jueves, 10 de noviembre de 2011

Shakespeare and Company


Be not inhospitable to strangers lest they be angels in disguise” Así reza un antiguo espejo, sus reflejos ya deformes y algo oxidados, las imágenes devueltas entre retazos de recortes de papel y postales adheridas, en la entrada de la antigua librería Shakespeare and Company de París. Y he aquí que, cuando se atraviesan sus estrechos espacios atiborrados, se suben sus escaleras con sus pasamanos verticales llenos de libros, y se descubren los sofás y las sillas, escondidos aquí y allá entre las montañas, uno efectivamente siente la calidez de la visita que llega, del amigo al que se le permite encontrar la casa en desorden. La atmósfera del lugar debe ser muy fuerte, porque durante muchos años ha resistido los desfiles de miles de visitantes, muchos sin ningún interés por la lectura, que se hacían fotos “en un sofá, con un libro” (algo ha debido de pasar en los últimos años puesto que, acaso como mecanismo de selección, las fotos en el interior ahora están prohibidas).

Un lugar así no puede sino estar poblado de historias. La primera Shakespeare and Company que hubo en París fue fundada por Sylvia Beach en 1914. La estadounidense, además de regentar la librería, fue la primera en publicar el Ulises de James Joyce en 1922. Aquél antepasado sobrevivió hasta la ocupación nazi de Francia en 1941. Según la leyenda, Sylvia Beach se negó a venderle a un oficial alemán la última copia que tenía del Finnegans Wake de Joyce, por lo que detenida y recluida unos meses en Vittel. Después de la guerra no volvería a abrir el negocio. Mucha gente viene buscando aquí no sólo a esa Sylvia Beach, sino también los rastros de sus visitantes más célebres en aquellos días: Ernest Hemingway, Ezra Pound, Scott Fitzgerald, Gertrude Stein y el propio James Joyce, entre otros. Pero esos fantasmas no están aquí.

Aquella primera Shakespeare and Company se encontraba en el número 8 de la rue Dupuytren, y más tarde se mudaría no muy lejos de aquí, al número 12 de la calle Odeón. La Shakespeare and Company de hoy en día se encuentra en el 37 de la rue de la Bûcherie, frente al puente que conduce Notre Dame. Esta no es la librería de la “generación perdida” sino otra del mismo nombre fundada en 1950 por el estadounidense, George Whitman, hijo de un Walt Whitman que no tiene nada que ver con el poeta, y padre de Sylvia Beach por voluntad del librero, sin ningún parentesco con la fundadora y editora del Ulises.

Aquí, en la colosal sección de memorias de viajeros, al subir las escaleras en la primera estantería de la derecha, he dado con un extraño ejemplar “Reading by Location: Books and movies for top travel destinations”. Es una síntesis fenomenal de una tarea que yo había venido haciendo por mi cuenta antes de cada viaje: Leer las obras esenciales de ficción y no ficción, más algunas películas, de los lugares  por visitar. Mi primera curiosidad es: ¿Qué recomendarán a los viajeros a Venezuela? Si a mí me hicieran esa pregunta, recomendaría sin pensarlo dos veces el Hugo Chávez sin uniforme y La Rebelión de los Náfragos (non-fiction) y la película Domingo de Resurrección de César Bolívar. No sabría qué decir si se trata de ficción. ¿Qué recomendada el libro? Una obra extraña, al menos para mí, novela autobiográfica de una cierta Lisa St. Aubin de Teran, casada en Europa con un aristócrata venezolano que vuelve al país a buscar los rastros de su familia y sus propiedades. Abandonada gradualmente por su esposo (una frase exquisita para describir el matrimonio en el libro: increasing absence), hereda la búsqueda de las raíces de su familia política y cuenta sus aventuras en nuestra tierra. Ya volveré sobre Lisa St. Aubin de Terán. Esto se trataba más bien de Shakespeare and Company, y los ángeles que llegan a nuestras vidas disfrazados de extraños. Be not inhospitable to them.

Para El Universal, 11/11/2011