viernes, 29 de octubre de 2010

El tren se va

El Fondo Monetario Internacional presentó hace unos días en Washington su Informe de Perspectivas Mundiales. En términos generales la conclusión es esperanzadora: Entre 2001-2010 los países menos desarrollados crecieron a tasas mucho más altas que los más desarrollados, con lo que se redujo en alguna medida la enorme brecha que separa a unos de otros. Esta realidad ha venido a reivindicar las teorías clásicas de crecimiento económico, y muy particularmente la del nunca bien ponderado Robert Solow. Según Solow, dado que el capital tiene rendimientos mayores en países menos desarrollados, los desplazamientos de un lado a otro tenderían en el largo plazo a equilibrar los niveles de ingreso. De ser así, quizás en la segunda década del nuevo milenio veamos todavía más convergencia, con los capitales huyendo del ciclo de recesión y deflación al que se han ido deslizando los Estados Unidos y Europa, y buscando resguardo en los mercados emergentes.


¿Cómo queda Venezuela dentro de todo este concierto? El informe reporta que ha crecido en los últimos diez años 34,8%, lo que equivale a 3,0% anual. Dado que nuestra población crece a una tasa anual de 1,7%, el ingreso promedio ha crecido 1,3% en cada año. Nada mal, ¿no? Depende. La década que culmina este año ha sido, junto con el gran boom petrolero de los años setenta, una de las más favorables. Pero no sólo es eso. El endeudamiento externo de Venezuela (documentado) ha crecido en más de 100%, ya sea en dólares reales o como porcentaje del tamaño de nuestra economía. Aún así, somos el país de la OPEP de menor crecimiento. Los demás miembros crecieron en promedio 74,5%, algo así como 5,3% anual, prácticamente el doble que nosotros.

Hay más. Durante el próximo quinquenio (2011-2015) Venezuela estará entre las tres economías de más bajo crecimiento en el mundo, junto con Italia y Portugal. Según el pronóstico, nuestro país crecería 5,8% en cinco años, o 1,1% anual, poco más de la mitad del crecimiento poblacional.

Aunque estas cifras son suficientemente dramáticas, es muy probable que el informe haya sido demasiado benevolente con Venezuela. El PIB estimado para 2010 es de 285.214 millones de dólares. Esta cifra duplica los estimados más conservadores de nuestra magnitud. ¿Por qué? Y bueno, aquí vamos. Según mis números de pulpería, el FMI ha hecho los números de la producción venezolana a una tasa aproximada de 3,5 BSF/US$. En el fondo, parte del caos nuestro es que no tenemos ni idea de cuál es la tasa de cambio relevante para el conjunto de nuestra economía, pero se puede decir con cierto grado de certeza que 3,5 no es. Una tasa de cambio más razonable podría lanzar a nuestra economía al sótano de las estadísticas del FMI (a hacerle compañía a Italia, Portugal y Haití). En cualquier caso, es una realidad como un sol y no se puede tapar con un dedo. Si en algo todos están de acuerdo con el polémico modelo de Solow, es que sin inversión de capital no puede haber crecimiento. Y nosotros no hacemos sino asistir al espectáculo diario de la destrucción del capital, de la aniquilación de toda la acumulación de esfuerzos y capacidades que la nación se fue haciendo, mal que bien, con el paso de los años.

Para El Universal, 28/10/2010