viernes, 23 de septiembre de 2011

¿Por quién votar en las primarias?

Viendo los buenos candidatos que se han inscrito en las  primarias no puedo dejar de hacerme la pregunta que ahora se hacen muchos venezolanos: ¿Cuál será el mejor? ¿Por quién votar? Me lo pregunto como economista, y me doy cuenta de que la orientación económica no será un factor diferenciador en estas elecciones. Aunque la economía de nuestro país se encuentre en ruinas, la mayoría de los candidatos coinciden en las cosas que habría que hacer, o al menos en qué dirección habría que apuntar.

Después de todo no somos Chile, que lleva veinte años haciendo las cosas bien y ahora se pregunta ahora qué hacer para seguir creciendo. A Venezuela le corresponde sentar las bases para disfrutar del “crecimiento transicional”: crecer a tasas muy altas hasta llegar a donde llegan quienes hacen las cosas con sentido común. A partir de ahí ya es otra cosa. Hasta donde soy capaz de discernir y con quienes he podido conversar, la mayoría de los candidatos entienden que un país no puede vivir en la incómoda elección entre inflación (si se liberan los controles) y escasez (si se mantienen). Están convencidos de que necesitamos dar garantías mínimas para abrirle espacios a la inversión privada, porque el Estado debe concentrar toda su capacidad en el esfuerzo de reducir el enorme déficit de atención social. Están claros en que la tasa de cambio no debe ser utilizada para ayudar a nuestros productores, pero tampoco debe ser un ancla contra la inflación que los ahogue y los ponga a competir con importaciones artificialmente más baratas. La mayoría entiende que existe una restricción fiscal, y que el país no puede ser endeudado hasta el infinito para financiar el consumo presente. Todos coinciden en que el petróleo se le ha quedado pequeño a Venezuela. Todos perciben que los cambios en materia económica deben introducirse de manera gradual, dándole prioridad a la gobernabilidad (en la medida en que los recursos así lo permitan).


La clave está entonces en cómo se hace esa transición (hacia una economía normal) y cómo se le devuelve a los venezolanos la ambición por progresar y la fe en sus propias posibilidades. Porque esa economía que todos desean promover está fundamentada en un Estado que provee cierta red de asistencia social, y un ciudadano que se apoya en esa red para progresar, según su propio esfuerzo y capacidad. ¿Cómo se le venden las enormes posibilidades de la propia iniciativa a un país que lleva años viviendo de la dádiva del Estado, que ha perdido la fe en sí mismo y en su propio esfuerzo? ¿Cómo se le saca de adentro el miedo a los venezolanos, y se les inyecta la confianza en el Estado y sus instituciones, y por encima de todo en sí mismos? Digo que esa es la clave, porque me parece suicida tanto salir a prometer lo que se cree que los demás quieren oír cuando ya no es posible (a la Chávez), como salir a la calle con una propuesta de país sin ningún eco en las mayorías. Y es que de eso se trata el liderazgo, de persuadir, de convencer, de ser capaz, como decía Unamuno, de “enfresar nuestra el alma en la de los que la tienen dormida, o acaso muerta, y que viva allí, y allí, hecha como un óleo, arda y alumbre”. Candidatos buenos puede haber muchos, ser capaces de esto último ya es otra cosa.

Para El Universal, 23/09/2011

1 comentario:

Marcial Callejas (colaborador) dijo...

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