viernes, 18 de noviembre de 2011

El Debate: Candidatos y Palabras

Tengo en mi cabeza la imagen de los candidatos a las primarias de oposición agachados, buscando en el baúl de nuestro lenguaje las palabras apropiadas para articular sus ideas en las horas previas al debate. No la tienen fácil. Tras trece años de maltrato, todo lo que se pueda encontrar allí suena a lugar común, a frase vacía, a vendedor de ilusiones. Hay muchas secuencias rotas, algunas palabras han perdido totalmente su sentido. Ese es uno de los logros más resaltantes de la revolución: Privados del mecanismo a través del cual se expresan las ideas todos se parecen entre sí, y entonces ya todo se reduce a la piel o, más primitivo aún, a quién controla más recursos. Algo similar contaba Hubert Fichte: tras dos décadas de manipulación y ultraje por parte de los nazis, los escritores alemanes se encontraron con una lengua inservible. Aún así, en medio de esa neblina espesa que impone las limitaciones del lenguaje, me fue posible identificar algunos rasgos concretos que me gustaría compartir con ustedes. Después de todo, esas son las palabras que tenemos y con esas habrá que hablar.


Diego Arria se centró en vender la necesidad de una administración de transición, llevada por alguien "con experiencia en la función pública". Duraría "de dos a tres años" y allí se sentarían las bases de la nueva república. Es difícil que tenga éxito pero en cualquier caso es un enfoque honesto. Entre los demás, es evidente que quien más alusiones hizo al gobierno, a la participación pública, en el sentido de la intervención directa, fue Pablo Pérez. Aún así, en medio de la emoción y acaso debido a esa pérdida del sentido del lenguaje, a no pesar de forma apropiada las consecuencias de las palabras, terminó prometiendo que "nadie en Venezuela se quedaría sin asistir a una escuela privada". Una propuesta sorprendente que colide no sólo con su orientación ideológica sino también con muchas de sus ideas previas. En el otro extremo de este continuum estaría María Corina Machado con el capitalismo popular y su énfasis en el rol del gobierno como facilitador. En medio de tantos lugares comunes fue Leopoldo López quien asomó propuestas más concretas, en particular en el área de seguridad. Desde mi punto de vista le faltó alguna idea que hilvanara su oferta, mucho más allá de "ser los mejores en todo". Este último mérito acaso fue el principal logro de Henrique Capriles durante el encuentro. Aunque no haya sido el más elocuente, hizo un esfuerzo evidente por presentar sus ideas sobre el empleo, el crecimiento y la delincuencia, y aún su propia experiencia como alcalde y gobernador, utilizando como unidad temática a la educación.

Esas fueron mis impresiones del debate, recogidas, permítanme el disclaimer,desde la distancia y ya bastante adentro de la madrugada. Aunque no se pueda considerar la reunión del lunes pasado en ningún sentido, ni político, ni programático, ni de ejercicio de la democracia, ni aún como debate, como un producto terminado, es sin ninguna un primer esfuerzo regenerador de muchas cosas sanas que hemos extraviado y como tal lo agradezco. ¿Fue un ejercicio de ingenuidad la reunión del lunes? Sí, sin ninguna duda. No se puede calificar de otra forma. Pero ingenuidades así, a veces alcanzan para rescatar un país.

Para El Universal, 18/11/2011

1 comentario:

Giorgio dijo...

La impresión que tengo es que la población está tan polarizada que no importa lo bien que hable el otro candidato o lo mal que lo haga el tuyo, al final votas por el mismo.