jueves, 14 de abril de 2011

¿Se puede crecer como China? (versión ampliada)

Uno se pregunta, tras todos estos años de retroceso tecnológico, económico, social e institucional, qué tan rápido podríamos volver a la senda del progreso. Y la verdad es que hay muchos ejemplos de los que podemos derivar lecciones, muchas oportunidades de aprender de las experiencias de otros. Uno de los casos más interesantes es China. ¿Cómo está recuperándose del enorme atraso en que emergió de la era de Mao Zedong? ¿Cómo se puede crecer a tasas del 10% durante más de 30 años consecutivos? Para tomar un período más corto y tener una referencia más cercana, en los doce años que Hugo Chávez ha estado en el poder el ingreso real por habitante promedio en China ha crecido 161%, a razón de 8,3% anual. Venezuela, en ese mismo período consiguió aumentar su producción real por habitante algo menos de 5%, a razón de 0,4% anual.

China durante muchos años ha constituido un reto para los economistas. Las enormes inversiones de capital que se hacen allí todos los años para traer al país de vuelta al presente deberían traducirse en flujos de capitales netos positivos hacia China. Es decir, China debería estar recibiendo capitales en términos netos del resto del mundo. No es el caso. Todo lo contrario: En los últimos 15 años, China ha acumulado un enorme superávit externo (es un prestamista neto a nivel mundial), llevando sus reservas internacionales de 21 millardos de dólares en 1992 (5% del tamaño de la economía) a 2.130 millardos de dólares en 2009 (46% del PIB). ¿Cómo ha sido posible? Si los retornos que el capital privado obtiene en China según el año se encuentran entre 21-28% en dólares, ¿cómo es posible que el país se haya convertido en un prestamista neto del resto del mundo?

Una investigación reciente de los economistas Zheng Song, Kietil Storesletten y Fabrizio Zibolitti ha dado con la explicación (“Growing like China”, American Economic Review, February 2011). Según los autores, existen dos tipos de empresas en China. Las primeras están conformadas por jóvenes (early adopters), exhiben una altísima productividad y no están vinculadas al sistema financiero. Es decir, son firmas de emprendedores muy activos, que desarrollan tecnología o la adquieren del exterior, muy eficientes, pero deben financiar sus inversiones a partir del ahorro interno (ahorros personales o utilidades retenidas). Debido a restricciones que aún existen en el sistema financiero estos nuevos emprendedores no tienen posibilidad de acceder al crédito. ¿Y a quién le presta el sistema financiero? Al segundo tipo de empresas. Este último grupo está conformado por empresas estatales o con intereses muy vinculados al Estado. Son muy ineficientes, han sobrevivido a fuerza de conexiones y prebendas, pero poco a poco han ido cediendo terreno ante los nuevos emprendedores. ¿Por qué? Porque ambos compiten, ya no en el mercado de recursos financieros, pero sí en el de mano de obra. Como suele suceder, los más productivos pueden pagar más, con lo que extraen trabajadores de las empresas ligadas al Estado, haciéndolas aún menos viables.

Así, las empresas que reciben crédito del sistema financiero se están reduciendo paulatinamente y el pool de ahorros domésticos está siendo canalizado hacia el exterior. Según este arreglo, la economía del país crece a tasas aceleradas, porque los más productivos poco a poco van desplazando a los que lo son menos, aumentando el nivel promedio de eficiencia. Pero debido a las fricciones del sistema financiero ese ahorro doméstico no puede aún ser canalizado hacia los nuevos emprendedores, por lo que sale hacia el exterior buscando retornos más atractivos. Así coincide el alto crecimiento económico con las enormes salidas de capital.

Los nuevos emprendedores empezaron dedicándose a industrias de mano de obra intensiva. Es una tendencia natural, pues las reformas les abrieron la oportunidad de disfrutar de beneficios, pero tienen restringido el acceso al crédito. En la medida en que han ido creciendo sus utilidades han ido generando los recursos necesarios para acceder a industrias de capital intensivo. Así, estos nuevos emprendedores están conquistando China de abajo hacia arriba, recortando a pasos muy acelerados la enorme brecha tecnológica del país (las primeras reformas se introdujeron en 1978).

Uno se pregunta en qué medida esto ha sido orquestado por el propio Partido Comunista Chino para darle a sus propias empresas y a las de sus allegados una salida más progresiva. También nos invita a pensar a qué tasas podría estar creciendo China si consiguiera reducir las fricciones en su sistema financiero, cesa la exportación de la intermediación y le da acceso a sus nuevos emprendedores al pool de ahorros domésticos. En cualquier caso, que bajo las actuales restricciones el país haya sido capaz de crecer a tasas superiores al 10% durante más de 30 años es toda una demostración de la fortaleza de la reasignación de recursos que lleva a cabo el mercado.

Nosotros no tenemos los cientos de millones de habitantes. Pero sí vamos a heredar un fenomenal atraso, un sistema financiero estatizado total o parcialmente, prestándole a un conjunto de empresas asociadas al gobierno; muy ineficientes y obsoletas desde el punto de vista tecnológico. Siendo así, desde ya deberíamos empezar a pensar en cómo hacer para que nuestros grandes emprendedores, esos que hoy en día se destacan no sólo en Venezuela sino también a nivel mundial, puedan acceder a nuestros colosales niveles de ahorro.

Para El Universal, 15/04/2011