jueves, 28 de enero de 2010

El tipo de cambio dual: ¿Jugada maestra?

Es evidente que estos últimos años nos han producido algunos desórdenes mentales que llevará tiempo corregir. Uno se consigue gente por ahí para quien todo lo que hace el gobierno es, más que una catástrofe, una señal inminente de que ya está por caer. “Este sí es el comienzo del fin”. Otro grupo bastante nutrido es aquél que ha llegado a asociar la habilidad de Chávez para permanecer en el poder con una especie de genio, ven todas las actuaciones del gobierno como el resultado de una jugada maestra, concebida dentro de un sistema complejo de redes neurálgicas de acciones estratégicas. “Chávez es un genio”. Hay todavía un tercer grupo que oscila con una volatilidad impresionante de un lugar a otro, víctima de una ciclotimia incontrolable (del griego ciclos, círculos, y timos, ánimo). En fin.

Todo esto se me vino a la mente tras escuchar a alguien describir la implementación del cambio dual como una jugada maestra del gobierno (en particular de Merentes). ¿Es en realidad así? Y si es tan “maestra”, ¿por qué no la implementaron antes? Si es maestra ahora lo ha debido ser también durante el quinquenio de Lusinchi, algo que podemos discutir aprovechando el beneficio del tiempo.

La devaluación del bolívar y la creación de dos tasas oficiales traen al gobierno dos ventajas esenciales. Por un lado, le permite obtener más bolívares por cada dólar de exportación petrolera. Nada nuevo aquí. La segunda ventaja es que le da la oportunidad de llevar una inflación menor a su base de apoyo. Esta última ventaja se dice mucho más fácil de lo que se ejecuta. Si a ver vamos, esa oportunidad ha estado ahí presente todos estos años en que se ha mantenido la enorme brecha entre el oficial y el paralelo, y de acuerdo con las estadísticas del BCV la inflación de los estratos más bajos ha sido mayor a la de los demás.

Algunas de las consecuencias de la devaluación ya han sido anticipadas, debido a la depreciación de 41% sufrida por la tasa paralela en 2009. Los impactos que el nuevo sistema de cambio traerá sobre éste último dependen de la cantidad de divisas que se liquiden a las nuevas tasas oficiales. El año pasado CADIVI redujo en 42% sus asignaciones, y para poder liquidar el 58% restante el gobierno sacrificó 11.000 millones de dólares en reservas y contrató 12.000 millones de dólares en deuda externa. Este año pareciera que va a haber algo más de disponibilidad vía exportaciones petroleras, pero no mucho más (el ingreso petrolero no es sólo precio sino también volumen). Por otro lado, las elecciones a la Asamblea y el mecanismo de creación de dinero implícito en el nuevo arreglo cambiario van a provocar un crecimiento de la liquidez más acelerado (35%-40%) que en 2009 (22%), lo que pondrá una fuerte presión sobre los precios y el dólar paralelo.

La aceleración de la inflación va a erosionar muy rápido la tasa de cambio real, provocando unos niveles de sobre-valuación similares a los que existían antes. Al final del año, muy probablemente volvamos a registrar una caída significativa en la producción y en el consumo, inflación alrededor de 35%, tasas oficiales muy sobre-valuadas y algo más de depreciación del bolívar en el paralelo. Y yo no veo nada “maestro” en eso.

Para El Universal, 29/01/2010

jueves, 21 de enero de 2010

Lo extraordinario se hace cotidiano

"¿Por qué el mundo soñado es tan distinto,
que este mundo de muerte a manos llenas?
Mi enfermedad fue siempre el optimismo:
Me duermo débil, sueño que soy fuerte,
sé que el futuro aguarda, es un abismo,
pero no me lo cuentes cuando me despierte"

- Mario Benedetti

Ese es el nuevo slogan del gobierno: “Con la revolución, lo extraordinario se hace cotidiano”. La autopista regional del centro está llena de vallas recién estrenadas, con gigantografías que acompañan al slogan. Al principio resultan difíciles de comprender. En una, cerca de La Victoria, un señor en camisa roja y una sonrisa que no aguantaría la prueba de Duchenne, muestra a la cámara, sosteniéndola con los índices y pulgares de ambas manos, su cédula. En otra, una señora es atendida en un hospital por una enfermera de apariencia afable y servicial. Ahí está la clave. Eso es lo que al gobierno le parece extraordinario: Obtener una cédula, ser atendido en un hospital, conseguir una cita para el pasaporte, prender el interruptor y ver proyectarse el fenómeno de la luz, o hacer girar las llaves y sentir correr agua. Todo ese conjunto de elementos sobre los cuales se asienta la experiencia cotidiana, se han ido convirtiendo en cosas cada vez más extraordinarias. El gobierno, que llegó al poder cabalgando sobre la promesa de mejorar la calidad de vida, ha venido tirando la toalla y recurriendo cada vez más al argumento ideológico. La experiencia cubana es clara en ese sentido: Una vez que el fracaso de la gestión gubernamental sea total y absoluto, el aspecto ideológico, la resistencia, la dignidad, el hacerle frente al imperio, el sacrificio, ocuparán de forma exclusiva el debate nacional. Ya estamos próximos. La revolución hace de lo cotidiano algo extraordinario.

Y he aquí que, sin embargo, uno no puede dejar de pensar cuántas cosas verdaderamente extraordinarias se han vuelto cotidianas. Tantos atropellos a la dignidad se han vuelto cosa de todos los días que ya parecen haber pulverizado nuestra capacidad de sorpresa. Se ha vuelto todo tan surreal y a la vez tan cotidiano, que ya sólo requiere de un anuncio por televisión. De todos ellos, ninguno como el bajo precio que ha alcanzado la vida (de los demás) no sólo en el baremo del gobierno, sino en el del resto de la sociedad (esa que se encoge de hombres y cruza los dedos).

Los 89.711 homicidios registrados en Venezuela entre 2003-2009, se encuentran muy cerca de los 95.069 ocurridos en la guerra de Irak. Con una diferencia fundamental: En Irak el número de víctimas ha promediado en los últimos dos años 3.042, mientras en Venezuela alcanza 16.800. Nuestra guerra será mucho más larga, y también más sangrienta. De acuerdo con los investigadores Daniel Pipes y Gunnar Heinsohn, entre 1950-2007 el conflicto árabe-israelí cobró algo más de 51.000 muertos (dos tercios árabes y un tercio judíos). Nuestras muertes por homicidio en los últimos siete años están muy próximas al conteo de muertos del terremoto reciente en Haití. En nuestro caso, nadie se ha movilizado, no se ha producido una respuesta de emergencia internacional y, lo que es peor aún, tampoco nuestra. No hay centros de acopio para apoyar a los familiares de las víctimas, no se han multiplicado las ONGs y los programas de ayuda, a nadie se le ha ocurrido siquiera hacer una colecta para donar una planta a la morgue en donde los cadáveres se amontonan y se pudren por falta de suministro eléctrico. Y es que irse muriendo de a poco llama muchísimo menos la atención.

Para El Universal, 22/01/2010

martes, 19 de enero de 2010

BBC: Venezuelan economy in further slide (19/01/2010)

By Robert Plummer
Business reporter, BBC News


Back in 2002, just weeks before Venezuela's President Hugo Chavez was briefly forced from office by a coup attempt, I found myself planning an impromptu trip to his country.

Having just got married in Trinidad, my wife and I were heading to Brazil for a honeymoon, via a short stopover in Caracas. I had visited Venezuela a few times before and had reported for the BBC on the early days of Mr Chavez's Bolivarian Revolutionary Movement, as it was originally known.

However, I had not had the opportunity to set foot in the country since his rise to the presidency in 1998. A former colleague who had moved to Caracas some years earlier was helpful in indicating what to expect.

"You'll notice some deterioration," he laconically observed.

He was right. The Venezuelan capital was never the prettiest in Latin America, but it had definitely taken a turn for the worse. Bags of rubbish were piled up on patches of waste ground, while many walls were adorned with pro- and anti-Chavez graffiti. The city centre shops were less well-stocked than before, and the standard of service in them seemed to have declined.

Military checks

Nearly eight years on, that deterioration in Venezuela's infrastructure and economy has continued. Those same city centre shops are now subject to raids by soldiers, checking to make sure prices have not been artificially raised in the wake of this month's currency devaluation. The bolivar's official exchange rate, which is set by government decree, had been held at 2.15 to the US dollar since the last devaluation in March 2005.

But it now has two rates - 2.60 to dollar for "priority" imports, and 4.30 to the dollar for other items considered non-essential - a 50% devaluation. At the same time, chronic energy shortages have led to a programme of regular power cuts throughout the country, although the resulting outcry has led Mr Chavez to exempt Caracas from the blackouts while maintaining them elsewhere.

Opposition politicians have been quick to accuse the Chavez government of underinvestment, just as they did in 2006 when a viaduct collapsed on the main road from Caracas to the airport, rendering the highway impassable for more than a year. But in both cases, previous administrations are equally to blame for the lack of infrastructure spending, including Mr Chavez's immediate predecessor as president, Rafael Caldera, who died on Christmas Eve aged 93.

Price spiral

More worrying is Venezuela's apparent inability to get to grips with persistent inflation, which is now the highest in Latin America, reaching an annual rate of at least 27% in 2009. Last week, yet again, Mr Chavez merely fuelled the inflationary spiral by raising the minimum wage to compensate workers for their loss of purchasing power.

At the same time, he has attempted to impose price controls which have largely failed to work. As a result, he has increasingly resorted to the ultimate economic sanction - confiscating the businesses of those who refuse to curb their prices.

The latest victim of this policy is the Exito supermarket chain - run by a Colombian retailer but ultimately controlled by France's Casino group, which also owns stores in Brazil, Argentina, Mexico and Uruguay. That makes it the ideal target for Mr Chavez, who has ordered its expropriation as an example of "transnational companies" coming to Venezuela to "speculate with our prices".

Yet there is little evidence that Exito was doing anything other than reflecting the higher costs of imported goods that now have to be paid for with Mr Chavez's devalued bolivars.

Recession prolonged

These heavy-handed measures have steadily brought more of the Venezuelan economy under state control, but they have not done anything to promote economic growth. While most of the country's Latin American neighbours are leaving the global recession behind, Venezuela is still bogged down in the financial mire. The country's central bank has estimated that the economy shrank 2.9% in 2009.

And according to the International Monetary Fund, Venezuela is set to be the region's worst performer in 2010, with a projected contraction of 0.4% in a year when Latin America as a whole is expected to grow by 4%.

Oil, as ever, is still the mainstay of the Venezuelan economy.

In fact, it is responsible for more than 90% of the country's foreign currency inflows and 50% of government revenues. The devaluation is therefore good news for the state oil company, PDVSA, which will now see the value of its petrodollars soar in bolivar terms. That will translate into higher oil receipts for the government, helping to plug a hole in its finances.

Inflation ignored?

But the whole exercise leaves Venezuela's fundamental economic problems untouched. As the respected survey organisation Consensus Economics puts it: "Price controls have done little to cap price increases and the authorities have refused to tackle underlying reasons for high inflation, most likely because this would conflict with the state's socialist agenda."

That may be unduly harsh. Brazil, for one, has shown that it is possible to combine left-leaning politics and social welfare programmes with a tough anti-inflationary stance.

But unlike Venezuela, Brazil realised as far back as the early 1990s that inflation hurts the poor most of all, because richer citizens can always find investment opportunities that mitigate its effects.

Unless Mr Chavez takes a similar view, he may find that his main support base will become rapidly disillusioned with his administration.

jueves, 14 de enero de 2010

Los efectos de la devaluación (versión ampliada)

La devaluación de comienzos de año viene a confirmar el ciclo de apreciación-depreciación que ha sufrido el bolívar durante los últimos treinta años. La adopción del tipo de cambio múltiple, dos tasas oficiales más paralelo, era el único elemento de todas las desviaciones de política económica implementadas a partir del gobierno de Herrera Campíns que no había sido utilizada aún por el gobierno de Chávez.

Las grandes devaluaciones en Venezuela siempre han sido contractivas (caídas en la producción y aceleración de la inflación) por dos razones. Por un lado, el país no cuenta con una inversión en planta y equipo que le permita exportar a los precios relativos más favorables que trae consigo la devaluación. Las pocas instalaciones capaces exportar que teníamos en 1998 han sido devastadas. En particular, entre 2005-2010 la inflación acumulada totalizó 166%, mientras el gobierno obligaba a los exportadores a vender sus ingresos en dólares en el BCV a tasa fija. Muchas empresas se marcharon del país y se instalaron en la vecindad (Colombia), para desde allí exportar a Venezuela. Nuestro único verdadero producto de exportación , más allá del petróleo, es el empleo, el talento y la experticia. Fue un proceso de ruina que tuvo una enorme ventaja política de corto plazo: Se produjo un boom de consumo a punta de importaciones baratas, que no requirió un boom de producción. La economía venezolana se reacomodó y se movilizó hacia el sector no-transable, que es el que ha recogido los frutos de la bonanza petrolera durante ese período: Telecomunicaciones, transporte, comercio, servicios de banca y seguros.

Y allí viene la segunda razón. Tras el largo período de apreciación, no existe ya la posibilidad de sustituir importaciones. Ahora debemos seguir importando a una tasa mucho mayor. Así, aunque importas menos bienes, el gasto en moneda local termina siendo mayor. Este efecto, para los que se quieran lucir en algún cocktail con una referencia elegante y fluída, se recoge en la literatura económica bajo el nombre de las desigualdades de Marshall-Lerner. Para que una devaluación tenga el efecto que tanto el Presidente como Alí Rodríguez y Giordani están tratando de asignarle en su discurso, se requiere que la suma de las elasticidades de las exportaciones y de las importaciones a la devaluación sea mayor que uno. En nuestro caso es evidente que no es así, las exportaciones no reaccionan a la devaluación y terminamos importando una cantidad inferior a una cifra mayor, por lo que el gasto en importaciones también presenta baja elasticidad. Por esa razón la devaluación aquí siempre viene acompañada de caídas en la producción y el empleo, y aceleración de la inflación.

La devaluación es una especie de segundo momento de deterioro cambiario en respuesta a la caída en los precios del petróleo. Ya en 2009 el gobierno, aunque se negó a devaluar, permitió que la tasa de cambio promedio en el mercado paralelo se depreciara 41%, y trasladó a una cantidad significativa de importadores desde el mercado oficial al paralelo. La respuesta a esa depreciación fue una contracción de 2,9% y una inflación de 27%, 36% si se considera la inflación sin el efecto de los controles. Este año no será una excepción: La devaluación aproximada de 63% de la tasa oficial (según se asignen dólares a 2.60 o 4.30 podría cambiar) profundizará la recesión y acelerará la inflación. Todo eso sin contar los efectos contractivos del racionamiento de luz, que se mantendrá en el interior del país.

La devaluación no necesariamente trae consigo un movimiento en el mercado paralelo. Todo depende de cuántas divisas sea el gobierno capaz de liquidar a través de CADIVI. En mi opinión, es mejor trabajar con el supuesto de que no se aumentarán las liquidaciones sino que el número de dólares asignados en 2009 será ahora distribuido en dos grupos.

A partir de la devaluación: ¿Cuál será la política cambiaria? ¿Se va a volver a fijar la tasa de cambio de forma indefinida? ¿Se va a adoptar un esquema de bandas? ¿Se va a revisar de forma periódica? No hay respuesta. No existe la política, sólo existe el “como vaya viniendo iremos viendo”.

Un aspecto clave de nuestra política económica que vamos a tener que resolver en el futuro es cuál es la necesidad de mantener el bolívar apreciado cinco años para desembocar en estas macro-devaluaciones. Aquí la recomendación evidente es utilizar la política fiscal y monetaria para combatir la inflación, y permitir que la moneda se devalúe gradualmente en la medida en que nuestra inflación supere a la de nuestros socios comerciales. Todo eso dentro de un marco de estímulo a la inversión privada que nos lleve a reducir esos costos que nos hacen uno de los siete países del mundo en donde resulta más caro producir. De aquí se deduce que no estoy de acuerdo con el uso de la tasa de cambio para combatir la inflación, con el tipo de cambio fijo, menos aún con la dolarización. Pero eso ya es tema para otro día.

Para El Universal, 15/01/2010

sábado, 9 de enero de 2010

¿Qué dice y qué no dice el informe anual del Banco Central de Venezuela?

El informe de fin de año presentado por el Presidente del Banco Central de Venezuela me hizo recordar a la distribución del trabajo que solía proponer el más vivo del equipo en tiempos de bachillerato: ¡Yo hago la introducción y las conclusiones! No lo digo por ironía, ni tampoco en un afán por aprovechar las oportunidades de risa fácil que ofrece el documento, sino por las inconsistencias evidentes entre la introducción (páginas 1-20) y las conclusiones (36-37), y las cifras objetivas que se presentan entre ambas secciones (21-35).

Advierte el Presidente del BCV al comienzo que las políticas del instituto se orientaron a “promover y facilitar las condiciones necesarias para atenuar los impactos de la crisis económica global y seguir avanzando hacia el logro de un crecimiento sostenido, de estabilidad de precios, así como la preservación del valor interno y externo de la moneda”. Pero no hay nada en las estadísticas que indique que Venezuela haya conseguido atenuar los impactos de la crisis global. En 2009 la economía mundial cayó 1,1%; 1,8% en el caso de América Latina. Ambas cifras son inferiores a la caída de 2,9% registrada en la producción venezolana. ¿En qué consistió el efecto amortiguador? Quizás Merentes se refiere al hecho de que, si se considera la extraordinaria vulnerabilidad de nuestra economía, una caída de 2,9% es relativamente moderada. En cualquier caso, ese hecho se debe en buena parte al sacrificio de reservas internacionales (11.027 millones de dólares) y al colosal endeudamiento interno y externo contratado durante el 2009.

Cuando se consideran el crecimiento desde el punto de vista institucional aparecen resultados muy reveladores. Por ejemplo, el sector privado tiene siete trimestres consecutivos creciendo cero o negativo. En ese período su volumen de producción ha caído 5,0%, mientras el del sector público ha crecido 11,3%. Más aún, la producción privada tiene once trimestres seguidos desacelerándose (desde el cuarto trimestre 2006). En ese período su crecimiento acumulado es apenas 0,7%, mientras el sector público ha crecido 24,8%. Aquí aparece acaso la única coincidencia entre lo que Merentes predica y los números: Ha ocurrido una profunda transformación en la propiedad institucional en los medios de producción. Dada la eficiencia que hasta ahora ha mostrado el Estado venezolano como productor, no cabe esperar nada bueno de ese cambio. El gobierno se ha mostrado muy claro a la hora de reconocer las limitaciones del socialismo en cuanto a la productividad y al crecimiento se refiere. A las sucesivas crisis que se han presentado allí en donde el Estado o su nomenklatura fungen como productores le ha surgido una única respuesta: Dada la incapacidad de elevar la producción para sostener el consumo, nos toca reducir el consumo (racionar) hasta allí en donde se encuentren nuestros niveles de producción. El desbalance institucional no sólo se registra en la producción, sino también en el consumo: Mientras el del gobierno creció 2,1%, el consumo final privado cayó en 2,6%. Esta última caída se atribuye, según la sección cuantitativa del informe: “A la caída en el ingreso real, al aumento del desempleo, y a la menor disposición a gastar de los hogares”.

Algo similar ocurre en los niveles de precios. A pesar de la orientación que se establece en la introducción, la sección de estadísticas registra un alza de anualizada precios de 28,6% para el Área Metropolitana. El núcleo inflacionario, que aísla la canasta de variaciones anormales en los niveles de precios (i.e. precios controlados) registra un aumento anualizado de 36,0%. No es lo mismo tener una variación de esa magnitud en un contexto internacional de inflación elevada, a tenerlo en una época en donde la inflación de dos dígitos ha sido erradicada casi por completo.

Merentes acierta cuando califica la espiral inflacionaria de Venezuela como estructural, pero se pierde cuando se trata de identificar cuáles son esos factores estructurales en concreto. Comienza por mencionar “el aumento de los precios internacionales derivado de la crisis mundial de alimentos”, cuando en realidad los precios de los alimentos han descendido a una velocidad similar a los precios del petróleo. Nuestra inflación es una de las más altas del mundo a pesar de la fuerte caída en los precios de los alimentos a nivel mundial, no gracias a ella. Menciona también rezagos en la productividad, y la especulación de los agentes económicos en el paralelo. Más adelante, los que sí trabajan le enmendaron en algo la plana, atribuyendo la inflación estructural a 1) la ampliación de la brecha cambiaria, 2) la inercia inflacionaria, y 3) la contracción de la oferta doméstica. Este último factor es una suerte de cuenta residual que comprende los verdaderos factores estructurales tras la inflación venezolana: la ausencia de inversión pública y privada, las salidas de capitales, nuestra escasa capacidad productiva, o el hecho de que Venezuela es uno de los siete países del mundo en donde resulta más caro producir. El informe sí menciona que el riesgo país de América Latina se ha reducido a 380 puntos básicos, pero no hace ninguna referencia al hecho de que Venezuela se mantiene sobre los 1000.

También existe una inconsistencia significativa entre la orientación del BCV a “promover el ahorro” y las políticas de tasas de interés reales cada vez más negativas del instituto. Para financiarse barato el gobierno ha reducido las tasas de interés activas y pasivas. Estas últimas se encuentran ahora entre 12,6% y 15,0% anual para depósitos de ahorro y plazos respectivamente. Siendo así, las pérdidas forzadas en el poder adquisitivo de los ahorros equivalen en el mejor de los casos a entre 12% y 16%. Es decir, el gobierno amenaza a los tenedores de bolívares, los obliga a protegerse adquiriendo bienes de consumo o dólares, y para proveerlos se endeuda masivamente en los mercados internacionales.

Tampoco se ha conseguido la estabilidad cambiaria que se pregona en la introducción. La tasa de cambio promedio en el mercado paralelo se depreció 41% entre 2008 y 2009, a pesar de las costosísimas emisiones de deuda pública externa que puso en marcha el gobierno para tratar de contenerlo. Endeudarse caro para vender dólares “baratos” a los asustados ahorristas venezolanos es una política que nos conducirá la bancarrota.

Y así sucesivamente. El informe no hace ninguna referencia al hecho de que esa supuesta “amortiguación”, esto es, que los resultados que allí se anuncian no hayan sido todavía peores, se debe entre otras cosas a hemos contratado en un año una cantidad de deuda equivalente al 70% del total de deuda acumulada por la IV República a lo largo de cuarenta años. Por lo demás, casi todo lo que uno necesita saber está allí. Esas son nuestras estadísticas. Lo demás es anécdota. Como el hecho de que se mencione como un logro significativo que hayamos alcanzado la autosuficiencia productiva… en el área de impresión de monedas y billetes. Es decir, ya podemos imprimir todos los que nos hagan falta (pero no debería haber inflación, porque según Armando León esos bolívares ahora son “fuertes”). O la ironía de que se declare allí al 2010 como el “año del oro”. Pero bueno, ya eso forma parte del humor fácil que pretendía evitar.

Para El Universal, 09/01/2010

viernes, 8 de enero de 2010

Rumores sobre devaluación: NOTICIAS24

Operadores cambiarios y de deuda de Venezuela comentaron el viernes que los mercados estaban plagados de rumores sobre una inminente devaluación del bolívar, y una alta fuente del Gobierno dijo que había que estar “alerta” a un mensaje del presidente Hugo Chávez en las próximas horas.

La última vez que Venezuela decretó una devaluación de la moneda fue en el 2005, cuando el tipo de cambio pasó a 2,15 bolívares por dólar. En el país fue implantado un control cambiario en el 2003.

Sin embargo, existe un activo mercado paralelo de divisas en el que el dólar ganó terreno el viernes, desde 5,9 a 6,1 bolívares, en medio de los rumores sobre una devaluación.

“El rally del mercado de permutas que ocurrió en el día de hoy desde 5,97 en la apertura hasta los niveles actuales de 6,15, ha sido principalmente motivado por expectativas del mercado financiero (no oficiales y no confirmadas) de una posible devaluación este fin de semana”, dijo un operador a sus clientes en un reporte.

La fuente del Gobierno dijo que el presidente Chávez haría un anuncio económico importante de algún tipo, desde un consejo de ministros planificado para las 17.00 hora local.

Consultado sobre si sería de una devaluación, afirmó: “Sí, claro hay que estar en alerta”, pero declinó dar más detalles.

VÍA REUTERS

jueves, 7 de enero de 2010

Caldera

José Ramón Medina, a la muerte de Miguel Otero Silva, escribió en una hermosa nota de prensa “no me ha sido necesaria su desaparición para elevar el tono de la voz o subrayar la palabra o el ademán en énfasis patético”. Lo que tenía que decir, lo había dicho en vida. Fausto Masó ha escrito que para hacer una reflexión útil es necesario hablar de los muertos como si estuvieran vivos, sin el “énfasis patético” o el tono encumbrado. Y yo estoy de acuerdo con él.

Mucho se ha escrito a raíz de la muerte de Rafael Caldera. Algunas de esas notas están llenas de hipérboles. Otras, en su mayoría de colaboradores en funciones de gobierno, muy sinceras y muy nobles. Después de todo, una de las virtudes más reconocidas del ex-Presidente era ser un gran reclutador de talentos. Si hay algo que tienen todas en común es que las bondades que describen se agotan a comienzos de la década de los ochenta. Su carácter pacificador, su adhesión al Pacto de Punto Fijo, su capacidad para gobernar en un período crítico para la democracia y evitar “que se perdiera la República”. Yo no tengo la fortuna de contar con esos buenos recuerdos, porque el período hacia el cual se extinguen los de los que sí los tienen coincide con los años en donde despertó mi interés por los asuntos públicos.

De todos esos recuerdos, ninguno como el del discurso en el Congreso tras el golpe del 4 de febrero de 1992. Haciendo gala de su enorme oportunismo político, el ex-Presidente aprovechó la ocasión no para condenar el golpe, sino para justificarlo: “La verdad verdadera es que no podemos nosotros afirmar en conciencia que la corrupción se ha detenido, sino que más bien se está extendiendo, que vemos con alarma que el costo de la vida se hace cada vez más difícil de satisfacer para grandes sectores de nuestra población, que los servicios públicos no funcionan y que se busca como una solución privatizarlos”. Esa extemporánea alusión a la inflación, vista con el beneficio de la historia, luce bastante desafortunada. Tras ser catapultado a la Presidencia por ese mismo discurso, el segundo gobierno de Caldera registraría la inflación más alta de cualquier período constitucional y la única superior al 100% (1996).

Desde hace algunos años se nota cierto afán en el entorno de Caldera por desvincular la llegada de Chávez al poder del sobreseimiento que le otorgara el ex-Presidente. Andrés Caldera ha insistido en que “a Chávez lo hicieron Presidente los venezolanos con sus votos”. Y no le falta razón. En mi opinión, la contribución de Caldera al ascenso de Chávez no hay que buscarla en el sobreseimiento. Se encuentra más bien en el enorme deterioro en el poder adquisitivo registrado en los primeros cuatro años de su último quinquenio, cuando la inflación promedió 68%. A su vez, esta debacle tiene su origen en la decisión de intervenir a puertas cerradas el Banco Latino, tomada durante el período de transición de Velásquez con la anuencia del gabinete de Caldera. Allí, y en el golpe de gracia que le asestó a su propio partido político en 1993, es en donde se encuentra la verdadera contribución (acaso no la única ni tampoco la más importante) del ex-Presidente al ascenso de Chávez y a la posible pérdida de la República.

Para El Universal, 08/01/2010