jueves, 7 de julio de 2011

¿Quién califica a las calificadoras?

Los grandes de la arquitectura financiera mundial vienen siendo sometidos desde hace algún tiempo por un actor extraño, protagonista de múltiples conflictos de intereses, cuyo poder curiosamente le ha sido delegado por los más fuertes: Las calificadoras de riesgo. Si uno lo piensa bien, en ese concierto tocan los bancos, porque tienen dinero; los gobiernos, porque tienen el poder; los multilaterales, Banco Mundial, FMI y la Unión Europea, porque coordinan las acciones de los gobiernos y representan a los más poderosos; y las calificadoras de riesgo. ¿Cómo han llegado estas últimas a acumular tanto poder? Esta semana han ocurrido dos cosas que ilustran lo poderosas que se han vuelto las tres grandes: Moody’s, Standard & Poors y Fitch Ratings.

El martes Moody’s decidió reducir en cuatro niveles la calificación de deuda de Portugal, enviando a sus bonos de un solo envión a la categoría de “bono basura”. Esto ocurre justo cuando la Unión Europea se esfuerza (inconsistente, sí, y a ratos sin rumbo) por evitar el colapso que traería un default griego, irlandés y portugués. Lo curioso es que desde la última vez que Moody’s calificó la deuda portuguesa no han pasado muchas cosas. Más allá de si Portugal está cerca de un default o no, el punto es que a estas alturas del juego las calificadoras tienen ya el poder de la profecía autocumplida: Con este rating, Portugal tendrá más problemas para levantar dinero en los mercados internacionales, lo que a su vez hará más probable un default.

El otro suceso es todavía más ilustrativo. Tanto Standard & Poor’s como Moody’s han manifestado que una renovación (rollover) de la deuda griega próxima a vencerse por parte de la banca francesa sería considerada técnicamente default. Según las calificadoras, existen dudas acerca de qué tan perjudicados saldrían los tenedores de deuda; y más aún, si esa renovación o refinanciamiento sería verdaderamente voluntario (o más bien “empujado” por el gobierno francés). En cualquier caso, si las calificadoras consideran default la renegociación, el Banco Central Europeo se vería obligado a no aceptar deuda griega como colateral, lo que dejaría a la deuda griega en el aire y al sistema financiero de ese país al borde del colapso. ¿Y quiénes introdujeron esa condición, que da ese enorme poder a las calificadoras? El propio Banco Central Europeo.

Más allá de los detalles de cada uno de estos hechos, que son muchos, el punto es que hay un actor que ha adquirido una influencia desproporcionada dentro de la arquitectura financiera mundial. Ese actor está sujeto a muchos conflictos de interés y sus decisiones provocan muchas externalidades. ¿Quién regula o califica a las calificadoras? La solución no es fácil. Europa ha planteado la creación de una “fundación de naturaleza privada” que realice la calificación de riesgo dentro de la región. Pero pensándolo bien, uno no puede entender cómo evitar que pronto esta última adquiera la jerarquía que hoy tienen las calificadoras, y sea atacada cuando emita criterios que obstruyan los planes de los líderes de la CE, o de tanto avalarles pierda completamente la credibilidad del mercado, y se tenga que volver de nuevo a pensar en las tres grandes.

Para El Universal, Viernes 08/07/2011