viernes, 15 de julio de 2011

Nuestro fútbol y el trauma de la sucesión

La selección venezolana de fútbol ha conseguido superar un miedo que nuestra sociedad no encuentra cómo enfrentar: El trauma de la sucesión. Muy pocos se atrevieron a predecir los resultados de los últimos años cuando Richard Páez renunció en noviembre de 2007. Demasiadas veces tendemos a asociar la desaparición o salida de una persona del acontecer institucional o inclusive a nivel personal, con una debacle que la mayoría de las veces no llega a ocurrir. Y es que la verdad es que muy pocos, acaso ninguno, llegan a ser indispensables. De la experiencia de nuestra selección se derivan dos lecciones que nos pueden ayudar a enfrentar con optimismo nuestra coyuntura nacional.

La primera es que los blancos y negros, el pro-automático y el anti-automático, no conducen a nada bueno. Tómese el ejemplo de nuestro fútbol. Es indudable que Venezuela le debe muchísimo a Richard Páez. Nos sacó del sótano cuatro y nos puso en la planta baja, a ratos asomándonos al primer piso. Nos enseñó, tanto a los jugadores como a la afición, a creer en nuestras posibilidades. Le dio a Venezuela un sistema de juego y una identidad. Trajo consigo resultados que quienes seguimos el fútbol venezolano desde pequeños jamás pensamos que llegaríamos a ver. Pero también está claro que el largo ciclo de Richard (siete años) llegó a una fase de estancamiento. Ya parecía agotado en la Copa América 2007, pero él se empeñó en continuar a toda costa. Su salida, que ha debido ser mucho más decorosa tomando en cuenta su enorme contribución, fue lamentable.

César Farías es un técnico, por decir lo menos, muy polémico. A una parte grande de la afición (me incluyo) no le gusta a lo que juega. Pegamos demasiados pelotazos (“balonazos estratégicos”) y la convocatoria de jugadores luce caprichosa. Es difícil saber a qué jugamos, porque parte de su idea del fútbol es que el rival y la circunstancia determinan a qué se juega. Su intolerancia ante las críticas supera a Richard Páez (todos llevamos nuestro pequeño Chávez por dentro). Dicho esto, en pocos años el técnico se colgó a la espalda nuestra mejor eliminatoria mundialista en la historia, primera participación en un mundial juvenil, primera victoria ante Brasil y va camino a nuestra mejor participación en Copa América.

La polarización de opinión es un monumento a la flojera intelectual, una herramienta que utilizan los que se encuentran incapacitados para pensar, con el único objetivo de despojar a los demás de su inteligencia. Es evidente que esa polarización ahora está presente en todos los terrenos. Nuestros usuarios de Twitter, capaces de hacer de la muerte de Poppy un TT mundial, se han convertido en verdaderos tiranos de mayorías. Pero la verdad es que cada etapa tiene sus cosas buenas y sus malas, y eso es lo que más nos hace falta; no otra etapa histórica, sino un “esto está bien, y sigue”; “aquello está mal, no se va a hacer más”; “aquella idea es buena, se mejorará”. Así progresó nuestro fútbol.

La segunda lección es más breve pero más importante aún. Si para escoger al nuevo técnico de la selección se hubiese recurrido a la lista de virtudes “esenciales” que los encuestólogos nos han vendido debe tener nuestro próximo candidato presidencial, nuestro fútbol jamás hubiese podido hacer esa transición. Así de simple.

Para El Universal 15/07/2011

1 comentario:

Rubén Darío Bolívar G. dijo...

Hola Miguel Ángel!

Mi nombre es Rubén Darío Bolívar. Leí tu artículo de hoy en El Universal y me pareció muy sensato plasmar la sucesión en la dirección de la selección nacional de futbol como un mecanismo para explicar, de forma bastante original, la posible sucesión presidencial.

Aplaudo muchas de tus observaciones, sobre todo las relacionadas al periodo de Richard Páez al frente de la vinotinto. Sin embargo, hay algunos puntos que no comparto contigo, por lo cual me pareció prudente plantearlos para conocer tus impresiones.

Quiero aclarar que no soy experto en futbol ni pretendo serlo. Mi área de trabajo es la Economía (al igual que la tuya) e incluso soy docente en de dicha asignatura en la Universidad de Carabobo.Pero me considero un aficionado informado, a quien le gusta analizar esquemas tácticos y planteamientos de juego.

Mencionaste que pegamos muchos pelotazos, cosa cierta sin duda, pero algo que se ha hecho de manera continua a lo largo del tiempo. Quizás ahora se perciba más porque Rey no es titular (por tema de nivel futbolístico y edad) y garantizaba una salida limpia, cosa que Vizcarrondo no hace, y no hicieron en su momento ni Wilfredo Alvarado ni Alejandro Cichero. También vivían del pelotazo Leo Jiménez y hasta Leo Vielma, quienes nunca se caracterizaron por tener una salida distinguida con pleno dominio del balón.

El otro punto que no comparto es el de las convocatorias caprichosas de Farías. Todos los técnicos, a veces de forma errada,se encariñan con ciertos jugadores, que en muchos casos no están dotados futbolísticamente como sus compañeros. A mi parecer, Páez era mucho más caprichoso que Farías. Para muestra, se puede mencionar a Wilfredo Alvarado (quien pese a no militar en ningún club durante meses era titular en las eliminatorias), Ricardo David Páez (quien no poseía espíritu de lucha, se cansaba fácil y no aportaba mucho a la selección), Fernando De Ornelas (quien era delantero y lo puso de lateral derecho en la Copa América de 2007) o la exclusión de Gaby Urdaneta dela vinotinto.

No cabe duda que Richard Páez dejó muchas cosas buenas a la selección. Pero también debemos muchas cosas a Farías, cosa que se percibe muy poco en tu columna.

Puede haber la impresión que tal vez le tiras más flores a Richard que a César, pero la idea de este comentario es destacar que pese a la sucesión, ambos técnicos (Páez y Farías) han cometido errores similares desde una perspectiva meramente futbolística, tal vez porque ambos son, al igual que nosotros, venezolanos.

Saludos.

Rubén Darío Bolívar G.
rdbolivar@gmail.com