jueves, 7 de octubre de 2010

La crisis de los cuarenta (a los doce)

No fue necesario esperar mucho tiempo para conocer la reacción del Presidente ante los resultados electorales del 26S. En poco más de diez días ha quedado claro: No tiene sentido volver al pragmatismo. Seguramente le parece increíble que, tras doce años de gobierno, aún no haya conseguido implantar de forma definitiva su proyecto socialista. ¡Cuánto tiempo perdido! Así, el poder vive su versión muy particular de la crisis de los cuarenta: Empieza la cuenta regresiva, las urgencias, ahora quiere hacer en apenas unos meses lo que no ha sido capaz de hacer en doce años.
Es posible que éste ritmo frenético de confiscaciones (no son expropiaciones, no habrá compensación, ni previa ni oportuna), nuevas leyes, llamadas a las milicias, toda la colosal avanzada socialista, no se mantenga hasta el 2012. Quizás unos meses antes de esa elección Hulk se convierta de nuevo en David Banner. ¡Qué frustración Presidente! ¡Qué difícil empujar una revolución socialista, teniendo que parar cada tanto a repartir electrodomésticos, neveras, lavadoras, secadoras, y hasta tarjetas de crédito! ¡Qué delicado es ese balance entre el látigo y la zanahoria! ¿Es que acaso no son capaces de ver las ventajas del socialismo por sí mismos?
Es curioso que el Presidente, tan perspicaz para otras cosas, no le haya pedido aún a Edmond Saade ese grafiquito en donde aparece el consumo per cápita y su popularidad en el eje vertical (hacen falta dos ejes verticales, eso sí) y el tiempo en el eje horizontal. La correlación es asombrosa. El Chávez invencible corresponde a ese período de bonanza petrolera en donde el consumo por habitante alcanzó unas cotas sin precedentes desde “la Gran Venezuela”. Aún hoy, tras haber caído 4.9% en 2009 y otro 5.7% en el primer semestre 2010 (anualizado), el consumo privado por habitante es 38% mayor que en 1998.
Quizás sí está al tanto, pero se impone su corazoncito socialista. Uno no sabe si se impone por convicción, o porque incidentalmente es la única forma de hacer viable su Presidencia vitalicia. Acaso oyó a Oscar Arias decir, en una Cumbre de las Américas, que los líderes no estaban para decirle a la gente lo que quería oír, sino para convencer, para persuadir. Y puso manos a la obra. Pero hace ya unos cuantos años de eso, y la verdad muy pocos, cada vez menos, lucen persuadidos. La bonanza se acabó, y tampoco es posible endeudarse hasta el infinito (aunque están esforzándose).
La producción por habitante en el primer semestre de 2010 fue 1.1% inferior a la de 1998. ¡Doce años perdidos! Doce años en los que América Latina creció (y sigue creciendo) de forma acelerada y acabó la inflación. Pero el nuestro sigue en sus trece. La aceleración de la destrucción productiva se traerá a rastras al consumo, y con él a su popularidad. El país se aproxima a una especie de “confrontación final”. Una vez allí, o no hay más elecciones, o corre un altísimo riesgo de perderlas. En el camino podría tratar de sacarse de la manga una nueva apertura petrolera, a vender lo que sea, con tal de salvar el escollo del 2012. Pero hasta para eso se está haciendo tarde. Para ese desenlace sí vamos a tener que esperar un poco más.

Para El Universal, 08/10/2010