viernes, 3 de junio de 2011

¿Qué hacer con el control de cambio?

Ahora que el cinismo le ha empezado a ceder algo de terreno a la esperanza, vale la pena retomar algunos de los ejercicios intelectuales de esos en los que tantas veces hemos participado a lo largo de todos estos años. ¿Qué podría hacer una administración de transición? Más particularmente, ¿cómo salimos de esa calle ciega que ha sido el control de cambio?


He tenido esta conversación recientemente con algunos amigos y creo que vale la pena compartir las posibilidades y examinar las bondades de cada una. Existe cierto consenso alrededor de algunas ideas fundamentales. Por un lado, el control de cambio no puede ser levantado de forma inmediata (a la CAP II). En una administración en donde la gobernabilidad y la fragilidad política serán la orden del día, debe prevalecer la orientación gradual (haciendo la salvedad, claro está, de que el gradualismo cuesta real, y partimos de la base de que algo tendremos). Por el otro, la meta final es un sistema de cambio libre, sin controles, con una tasa de cambio flexible administrada por el BCV con base en una meta anual de inflación.

La diferencia está en la transición entre un estado y otro. El sistema de cambio dual adoptado por el gobierno abre diferentes caminos para esa transición. Aunque las posiciones tienen muchos matices, voy a tratar de reducirlas a dos. Una posibilidad sería mantener el esquema dual, con una tasa más baja de acceso restringido, y una tasa de mercado completamente des-regulada (pero administrada por el BCV). Dentro de esa concepción, la primera tasa no tendría por fuerza que ser fija. Por el contrario, ese 4,30 de hoy podría irse ajustando gradualmente hasta converger con la tasa libre de mercado, y con eso decretarse el fin del control de cambio (mediano plazo). Dentro de este esquema, es esencial que la tasa de interés sea liberada y positiva, para frenar el estímulo a la salida de capital. De igual forma, los dólares subastados por estos días a través del SITME serían eliminados y la oferta de divisas que hoy en día circula por esta vía pasaría a consolidarse con la que ofrezca el BCV para administrar la tasa libre.

La segunda posibilidad es más lenta, equivale a hacer poco en el corto plazo para darle prioridad a la gobernabilidad, y se limita a enviar señales al mercado de que la situación está en camino de corregirse. Bajo este esquema, se mantiene el 4,30 fijo y se crea una segunda tasa única también de acceso restringido. En consecuencia, seguiría existiendo una tercera tasa “negra”, con la que la nueva administración tendría que lidiar. En este esquema no sería necesario liberar las tasas de interés, que podrían seguir estando por debajo de la inflación por un tiempo más.

En mi opinión, esta segunda alternativa dejaría muchos vacíos y no enviaría suficientes señales de cambio, además de mantener un conjunto de ineficiencias que podrían resultar muy caras a una administración que podría no tener tantos recursos como se piensa. Por otro lado, entiendo la posición de los que piensan que ya estamos un poco acostumbrados a esta situación, y que en las primeras de cambio no hay que hacer grandes cambios, sino enfocarse en asegurar la gobernabilidad. Está abierto ese debate.

Para El Universal, 03/06/2011

10 comentarios:

juan dijo...

Miguel Angel,
A esos dos esquemas q discutes en tu artículo habría q agregar otro: la caja de conversión. La economía vzlana altamente dependiente de USA en su comercio exterior puede rápidamente beneficiarse de la dolarización formal(de hecho ya lo está desde hace años) y el nuevo gobierno obtendría un éxito temprano en su gestión financiera con el abatimiento inmediato de la inflación interna. La debilidad institucional que existe hace muy complejo la administración efectiva del sistema cambiario en cualquiera de las 2 versiones q discutes. La CC para q funcione necesita ser acompañada por una reforma fiscal profunda (no nos salvamos de eso en cualquier caso), de un monto adecuado de reservas nternacionales (la gran incógnita) y de ser posible dl respaldo del FMI. La experiencia internacional es mixta sobre los resultados de la CC (exitosa en Brasil, en la exYugoeslavia y hasta cierto punto en Ecuador) pero se perdieron los beneficios q habían sido obtenidos en Argentina. Creo q Vzla está mejor posicionada que esos países para lograr el éxito de la CC. En fin, food-for-thought. Te anexo 2 links interesantes sobre el particular:
http://www.elcato.org/publicaciones/articulos/art-2000-01-14.html
http://www.hks.harvard.edu/fs/jfrankel/PEP-YaleApr_IF+App.pdf
Juan Francisco Misle

Miguel Ángel dijo...

Juan: Tu pregunta y varios de los comentarios que le han hecho a mi artículo hoy en el Universal me obligará a escribir una nota sobre la dolarización. He escrito varias en el pasado, explicando en detalle por qué me parece que ese esquema sería un verdadero error en el caso de Venezuela. Hasta ahora las explicaciones "académicas" sobre ese tema han sido muy infantiles, tipo "quieren ganar en dólares o en bolívares" (nunca dicen cuánto), y uno tiende a pensar que sería bueno. En mi opinión es todo lo contrario. Escribiré sobre eso la próxima semana.
Un abrazo y gracias por tu comengtario -

ANGONFER dijo...

Después de esta fase de "Tierra arrasada" por el volcán rojo, Venezuela será un campo fértil para invertir en casi cualquier área y muchos venezolanos (y muchos de otras nacionalidades como era antes) querrán traer sus capitales para desarrollar sus empresas aquí. Se debe establecer una tasa de cambio atractiva para quien viene a invertir aquí, pero posiblemenste sería necesario establecer una tasa preferencial temporal para la importación de bienes básicos como alimentos, medicinas, etc. Vendrá una época de muchas inversiones, mucho circulante y eso elevará la inflación, pero habrá mayores fuentes de empleo y mayor bienestar para todos... Lo primero debe ser promover la inversión privada y la recuperación económica de los sectores fundamentales como el agrícola, ganadero, pesquero, forestal, agroindustria, industria en general, turismo, comercio y servicios. Después llegará la hora de abatir la inflación que será posiblemente una inevitable e indeseable compañera por algunos años.

Miguel Ángel dijo...

Totalmente de acuerdo contigo Antonio: La gran prioridad es garantizar la propiedad privada, e iniciar un programa agresivo para bajar los costos de hacer negocios en Venezuela al sector privado (licencias, permisos, registros, protección legal, ventajas impositivas). Será un proceso lento, pero se pueden enviar desde ya las señales. Y de acuerdo contigo también en que el combate contra la inflación debe ser una prioridad más de mediano plazo. Gracias por tu comentario

mario dijo...

Hola, creo que lo del Conrol de Cambios así como otras medidas, deben insertarse en algo más amplio que las debe contener y explicar, un plan de desarrollo nacional, un proyecto país que redescubra, reinvente o redefina la conexión perdida entre el petróleo y la capacidad de crecer, sostenidamente, de la economía. Nuestra historia económica de los últimos treinta años es la pérdida de esa conección y la incapacidad del Estado de reaccionar. Sin embargo, el Estado, tanto como la empresa privada y claro, el petróleo, son indispensables para reemprender tal proyecto. Cómo, en qué términos, eso es lo que hay que ver, pero eso sí, abandonando la ideologización estéril. Ni liberalismo ni neoliberalismo, tampoco el socialismo como vemos. Sí una buena dosis de patriotismo (amor por la Patria), que no nacionalismo. También pulcritud y honestidad en la formulación de programas y políticas desde el Estado. No cre que baste con asegurar especios a la inversión privada. Poner como telón de fondo la gobernabilidad es correcto pero defensivo. Un proyecto país es proactivo.
Mario A. Santibáñez M.

mario dijo...

Hola, creo que lo del Control de Cambios, junto a otras medidas, debe insertarse en algo más amplio que lo contenga y explique facilitando su itinerario, un plan de desarrollo nacional, un proyecto país que redescubra o reinvente la conección extraviada entre el petróleo y la inversión, tan auspiciosa en un tiempo ya lejano. Nuestra historia económica de los últimos treinta años es la pérdida de esa conección y la incapacidad del estado de reaccionar con acierto. Sin embargo, el estado, tanto como la empresa privada y claro, el petróleo, son indispensables para reemprender tal proyecto. Cómo, en qué términos, eso es lo que hay que redefinir, pero eso sí, abandonando la ideologización estéril. Ni liberalismo ni neoliberalismo, tampoco el socialismo, como vemos. Sí una buena dosis de patriotismo (amor por la Patria), que no nacionalismo. También pulcritud y honestidad en la formulación de programas y políticas. No creo que sea suficiente con asegurar espacios a la inversión privada. Luego de más de tres décadas cayendo, ésta no va a abundar, independientemente de los incentivos. Poner la gobernabilidad como telón de fondo es correcto pero defensivo. Un proyecto país es proactivo en su definición amplia, se explica por sí mismo.
Mario A. Santibáñez M.

Anónimo dijo...

Amigo ANGONFER, antes los viejos decían que los deseos no empreñan.
Que le dice que lo que usted llama fase de tierra arrasada esta por acabarse.
Aunque quisiera que fuera así mis análisis mas objetivos y lo que escucho a mi alrededor me dicen que faltan al menos 6 años después del 2012.(Con trucos o sin ellos)

Por ello si los análisis que aquí se hacen son para después del 2018 estamos de acuerdo, aunque el panorama para ese tiempo es desconocido.

mario dijo...

Alain Touraine dice que los países subdasarrollados son aquellos cuyas clases dirigentes se orientan al consumo y el estado a la redistribución, mientras sus sociedades se componen de algunos que trabajan y otros que sólo son pobladores: Perfecta descripción de Venezuela. ¿Cómo creer que "el proceso" no seguirá instalado si esas que se llaman elites opositoras no atizan siquiera a esbozar un proyecto de país, que es también un proyecto de poder, digerible por una sociedad plenamente informada de su decadencia pero incapaz de asumirla. No es que defender la propiedad privada o destacar las bondades de la economía de mercado esté mal, pero hace falta más. Hay que conectar, por ejemplo, la presentación de los proyectos o estrategias de acumulación que permitirán recuperar la inversión y el empleo al cabo de un tiempo, con los incentivos y sobretodo las exigencias previstas para un empresariado generalmente visto como parasitario y depredador.(Las privatizaciones no conforman por sí mismas una estrategia). También es indipensable definir la participación del estado no circunscribiéndolo a una mera función redistributiva. El pesimismo de anónimo es entendible, pero las cosas no están escritas: ¿cómo no se va a poder hacer algo de aquí al año próximo?, seis años más de descomposición pueden conducir a cualquier cosa, en eso hay que coincidir con él?.

Anónimo dijo...

Mario Dijo:
"¿Cómo creer que "el proceso" no seguirá instalado si esas que se llaman elites opositoras no atizan siquiera a esbozar un proyecto de país, que es también un proyecto de poder, digerible por una sociedad plenamente informada de su decadencia pero incapaz de asumirla."

De este resumen que usted hace es que viene mi pesimismo. No hay quien muestre nada nuevo, no hay quien mueva el piso. Lo que usted de manera acertada llama élites opositoras siguen haciendo oposición como si solo hubiese que vencer a un partido o a un candidato.
Señores hay que vencer a un candidato que a la vez es el estado con todos sus poderes.
Por eso es que hay que hacer algo muy distinto a lo que se viene haciendo. Por ahora las élites opositoras siguen contando cambures que todavía no tienen.

mario dijo...

El tema central a discutirse por un proyecto país medianamente digerible para una sociedad en descomposición es el poder de las instituciones democráticas de hacer retroceder la desigualdad social. El telón de fondo es el fracaso de lo que se entendía, antes de Chávez por democracia,así que no basta con la retórica. Se necesita como base una mística, una práctica que las organizaciones opositoras como casi todas en Venezuela, no muestran, de ahí su debilidad y su incapacidad. De ahí la gran probabilidad de que el populismo se imponga nuevamente como el canto de sirena para una sociedad sin rumbo.