jueves, 17 de marzo de 2011

Kornai: A fuerza de pensar (versión ampliada)

Nunca es casualidad que un determinado libro caiga en nuestras manos en determinado momento. Me gusta pensar que hay cierta lógica de vida detrás de ese proceso que desemboca en la lectura de una entre tantas otras cientos de miles de posibilidades. Así, saltando de una referencia a otra, a partir de una conferencia de Jeffrey Sachs sobre el desarrollo sustentable, llegó a mis manos “A fuerza de pensar”, del economista húngaro Janos Kornai (“By force of thought: Irregular memoirs of an intellectual journey”, MIT Press 2007).

Había leído referencias a Kornai aquí y allá, pero nunca nada escrito por él directamente y menos aún caído en cuenta de su extraordinaria historia. Nació en Hungría y alcanzó la mayoría de edad en ese peculiar período en que los rusos desalojan a los soldados de Hitler de Budapest. Esta época ha sido descrita de forma magistral por Sandor Marai en sus memorias (“Tierra, tierra”), pero desde otro punto de vista: A diferencia de Kornai, Marai no era judío y nunca se identificó con los comunistas rusos.

Kornai perdió a su padre durante la persecución a los judíos y a tres de sus hermanos en la guerra. Consiguió eludir el servicio militar y escapar de los campos de trabajos forzados a través de una sucesión de iniciativas y coincidencias sorprendente improbables. Tras la “liberación de Budapest”, decidió cambiar su apellido judío (Kornhauser) por uno que sonara más húngaro (“Kornai”) y se unió a la juventud socialista. Desde allí contribuyó a sentar las bases de la Revolución de 1956 y se convirtió en uno de los grandes teóricos de la transición post-Soviética. Fue desencantándose poco a poco del régimen, y llegó a escribir varias obras críticas, la más notable de todas “Sobre-centralización” (Overcentralization), el primer libro salido de la cortina de hierro que criticaba de forma abierta al régimen, exhibiendo sus grandes contradicciones. A estas le siguieron muchas otras, que ayudaron a los intelectuales de Occidente a entender mejor la mecánica de funcionamiento interna del socialismo y sus debilidades implícitas. Hoy en día Kornai es tenured profesor en la Universidad de Harvard (83 años).

Quisiera resaltar algunos aspectos que más me han llegado de esta lectura. El primero es el proceso a través del cual Kornai decide unirse a la juventud socialista, a pesar de los evidentes crímenes y abusos que se cometían a diario contra sus compatriotas húngaros. “Todas aquellas experiencia horrorosas que oíamos a diario quedaban confinadas al inconsciente; sí, las oía, pero no le atribuía todo el peso que tenían, porque si hubieran salido a flote con toda su fuerza habrían debilitado mi confianza en la Unión Soviética… Yo no hacía sino pensar en que ellos habían perdido muchas vidas para salvarnos de la aniquilación nazi, y así, mi confianza en el régimen se fue fortaleciendo hasta el punto en que eventualmente transmutó en una fe ciega e incondicional”. Algo de ese sentimiento, identificación y ceguera podría estar también detrás de esas otras fidelidades incondicionales que nos resultan tan difíciles de comprender.

La otra es que Kornai se aprovechó de aquél aspecto, en donde evidentemente tenía una ventaja comparativa, para convertirse en uno de los profesionales más destacados de su época. Desarrolló una veta que ningún otro economista hubiera podido desarrollar. Para mí, es algo quizás comparable a lo que en el cine ha hecho Pedro Almodóvar: Hacerse famoso a fuerza de contar esas cosas que en España pasan todos los días, pero que a los demás en el resto del mundo nos parecen surreales. ¿De qué se puede escribir e investigar en Venezuela por estos días? ¿Qué nos está pasando que podamos explotar desde el punto de vista del conocimiento, para aprender de nosotros mismos y dejar una lección al resto de mundo? Me da la impresión que varias cosas: El propio socialismo anacrónico, los 150.000 asesinatos en 12 años, las hordas de refugiados y la fuga de talentos, y el petróleo, se me ocurren sólo como algunas posibilidades.

Por último, me quedo con ese pasaje en donde se relata la “liberación” de Budapest por el ejército soviético. A Kornai este día le sorprende escondido en un sótano. Dos soldados rusos abren la compuerta y, a través de la luz filtrada por la escalera de caracol, ven abajo al joven Kornai, de apenas 16 años. Uno de ellos le estira la mano y cuando Kornai se incorpora, pensando que le ofrecían ayuda para subir le grita: “¡Davay chasi!” (¡el reloj!). Así, tras robarles los relojes y cadenas a todos los que se encontraban ocultos, se marcharon dejando la puerta abierta. Buena lectura, y buena introducción a lo que termina siendo siempre el socialismo.

Para El Universal, 18/03/2011

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente artículo. Continúa así. Saludos.

-Carlos