1.100 millones de vencimiento próximo- ha tenido que desistir de su idea original de emitir 1.500 millones de dólares en Bonos Globales, emitir sólo 300 y recurrir a préstamos bancarios en dos créditos por 1.200 millones de dólares. Ni siquiera el uso como garantía de tres de sus refinerías fue suficiente. Y, a la vista de la advertencia de la Secretaria de Estado de Comercio de EE UU y los litigios pendientes por más de 43.000 millones ante el Ciadi -la mayoría a punto de su resolución- y del reconocimiento del Ciadi el 16 de junio del arbitraje de la denuncia de la taiwanesa OPIC, por primera vez, en Miraflores y el despacho del ministro Ramírez empiezan a sospechar que los 25 acuerdos de comercio firmados con los países de origen de las multinacionales no serán tan fáciles de driblar. Para cubrirse las espaldas en el futuro, Pdvsa evita ahora incluir cláusulas arbitrales en los contratos.