viernes, 30 de julio de 2010

Doce años después

En realidad, aún no llega a los doce años. Han sido once años y medio, que a algunos se nos ha hecho una eternidad. Ese período es suficientemente largo como para poder abstraernos de los clásicos “lo que ha tenido es suerte, unos cuantos años de buenos precios” o los más forzados “si no fuera (sic) por el primero, el año del golpe, el del paro golpista y cuando cayó el petróleo…” Tendemos a identificar nuestra circunstancia con una anécdota, una causa general citada al azar, que nos explique toda nuestra historia (la falacia narrativa). De allí la importancia de analizar nuestro desempeño en períodos más largos, que tiendan a promediar las expansiones con las depresiones. Doce años son suficientes.
Por ejemplo: nuestra producción por habitante en el primer trimestre de este año resultó 7,2% menor al primer trimestre de 1998. Esto equivale a decir que en doce años hemos perdido un promedio anual de 0,3% de la capacidad productiva que teníamos en 1998 (que, dicho sea de paso, no era nada como para sentirse particularmente orgulloso). El punto está en que esa capacidad productiva se mide en volumen, aislando los efectos de los precios, pero la verdad es que el precio al que se vende uno de nuestros bienes, el petróleo, es ahora mucho más alto. Por eso aunque nuestros volúmenes de producción no hayan aumentado, tenemos cierta capacidad de consumo. ¿Cuánto más? Si hacemos el mismo cálculo para el consumo por habitante, el primer trimestre de 2010 cerró 38,3% por encima del primero de 1998, equivalente a un crecimiento de 2,7% anual. Está claro que los años de bonanza petrolera han permitido por algún tiempo que nuestros niveles de consumo se distancien de nuestra producción, pero esa diferencia ya ha empezado a corregirse (a precios más bajos no puede ser tan grande).
En los últimos doce años nuestra inflación ha sido 977%, equivalente a 22% anual. La devaluación de la tasa oficial ha sido de 698%, 19% anual, y la depreciación de la tasa paralela (tomada a partir de la última tasa “legal”) ha sido 1.244%, 24% anual. La inflación registrada por año ha sido prácticamente idéntica al promedio de devaluación del bolívar oficial y depreciación del paralelo. Es decir, se podría reducir significativamente nuestra volatilidad con una política de tipo de cambio (libre) flexible, que se administre con base en la meta anual de inflación. En lugar de eso, el gobierno ha escogido alternar largos períodos de sobre-valuación del bolívar (importaciones baratas) con enormes devaluaciones y macro-depreciaciones.
Lo más curioso de todo es que estos resultados son muy similares a los que, con precios del petróleo mucho menores, se registraron en los últimos veinte años de la IV República (no tiene sentido comparar estos doce años con nuestros primeros veinte años de democracia, cuando llegamos a ser uno de los países de mayor crecimiento y menor inflación del mundo). Entre 1979-1998 la producción por habitante cada año cayó 0,7%, la inflación promedió 28% y la devaluación 32%. He aquí una enorme ironía: Estos doce años arrojan resultados muy similares a los que condujeron al empobrecimiento masivo que dio origen a este régimen. Están ahí, ahí. Cabeza a cabeza.

Para El Universal, Viernes 30/07/2010

viernes, 23 de julio de 2010

El simulacro: Qué fácil es reinventar a los muertos!

Venezuela nunca ha sido un país obsesionado con sus muertos. Jamás prestamos demasiada atención a los cadáveres, nunca atribuimos propiedades a sus huesos y cenizas. Hasta aquí nuestra sociedad no se satisfizo en hurgar en las entrañas de los muertos para buscar ahí sus propias entrañas. Nuestro caso no era el de Argentina, donde es imposible concebir la historia sin las grandes hazañas de los muertos. Literalmente, con las hazañas y los acontecimientos posteriores a las muertes de sus héroes, que suelen ser más poderosos que los realizados en vida. Allí parece que todos debieran resignarse a morir en el exilio, como si la propia grandeza ya fuese todo un impedimento para descansar en el suelo de la patria, o aceptar ser desmembrado y exhibido de forma pública tras la muerte.

En el primer grupo se encuentra San Martín, fallecido en el exilio francés y repatriados sus restos (descansan en una bóveda bajo el muro derecho de la catedral, los obispos se negaron a enterrarlo adentro por masón); Domingo Faustino Sarmiento, el maestro, muerto en Paraguay; Carlos Gardel, muerto en un accidente aéreo en la vecindad de Medellín, sus restos calcinados, separados de los escombros al ojo por ciento, enterrados con honores en La Chacarita; y Jorge Luis Borges. Este último decidió irse a morir a Europa, el sabio ya conocía el extraño destino que espera a los cadáveres en Argentina. En el segundo grupo resalta el caso de Perón, cuyas manos fueron mutiladas y extraídas de su tumba durante el gobierno de Alfonsín, o la enorme peregrinación que tras su muerte hiciera el cadáver de Eva Perón, de Argentina a Europa y décadas después de vuelta a Argentina, con dedos, trozos de su nariz y orejas mutilados. Al Che Guevara le tocó el peor de los dos mundos.

Toda esta obsesión argentina con la muerte fue recogida por el propio Borges en El simulacro. Cuenta la historia de un extraño personaje que aparece un día en un pueblito del Chaco, trajeado de gris, lúgubre, y tras encender cuatro cirios y dejar caer algunas flores, abre una caja que hace las veces de ataúd, en cuyo interior se encuentra una muñeca rubia. Los habitantes acuden al lugar, retirado, cerca del río. Mi sentido pésame, General. Y el personaje, compungido, junto a la cabecera, las manos cruzadas sobre el vientre, contesta con entereza: Era el destino. Se ha hecho todo lo posible. "Una alcancía de lata recibía la cuota de dos pesos".

A ese mismo abismo, hasta ahora ajeno, nos hemos asomado esta semana. Un madrugonazo nos ha colocado frente a unos astronautas (la expresión es de los descendientes de María Antonia Bolívar) hurgando huesos y cenizas, y dando vivas a la patria. Cabrujas solía decir que Bolívar se sentiría muy triste si fuese testigo del manoseo y la referencia constante que de él se hacía en nuestra asombrada modernidad. No podría haber servido para mucho el padre, si los hijos seguían invocándolo, décadas después, mientras deambulaban sin rumbo por los pasillos de la historia. ¿Qué se podría decir hoy en día? Es tan fácil reinventar a los muertos. Ponerles palabras en la boca, tomar su lugar y decir lo mucho que nos hubiesen querido, jugar al simulacro. Y cobrar, por supuesto. Cobrar.

Para El Universal, 23/07/2010

sábado, 17 de julio de 2010

Bahía: Días entre los dioses

La misteriosa ceremonia del Candomblé es una herencia que conecta a los habitantes de Bahía con sus ancestros en el oeste de África, en especial Benin, Burkina Faso, Mali y Senegal. Se realiza en unos salones amplios o terreiros, de paredes blancas adornadas con imágenes y motivos de los trece diferentes orixás, o espíritus que conforman el paraninfo del Candomblé. El de esta noche es en la cúspide de uno de los cerros de Bahía, en la rua da mãe menininha. A los asistentes nos han dividido entre hombres (a la derecha) y mujeres (a la izquierda), haciéndose una suerte de rueda natural en el centro. Allí los que celebran el culto, en su mayoría mujeres ataviadas con amplios faldones, bailan en círculos al ritmo de los tambores.
Cada uno de los trece orixás del Candomblé tiene un ritmo diferente, Oxossi, Ogun, Yemanya, Xangó, una cierta cadencia en el batir del tambor que acompaña a los cantos en yoruba. Dentro de cada uno de los trece bailes, algunos participantes son poseídos por el espíritu del ritmo que prevalece. Esos privilegiados son fáciles de distinguir, pues aunque se mantienen de pié, sus movimientos se caracterizan por espasmos y convulsiones, acaso también por cierta baba a simple vista inofensiva que le sale por la boca. Cuando eso ocurre, los iniciados en el culto acompañan al poseído, guiándole a través del ritmo hasta su postración ante la Santa Madre, una figura regordeta sentada en una suerte de trono, que trata a algunos con bastante afecto y a otros con evidente indeferencia, los recibe en sus brazos y hace salir, fluir, a los espíritus buenos que los han ocupado por un rato.
Los ritmos van in crescendo, hasta alcanzar el último, el de Xangó, de lejos el más convulsionado de todos. Al final de la ceremonia, la rueda será ocupada por quienes han tenido la suerte de sentir fluir su orixá. Todos ataviados con la indumentaria, vestidos, collares y máscaras de su respectivo espíritu, tomarán la escena en un último baile que cierra la ceremonia. Son unas tres o cuatro horas, de pié, hasta bien entrada la noche.
Lo más curioso será encontrar a algunos de estos protagonistas en la Iglesia del Señor del Buen Fin, en la península de Itapagipe, al día siguiente, a las seis de la mañana, para celebrar el primer viernes de cada mes. Aquí, más que por la curiosidad, me ha estremecido el fenómeno de la fe. El Señor de Bom fim sólo hace su entrada al final de la misa, y los cientos de asistentes se estiran para tratar de tocar la pequeña esfinge que portan los sacerdotes tras una nube de incienso. En una nave lateral cuelgan miles de velas con formas de partes del cuerpo, curaciones atribuidas al patrono de esta iglesia.
Antes de venir he leído algo sobre el proceso a través del cual los esclavos africanos procuraron confundir dentro de la religión católica el culto a sus propios dioses, que había sido prohibido por los colonos (Jesucristo ha sido fusionado con la figura de Oxalá). Tenía mucha curiosidad por observar el resultado de esa mezcla. En realidad, como me aclararon algunos aquí, la fusión no ocurrió tanto en lo físico, no se encuentra en las iglesias ni en los terreiros, se encuentra dentro del corazón de cada quien.

Para El Universal, 16/07/2010

viernes, 9 de julio de 2010

¿Cuánto aguanta Venezuela con el SITME?

Pasadas ya las primeras semanas de "funcionamiento", el Sitme no termina de arrancar. Las instrucciones no están claras, los bancos recibieron un instructivo para operar durante los primeros días y mientras el Gobierno advertía que aún no estaba en Gaceta Oficial, cada quien escogió trabajar con una mezcla muy sui géneris de instructivo semi-oficial y condiciones propias.

Según lo que escuché de diferentes empresas entre las condiciones figuran estar registrado en Cadivi, haber realizado importaciones en los últimos seis meses, no haber recibido dólares de Cadivi en los últimos noventa días y utilizar las divisas asignadas para importaciones futuras (no para cubrir deudas pasadas). Los montos asignados por empresa no pueden superar los 350.000 dólares mensuales, equivalentes a 4.200.000 dólares al año. Así, se mantienen el acceso al sistema muy restringido, además de que la cifra en sí misma no alcanza para cubrir siquiera los requerimientos de una empresa mediana.

Pero eso no es todo. El sistema hasta ahora ha funcionado con 700 millones de dólares en bonos que aportaron los bancos, bajo la amenaza de que de no hacerlo "voluntariamente" se podría aprobar una disposición que redujera el tipo máximo de tenencias en divisas de esas instituciones de 30% a 15%. Ese es el "exhorto moral" al que hizo alusión Armando León. Aunque algunos bancos ya han recibido bonos en dólares asignados a sus clientes, muchos aún no los han liquidado porque no se sienten cómodos con el ordenamiento legal actual, que no los autoriza de forma expresa a liquidar bonos y depositarlos en cuentas privadas. Y es que, en el fondo, a los bancos hoy en día el gobierno les está pidiendo que ejecuten una operación similar a las que en otra época hicieron las casas de bolsa. Basta con mirarse en ese espejo y recordar la fábula del sapo y el escorpión.

El miércoles, por ejemplo, a través del Sitme se asignaron 26 millones de dólares. Esa cifra es la suma del valor facial de los bonos, pero cuando las empresas los liquiden para obtener divisas recibirán, salvo en el caso del Pdvsa 2011, 45% - 55% de esa cantidad (la mitad). Ese número contrasta con los 67 millones de dólares diarios que inyectó el Gobierno al mercado paralelo en 2009. Es evidente que el Sitme ha sido diseñado para un tamaño de economía infinitamente inferior a la que existe. Hasta ahora no se han presentado episodios fuertes de escasez (aunque cada vez cuesta más conseguir las cosas), por una combinación de inventarios y recesión, pues ésta última ha reducido la demanda de forma considerable. Pero no puede durar mucho más así. La pregunta no es cuánto aguanta el Sitme, que puede aguantar lo que el Gobierno quiera, sino cuánto aguanta el país bajo el Sitme tal y como está previsto. Entiendo que en el Ejecutivo se están manejando algunas opciones para hacer más viable la adquisición de divisas a empresas grandes y medianas. Si eso ocurre, el proceso habrá dado dos pasos hacia atrás antes de seguir adelante en el rumbo previsto, y por un tiempo habrá algo de respiro. Si no, se viene un escenario terrible de desabastecimiento y escasez, acaso como ningún otro que hayamos vivido antes.

Para El Universal, 09/07/2010

viernes, 2 de julio de 2010

La inanición como estrategia política

Los containers podridos parecieran haber puesto una cuña a la avalancha socialista. Es eso, una cuña, un mientras tanto, nada más. Las nuevas leyes y disposiciones están ya en su lugar, las advertencias han sido hechas, la destrucción como objetivo ha sido proclamada. Está pavimentada la ruta y estamos todos ahí, frente a la aplanadora, mirándonos todavía entre indefensos e incrédulos. El mercado de divisas se ha cerrado para las transacciones de capital, lo que restringe el valor de la propiedad al uso, anulando la posibilidad de intercambio. Otros cambios de ese mismo tenor se avizoran en banca y seguros. El problema del gobierno con la banca es que ésta no le presta a quienes ellos quieren que le preste. Las gavetas hipotecarias sirvieron para que la clase media-alta se enriqueciera aún más apalancada en el enorme subsidio, a costa de las pérdidas forzadas a los depositantes. Apenas una consecuencia, un resultado de las reglas del juego que fijó el gobierno. Ahora el objetivo será forzar préstamos a las comunas y a consumidores de muy bajos ingresos, un segmento con un altísimo perfil de riesgo en el que la banca (en especial la pública) ha tenido muy poco éxito.
Las pocas dudas que aún pudiéramos tener se irán resolviendo en los próximos meses, según la disposición del gobierno para efectivamente hacer cumplir la letra que ya se ha aprobado. Si ante la escasez y el desabastecimiento que traerá consigo el nuevo sistema cambiario se decide “flexibilizar” el mercado negro, tomar alguna previsión que ayude a blanquearlo un poco, el ritmo de la destrucción será menor. Vale lo mismo para la banca. Si, por el contrario, el gobierno abandona el pragmatismo que ha prevalecido hasta ahora y acelera la ejecución del aparate legal aprobado, la ruta hacia Cuba será mucho más expresa (aunque no exenta del todo de obstáculos). Ahora bien, el objetivo está claro, de lo que se trata es de tratar de dilucidar el ritmo y respirar por algo más de tiempo.
Frente a ese avance las posibilidades de la oposición son muy limitadas. Las campañas electorales y la defensa del voto cuestan mucho dinero y el gobierno ha ido eliminando todas las fuentes posibles de financiamiento. Ya no reciben fondos públicos, son ilegales los aportes externos y las empresas privadas que colaboraban (siempre los mismos) han sido estatizadas o están bajo fuerte escrutinio. Esa es la verdadera estrategia, el punto álgido que faltó mencionar en la famosa entrevista de la BBC, de la que el nuestro no salió tan mal librado como muchos creen. Es la muerte de la oposición por inanición.
Acabamos de descubrir que no existía dique de contención. Uno se pregunta cuando observa al gobierno avanzar con tanta facilidad por qué no lo había hecho antes, si la resistencia iba a ser tan poca. Acaso esto era algo que ni siquiera ellos esperaban. Hasta tal punto, que el freno ha venido de su propia incompetencia. Unos containers abandonados en un galpón, con toneladas de alimentos podridos, lograron (por ahora) lo que la oposición no ha sido capaz de hacer. Quizás en esa triste anécdota se encuentre la clave para esclarecer ese futuro huidizo y esquivo que ya nos ha sido anunciado tantas veces.

Para El Universal, 02/07/2010