viernes, 4 de febrero de 2011

La fuga de cerebros: ¿Menos mal?

Existe la creencia común de que las fugas de cerebros son muy dañinas para los países de origen. Se piensa que en ningún lugar un talento puede ser más productivo que allí en donde las personas capacitadas son pocas. Dado que son escasos, su impacto en la producción puede ser importante. Son talentos que dejan de ser incorporados al sector público, a las organizaciones políticas, lo que trae efectos negativos sobre las instituciones.


Una nueva línea de investigación sugiere no sólo que las fugas de cerebros podrían traer efectos positivos para los países de origen, sino además que estos podrían superar los negativos. Pensemos primero en quienes se van. Si son más escasos y más productivos en sus países de origen, ¿por qué se fugan hacia lugares en donde existe abundancia de talento, en donde serán menos útiles (menos valorados)? Acaso sea necesario que en sus países de origen exista una inversión mínima de capital para que empiecen a ser productivos. Esto último lo confirma el hecho de que, con frecuencia, los cerebros que se fugan ganan más afuera que en casa, aunque allí sean más abundantes. Si cuando pensamos en términos de políticas públicas nuestra población objetivo son los nacionales, aquí hay un grupo que definitivamente está mejor. Después de todo, no hay razón para ignorar los beneficios que recibe de cierta política pública un tanzaniano que ya no vive en Tanzania.

Luego están los que se quedan. Quienes se quedan, se suele pensar, se perjudican porque ahora el potencial de desarrollo o crecimiento es menor en la geografía nacional debido a la fuga de talentos. No siempre. En muchos países, las transferencias que reciben las familias de los cerebros fugados al exterior más que compensan las pérdidas en términos de producción. Si de verdad el capital mínimo necesario para que un cerebro sea productivo no existe, es probable que su impacto sobre el producto nacional sea bajo y más que compensado por las transferencias.

¿Deberían por eso dejar de invertir en educación los países pobres? No. En Ghana, si cada graduado universitario fugado envía de regreso 135 dólares al año, en veinte años paga lo que costó su educación. Las estimaciones de transferencias se encuentran alrededor de 600 dólares anuales por persona. Más importante aún, se ha demostrado que la posibilidad de que la educación abra las puertas a mejores condiciones de vida en otros países tiene un impacto positivo en la participación educativa del país de origen.

El hecho de que un cerebro se fugue no quiere decir que no tenga ninguna injerencia en el devenir político o institucional de su país. Muchos líderes exiliados durante épocas de tiranía organizan la resistencia desde el exterior y han conseguido volver con éxito, mejor educados y con mayor experiencia, a sus países de origen.

Ahora bien, no siempre la fuga de capital humano resulta positiva. En particular, cuando esa fuga ocurre entre personas de clase media alta, que se han beneficiado de la educación pública pero no envían transferencias a sus familias porque ya salieron todos, o porque no las necesitan, es muy probable que el impacto sea negativo. Ese factor quizás tenga una incidencia muy importante en nuestro caso.

Para El Universal, 04/02/2011

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy somero el articulo....