jueves, 23 de diciembre de 2010

El exilio interior y el regreso a Itaca

Se me ha hecho algo tarde para escribir acerca de las mejores cosas que he leído este año, pero no voy a dejar de hacerlo. Si me perdonan la falta de originalidad, lo mejor que me ha caído en las manos es El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa. El recuento de la vida y aventuras de Roger Casement en Congo y en el Putumayo, y la historia de cómo llegó a desenmascarar ante los ojos del mundo el saqueo, la explotación y el maltrato cruel del rey Leopoldo de Bélgica por un lado, y de las caucheras inglesas por el otro, es un testimonio de lo que puede conseguir un hombre sólo, con apoyo institucional, cierto, pero sólo, con una firme convicción y un sentido de propósito. “El patriotismo es el refugio último de los canallas”.


También me ha impresionado mucho la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami. A partir de un suceso trivial, la vida de Tooru Okada sufre una extraña y profunda transformación. Empiezan a rodearle personajes extraños e improbables. Predomina la existencia de acontecimientos inverosímiles, salidos de una realidad alternativa. Las visiones y los sueños invaden poco a poco su realidad. Y he aquí que, con todas esas limitaciones, el protagonista debe esforzarse por mantener la conciencia y resolver conflictos que ha arrastrado a lo largo de su vida. “La verdad no siempre es real y la realidad no siempre es verdadera”.

Y luego está La Rebelión de los náufragos, de Mirtha Rivero. Voy a ser 100% franco: Este es un libro que aún no he leído. Lo veo venir, como esas personas que apenas se nos acercan y ya sabemos que traen pésimas noticias, como esas veces que uno infantilmente empuja un poco más allá el momento de saber de manera formal, lo que desde hace ya bastante tiempo intuye. Supe de él a través de Miguel Rodríguez, también en el exilio: “Venezuela es un país hecho para castigar el talento”.

Hasta aquí. Una digresión. Pienso en el exilio exterior, el formal, pero también en el otro, el interior, el de aquellos que se van sin llegar a trasladarse. Han sido víctimas de la exclusión, alejados de sus trabajos y cada vez más de la posibilidad de ser útiles, o bien han renunciado a toda forma de participación en los asuntos de interés de la nación. Como decía el poeta José Ramón Medina, pareciera haberse suspendido el caudal de vida y cerrado las compuertas del futuro. Los acontecimientos nos han atropellado. No es el fin. Pienso también en Odiseo. Tras diez largos años ha terminado la guerra de Troya, pero los dioses han dispuesto que pasen otros diez antes de que pueda volver a Itaca. En esa enorme hipérbole, ocurre su vida. Ten siempre a Itaca en tu mente. Llegar allí será tu última meta. Pero no te apresures en el viaje. Es mejor prolongarlo por años, para que cuando ancles tu nave en la isla ya seas viejo y estés rico con lo que habrás ganado en el camino. Itaca te ha regalado ese magnífico viaje. Sin ella nunca te hubieses puesto en marcha. No tiene más nada que ofrecerte. Y si al volver la encuentras pobre, no te habrá defraudado. Seguramente para entonces, la sabiduría y la experiencia que has acumulado, te habrán permitido comprender lo que Itaca realmente significa. Feliz Navidad.

Para El Universal, 24/12/2010