viernes, 16 de septiembre de 2011

La última mudanza

Venezuela vuelve a hacer maletas de nuevo. Primero, se inició la mudanza a Caracas de los dos tercios de reservas en oro que estaban custodiados en el extranjero. Segundo, se anunció la movilización de 6.000 millones de dólares de nuestras reservas en efectivo desde Estados Unidos y Europa a bancos en Brasil, Rusia y China. Ahora hace sus valijas para retirarse del Centro de Conciliación de Arbitraje de Disputas Internacionales (ICSID), una institución internacional autónoma que agrupa a 157 países. Es precisamente en esa instancia en donde Venezuela tiene ahora disputas por más de 40.000 millones de dólares (160% de las reservas internacionales) correspondientes a pagos pendientes por estatizaciones. Con esta movida, el gobierno procura trasladar esas disputas a las cortes locales, completamente bajo el control de la revolución.

Esta claro que está preparándose para un escenario que podría propiciar la confiscación de sus activos internacionales. Los depósitos en los bancos de Brasil, Rusia y China (en especial éste último) representan en realidad una protección contra acreencias previamente contraídas con esos países. Es decir, China difícilmente procedería a ceder las reservas que Venezuela ha depositado en sus bancos a la custodia internacional, sin debitar antes la deuda bilateral. Es un mecanismo ingenioso que de cierta forma protege al deudor y al acreedor. Ese traslado, más la traída de los lingotes de oro, pondrá “a resguardo” prácticamente la totalidad de nuestras reservas internacionales (fuera de eso, ya es poco lo que tenemos).

Ninguna de estas movidas es gratis. Con cada movimiento el precio de los títulos de deuda venezolana se deteriora, aumenta la prima de riesgo de préstamos soberanos y disminuye la disposición a invertir en activos físicos. Esta última ya venía siendo prácticamente nula antes del milagro contable del monje de CORDIPLAN, según el actual invertimos cerca de 30% del PIB, bastante más que Japón y por encima de Turquía, que viene creciendo 8.8%. Aún así, es sorprendente que nuestra deuda no haya caído aún más en presencia de todas estas mudanzas. Es como si los mercados internacionales se hubiesen contagiado de repente de aquella dolencia incrédula que sufrimos los venezolanos durante tantos años: “No vale, yo no creo”.

Quizás, en el fondo, estas valijas apenas formen parte de una mudanza todavía más grande que el Presidente pretende hacer, claro está, en caso de ser necesario. Una mudanza dentro del propio país pero a un estadio totalmente diferente. La enfermedad ha traído muchos cambios. El escenario aquél de abril 2003, en donde Fidel aconsejó salir temporalmente del poder (“eres aún muy joven”) ya no es factible. Con la tierra un poco más a la vista que en aquél entonces, no puede darse el lujo de ceder el poder. Dará la pelea electoral, como ha sido siempre, sólo en la medida en que lo favorezca. Mientras tanto, se prepara. Esa es acaso la única opción de la oposición unida: Prepararse. Y prepararse porque, en caso de una victoria electoral opositora, el legado de Lusinchi a Pérez II va a ser considerado afluencia pura al lado de lo que podría dejar en pie la revolución bolivariana.

Para El Universal, 16/09/2011